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Vaticano, de Malachi Martin

El autor, sacerdote, fue miembro de la Compañía de Jesús, funcionario de la Curia Romana y secretario privado del Card. Bea. Tras los cambios producidos por el Concilio Vaticano II sufrió una crisis de fe y se retiró de la vida religiosa. Vivió en los EE.UU. escribiendo novelas y ensayos sobre la Iglesia, abarcando especialmente desde el reinado de Pío XII hasta el momento de su muerte, 1999, producida en circunstancias poco claras, cuando por "ordenes médicas" se lo apartó del círculo de sus amistades más cercanas y se desmanteló su sitio web.

Malachi Martin
"Vaticano"

Editorial Vergara
580 págs. Madrid 1987

El padre Malachi Brendan Martin, sacerdote jesuita irlandés, abandonó la Compañía de Jesús en 1965 con dispensa de la Santa Sede (es decir, sin obligación de sus votos solemnes de obediencia y pobreza, sí de castidad) y fue admitido al clero secular. Obtuvo dispensa para vivir por su cuenta, dedicado a escribir novelas y ensayos relacionados lo que podíamos definir como la "intimidad" de la Curia Romana en una época de la historia en que las fuerzas anticristianas ya habían jaqueado a la Iglesia ganado adeptos entre miembros muy importantes del alto clero.

Exitoso novelista, autor de best-sellers (sistemáticamente no editados en algunos casos y especialmente no reeditados en castellano, a pesar de su éxito), a su muerte el New York Times le dedicó un obituario importante, sin dejar de señalar que el ex jesuita vivía en compañía femenina, acusación que sus amigos niegan. Tanto su vida como su muerte están rodeadas de misterio. Su rápido ascenso a un cargo tan importante como el de secretario privado del Card. Bea, su conocimiento del secreto de Fátima, su intervención como "perito" en el Concilio, Su intensa actividad como exorcista. Su repentino alejamiento del Vaticano y de la Compañía de Jesús...

Después de la fuerte denuncia contra la infiltración de pedófilos y satanistas en el clero (El Último Papa) este experimentado exorcista, que vivió de cerca el final del reinado de Pío XII, el Concilio y tres Cónclaves, pareció haberse convertido en un personaje demasiado molesto.

La oportunidad de comentar Vaticano (y no su otra novela, El Cónclave) obedece a que en la primera desarrolla -bajo una ficción muy fácilmente identificable con la realidad- el vuelco que el fin de la Segunda Guerra Mundial impuso a la Iglesia frente a un escenario de tremenda hostilidad. Los partidos comunistas en pleno auge en Europa, EE.UU. en una actitud complaciente ante el avance de la URSS y la destrucción de las iglesias locales de los países del Este europeo. El creciente influjo de movimiento conocido como la "nouvelle theá²logie".

El personaje que hilvana el argumento es Richard Lanssing, un joven presbítero que goza de la confianza del Arzobispo de Chicago y va a hacer su "faena romana" para luego ser consagrado obispo auxiliar con derecho a sucesión. Pero el Papa Profumi (Pío XII) aprecia sus cualidades y lo destina a tareas discretas en Europa del Este, con el fin de reconstruir las comunicaciones con los católicos después de que una filtración voluntaria de algún miembro de la Secretaría de Estado diera a los comunistas los datos de todos los agentes del Vaticano detrás de la Cortina de Hierro. (En la novela está referido como una traición de un sacerdote ruso, aunque existen otras versiones sobre el hecho).

Lanssing es destinado a cargos de alto rango y se vincula rápidamente con un personaje misterioso, Guido de La Valle, el banquero de confianza de la Santa Sede. Los de la Valle son una familia alemana de origen judío, que desde hace siglos administran los intereses financieros de la Santa Sede con gran fidelidad. Guido ha dejado la vida monástica para hacerse cargo de la vacante que dejó su tío al morir, y lo sucederá, a su vez, su sobrino Helmut. Esta familia parece evocar a los Rothschild, en especial a Guy, cuya historia familiar tiene un singular parecido con la relatada aquí.

Guido, "el guardián del Acuerdo" goza de enormes privilegios. Inclusive tiene acceso al Cónclave y conoce todos los secretos de la vida Vaticana. El Papa Profumi confía completamente en él, sin embargo no comparte su propuesta para el establecimiento de una nueva red de inversiones financieras e industriales en todo el mundo que devuelva la "independencia" para el financiamiento de las obras apostólicas a la Iglesia. Pese al desacuerdo del Papa, el Consejo del Estado del Vaticano apoya al Maestro de La Valle, quien trabaja sinceramente por el bien de la Iglesia. Finalmente el Papa da su consentimiento, con el profundo temor de que este sea el camino por donde se llegará a "pactar con el diablo", aunque no vea alternativa.

Otro de sus hombres de confianza es el P. Lanser, un jesuita alemán que transmite al Consejo de Estado el punto de vista papal. Tras la muerte de Profumi será uno de los Cardenales organizadores del Concilio, gran ilusión del Papa Angélica (Juan XXIII). Ambos hombres, junto con el Card. Arnulfo (Ottavianni) creen posible controlar las fuerzas progresistas que se insinúan ya poderosas y con fuerza para torcer el rumbo de la Iglesia. Para ello convocan a colaboradores de la línea más ortodoxa a fin de redactar los esquemas conciliares -entre ellos al Arzobispo La Suisse, (Mons. Lefebvre)- pero luego el Concilio será dominado por la "Alianza del Norte" (los episcopados del Rihn) y se descartarán todos los trabajos preparatorios, se modificarán los reglamentos y reformarán completamente las directivas originales, con la conocida orientación que luego se le imprimió. Tantos cambios dieron pie a numerosos problemas legales que requirieron una "sanatio" papal de todo lo actuado a fin de resolver las innumerables transgresiones al reglamento.

El desastre financiero que produjo la maniobra de traslación de fondos a los EE.UU. bajo el reinado del Papa Da Brescia (Paulo VI) deja nuevamene en posición más que endeble a la Santa Sede. A su muerte debe replanterse el esquema de sobrevivencia del Estado Vaticano y de sus obras apostólicas en todo el mundo, a lo cual se suma una crisis profunda en el sacerdocio la vida religiosa y el abandono de la Iglesia por parte de millones de fieles católicos.

La figura de de La Valle es clave en la interpretación que Martin hace del la Iglesia de los tiempos modernos. Según él, de alguna manera los papas han establecido un pacto de convivencia con la Masonería, por el cual la Iglesia mantiene su estátus de Estado independiente e incluso recibe información y apoyo de las logias, a cambio de condicionamientos doctrinales y cierta inacción punitiva frente a clérigos de manifiesta heterodoxia.

Esto es visto con impotencia por Pío XII, y tolerado como un mal menor. Pero ya el Papa Roncalli pone todo su un entusiasmo en una "apertura al mundo", que va en la misma línea que aspiran la logias, y el proceso se corona con la interpretación de los documentos conciliares a la luz del "humanismo integral" mariteniano, que será el ideal de su protegido y sucesor, el papa Da Brescia (Paulo VI). Son los ideales de una Iglesia no ya condicionada por las fuerzas de Nuevo Orden Mundial sino encaminada en la ilusión de un ideal común con él.

Obviamente los cambios generarán grandes resistencias y "daños colaterales" -presumen estos papa reformadores- pero nadie en la más alta línea de decisión atinará a cambiar el rumbo, aunque se quejes de algunas de sus consecuencias (como el famoso "humo de Satanás" del que hablara Paulo VI).

Ocurre entonces que, tras la muerte del Papa Da Brescia, es elegido... Richard Lanssing, -para entonces Cardenal- y miembro de gran predicamento de un nucleo de resistencia a los cambios liberales. Y su primera decisión como pontífice es romper el "Acuerdo".

La propuesta que Martin sugiere como salida a la crisis de la Iglesia es romper el "Acuerdo" con las logias. Los efectos de tal decisión quedan sugeridos. Quizás una tremenda persecución sangrienta, la segura ruina material, las catacumbas del siglo XXI. Una gran depuración en donde permanecrán solo los más fieles.

Por esto nos ha parecido oportuno comentar este libro -difícil de hallar en castellano-, porque quizás, de alguna manera, refleje alegóricamente la principal decisión que los cardenales deberán enfrentar en el próximo cónclave al elegir al sucesor de Juan Pablo II.

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