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Tradicionalista o Modernista, falso dilema

El verdadero problema con este mundo nuestro no está en que  es irracional; ni siquiera está en que es razonable. La clase más común de  problema es que resulta casi razonable, pero no tanto.
  G.K.Chesterton,  Ortodoxia.


A  propósito de una discusión sobre dichos  de Mons. Cordileone, nuevo Arzobispo de San Francisco, se generó un  intercambio respecto a la exactitud de la traducción de los textos. Hasta ahí  nada que merezca destacado aparte. Pero, en cierto momento, un lector anónimo  terció entre las partes con el siguiente comentario:

Creo que ambos se equivocan. El primer  comentario y el que comenta sobre ese comentario.
  Primero porque es irrelevante el asunto.  Este obispo Cordileone debe tener excelentes intenciones.

Seguramente buena voluntad, pero es un Obispo de la Iglesia Conciliar. De modo que entrar en detalles de si dijo de uno u otro modo lo que dijo... es  lo mismo que tomar una declaración de un protestante sobre temas de moral y ver  que lo que dice va de la mano de los Diez Mandamientos. Seguramente estaremos  de acuerdo con él en eso, pero el tipo seguirá siendo lo que es: Protestante y  por lo tanto NO CATÓLICO.

Aquí es igual. Es Conciliar, entonces es NO CATOLICO. Porque es modernista y un  modernista no se que será, pero católico no es. Y no lo digo yo lo dice San Pio X.

Hasta  aquí deberíamos objetar con la   Iglesia, que no hay que mirar a quien lo dice, sino a aquello  que se dice. Y si Mons. Cordileone o cualquier otro dice algo que es conforme a  la Fe, lo dicho no  puede ser despreciado como algo sin valor.

El  comentario continúa, pero nos interesa destacar este punto solamente para no  alargar. No obstante lo cual me permito citar algo extensamente a Chesterton

El verdadero problema  con este mundo nuestro no está en que es irracional; ni siquiera está en que es  razonable. La clase más común de problema es que resulta casi razonable, pero  no tanto. La vida no es algo ilógico; y sin embargo es una trampa mortal para  los expertos en lógica. Lo que sucede es que parece un poco más matemático y  regular de lo que realmente es. Su exactitud es obvia, pero su inexactitud está  oculta; su insensatez está al acecho. Daré un burdo ejemplo de lo que quiero  decir. Supongan que una criatura matemática de la luna tuviese que investigar  el cuerpo humano. Observaría de inmediato que lo esencial de ese cuerpo es que  todo está duplicado. Una persona es, en realidad, dos personas; el de la  derecha es exactamente igual al de la izquierda. Después de anotar que hay un  brazo a la derecha y otro a la izquierda, una pierna a la derecha y otra a la  izquierda, podría continuar investigando y seguiría hallando a cada lado el  mismo número de dedos, el mismo número de dedos gordos en los pies, un par de  ojos, un par de orejas, un par de agujeros en la nariz y hasta un par de  hemisferios cerebrales. Por último, presumiría que es una ley y, al hallar el  corazón en un lado, deduciría que hay otro en el lado opuesto. Y justo en ese  momento, cuando más creyera que está en lo cierto, estaría equivocado.

G.K.Chesterton, Ortodoxia.”Las  paradojas del Cristianismo”

El  autor de nuestro comentario, tal vez sin saberlo, concluye que el cuerpo humano tiene dos corazones. Aplica  una ley deductiva donde solo cabe una observación inductiva.

Concluye  en una negación de la validez de toda la jerarquía católica, Papa incluido. Es  decir,  concluye en la desaparición de la Iglesia visible, o dicho  de otro modo, en que las puertas del  infierno han prevalecido.  

¿Dónde  queda la Iglesia,  si aceptamos la tesis siguiente: tal  obispo pertenece a la Iglesia  conciliar, por lo tanto no es católico? No hace falta destacar que el  juicio, desde este punto de vista, puede hacerse extensible prácticamente a  toda la jerarquía de la   Iglesia en situación canónica “regular”.

“Yo estaré con vosotros hasta la  consumación de los siglos” (Mt.  28,20).

Así  termina el Evangelio de San Mateo, con una promesa que está inmediatamente  asociada a la acción evangelizadora de la Iglesia: “Id  y predicad a todas las naciones…” etc.

La  cual pasaría a ser una promesa -según las consecuencias de la tesis planteada  por el anónimo comentarista- restringida casi al orden personal, no ya al  eclesiástico, a la Iglesia  con una jerarquía reconocible. Más bien a individuos y a su fe personal, o a pequeños  grupos aislados de toda forma de jerarquía.

La  visibilidad de la Iglesia  puede sufrir un opacamiento, pero no puede desaparecer.

Según  se desprende de la trayectoria que recorrerá la bala disparada por el  comentarista, la jerarquía ha caído. Solo resisten algunos católicos fieles, algunos  de ellos formando en torno a algunos sacerdotes “comunidades autocéfalas”, que  perecerán al morir el sacerdote porque no habrá sucesor, o tendrán como sucesor  a otro ordenado sabe Dios por quién y en qué circunstancias.

Dice  el comentarista del caso:

Es Conciliar,  entonces es NO CATOLICO. Porque es  modernista y un modernista no se que será, pero católico no es. Y no lo digo yo lo dice San Pio X”.

Habría  que definir exactamente el alcance de la expresión “iglesia conciliar”, que a  fuer de exactos existe, al menos en los dichos de gran parte del clero. Surge  de ellos que hay algo que es al menos distinto, y yo diría más que distinto,  diferente de la Iglesia Católica  que hemos conocido hasta el CVII.

Para  no pertenecer a la “iglesia conciliar”, ¿es necesario condenar de plano el  CVII? ¿O puede uno distinguir entre lo que hay en él de católico, aceptándolo,  y rechazar lo que tiene de no católico como lo hacen los católicos sensatos  siguiendo el instinto de la Fe?  ¿O la pertenencia a la llamada “iglesia conciliar” se da de forma inexorable?

Volveremos  sobre el tema. Pero resulta indispensable sentarse a pensar con la cabeza.

¿Podemos  leer aquello que sea confuso o tenga formulaciones contradictorias a lo largo  de los documentos conciliares en un sentido ortodoxo? ¿Es lo mismo la  ambigüedad que el error?  Pregunto esto  no porque considere que sea el modo conveniente de solucionar el problema del  CVII, sino en cuanto a lo que puede y debe hacer un católico mientras tanto.

El  CVII está allí, y causó estragos. ¿Ante él, solo cabe un rechazo de plano a  riesgo de ser modernista si no se toma esta actitud?

Pienso  que el católico esclarecido puede legítimamente considerar que el CVII es  insalvable más por razones prácticas que teóricas. Desenredar la trama de  confusiones es tarea más que humana, y además inútil. Pero eso no hace ilícito  distinguir. Y habrá quien conforme a su situación y posibilidades busque  rescatar lo rescatable. ¿Es modernista por eso? ¿Precisamente por distinguir lo  aceptable de lo inaceptable? Más bien parece lo contrario.

Pongo  un ejemplo: la expresión “pueblo de Dios” no es la más exacta para referirse a la Iglesia. El Magisterio ha  acuñado “cuerpo místico de Jesucristo”, con un sentido mucho más claro y  definido. Uno puede decir “pueblo de Dios” sin negar el sentido de “cuerpo  místico”. O puede hacerlo negándolo. En el primer caso, la elección es  inadecuada, pero no necesariamente es la intención de quien la usa negar una  verdad de la Fe.

Y  así ad infinitun. O ad nauseam, porque es agobiante tener  que luchar trinchera a trinchera, pulgada a pulgada en el terreno doctrinal, dado  que el CVII ha hecho caer todas las certezas. Reina la confusión, ya nadie sabe  nada o casi todos confunden todo.

Yo  creo que hay que poner a un costado el CVII y atenerse a lo dicho por la Iglesia antes, y esperar  que la Iglesia  resuelva el problema. Que no lo hará por medio de una declaración, salvo hechos  extraordinarios, sino por una lenta corrección de los errores doctrinales en  curso. Lo cual llevará muchas décadas. Prefiero un CVII olvidado antes que un  CVII condenado.

Desde  este punto de vista, materialmente, no cabe duda de que hay una enorme mayoría  del clero que es neomodernista. Materialmente.  Son producto de la confusión que reina en la Iglesia. Su heterodoxia o  confusión material, ¿basta para declararlos herejes formales?  Si así fuera, la única voz autorizada para  hacerlo es la de la Iglesia  jerárquica, que está altísimamente inficionada de los mismos errores y confusiones.

La  experiencia nos indica que muchos son formalmente neomodernistas. Es nuestro derecho no seguirlos, pero no declararlos herejes.  No podemos constituirnos en una jerarquía supletoria.

La  situación es espantosa, dan ganas de llorar. Pero, ¿es como dice el  comentarista o se saltea un paso? ¿Acaso ha visto tantos órganos duplicados que  al llegar al corazón deduce que tiene que haber dos, como dice Chesterton en su  analogía? Al menos debería, si no es posible comprobar la existencia de dos  corazones en el cuerpo humano, suspender el juicio y no aplicar como ley  deductiva lo que ha recopilado como dato para una mera aproximación inductiva.

San  Pío X dice que los modernistas no son católicos. Si hoy reinara San Pío X,  después de conminarlos a abrazar la sana doctrina y repudiar el error, (cosa  que hizo en su tiempo en forma insistente y amorosa antes de la condena), y  frente a la negativa pertinaz al mandato de la autoridad de la Iglesia, deberíamos seguir  la consecuencia natural: considerarlos modernistas formales, por lo tanto, no  católicos, y seguramente la misma autoridad que los declarase tales los pondría  de patitas en la calle fuera de sus sedes.

Claro  que hoy, hasta la cabeza sufre la contaminación. No hay autoridad en ejercicio,  y por lo tanto la ley eclesiástica parece más bien la ley del “viva la Pepa”.

Para  colmo, quien tenga la oportunidad de presentar a algunos de estos sacerdotes y  obispos objeciones a los dichos del Concilio y del Magisterio Conciliar  amparado (no podría ser de otra manera) en los dichos de Magisterio de siempre,  se encontrará con individuos que no reconocen el principio de contradicción,  por lo tanto lo contrario (¡espantosa  decadencia pero terrible realidad!) no les hace mella.

Algunos  rechazan de plano lo que ha dicho siempre la Iglesia. Pero otros no ven  problema en que se diga lo contrario. La contradicción no les dice nada. Así  han sido educados y han llegado a los cargos de mando que ejercen. Son  materialmente modernistas, sin duda. ¿Han dejado de ser católicos en sus  corazones?  La Fe es dura de matar.

De  entre los católicos que viven en la regularidad canónica material, además, hay  una porción que parece pequeña pero significativa del clero que sufre lo que se  llama el “espíritu del Concilio”, y hace malabares para no actuar como este  espíritu les manda, porque saben que está mal. Lo saben con diverso grado de  certeza. Algunos solo tal vez por algo que se llama “sensus fidei”.

Actúan  así, tanto en la doctrina como en la liturgia. Son el clero -y los fieles en  algunos casos- resistentes, algunos que caminan sobre sus pasos hacia la Fe católica íntegra, que  respetan, cuando no aman y hasta practican más o menos ocultamente la liturgia  tradicional, según sea su posibilidad de resistir o ser pulverizados por sus  tiránicos obispos, o los más tiránicos aún consejos presbiteriales.

Porque  también debemos observar una realidad, a riesgo de caer en la simplificación de  que el cuerpo humano tiene dos corazones. Esta realidad es la presión casi insoportable que ponen los  cuerpos colegiados a aquellos clérigos, rasos o jerárquicos, que quieren seguir  sosteniendo la doctrina tradicional, la vestimenta tradicional, la liturgia  tradicional.

¿Hemos  de considerar a estos resistentes como modernistas y por lo tanto no católicos?

Sobre  el Vicario de Cristo no es lícito hacer juicio. Sí es lícito exponer la  contradicción de sus palabras con lo que la Iglesia ha dicho siempre.  Y esto, en realidad, deben hacerlo las  personas intelectualmente preparadas. Los que estamos de a pie, podemos  valernos del juicio de los que saben, a fin de no sacar conclusiones erradas. Pero  todo será una aproximación al juicio que la Iglesia haga en el futuro sobre personas, dichos  y hechos.

Los  tradicionalistas han desarrollado a lo largo de los años de perseverante lucha  tantos méritos como vicios. O tal vez más méritos que vicios. Es natural que así  sea, y es natural que estos vicios se adviertan y corrijan.

Uno  de ellos es la tendencia a que cada uno  formule juicios sobre las antedichas situaciones como si estuviese al alcance  de todos advertirlas y analizarlas.  Y  menos aún, juzgarlas. Bien diferente es atenerse a lo seguro ante la duda,  alejarse de las novedades, advertir a otros de ellas, comprobar sus frutos, etc.  Hablo del fiel llano, inclusive de muchos sacerdotes que no tienen por qué  sentirse en la obligación de emitir juicio sobre todos los temas, sino más bien  exhortar a guardar lo que la   Iglesia manda, lo cual ya los pondrá en dura lucha.

El  santo Cura de Ars decía que de la santidad del sacerdote está en proporción con  la santidad de los fieles. Si los sacerdotes son los primeros en hacer juicios  ligeros e innecesarios, tendrán fieles criticones y casquivanos. Y bajo esa  forma tan perniciosa de la casquivanidad que es la del casquivano  intelectualizado, no pocas veces, serán como luteranos justificándose con “la fe”  y no considerando siquiera las obras.

Porque  aquel que sustituye su santificación personal por una suerte de juicio feroz  contra todo y todos, llegando así a la conclusión de que ha hecho lo que Dios  manda, en realidad no solo ha omitido mucho de lo que Dios manda, sino que ha  hecho cosas que Dios prohibe expresamente.

Por  lo tanto, invito al autor del comentario a retirarse de este tipo de juicios, como mínimo ligeros, pero sobre materias tan graves que pueden llegar a constituir faltas de la  misma gravedad. Por lo que hace a los que son objeto del juicio, tanto como a los que  los escuchan y pueden llegar a adherir a la misma conclusión.

No serán nuestros bramidos los que salven a la Iglesia, sino Dios por su infinita misericordia,  por las promesas, y nosotros por la fidelidad a lo que El nos manda. Que consiste no solo en creer sino en obrar conforme a la Fe.

Comentarios

Muchas verdades

Cuando se dicen muchas verdades, como las que logra hilvanar tan sentidamente el moderador, terminan muchos por pensar que todo lo que se dice es verdad. Yo disiento de lo general, pues pareciera (y esa es la sensación perniciosa que queda) que no debemos decidir lo que es católico de lo que no, al pastor católico del que no lo es, ni aún contando con la ayuda del Espíritu Santo dada a través de los papas que nos advirtieron sobre la enfermedad, sobre el camino de la gran apostasía por el que se puede asegurar, sí, asegurar, que La Fe es hoy cosa de muy pocos (y sí: como todo católico que procura amar al Señor y se adhiere firme y sólidamente a la doctrina católica, yo creo que la tengo). 

Nos mandó el Señor vigilar. Nos dijo que habría falsos pastores. Nos dijo cómo teníamos que reconocerlos: por los frutos (no por vestidos, no por elecciones, no por nombramientos). Nos mandó reconocerlos. Luego debemos hacer un juicio (lo que nadie parece querer hacer hoy) sobre la bondad o maldad de los frutos (juicio de valor), que tal vez es mucho más difícil (por ser más "subjetivo", más incierto), y aún así mandado por el Señor, que el juicio de verdad (cognoscitivo). ¿Por qué, pues, se nos insiste una y otra vez, que no debemos juzgar a nadie, queriendo decir con eso que no debemos considerar a unos o a otros como católicos o no? ¿Por qué hay gente que insiste en que autoridad es autoridad, y que si la tal autoridad funge de católica a fortiori es católica (aunque niegue verdades de fe, beba de la copia de los demonios públicamente, traicione de modo notorio a Nuestro Señor Jesucristo o escandalice a todos los hombres con las más grandes abominaciones)? 

Obedeciendo a Nuestro Señor Jesucristo me niego a tener por verdadero pastor al falso pastor, a aquél cuyos frutos son malos. No sé qué pasó en el cónclave; no sé si ha celebrado misas negras; no sé si es masón; no sé si la liturgia de consagración por la que es obispo o sacerdote es válida; no sé si su misa es válida o no: no me importa. El Señor me dijo que mirara sus frutos y así reconociera a quien no era mi pastor y me quería engañar. ¿Por qué tanta desobediencia a Nuestro Señor en virtud de no sé qué ideas de asistencia y protección? ¿Acaso no asiste y acompaña el Señor a quien le quiere ser fiel para que reconozca al falso pastor, no lo siga, e incluso lo denuncie y levante su voz contra él y lo rechace como autoridad, lo cual no quiere decir que le dé el poder o la autoridad para destituírlo o cosa parecida? 

Actuar de otro modo es, como se ha visto en tantos casos lamentables, la Gran Imprudencia: la de considerar representantes de Nuestro Señor o a enemigos declarados cuyos frutos son pordridos, o a perros mudos que no gritan contra ellos teniendo la obligación y la misión de hacerlo, o contra cómplices que, sin excusa buena alguna, aceptan como bueno lo que es malo. 

Alejandro Bayer

Estimado Alejandro,

Para saber tan poco, toma posiciones muy definitivas. 

Nadie niega en este sitio que se haya de juzgar la bondad o maldad de los hechos o de los frutos. Nadie niega que se debe estar en atenta vigilancia. Si Ud. cree que es así, ha leído poco y mal. 

Lo que se niega es que nosotros, simples fieles seculares (laicos, como se dice ahora) o inclusive el clero subalterno, tenga la posibilidad de determinar cuál pastor es legítimo y cuál no. Hace bien en decir que no sabe, porque en realidad nadie sabe todo eso que Ud. menciona. Pues, si no sabe, no concluya. 

Evite los malos frutos y evite a quien obre mal. Advierta sobre ellos. Y aplace el juicio que solo es de la Iglesia, y que será conocido de un modo objetivo e incuestionable cuando Dios quiera. 

Yo creo que el problema principal de los sedevacantistas es que no tienen la humildad necesaria para resignarse a vivir en medio de estas tinieblas y les da por encender cada uno su propia lamparita. La Fe alumbra lo suficiente, aunque los hechos sean tan tenebrosos. 

El resto está en manos de Dios. 

¿Humildad o imprudencia?

Además, apreciado Marcelo y demás lectores, la posición que usted
presenta, sin duda nacida de la buena intención de ser soldado fiel y de
no incurrir en asumir el mando en una guerra grande y compleja cuando
no se nos ha dado sino la calidad de soldado raso (usted los llama
"simples fieles seculares"), deja al discípulo de Nuestro Señor en una posición semejante a la del protagonista de "El hombre que fue Jueves", de Chesterton, quien va a denunciar al anarquista y se encuentra con que el jefe de policía es el mismo jefe de la organización perversa.

Suponiendo que no fuera hoy el caso. Cuando llegue la gran apostasía y sea arriba mismo donde se traicione al Señor y se pretenda engañar a los elegidos o escogidos, el fiel de a pie que descubra ese gran engaño ¿debe tener por autoridad legítima al impostor, al ladrón y salteador, a pesar de la advertencia del Señor y por el solo hecho de que está en la posición superior, de mando, de gobierno, de autoridad? ¿Para qué la advertencia del Señor? ¿Tan solo para que sufriera el fiel del constante dilema de si obedecer o no al salteador? ¿No será para poder reconocerlo, señalarlo, denunciarlo, advertir a los demás, rechazarlo, tenerlo por gentil y publicano, y tenerlo como alguien que no es de los nuestros aunque hubiere salido de entre los nuestros?

Con aprecio.

Alejandro Bayer

Soy el autor del comentario que motivó su excelente artículo.

Y suscribo otros comentarios. como el que dice que tal vez sea de lo mejor que usted ha escrito.

Debo decirle, Marcelo, que incluso me ha conmovido.

No es exactamente la distinción que usted hace aquella a la que me refiero en el comentario que motivó el suyo; sin embargo reitero, como simple fiel y un fiel "con corazón" me llevó a reflexionar largamente sobre la Caridad.

Mis limitaciones y mi propia falta de precisión en oportunidad de hacer mi comentario reclaman que haga este nuevo comentario con la intención de expresarme más claramente.

Quiero ser muy breve. Voy a tratar.

Todos, pero TODOS, sufrimos por la situación de NUESTRA IGLESIA, LA UNAN SANCTAM CATOLICA ET APOSTOLICA.

Todos: Los católicos. 

No la sufren, aquellos que no lo son. Al menos NO SABEN que la sufren. Y esos son mayoría.

Me refiero a aquellos nominalmente católicos, que van a las "misas" Novus Ordo y nada se cuestionan ni cuestionan, que aceptan las "nuevas"  (en realidad son viejas, muuuuy viejas) doctrinas que reciben de manos de una "Jerarquía" y "clero" que destila su veneno en cómodas cuotitas domingueras.

Usted dice que:  "Habría  que definir exactamente el alcance de la expresión “iglesia conciliar”, que a  fuer de exactos existe, al menos en los dichos de gran parte del clero. Surge  de ellos que hay algo que es al menos distinto, y yo diría más que distinto,  diferente de la Iglesia Católica  que hemos conocido hasta el CVII."

Si, es TAN distinto que me permito insistir al respecto, pero... de otra manera:

Nunca las cosas pueden llegar a ser tan confusas que alguien pudiera decir que Dios nos ha abandonado de tal modo que resultare imposible RESISTIR al error. (salvo en el tiempo del Final, ya que San Juan mismo dice que "si aquellos días no fuesen acortados...",  nadie se salvaría. 

Como no estamos aún en esos tiempos, entonces resulta ser posible distinguir, discernir y NO equivocarse. Y además actuar en consecuencia.

ENCICLICA PASCENDI

Pascendi Dominici gregis fue promulgada por ]]>San Pío X]]> el ]]>8 de septiembre]]> de ]]>1907]]>.

El Papa condenó el ]]>Modernismo]]> teológico, y toda una serie de principios relativos a la evolución dogmática católica. San Pío X instituyó comisiones para limpiar al clero de doctrinas contrarias a la fe católica, evitar la propagación del modernismo entre teólogos y que tuviera consecuencias litúrgicas.

Fue obligatorio  hacer un ]]>juramento antimodernista]]> por parte de todos los obispos católicos, sacerdotes y maestros para obligarlos a llegar a términos claros con la fe que ellos profesaban. Este juramento se mantuvo en vigor hasta que fue abolido por ]]>Pablo VI]]> en 1967. Después de su abolición sólo hicieron este juramento los cuatro obispos de la ]]>Fraternidad San Pío X]]> y los dos prelados de la ]]>Administración Apostólica de San Juan María Vianney]]>.

El Papa San Pio X escribió esta Encíclica con el objeto de condenar una herejía que viene a ser la SUMA de TODAS las herejías: EL MODERNISMO.

El primer uso del termino MODERNISMO, en un sentido equivalente al indicado en la PASCENDI, lo hizo Henri Xavier Périn, profesor de la ]]>Universidad Católica de Lovaina]]> a finales del siglo XIX, quien lo definió como una “ambición de eliminar a Dios de toda la vida social” y relacionándolo con “las tendencias humanitarias de la sociedad contemporánea”

Ese sentido es el de la Encíclica.

Aunque los antecedentes remotos [del modernismo] haya que buscarlos en el ]]>racionalismo]]>, en el ]]>subjetivismo]]> y en el ]]>relativismo]]>, su partida de nacimiento próxima hay que situarla en torno a la Escuela Superior de Teología creada en París en el año 1878.

Ya en el ]]>Syllabus]]> de 1864 se enumeran y son condenadas 65 opiniones modernistas. 

La proposición condenada nº 11, por ejemplo, dice: “La inspiración divina no se extiende a todas las escrituras, de manera tal que haga a sus partes, a todas y cada una de ellas, desprovistas de cualquier clase de error”. La proposición número 64 dice: “El progreso científico exige que los conceptos de la doctrina cristiana relativos a Dios, la creación, la revelación, la Persona del Verbo Encarnado y la Redención sean reajustados”.

En la encíclica ]]>Pascendi]]>, también de 1907, Pío X declaraba que el modernismo era algo más que una herejía, era la síntesis de todas las herejías, porque en vez de proclamar un error, abría paso a todos ellos.

El centro de la disputa se situó en Francia e Inglaterra, así como en Italia, donde una parte del clero joven sentía esas inclinaciones. La mayoría de los llamados modernistas se consideraban fieles a la Iglesia, y rechazaban las acusaciones que los relacionaban con un protestantismo liberal como el de la escuels de ]]>Tubinga]]>. Muchas de las ideas contra las que la Iglesia Católica estaba reaccionado, habían penetrado en la cultura europea en el ]]>Renacimiento]]> ]]>humanista]]> y habían alcanzado una posición de preeminencia desde la ]]>Ilustración]]>. Pío X se refería al modernismo no como una simple orientación herética del pensamiento cristiano, sino como una verdadera conspiración organizada contra la Iglesia.

 La encíclica señala que la filosofía modernista se caracteriza por dos rasgos esenciales: el agnosticismo, que anula todas las pretensiones de demostración racional de la existencia de Dios y la inmanencia vital que hace buscar todas las explicaciones de la verdad religiosa en el sujeto y en las necesidades de la vida. Sólo después el «hombre debe pensar su fe», con fórmulas que se habrían ido aclarando al paso de los tiempos y que no tendrían otro valor que el de símbolos. La noción de Dios procedería de una cierta «intuición del corazón», de modo que todas las religiones serían verdaderas en la medida que favorecen esa experiencia.

 Esta filosofía implica tirar al suelo todas las creencias de la Iglesia, ya que, según los modernistas, la fe sería una percepción de Dios en lo más íntimo del hombre en virtud de la ley de la inmanencia. El desarrollo de esta fe, mediante el trabajo de la inteligencia daría lugar al dogma. Así, la necesidad de «dar a la religión un cuerpo sensible» habría creado los sacramentos; los libros de la Sagrada Escritura serían una recopilación de experiencias hechas por los primeros creyentes de Israel y los primeros apóstoles del cristianismo; la Iglesia constituiría un «fruto de la experiencia colectiva», en el que la autoridad no tendría otra función que dar expresión y fórmula a los sentimientos de la colectividad.

Como puede verse, esto es y NO OTRA COSA, lo que alienta, inspira e informa a todo el CORPUS pseudodoctrinal que nutre a la hoy llamada "iglesia conciliar".

Por lo cual hoy, para todo católico medianamente ilustrado en las Verdades de Nuestra Fe, es perfectamente distinguible y reconocible esta HEREJIA denominada MODERNISTA, condenada de modo INFALIBLE por la Iglesia. 

Las Proposiciones 11 y 64, condenadas por el Silabus SON harto evidentemente DETECTABLES en numerosos "escritos" y "decires" de, por ejemplo, los señores, Muller, Di Noia, (para citar aquellos que tenemos bien presentes) y la casi totalidad de la Jerarquía INCLUIDO Benedicto XVI. 

Cuando digo la CASI TOTALIDAD, debiera decir la TOTALIDAD, porque aquellos que se incomodan con doctrinas tan perversas, o bien CALLAN o bien MIRAN PARA OTRO LADO, pero NINGUNO, levanta su voz y MENOS, CONDENA. O sea, por omisión, son parte de lo mismo.

TODOS SUFRIMOS EL "ESPÍRITU DEL CONCILIO". Ese Espíritu ES UNA HEREJÍA, infaliblemente CONDENADA POR LA IGLESIA. 

ARRIANISMO - MODERNISMO.

Cuando San Atanasio combatía la herejía arriana, el arrianismo no estaba (todavía) condenado. No hace falta decir que apenas un 3 % de los católicos de ese tiempo se mantenían católicos mientras que el resto profesaba ese arrianismo herético que había invadido a la Iglesia. Sin embargo "A PULMÓN" (permítaseme el término), el valiente Atanasio "le puso el pecho a las balas", se "bancó" tres (o cuatro) destierros y vivía "excomulgado" de la comun-unidad de la Iglesia de entonces.

Hoy las cosas SON DISTINTAS. 

San Atanasio NO TENIA una "PASCENDI" a su alcance para refutar a los arrianos. 

Nosotros SI. Tenemos la Pascendi y tenemos el Silabo. Hay más... hay otros documentos, por supuesto, pero podemos limitarnos a solo estos dos. Los tenemos, son de una CLARIDAD DOCTRINAL y de una EVIDENTE APLICACIÓN PRÁCTICA.

No quiero extenderme... podría decir que San Pio X es TAN autoridad como cualesquier Papa de cualquier momento de la historia. Podría decir que los modernistas (Clerigos o seglares) que se amparan en la "obediencia" para aun hoy obedecer a la Jerarquía actual, DEBEN también obedecer a San Pio X, en cuanto que sus Enciclicas tiene plena vigencia y corresponden al MAGISTERO INFALIBLE. 

Podría decir tambien, que prefiero alejarme de razonamientos de carácter sensible.

Quienes sostenemos lo que acabo de escribir no somos católicos SIN corazón. 

Oramos por todos.

Incluso por un clero perverso y heterodoxo que profesa palabra por palabra todo aquello que la Iglesia Católica ha CONDENADO INDUBITABLEMENTE: EL MODERNISMO.


USTED DICE al final de su artículo: "Por  lo tanto, invito al autor del comentario a retirarse de este tipo de juicios, como mínimo ligeros, pero sobre materias tan graves que pueden llegar a constituir faltas de la  misma gravedad. Por lo que hace a los que son objeto del juicio, tanto como a los que  los escuchan y pueden llegar a adherir a la misma conclusión."


Usted me invita a retirarme de este tipo de juicios. No son mios. No son mis juicios. Si, en cambio, suscribo esto otro con lo cual usted cierra, CON UNA SALVEDAD: 

"No serán nuestros bramidos los que salven a la Iglesia, sino Dios por su infinita misericordia,  por las promesas, y nosotros por la fidelidad a lo que El nos manda. Que consiste no solo en creer sino en obrar conforme a la Fe."

LA SALVEDAD ES QUE: Además de la infinita misericordia de Dios y de las OBRAS DE LA FE que nos corresponde hacer y de las cuales nadie está eximido, también sigue siendo necesario BRAMAR, alertar, denunciar, poner blanco sobre negro, mostrar a la luz las ambigüedades. Sigue siendo obligación LADRAR alertando cuando los lobos andan cerca... pa´ proteger al rebaño, ya que los pastores que debieran hacerlo no solo no lo hacen sino que ELLOS SON LOS LOBOS.

NOSOTROS SOMOS LOS PERROS, hacemos lo que sabemos hacer, lo que podemos hacer.

SOMOS PERROS. Y los perros no se andan con exquisiteces ni muchas vueltas cuando olfatean a una manada de lobos rondando cerca.

Estimado: le diría "estimado

Estimado: le diría "estimado perro" como ud mismo se proclama al final de su escrito, pero algunos pueden sentirse ofendidos si nos identificamos como ese fiel animal que acompaña al ser humano. Verá, creo que su postura es VERDADERA y VALIENTE. Comparto totalmente sus palabras, las que nos reconfortan en medio de tanto sometimiento al vocinglerío de güelfos conciliares.

Y siguiendo al grande San Atanasio al que ud trajo tan oportunamente, "ellos tienen los templos, nosotros la fe", entonces demos testimonio de la fe porque de eso se trata; al fin y al cabo Ntro. Señor Jesucristo nos mandó a NO SER TIBIOS. 

Rezaré por todos como está ordenado, pero por ud, especialmente pediré que siga teniendo buenos y afilados dientes, así siga mordiendo lobos...

Que Ntro. Señor Jesucristo y la Santísima Virgen María lo conserven y lo protejan.

Un "Old Christian"

Gracias

Estimado Marcelo

No sé si es el mejor artículo que ha escrito, pero es el que más me ha gustado. Y me ha gustado por razones "egoístas" o "egocéntricas", pues me ha gustado porque ha hablado de "nosotros, los católicos que vivimos en la regularidad canónica", "en la Iglesia conciliar" (si es que tal cosa existe), pero que precisamente somos CATÓLICOS  y luchamos por no ser infestados por el modernismo. Nos formamos en la doctrina católica de siempre, tratamos de promover el culto adecuado a Dios mediante la Misa tradicional y, cuando no se puede, con la Misa nueva bien rezada, sin aditamentos. Vivimos esquivando, resistiendo, disimulando, recibiendo golpes, etc. de y frente a los que deberían ser nuestros pastores, nuestros guías, nuestros padres, que, sin embargo, si por ellos fuera desapareceríamos. Y también recibimos golpes y desprecio de los "tradis" y esos golpes suelen doler más... Al parecer, es lo que Dios ha dispuesto para nosotros. Que se haga la santísima voluntad de Dios.

En fin, no lo canso más. Sólo le digo gracias por acordarse y rece por nosotros, los CATÓLICOS en regularidad canónica.

XX

(hasta la firma tiene que ser disimulada por si alguno de nuestros "pastores" lee esto)

Estimado (seguramente padre) comentarista

En la mentalidad de muchos tradis está incorporada la sospecha de que quienes actúan como Ud. en el fondo tienen la culpa de lo que sufren por no hacerse tradis. Le confieso que yo mismo he participado de esa opinión tiempo atrás. Pero cuando uno se hace viejo, conoce más gente, ve en forma personal otras historias, va comenzando a entender  eso de que "el corazón tiene razones que la razón no entiende". 

Ud. seguramente tiene razones para permanecer donde está y los "irregulares" no pueden menos que respetarlas, aunque no entiendan sus razones, en la medida en que Ud. no ceda. 

Pero no crea que todos los tradis son gritones. Inclusive los gritones tienen corazón. Perdonémonos mutuamente y vivamos como hermanos en la Fe y en la Caridad. Dios hará el resto. 

Si como sospecho Ud. es sacerdote, le pido su bendición.

En cualquier caso, con mis oraciones y las de muchos lectores que yo sé piensan lo mismo en esta materia.

En N.S.J. y su SSma. Madre.

Buen artículo...

...estimado Marcelo. Una serena y mesurada reflexión sobre el espíritu contestatario y criticón de muchos de nosotros.

Tiene razón y sobre todo en lo referente a la falta de caridad e imprudente adjetivación con la cual calificamos a los sacerdotes y a la jerarquía.

Pero también debo decirle que, y no deseo justificar nada pero la realidad es la realidad, frente a lo que llamaremos "Iglesia oficial" es muy dificil, a veces casi imposible, sobreponerse a la perplejidad, desorientación y verdadera bronca que se manifiesta en gente de a pie como muchos de nosotros con espíritu y formación tradicional ante los desbarranques doctrinales, liúrgicos y disciplinarios que vemos con inusitada frecuencia. Que no está del todo mal definirla como"conciliar" cuando los mismos sacerdotes y obispos se ufanan en, precisamente, resaltar esa "nueva" Iglesia nacida del concilio y que enterró a la "vieja" Iglesia, descolocada, perimida, anclada en la nostalgia conservadora y fuera del espacio y el tiempo que el hombre moderno necesita.

Entonces, ¿es incorrecto definir como conciliar a lo que su jerarquía se empecina en identificar, inclusive contra el mas elemental y prudencial sentido común o mas precisamente "sentido concreto de la fe", como hija y producto de aquel concilio?, no es fácil el tema.

Un detalle, para mi tremendo y dramático, antes, no hace tanto, cualquier sacerdote se refería al Hijo de Dios como Nuestro Señor Jesucristo, a su Madre como la Santísima Virgen María, a la Iglesia como nuestra Santa Madre la Iglesia Católica. Hoy Nuestro Señor es Jesús, a secas, mas hombre que Dios verdadero, su Santísma Madre, María, joven judía que dió a luz a un hombre justo y bueno, la Santa Iglesia es, la Iglesia de los pobres, los oprimidos, los perseguidos, los peregrinos, del pueblo de Dios, y sigue la lista, ¿Cuerpo Místico?, no eso ya no se usa, ni siquiera soben muy bien que es. Es decir, hay algo que hoy llaman iglesia, que me resulta muy dificil de idenficar con la Iglesia, cuerpo Místico y Esposa Inmaculada, me cuesta identificar e identificarme en la Verdad católica, me cuesta iluminarme con al Doctrina católica, mas aún, lo que escucho y veo en el 99% de las situaciones es directamene no católico, por lo tanto, ¿como definimos a la denominada, por la jerarquía misma, Iglesia fruto del CVII?.

Ud., tiene razón, al menos yo, no tengo ni ciencia, ni conocimiento, ni mucho menos autoridad para rebatir a la jerarquía, pero esa misma jerarquía se encarga de corrernos a bolsaso limpio si osamos preguntar o formular dudas respecto a cuestiones doctrinales, basado en nuestro "sensu fidei" producto del Catecismo Mayor, de haber leido algunos santos doctores, de un sencillo pero correcto entendimiento de "la fe y las obras de la fe", entendida, como se debe, en lo integral que ello implica. La reacción de muchos sacerdotes y obispos es, en general, casi de manual, de los modernistas digo, o nos contestan con un sentido humanista sentimental, o tratan de convencernos de la rigurosidad de nuestra formación, la cual "no nos hace libres" (¿?), o dicen gansadas, o peor, directamente casi herejías, entonces que son; ¿católicos, medio católicos, medio equivocados, medio confundidos, modernistas?, es decir, si no contestan como católicos, entonces no lo son, al menos para lo que un espíritu tradicional entiende, desde el fondo de la historia hasta el año 1960.

El tema es complejo, debemos ser prudendes, moderados y sobre todo caritativos, pero la sangre se calienta ante tanto desbarranco y calificar o adjetivar es la reacción inmediata, tal vez preferible a romperle un palo en la cabeza a tanto cura descarriado.

Termino con otro, lamentable, ejemplo. El próximo 15 fiesta de la Asunción de la Santísma Virgen, día de precepto, en la diócesis en la que vivo el Obispo ha decidido que los colegios parroquiales dicten normalmente clases, evidentemente para el Sr. obispo es mejor que los niños sepan sumar y multiplicar que santificar sus almas por medio del culto mariano. Como deseo ser prudente y moderado antes de calificar al obispo de marras, confirmaré si es católico, tal vez no lo sea y pertenezca a alguna denominación protestante para la cual la Santísima Madre de Dios sea simplemente María, la muchacha judía, madre de Jesús. O tal vez sea católico de ahora, conciliar, es decir ¿no católico?. Dios tenga piedad del obispillo y nos permita dar el buen combate y conservar la fe, le mando un fuerte abrazo. MAB

 

Estimado MAB

¿Ud. diría que todos aquellos que no rechazan el CVII  de un modo taxativo son modernistas y por lo tanto no son católicos? ¿Cree Ud. que sea posible que un fiel o clérigo pueda admitir el CVII sin reservas o con algunas reservas y seguir siendo católico? 

No me refiero a que crea ser católico sino que lo sea. Estrictamente, quien niega una verdad de Fe incurre en herejía. Esta herejía es solo material si hay un error invencible. En su opinión, ¿puede haber error invencible en muchos de los que Ud. desctibe?

¿Todos los padres conciliares fueron heréticos, inclusive Mons. Lefebvre y Mons. de Castro Mayer? Porque ellos firmaron los documentos conciliares. Menciono solo a ellos dos porque fueron los que encabezaron la resistencia, pero podríamos mencionar a muchos más, como el Card. Ottaviani.

¿No trae todo este asunto una tremenda confusión en la que casi todo el mundo ha perdido el rumbo? 

Distinguir, esa es la clave

Estimado amigo, no prentendo, usted bien lo sabe, ser juez ni nada parecido, es mas no tengo la menor intención de catalogar quien si y quien no es católico o no, Dios me libre y guarde. Coincido plenamente, es una tremenda confusión  la pérdida del rumbo es notoria.

Por el lado tradi, algunos, lisa y llanamente han anatematizado todo o casi, falta de caridad y un espíritu cerrado y duro. Es mas reprobable que el lado progre, porque el progre no sabe, en la enooooooorme mayoría de los fieles y muuuuuuchos de los sacerdotes, que es genuinamente católico y que no. A modo de comprender la reacción, la perplejidad o los años de lucha han endurecido los corazones.

Ahora bien, por el lado progre, modernista o (permítame el término solo para abreviar y ser descriptivo) "conciliar", la cosa es distinta y mas densa y compleja, precisamente por ese espíritu indefinido, aguachento y ambiguo producto del concilio que ha inundado y contaminado a clérigos y fieles, por lo tanto, creo que casi, casi, hay error invencible.

Despúes de mucho batallar, en lo personal, y buscando respuestas a la ineficacia e ineficiencia de mi "prédica" (disculpe la arrogancia, que no la hay, pero de alguna forma hay que decir) y hablando y polemizando con amigos de (lo que alguna vez fué) buena formación, sobre cuestiones tan evidentes como los abusos litúrgicos, la prédica casi herética de algunos sacerdotes (teología de la liberación mediante) o directamente la falta de fe sobre su sacerdocio ministerial y cuanta novedad o "experiencia" haya dando vueltas, de dudosa o evidente falta de catolicidad, le decía, llego a la conclusión que son católicos, pero católicos de ahora, otra forma de ser católico.

Como usted bien dijo, el concilio es discutible en algunos puntos, tal vez los menos, pero el famoso "espíritu" del concilio, su "aplicación práctica", ese dique que derrumbó, esa puerta abierta a toda novedad que abrió, allí, a mi humilde entender, radica el problema.

Hay dos ciudades, dice San Agustín, por lo cual hay dos planes, el de Dios y el del mundo, hoy la Iglesia conciliar y el católico fiel de esa iglesia está sumergido en el plan del mundo, lamentable y tristemente sin saberlo, cree que esto es lo correcto, cree que obrar y pensar así es lo que se debe hacer, cree que la fe hoy se "siente" de esa forma. ¿Herejes?, algunos si, ¿error invencible?, creo que la enorme mayoría. El ejemplo sobre la indiferencia en mi diócesis sobre la fiesta de la Asunción es patético, mas de un maestro de colegió católico, mas de un católico al cual, con dolor, le manifesté mi desorientación por la actitud del obispo, me dijo con naturalidad, es mejor que no haya asueto al menos no estarán durmiendo en sus casas sin hacer nada. Entender el espíritu moderno es complicado, no por lo complejo, sino por lo directo, crudo y lo pragmático que es.

Entiéndase no lo digo desde un pedestal superior, ni creyéndome mejor que nadie, pero hoy para obrar con caridad hay que bajar la medida, disminuir la exigencia (en la fe y en la moral), observar con resignación algunas o muchas cosas (como la liturgia) como lo que el católico de hoy entiende, acepta y considera lo bueno y correcto de su fe. ¿son todos herejes merecedores de fuego eterno y tremendos apóstatas protestantes?, no, pero no se le ocurra exigir mas de la cuenta en materia de fe, moral y doctrina, porque entonces deberá calificar con el mote de "católico conciliar" a las reacciones, respuestas o posturas con las cuales se topará, evidente y tristemente el plan del mundo hoy, prevalece en nuestra Santa Iglesia, hasta que Dios quiera. Abrazos. MAB

 

 

 

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