Fisonomías de Santos

El escudo de armas de San Rosendo es su mejor retrato; no sólo porque en él resaltan los tres rasgos más característicos de su vida privada: su crucifixión en la cruz del deber, su santificación en el molde de un plan o regla de vida, y su constante e intachable ejemplaridad; sino también, porque, además, en él se sintetiza toda su labor social y apostólica, esa labor que cifró: en emplear y recomendar el empleo de las riquezas —oro— en el servicio del Crucificado —cruz—, levantándole iglesias y monasterios; en poner orden —compás— en las familias y en los pueblos de aquella época tan agitada; y en exigir la limpieza de corazón —espejo— a los eclesiásticos y a los fieles de aquella edad de hierro del cristianismo.


Destinado a ser uno de los constructores de la nueva sociedad, nace en el momento en que se hunde el Imperio romano de Occidente. Las ruinas y las invasiones dejan en su alma una profunda amargura. No es desaliento, sino más bien, resolución de separarse de aquella sociedad, que no había podido salvarse del naufragio, y que podía perderle también a él. A los treinta y cinco años, después de haber pasado por las escuelas de la provincia de Lyón, se retira a la extremidad oriental de la Galia, estableciéndose en un valle de la cordillera del Jura, llamado Condat, poblado de bosques impenetrables y fecundado por dos alegres riachuelos. Todo su equipaje lo formaban unas herramientas, un manuscrito de las Vidas de los Padres del Yermo, y algunos puñados de semillas.

Nació en Asís (Italia) en 1838. Su nombre en el mundo era Francisco Possenti. Era el décimo entre 13 hermanos. Su padre trabajaba como juez de la ciudad. A los 4 años quedó huérfano de madre. El papá, que era un excelente católico, se preocupó por darle una educación esmerada, mediante la cual logró ir dominando su carácter fuerte que era muy propenso a estallar en arranques de ira y de mal genio

Si el Evangelio no es una biografía de Jesús, los Hechos de los Apóstoles no son una colección de biografías de aquellos primeros héroes del cristianismo naciente. De algunos apóstoles apenas sabemos más que el nombre. De Matías sabemos solamente su nombre y su elección. De aquel colegio apostólico que actuó desde Pentecostés, de aquellos doce definitivos, Matías fue el único no elegido por Jesús. Fue el apóstol póstumo de Jesús, incorporado al colegio apostólico cuando Jesús estaba ya en el cielo.

San Pedro Damián es una de esas figuras severas que, como San Juan Bautista, surgen en las épocas de relajamiento para apartar a los hombres del error y traerles de nuevo al estrecho sendero de la virtud.  Pedro Damián nació en Ravena, el último hijo de una numerosa familia.

Este santo, muy  popular en el norte de Europa, vivió en un periodo sumamente difícil en la  historia de Francia: probablemente nació en el año 456, y murió en el 531.


Fue San Gabino originario  de Dalmacia, pariente del emperador Diocleciano, hermano del papa San Cayo, y padre de Santa Susana; nació de padres cristianos, hacia la mitad del tercer siglo. En poco tiempo adelantó mucho en  las letras humanas; pero se dedicó con mucha mayor aplicación al estudio de la Sagrada Escritura y de las  ciencias divinas.

S. ELEUTERIO (175-189) Nació en Nicópolis, en Épiro. Fue discípulo del papa Aniceto. Le asistió como diácono durante su pontificado. Envió a Inglaterra a Fugacio y Damián para que convirtieran aquellas poblaciones, a instancia del rey Lucio. Eximió a los cristianos de la obligación de seguir algunas prescripciones de alimentación derivadas del judaísmo.


No se sabe exactamente en donde nació. Posiblemente en Francia. Su muerte fue en febrero del año 720. Era un cortesano de los reyes Childerico y Teodocido III. Renunció a su vida mundana y se convirtió en un peregrino a Jerusalén y otras ciudades santas. 


Juliana era hija de una conocida familia ilustre de Nicomedia —en la actual Turquía— pero con un padre pagano —que llegó a convertirse en perseguidor de los cristianos— y una madre agnóstica. Ella, por la situación familiar, se hace bautizar en secreto. Además se entregó enteramente a Cristo, desechando el matrimonio.


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