La Razón de Nuestra Fe

Con frecuencia nos lamentamos de los males que aquejan a nuestras familias, tanto en el orden material como espiritual. Y de los peligros que hoy y en el futuro se ciernen sobre nuestros hijos. Sin duda, en estas quejas no está presente la cabal comprensión de un principio fundamental para orientar la vida de todo católico: Todo lo que Dios permite nos ocurra es para nuestro bien, aunque no seamos capaces de comprender ahora, y tal vez nunca en esta vida cuál ha sido ese bien. De esta queja y cuál es la respuesta católica nos alecciona San Agustín en este breve capítulo de La Ciudad de Dios.

Esta necesidad de “enderezar” la interpretación de los textos magisteriales que tantos hoy sienten como un deber de fieles católicos ha puesto ante nosotros con toda crudeza uno de los desafíos más difíciles. Y la creciente degradación del neomagisterio va revelando la hondura creciente de la crisis.

El día 29 de junio la Iglesia celebra la festividad de los dos apóstoles San Pedro y San Pablo, que es una de las solemnidades más antiguas de la Iglesia universal. Y si la Iglesia quiere honrar y venerar juntos a estos dos apóstoles, es porque representan a la Iglesia Católica entera

Algunos han querido ver extendido este precepto no matarás hasta las fieras y los animales domésticos, viéndose por él impedidos de matar a ninguno de ellos. ¿Y por qué no también las plantas, y todo lo que, arraigado en el suelo, se nutre por la raíz? Pues de estas especies de seres, aunque no sientan, decimos que tienen vida, y, por tanto, son capaces de morir, y de ser muertas, empleando la violencia.

Uno de los misterios que golpea al hombre moderno, inclusive si tiene fe católica es el del sufrimiento de los buenos. Cuando se habla en los ambientes católicos tradicionales sobre un inminente castigo de Dios a la humanidad pecadora, al modo del Diluvio Universal, muchos se sienten escépticos y manifiestan que algo así sería injusto. 

el papa contó lo que había visto un trance a la potestades infernales pidiendo a Dios permiso para tentar a la humanidad con una especial libertad por un períodos cercano a un siglo. San Miguel, según el testimonio de León XIII, al cabo de esos años de espantosa crisis, intervendría para destruir el poder infernal.

En el libro del génesis, cap.6°, dícese que Dios, viendo que era mucha la malicia de los hombres, decidió exterminarlos de sobre la faz de la tierra.

Nuestro Señor Jesucristo, como recompensa de su Pasión y muerte, recibió de su Padre una triple glorificación, de la que tratan en adelante los restantes artículos del Credo referentes a la segunda Persona de la Trinidad.

"¿Buscáis lo que Jesucristo ha comprado? Ved lo que Él dio y sabréis lo que compró: La sangre de Cristo es el precio de la compra. ¿Qué otro objeto podría tener tal valor? ¿Cuál si no es el mundo entero? ¿Cuál sino todas las naciones? ¡Por el universo entero Cristo pagó un precio semejante!" (San Agustín, Tract., XX in Joan.)

La Iglesia ha querido poner como evangelio en la fiesta del Sagrado Corazón el episodio de la lanzada que recibe Jesús en la cruz después de haber muerto, lanzada que le abrió el Corazón y dejó salir sangre y agua. Todos los Padres de la Iglesia ven en ese acontecimiento un sentido típico de altísima importancia: el nacimiento de la Iglesia a partir del Costado o del Corazón de Nuestro Señor Jesucristo.

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Marcelo González

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