En realidad, la única dignidad del hombre consiste en su regeneración divina, obra de la Redención de Nuestro Señor; fuera de eso, el hombre, en sí mismo, no es sino una criatura que escuchará, en el día de su juicio, la palabra terrible de Dios: “No te conozco”, “no veo en ti la imagen de mi amado Hijo, no veo en ti mi vida divina, solamente veo corrupción y muerte”.
En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Queridos hermanos,