La Razón de Nuestra Fe

El catecismo del Concilio de Trento enseña que en el primer mandamiento, se nos manda adorar al solo Dios verdadero, y se nos prohíbe dar culto a falsos dioses.

En polémicas recientes, en Panorama se ha tocado el tema de la “insuficiencia” en la toma de posiciones. Fue motivado por la afirmación de que ciertos hechos constituyen razón suficiente de esperanza en una restauración de la Iglesia por la reacción de su parte sana.

Después de haber propuesto a la meditación de los fieles, durante las cuatro primeras semanas de Cuaresma, el ayuno de Jesús en el desierto, ahora la Iglesia consagra a la consideración de los dolores del Redentor las dos semanas que nos separan de Pascua.

Así como toda la grandeza de la Santísima Virgen María reside en la prerrogativa de su Maternidad divina, del mismo modo toda la grandeza del Patriarca San José reside en su condición de Esposo de la Madre de Dios, elegido providencialmente por Dios. Así lo enfatizan los textos de la fiesta de San José.

La confesión de este segundo artículo del Credo, esto es, de la divinidad de nuestro Señor Jesucristo, es el fundamento de nuestra redención y salvación. Lo cual se entenderá mejor si se considera la pérdida de aquel felicísimo estado en que Dios había colocado a nuestros primeros padres.

En una Hojita de Fe anterior explicamos cómo el Decálogo manifestaba al alma cristiana, mucho mejor que las creaturas corporales, la existencia de Dios y sus perfecciones morales. Queremos ahora ofrecer a los fieles una explicación metódica de los diez preceptos del Decálogo, según la exposición que de ellos hace el Catecismo Romano de Trento, a fin de que, conociendo bien las exigencias de la ley de Dios, se apliquen a amarla y a cumplirla de todo corazón.

«La idea de colocar el Magisterio en un joyero, separándolo de la práctica pastoral, que puede cambiar según las circunstancias, las modas y las pasiones, es una forma de herejía, una patología esquizofrénica peligrosa. Por eso digo solemnemente que la Iglesia africana se opondrá firmemente a cualquier rebelión contra la enseñanza de Jesús y el Magisterio».

Cuaresma. A los fieles,  propone nuestra Madre la Iglesia este tiem­po litúrgico para volver a encender en su corazón la llama del fervor. A los penitentes, les llama la atención sobre la gravedad del pecado, inclina su corazón al arrepentimiento y a los buenos propósitos, y les promete el perdón del Corazón de Dios.

 

En tiempos en los que miles de cristianos mueren a manos de los sectarios islámicos, por odio a la Fe de Cristo, Francisco habla de "ecumenismo de la sangre" en detrimento de la Fe. ¿Cuál es el verdadero sentido de estas palabras?

El autor de este artículo hace algunas reflexiones que, entendemos, tienen interés para ir vislumbrando como entre sombras, qué se juega y hasta donde puede llegar la crisis en esta región, espiritual, económica y geopolíticamente tan ligada a Europa y a la historia de la Fe.

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