Fisonomías de Santos

San Gregorio Magno vivió un período de profundas convulsiones  religiosas y políticas. Nacido hacia 540 en una familia de la nobleza romana,  vivió los momentos más bajos de la curva de la caída de Roma y los primeros de  una nueva época ascendente. Por ello puede ser considerado como el último  romano, con el que se cierra el período de los grandes Padres y literatos de la Iglesia de Occidente, o  como el primer hombre medieval que supo concretar en sus obras el espíritu de  una nueva edad que se había de alimentar de su moral, ascética y mística hasta  San Bernardo, Santo Tomás y Santa Teresa. Precisamente con su nacimiento —en  541— termina la cronología consular, que liquida definitivamente una de las  instituciones básicas en la historia de Roma. 


La época  de las sangrientas persecuciones tocaba a su fin y alboreaba para el  cristianismo un período de relativa paz dentro del vasto Imperio romano. En  efecto, a principios del año 312 los emperadores Constantino y Licinio  publicaron conjuntamente un edicto favorable a los cristianos. Su enemigo  Majencio fue derrotado por Constantino, el 28 de octubre del mismo año, cerca  del puente Milvio. Con ello quedó Constantino único emperador de Occidente, pactando  con Licinio, su asociado en el Imperio y soberano de Oriente, al cual dio a su  hermana Constancia en matrimonio. 

Nació en Roma el año 1384. Se casó muy joven (1396) con Lorenzo de  Ponziani de quien tuvo tres hijos. En  sus 40 años de matrimonio dio  ejemplo de esposa fiel y devoción a sus responsabilidades domésticas. Soportó  muchas pruebas severas, entre ellas la muerte de sus hijos y la confiscación de  sus tierras. En la dura época que  le tocó vivir repartió sus bienes entre los pobres, atendió a los enfermos y  desempeñó una admirable actividad con los necesitados, destacando, sobre todo,  por su humildad y paciencia. Instituyó en el 1425 la Congregación de  Oblatas de Tor de`Specci, bajo la regla de san Benito. Ella entró Murió el año 1440

Que sin arrebatos de divina locura no se puede llegar a la  santidad, es evidente. Los cuerdos, según el mundo, jamás llegarán a la  santidad heroica. La vida sin complicaciones, sin exabruptos de generosidad, la vida atiborrada de cálculos egoístas —burguesa—, se opone diametralmente a la  de los santos. No hay compatibilidad entre los santos y los que jamás abandonan  sus cómodas casillas; lo mismo que no la hay entre el volcán y la llanura  esteparia, ni entre los héroes —hombres de arranques— y los adocenados.

Nació en Roccasecca,  cerca de Aquino, Nápoles.  El hijo menor de 12 hijos del Conde Landulfo de Aquino.  Sus primeros estudios fueron con los benedictinos en Montecassino, cerca del  castillo de sus padres. 


"Quien ama a su padre o a su madre más que a Mí, no es digo de Mí. Quien ama a su hijo o a su hija más que a Mí, no es digo no es digno de Mí". Mt. X, 35-39

Los nombres de las Santas Perpetua y Felícitas  figuran de antiguo en el canon de la misa. Habían muerto en el anfiteatro de  Cartago el año 203. En el calendario filocaliano de Roma del tiempo de San  Dámaso, aparece su fiesta el 7 de marzo. Después se perdió la memoria de su  celebración, que a principios de este siglo restauró San Pío X.  Fue con motivo de las excavaciones que se  realizaban cerca de Túnez, en el emplazamiento de la vieja Cartago. Aparecieron  los restos de una basílica paleocristiana y fue hallado el epitafio de estas  célebres mártires. Mas como el día siete estaba ocupado por Santo Tomás de  Aquino se anticipó la fiesta un día.


San Teófilo obispo de Casarea se hizo célebre por ser él quien en el siglo II luchó por unificar en la Iglesia naciente la fecha de celebración de la Pascua. La división de opiniones fue tan tensa, que se hizo necesario convocar el Concilio de Cesarea precisamente para conciliar las distintas posturas, de manera que no pareciese que una tendencia vencía a la otra. 

Cuando  nació San Casimiro el día 3 de octubre de 1458 en el castillo de Wawel, en  Cracovia, habían pasado setenta y dos años desde que su abuelo, el célebre  Jaguelón, gran duque de Lituania, se posesionara del trono de Polonia con el  nombre de Ladislao II. Amenazados continuamente por los asaltos de los  caballeros de la orden teutónica y por las incursiones de los tártaros y los  rusos, lituanos y polacos, aunque tan dispares en lengua y estirpe, habían  resuelto, al fin, unir su suerte creando una federación o  "república", como entonces se decía, la cual sería regida por un jefe  único, pero conservando ambos estados sus derechos y sus prerrogativas, con  ejército, parlamento y cargas civiles propias. 


Con razón Prudencio se lamentaba: "¡Oh inveterado olvido de  la antigüedad callada! Esto mismo se nos envidia, y se extingue la misma fama.  El blasfemo perseguidor nos arrebató hace tiempo las Actas para que los siglos  no esparcieran en los oídos de los venideros, con sus lenguas dulces, el orden,  el tiempo y el modo indicado del martirio" (Peristephanon hym.1 vv.73-78). 

Inés, hija de Premisl Otakar I, rey de Bohemia y de la reina Constancia, hermana de Andrés I, rey de Hungría, nació en Praga en el año 1211. En 1220, prometida en matrimonio a Enrique VII, hijo del emperador Federico II, fue llevada a la corte del duque de Austria, donde vivió hasta el año 1225, manteniéndose siempre fiel a los deberes de la vida cristiana. Rescindido el pacto de matrimonio, volvió a Praga, donde se dedicó a una vida de oración más intensa y a obras de caridad; después de madura reflexión decidió consagrar a Dios su virginidad. 


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