La Crisis de la Iglesia

En Fátima, mientras la Primera Guerra Mundial rugía en el continente europeo, la Virgen anunció que deseaba establecer en el mundo la devoción al Corazón Inmaculado, insistiendo una vez más en el rezo del Rosario. También le dijo a la pequeña Lucía dos Santos: “vendré a pedir la consagración de Rusia”. Ese día resultó ser el jueves 13 de junio de 1929

Sin la pretensión de ser literal en las citas, quisiera resumir algunas de las palabras y conceptos que Mons. Bernard Fellay expresó en su extendida conferencia el domingo 8 de octubre, como culminación de una jornada celebratoria de los 40 años del viaje de Mons. Lefebvre a la Argentina.

Hace algunos meses, en preparación de este año del Centenario de Fátima escribí un texto titulado “Francisco a Vuelo de Pluma”. Quisiera ahora reflejar en éste las impresiones que me ha causado una larga lectura de textos y trabajos dedicados a la mayor y más longeva de los videntes de la Cova da Iría en 1917.

¿Es que perdió su rumbo
la nave de la Iglesia? ¿Es que a porfía
se nos ha puesto a andar de tumbo en tumbo
ebria y alzada la marinería?

Lo único claro es la confusión.

La Correctio filialis no es sino la punta de un inmenso iceberg de descontento por la desorientación que impera actualmente en la Iglesia. 

Yo recuerdo, en mi larga vida de tradicionalista, haber escuchado muchas veces este reproche: ¿cómo te vas a oponer a algo que ha dicho el papa? O el Concilio, cuando el Concilio era dogmático de facto. Algo que parece también dejó de ser para los conservadores.

Signos del cielo y de la tierra: si los tiempos no se abreviasen hasta los justos perecerían

En los días pasados tuvo lugar aquel famoso C9 en el Vaticano. Los nueve cardenales consejeros de Omissis, que están trabajando sobre la reforma de la curia. Uno de los puntos de la orden del día ha sido la sustitución del Cardenal Sarah, como prefecto de la Congregación para el Culto Divino.

Pretender hablar de conversión excluyendo que sea a la Iglesia católica, es burlarse de la gente. Dios, que es todopoderoso, ha puesto en las manos de María esta gracia, este poder de hacer milagros; no sólo el del sol, sino un milagro aún más asombroso: la conversión de un país entero mediante una sencilla consagración hecha por el Santo Padre, al que se unirían los obispos del mundo entero. Ese país, desde ese momento, quedará entregado a la Santísima Virgen.

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El mensaje de Fátima es, sí, un mensaje de amor, pero a la vez y por lo mismo es un mensaje de rigor, de severidad, de seriedad. Después de la aparición, los pastorcitos de Fátima dejaron de jugar. Dejemos entonces de jugar.

Editor y Responsable

¿A quién se le ocurre convocar una jornada de oración a lo largo de toda su frontera, apenas 3000 kms.? ¿A quién se le ocurre anunciar que un millón de personas va a responder a ese llamado? 

Editor y Responsable

¿Por qué hacemos esto? Lo hacemos porque hay evidencias científicas indiscutibles y, además, porque Nuestro Señor Jesucristo fue un niño por nacer, formado virginalmente por la acción del Espíritu Santo en el seno de la Virgen María.

Editor y Responsable

Continuemos la lucha con todas nuestras fuerzas como siervos inútiles que somos, pero pongamos nuestra esperanza, más que nunca, en la todopoderosa intercesión de Santa María, la Madre de Dios siempre Virgen, pues es ella quien, una vez más, vencerá la herejía.

Editor y Responsable

Cuando ahora leo en el Nuevo Testamento esas escenas tan encantadoras del paso del Señor por Palestina, recuerdo éstas que, tan niña todavía el Señor me hizo presenciar en esos pobres caminos y carreteras de Aljustrel a Fátima y a Cova de Iría. 

Jorge Ferro

La persona de Lefebvre es remansada, acogedora. No estamos frente a un energúmeno. Bastaba mirar sus ojos, a los que veo todavía hoy como claros y serenos. Una voz tranquila, no declamatoria, sensata. Su palabra mesurada y esperanzadora. 

Editor y Responsable

Los otomanos avanzaban sobre Europa. Juan (Jan III) Sobieski, rey de Polonia, decidió liderar la coalición, abandonando su patria marchó al mando del ejército. Al llegar a Viena los turcos doblaban a los cristianos. El enviado papal, Marco D’Aviano, consiguió unir a todo el ejército bajo el mando del rey polaco.