Libros

Esto es muy importante para entender muchas cosas posteriores en el problema del culto católico, ya que el culto de la Iglesia va a asimilar aquello que sea asimilable. No de cualquier lado, porque no puede. Lo va a asimilar de allí de donde es asimilable. Por eso, en los debates modernos sobre el problema del culto, quizá no se advierte la verdadera cuestión, cuando se dice… “Y ¿por qué no adoptar en la liturgia católica las modalidades propias de los pueblos africanos?”. Lo hemos oído, con motivo del Concilio, repetir muchas veces.

El autor, que es historiador y crítico de arte avanza sobre esta etapa llevando un doble regristro de la personalidad por un lado y de los logros artísticos por otro. Por momentos nos abruma, a los que no tenemos formación musical, con consideraciones técnicas, las que se volverán particularmente eruditas en la parte final de la obra, cuando analiza los hitos fundamentales del músico, menos reconocido en su tiempo que por la posteridad.

Un viejo amigo, Giorgio Cernani, anuncia su libro "Dios de los Corazones", recordación del Congreso Eucarístico de Buenos Aires de 1934, en el 75º aniversario.

Nos interesa efectuar un breve comentario sobre el libro recientemente publicado por el doctor Rodolfo Terragno, de cuya capacidad intelectual no dudamos,
EL DIARIO DE SAN MARTÍN, ESCRITO POR TERRAGNO (1)

 Nos interesa efectuar un breve comentario sobre el libro recientemente publicado por el doctor Rodolfo Terragno, de cuya capacidad intelectual no dudamos, y que ha tenido, además, una vasta actuación pública: diputado y senador nacional, ministro y jefe de gabinete.

 

Santiago de la Vorágine

La Leyenda Dorada

Sobre la versión latina del Dr. Grasse.

Traducción y anotación Fray José Manuel Macías

Alianza Editorial 1997, dos tomos 990 páginas.

El libro termina pidiendo al Sumo Pontífice que “clarifique definitivamente todos los aspectos y contenidos del último Concilio. La acción de “omnia reparare” [repararlo todo] podría ser realizada por medio de un gran documento papal, que sería recordado por la historia como un signo y un testimonio del ejercicio vigilante y responsable de su ministerio como Sucesor de Pedro”.


“Concilio Vaticano II: Una discusión abierta”, de Monseñor Brunero Gherardini

Por el Hno. André Marie

Según informa la revista “The Latin Mass”, Italia ha sido testigo recientemente de la publicación de un libro sobre el Vaticano II que pronto será un éxito de ventas. Monseñor Brunero Gherardini, un renombrado teólogo de la escuela romana de 85 años de edad, ha titulado descriptivamente su obra como “Concilio Vaticano II: Una discusión abierta”. El volumen fue publicado por Casa Mariana Editrice, una editorial conectada con los Franciscanos de la Inmaculada, y ostenta un prefacio a cargo del Obispo Mario Oliveri (de la diócesis de Albenga e Imperia), y una introducción del Arzobispo Malcolm Ranjith, ex secretario de la Congregación para el Culto Divino y actual Arzobispo de Colombo y Metropolitano de la Iglesia en Sri Lanka.

Docilidad católica ante el magisterio

       El magisterio de la Iglesia participa de la misma autoridad de Dios al enseñar, por lo que se le debe en grado máximo “fe de autoridad“ y no “fe de credibilidad”. Cuando se pronuncia, entonces, el católico solo debe juzgar “quien lo dice” y ser dócil en aceptar “lo que se dice”. Pero tanto al juzgar “quien lo dice “ como al aceptar “lo que se dice“, debe hacerlo formalmente  y no materialmente:

      -Al juzgar “quien” enseña, no debe considerar tanto la persona física que se pronuncia, ya sea el Papa o los obispos, sino la persona moral o personalidad asumida en cuya  autoridad se funda la enseñanza. El católico debe reconocer de manera clara y expresa que los Pastores  se pronuncian in persona Christi y no en persona propia o de cualquier otra entidad creada: ”porque aunque nosotros mismos o un ángel del cielo os anunciase otro evangelio distinto del que os hemos anunciado, sea anatema “ (Gal. 1,8).

      -Al aceptar “lo que “se enseña, no debe considerar  solamente las sentencias pronunciadas, sino  también el grado de credibilidad que a misma autoridad les reconoce: infalibles, ciertas u opinables . Y en esto también hace falta docilidad para no restar ni sumar haciendo, por ejemplo, que lo que se enseña como cierto se disminuya a opinable o se aumente a infalible.  Ahora bien, a causa de su liberalismo, el magisterio conciliar se presenta ante el atónito católico de una manera inédita en ambos aspectos:

Por regla general, los que sostienen las tesis sedevacantistas defienden un alto concepto de la autoridad del magisterio de la Iglesia. Si llegaran a comprender que puede disolverse el dilema planteado por el magisterio conciliar sin atentar en lo más mínimo contra la autoridad del magisterio tradicional, no solo en el campo en que se juega la infalibilidad sino también en todo el ámbito de su magisterio, no se verían ya obligados a embarcarse en explicaciones tan llenas de oscuridades.

Para negar la autoridad de los actos del magisterio por carencia de potestad legítima sin erguirse como juez de su credibilidad, debería mostrarse que tal carencia es notoria de modo antecedente a los dichos actos. Ahora bien, todos los dicen demostrar la carencia notoria de potestad, lo hacen por modo consecuente con los actos del magisterio conciliar. Por lo tanto, pecan al ponerse en jueces de la credibilidad del magisterio supremo.

Pero como señalamos más arriba, para que el magisterio ordinario alcance la nota de infalibilidad, también debe cumplir de manera equivalente con las cuatro condiciones vaticanas: la sentencia debe ser propuesta por la universalidad de  los obispos en comunión con el Papa de manera definitiva y por el peso de la autoridad que tienen de Cristo. Si los obispos, en cambio, toman una actitud liberal creyendo que los movimientos religiosos de sus fieles gozan de una asistencia infalible del Espíritu Santo y no asumen la responsabilidad aún de oponerse a todos si los ven emprender una vía errada, no harán uso de su propia autoridad, única asistida por la infalibilidad. Ya no siguen las ovejas al pastor, sino el pastor a las ovejas, por lo que no hay que extrañarse que tomen mil caminos equivocados.

Si el movimiento carismático o el camino neocatecumenal tienen éxito congregando mucha gente, los obispos se creen hoy obligados por el “espíritu” a confirmarlos. Ante una supuesta aparición de la Virgen no se sienten con derecho a juzgarla según los antiguos criterios doctrinales, sino que deben estar atentos al sentir del pueblo fiel para confirmarlo y unificarlo.  Pues bien, si la universalidad de los obispos en montón con el Papa aceptan de esta insensata manera, por ejemplo, los principios del movimiento carismático, nada tiene esto que ver con la infalibilidad, porque no están poniendo en juego la autoridad que tienen de Cristo.

El Espíritu Santo nos asegura que los obispos no pueden errar cuando imponen su autoridad, pero nada nos asegura cuando la deponen. Quedan siempre en pie las promesas de la indefectibilidad de la Iglesia –las puertas del infierno no prevalecerán–, pero muy empequeñecido quedará el rebaño de Cristo si los pastores siguen adorando al sentir de su grey, cada vez más inspirado por el espíritu nada santo del actual aparato publicitario.

El magisterio conciliar no ha recurrido nunca al ejercicio de la infalibilidad por modo extraordinario, ni puede alcanzar nunca la infalibilidad del magisterio ordinario universal mientras se crea obligado a ejercer su oficio de modo subordinado a una inexistente infalibilidad del sentido de la fe del común de los creyentes.

Fuente: La Lámpara Bajo el Celemín, de Alvaro Calderón, págs. 50-1.

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