Sor Lucía y el P. Fuentes: Nadie hace caso del mensaje

Un texto polémico que transmite el pensamiento de la Vidente de Fátima

Entrevista, polémica y autenticidad

 

El Padre Joaquín María Alonso, cuyas cualidades como estudioso del tema quedan acreditadas al pie de esta nota, en su libríto-opúsculo "La Verdad sobre el Secreto de Fátima. Fátima sin mitos" (Ediciones del Ejército Azul, Madrid 1988) dice que la siguiente entrevista fue montada por el P. Fuentes, otro experto reconocidísimo y muy respetado.

Aclaremos: el P. Fuentes dijo haber recibido las palabras de los labios mismos de la vidente, Sor Lucía, pero luego tanto la Conferencia episcopal portuguesa como Sor Lucía negaron la existencia tal entrevista.  El P. Fuentes dio varias conferencias sobre este texto pero no aclaró -hasta donde sepamos- que el texto es un collage de frases oídas por él de labios de la vidente en sus múltiples conversaciones a propósito de las causas de beatificación de los otros pastorcitos. Lo presentó como un "mensaje" de Lucía, que naturalmente todos entendieron como un "mensaje del cielo".

Lucía negó haber dado tal entrevista, pero no negó nunca que los dichos que se le imputan sean palabras suyas tomadas en diversos momentos y arregladas de un modo literario. Textualmente el sacerdote español, el P. Alonso, afirma: "... El texto genuino de su conferencia (la del P. Fuentes) a la comunidad religiosa mexicana en diciembre de 1957 responde en lo esencial a lo oído de la hermana Lucía en su visita. Porque aunque esté mezclado con consideraciones oratorias del predicador, aunque esté arreglado literariamente, esos textos no dicen nada que la Hna. Lucía no ha dicho en sus numerosos escritos hechos públicos. Tal vez el defecto principal consiste en haber presentado esos textos en boca literalmente de Lucía, y expresa y formalmente como un "mensaje suyo" al mundo. (Op. cit, p. 109)

De modo que parece prudente prevenir al lector sobre este punto, y a la vez advertirle también la existencia de múltiples versiones deformadas del texto del P. Fuentes. Tengamos en cuenta que esto ocurrió en vísperas de la presunta revelación del Tercer Secreto, que luego el papa Juan XXIII no quiso realizar. Y se contaminó con una enorme cantidad de bibliografía de baja calidad, fantasiosa y hasta irrisoria que los medios de la época publicaban dado el inmenso interés del públixo en el Mensaje. Muchas versiones falsas circularon en la época y años después, hasta que el mensaje verdadero se reveló en el año 2000.

En síntesis: el texto refleja las ideas y apreciaciones de Sor Lucía, pero ella nunca las declaró bajo la forma que tienen en esta supuesta entrevista. 

 

 

«Quiero contaros la última conversación que tuve con ella, que fué el 26 de diciembre del año pasado: La encontré en su convento muy triste, pálida y demacrada; y me dijo: "Padre, la Santísima Virgen está muy triste, porque nadie hace caso a su Mensaje, ni los buenos ni los malos. Los buenos, porque prosiguen su camino de bondad; pero sin hacer caso a este mensaje.
Los malos, porque no viendo el castigo de Dios, actualmente sobre ellos, a causa de sus pecados, prosiguen también su camino de maldad, sin hacer caso a este Mensaje. Pero, créame Padre, Dios va a castigar al mundo y lo va a castigar de una manera tremenda.
El castigo del cielo es inminente. ¿Qué falta, Padre, para 1960; y qué sucederá entonces? Será una cosa muy triste para todos; y no una cosa alegre si antes el mundo no hace oración y penitencia. No puedo detallar más, ya que es aún secreto que, por voluntad de la Santísima Virgen, solamente pudieran saberlo tanto el Santo Padre como el señor Obispo de Fátima.»
«Ambos no han querido saberlo para no influenciarse. Es la tercera parte del Mensaje de Nuestra Señora, (TERCER SECRETO), que aún permanece secreto hasta esa fecha de 1960. Dígales, Padre, que la Santísima Virgen, repetidas veces, tanto a mis primos Francisco y Jacinta, como a mí, nos dijo, que muchas naciones de la tierra desaparecerán sobre la faz de la misma, que Rusia sería el instrumento del castigo del Cielo para todo el mundo, si antes no alcanzábamos la conversión de esa pobrecita Nación (...).»

Sor Lucía me decía también:
Padre, el demonio está librando una batalla decisiva contra la Virgen; y como sabe qué es lo que más ofende a Dios y lo que, en menos tiempo, le hará ganar mayor número de almas, está tratando de ganar a las almas consagradas a Dios, ya que de esta manera también deja el campo de las almas desamparado, y (el demonio) más fácilmente se apodera de ellas.»
«Dígales también, Padre, que mis primos Francisco y Jacinta se sacrificaron porque vieron siempre a la Santísima Virgen muy triste en todas sus apariciones. Nunca se sonrió con nosotros, y esa tristeza y angustia que notábamos en la Santísima Virgen, a causa de las ofensas a Dios y de los castigos que amenazaban a los pecadores, nos llegaban al alma; y no sabíamos qué idear para encontrar en nuestra imaginación infantil medios para hacer oración y sacrificio.

Lo segundo que santificó a los niños fue la visión del infierno. Por esto, Padre, no es mi misión indicarle al mundo los castigos materiales que ciertamente vendrán sobre la tierra si el mundo antes no hace oración y penitencia. No. Mi misión es indicarles a todos el inminente peligro en que estamos de perder para siempre nuestra alma si seguimos aferrados al pecado.»

«Padre —me decía Sor Lucía—, no esperemos que venga de Roma una llamada a la penitencia, de parte del Santo Padre, para todo el mundo; ni esperemos tampoco que venga de parte de los señores Obispos cada uno en su diócesis; ni siquiera tampoco de parte de las Congregaciones Religiosas. No; ya Nuestro Señor usó muchas veces estos medios, y el mundo no le ha hecho caso.

Por eso, ahora que cada uno de nosotros comience por sí mismo su reforma espiritual; que tiene que salvar no sólo su alma, sino salvar a todas las almas que Dios ha puesto en su camino... Padre, la Santísima Virgen no me dijo que nos encontramos en los ULTIMOS TIEMPOS del mundo, pero me lo dió a demostrar por tres motivos:

El primero, porque me dijo que el demonio está librando una batalla decisiva con la Virgen y una batalla decisiva, es una batalla final en donde se va a saber de qué partido es la victoria, de qué partido es la derrota. Así que ahora, o somos de Dios, o somos del demonio; no hay término medio.

Lo segundo, porque me dijo, tanto a mis primos como a mí, que dos eran los últimos remedios que Dios daba al mundo; el Santo Rosario y la devoción al Inmaculado Corazón de María. Y, al ser los últimos remedios, quiere decir que son los últimos, que ya no va a haber otros.

Y tercero, porque siempre en los planos de la Divina Providencia, cuando Dios va a castigar al mundo, agota antes todos los demás medios; y cuando ha visto que el mundo no le ha hecho caso a ninguno de ellos, entonces, como si dijéramos a nuestro modo imperfecto de hablar, nos presenta con cierto temor el último medio de salvación, su Santísima Madre.

Si despreciamos y rechazamos este último medio, ya no tendremos perdón del cielo; porque hemos cometido un pecado, que en el Evangelio suele llamarse pecado contra el Espíritu Santo; que consiste en rechazar abiertamente, con todo conocimiento y voluntad, la salvación que se presenta en las manos.

Y también porque Nuestro Señor es muy buen hijo... y no permite que ofendamos y despreciemos a su Santísima Madre, teniendo como testimonio patente la historia de varios siglos de la Iglesia que, con ejemplos terribles, nos indica cómo Nuestro Señor siempre ha salido en defensa del honor de su Santísima Madre.»

«Dos son los medios para salvar al mundo, me decía Sor Lucía de Jesús: la oración y el sacrificio. Y luego, el Santo Rosario. Mire Padre, la Santísima Virgen, en estos ULTIMOS TIEMPOS en que estamos viviendo, ha dado una nueva eficacia al rezo del Santo Rosario. De tal manera que ahora no hay problema, por más difícil que sea, sea temporal o sobre todo espiritual, que se refiera a la vida personal de cada uno de nosotros; o a la vida de nuestras familias, sean familias del mundo o Comunidades Religiosas; o la vida de los pueblos y naciones.

No hay problema, repito, por más difícil que sea, que no podamos resolver ahora con el rezo del Santo Rosario.

Con el Santo Rosario nos salvaremos, nos santificaremos, consolaremos a Nuestro Señor y obtendremos la salvación de muchas almas. Y luego, la devoción al Corazón Inmaculado de María, Santísima Madre, poniéndonosla como sede de la clemencia, de la bondad y el perdón; y como puerta segura para entrar al cielo. Esta es la primera parte del Mensaje referente a Nuestra Señora de Fátima; y la segunda parte, que, aunque es más breve, no es menos importante, se refiere al Santo Padre.»


 
Texto extraído de "La verdad sobre el Secreto de Fátima, Fátima sin mitos", libro del Padre Joaquín Alonso, sacerdote Claretiano muy erudito, nombrado archivero oficial de Fátima e investigador de los hechos. Monseñor João Venancio, obispo de Fátima, le encargó en 1966 relatar una historia crítica y completa de las REVELACIONES, para defenderlas de los ataques y escepticismos modernistas.

El Padre Alonso, estudió los archivos, habló con Sor Lucia, y testificó públicamente que las "Declaraciones de Sor Lucia al P. Agustín Fuentes", en 1957, eran auténticas y verídicas. En 1975, terminado su estudio sobre las REVELACIONES, "Textos y estudios críticos de Fátima", con 5.396 documentos, listo ya para la impresión, el nuevo obispo de Fátima, Msr. do Amaral, lo archivó.

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La Santísima Virgen, en estos ULTIMOS TIEMPOS en que estamos viviendo, ha dado una nueva eficacia al rezo del Santo Rosario. De tal manera que ahora no hay problema, por más difícil que sea, sea temporal o sobre todo espiritual, (...) No hay problema, repito, por más difícil que sea, que no podamos resolver ahora con el rezo del Santo Rosario. (Lucía de Jesús, vidente de Fátima)