La Gran Comedia de la Vida III: la madre de las batallas

La madre de las batallas: rescatar a la Iglesia de las manos de apóstatas y traidores.

Mañana puede ocurrir un milagro. Pero, a decir verdad, el milagro ya ocurrió. El pueblo argentino, generalmente apático salvo en cuestiones relativas a su bienestar o seguridad, se levantó contra la conspiración internacional abortista que busca reducirnos a la miseria moral absoluta. Mañana puede que el milagro se cristalice en un hecho político sin precedentes: los senadores de la Nación, muy pocos de ellos por convicción, muchos por cálculo, otro por temor a una represalia electoral, podrían rechazar el engendro legal monstruoso que aprobó la poco honorable Cámara de los diputados, y sobre todo de las diputadas.

Si esto ocurre, será gracias a Dios y a la Virgen Santísima. Y a multitudes que actuaron como causas segundas, liderados por algunas figuras laicas de extraordinaria valentía y entrega a esta causa. Quisiera destacar al Dr. Abel Albino, que no solo dio un testimonio brillante y conmovedor de ciencia, de rectitud moral, de intrepidez, sino también de martirio: al responder científicamente a la pregunta sobre cierto método contraceptivo se inmoló, y él lo sabía, diciendo la verdad que casi todos callan en los medios científicos o ignoran fuera de ellos. Se sometió a la burla y acoso sin misericordia de los medios de comunicación y de los políticos. Es un héroe y es un mártir. Confrontó al monstruo y sacrificó su enorme prestigio mediático.

Esto nos puede “merecer”, aunque nada merecemos, el milagro de frenar, al menos por un tiempo, la toma del poder sobre la vida de los niños argentinos por una horda de brujas inspiradas por el Brujo Mayor. Y dar un ejemplo de esperanza al mundo. Una sacudida que vibra ya por la enorme columna vertebral de los Andes a toda América Hispana.

Para eso nos juntamos con quien sea y elogiamos el inmenso acto de los evangélicos, que debería avergonzar a la jerarquía de la Iglesia argentina al punto de hacer un mea culpa, por fin justificado, de su cobarde inacción y de su tardío oportunismo. Con la debidas excepciones. Por eso vamos a una vigilia ante el Congreso, al lado de la horda verde. Por eso damos la bienvenida a los agnósticos antiabortistas. Porque hay que salvar a la Argentina de este horrible pecado.

Pero, a no confundirnos. Los católicos no vamos a “rezar con los evangélicos”. Simplemente porque ellos no le rezan al Dios verdadero. No vamos a un “Asís antibortista”, sino que rezamos con fervor a la Santísima Virgen, Madre de Dios. Y a los santos. Unidos a la Iglesia Militante, con el socorro de la Iglesia Triunfante, con la esperanza de alcanzar al menos la gracia de formar parte, en su momento, de la Iglesia Purgante.

La FSSPX en la Marcha por la Vida en los EEUU

No vamos a realizar actos de communicatio in sacris. Ni a demonizar el aborto olvidando que aquí se llega porque nuestra sociedad vive en la impureza, el pecado mortal, acepta la contracepción (muchos “provida” la proponen como “solución”) con increíble ignorancia de la ley moral y hasta de la ciencia médica. La contracepción es normalmente abortiva. Pero además es intrínsecamente mala. San Agustín llama “prostitutos” a los esposos que evitan la prole a sabiendas. No vamos a promover el “Billings”: vamos a promover la familia numerosa. No nos es indiferente el sexo libre por más “cuidado” que se diga. Eso va contra la ley de Dios. No aceptamos como virtuoso (aunque sea “provida”) el adulterio. Ni alabamos a los homosexuales “provida”. Enhorabuena que defiendan una buena causa, pero su forma de vida es reprobable.

La madre de las batallas no es rechazar este proyecto espantoso. Si se logra, será digno de celebrarse y agradecer primero y principalmente a Dios, que nos da otra oportunidad de redimirnos. Este triunfo nos daría tiempo y fuerza para trabajar en el problema de fondo: instaurar la moral católica en la sociedad, empezando por nosotros mismos.

Venimos de conocer la cara del enemigo: la finanza internacional, Soros, la multinacional abortiva. Vemos el sentido profundamente anticatólico de este empeño abortista. Es una guerra a la Fe Católica. Comprobamos que los pastores católicos, empezando por el Supremo Pastor de la Iglesia Universal, no han hecho nada, prácticamente, para impedir esto. Por el contrario, sugirieron la “educación sexual” como remedio, traicionando de un modo increíble la doctrina que deben enseñar y defender.

También y principalmente, ahí está la madre de las batallas: rescatar a la Iglesia de las manos de apóstatas y traidores.

Pase lo que pase en la votación, ese es el combate.

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