O San Pablo exagera o nosotros estamos en problemas

Apostillas a la Carta a los Romanos

Confieso que siempre tuve a San Pablo por un hombre un poco exagerado. Inclusive, algo falto de pudor, dicho esto con todo respeto. Porque no me parecía necesario ser tan explícito en la enumeración de los vicios humanos. El mismo recomienda que de ciertos temas no se hable entre vosotros. Y apenas nos ponemos a leer su primera carta canónica, a los Romanos, después de una salutación y una doxología -que se debe leer con comentarios- les-nos lanza un tremendo reproche a los paganos de su tiempo, no sin antes consolarlos con estas paternales palabras, llenas de misericordia:

Ante todo doy gracias a mi Dios, mediante Jesucristo, por todos vosotros, porque vuestra fe es celebrada en todo el mundo.

San Pablo puede ser tierno como una madre y terrible como un padre justamente airado. Y ahí suelta su vena amenazadora. Pero sigamos en la transición temática:

Pues no me avergu?enzo del Evangelio; porque es fuerza de Dios para salvación de todo el que cree, del judío primeramente, y también del griego. Porque en él se revela la justicia que es de Dios, mediante fe para fe, según está escrito: “El justo vivirá por la fe”

Fíjense que estamos frente a un san Pablo “inclusivo”. Aunque jerárquicamente, porque la primacía la tienen los judíos, pero en la medida que no aceptan a Cristo… ya no. Lo que sigue está dirigido a los paganos de su tiempo, aunque toda palabra de las Sagradas Escrituras es una revelación para todos los tiempos. Pensemos, pues, esto que dice el Apóstol en relación con el mundo de hoy.

Pues la ira de Dios se manifiesta desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres, que injustamente cohíben la verdad; puesto que lo que es dable conocer de Dios está manifiesto en ellos, ya que Dios se lo manifestó. Porque lo invisible de Él, su eterno poder y su divinidad, se hacen notorios desde la creación del mundo, siendo percibidos por sus obras, de manera que no tienen excusa; por cuanto conocieron a Dios y no lo glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su insensato corazón fue oscurecido. Diciendo ser sabios, se tornaron necios, y trocaron la gloria del Dios incorruptible en imágenes que representan al hombre corruptible, aves, cuadrúpedos y reptiles.

¿Les suena una campana? Traduzcamos a la actualidad y veremos cuantos tópicos de actualidad son hijos de estos corazones oscurecidos.

Ningún observador atento puede negar esta realidad. Atento y con la inteligencia en ejercicio, al menos semipleno. No por ser despectivo, pero sí realista en la observación, hay que reconocer la enorme dificultad del hombre moderno para superar su exacerbado sentimentalismo y hacer un ejercicio racional, más allá de las materias prácticas y técnicas.

Las ideas o ideologías que aparecen en cardúmenes sustituyen el ejercicio propio de unas inteligencias ya disminuidas por la flaca dosis de sentido común que heredaron de sus mayores. De modo que no solo articulan la realidad a modo de estructura ideológica, sino que viven en la contradicción permanente. Por poner un ejemplo, la zoolatría, el culto a los animales, sea a modo de ecologismo o de adoración de sus mascotas, llega a niveles alarmantes. Y entretanto no se puede desinfestar la calle de perros vagabundos porque se producen alzamientos populares: pero esos mismos que protestan, piden o al menos son indiferentes al aborto o al hambreado de niños en condiciones de pobreza extrema. Y repiten con orgullo que no debieron haber nacido… mientras saturan sus tarjetas de crédito comprando tonterías y dando lujos increíbles a sus perros y gatos. Paganismo que, en otros niveles, prefiere extinguir a la población humana para “salvar el planeta”. Esta es una idea demoníaca, sin exagerar.

Y aquí San Pablo pasa a decir, con su habitual franqueza, las consecuencias de lo anterior. No es necesario señalar que la descripción parece del mundo actual, pero invitamos al lector a comprobarlo.

Por lo cual los entregó Dios a la inmundicia en las concupiscencias de su corazón, de modo que entre ellos afrentasen sus propios cuerpos. Ellos trocaron la verdad de Dios por la mentira, y adoraron y dieron culto a la creatura antes que al Creador, el cual es bendito por los siglos. Amén. Por esto los entregó Dios a pasiones vergonzosas, pues hasta sus mujeres cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza. E igualmente los varones, dejando el uso natural de la mujer, se abrazaron en mutua concupiscencia, cometiendo cosas ignominiosas varones con varones, y recibiendo en sí mismos la paga merecida de sus extravíos.

Y como no estimaron el conocimiento de Dios, los entregó Dios a una mente depravada para hacer lo indebido, henchidos de toda injusticia, malicia, codicia, maldad, llenos de envidia, homicidio, riña, dolos, malignidad; murmuradores, calumniadores, aborrecedores de Dios, indolentes, soberbios, fanfarrones, inventores de maldades, desobedientes a sus padres; insensatos, desleales, hombres sin amor y sin misericordia. Y si bien conocen que según lo establecido por Dios los que practican tales cosas son dignos de muerte, no sólo las hacen, sino que también se complacen en los que las practican.

Esta es la sociedad moderna, y más en particular la sociedad de hoy, del mundo en el que los servidores del demonio han lanzado su embate final. Todo este daño se potencia porque no venimos del paganismo sino de la sociedad cristiana apóstata, en degradación desde hace varios siglos y hoy sencillamente anticristiana. Y ni decir, de la jerarquía de la Iglesia corrompida masivamente tanto en su doctrina como en sus costumbres. Tanto así que les cabe perfectamente la descripción que el Apóstol hace de los paganos, pero siendo ellos no solo cristianos sino receptores del Orden Sagrado, resultan verdaderos anticristos.

Asombrado por el modo explícito en que San Pablo menciona los pecados propios de los paganos, adoradores de ídolos, que es como decir, del Demonio, me remito al texto donde recomienda el pudor con el cual hay que tratar estas cosas “entre vosotros”, o sea, entre los cristianos. Desconcertado también por el lenguaje que muchos cristianos y “provida” utilizan para combatir la Teoría del Género, asquerosa perversión satánica. Resulta indudable que el “pudor” de otros tiempos es impracticable, porque los niños, por más que se los cuide, están expuestos a todo tipo de escenas, o más bien, de obscenas. Pero me preocupa la ligereza con que se combate esa monstruosidad con un lenguaje igualmente impúdico. Y allí voy enlazando el texto de San Pablo, en su carta a los Efesios , 5-3.

Fornicación y cualquier impureza o avaricia, ni siquiera se nombre entre vosotros, como conviene a santos; ni torpeza, ni vana palabrería, ni bufonerías, cosas que no convienen, antes bien acciones de gracia. Porque tened bien entendido que ningún fornicario, impuro o avaro, que es lo mismo que idólatra, tiene parte en el reino de Cristo y de Dios. Nadie os engañe con vanas palabras, pues por estas cosas descarga la ira de Dios sobre los hijos de la desobediencia. No os hagáis, pues, copartícipes de ellos.

Esta preocupación que comparto con el lector paciente me invita a la reflexión. ¿Hasta qué punto estamos contaminados en nuestra vida y transmitimos en nuestra lucha contra estos males las semillas de los propios males?

Porque antes erais tinieblas, ahora sois luz en el Señor. Andad, pues, como hijos de la luz; el fruto de la luz consiste en toda bondad y justicia y verdad, aprendiendo por experiencia qué es lo que agrada al Señor y no toméis parte con ellos en las obras infructuosas de las tinieblas, antes bien manifestad abiertamente vuestra reprobación; porque si bien da vergüenza hasta el nombrar las cosas que ellos hacen en secreto, sin embargo todas las cosas, una vez condenadas, son descubiertas por la luz, y todo lo que es manifiesto es luz.

“Las cosas que ellos hacen en secreto… etc.” dice Mons. Straubinger en su comentario, es un mandato del Apóstol a denunciar esos pecados, algo que hacemos con mucha timidez o no hacemos en absoluto para tener una convivencia más pacífica con los pecadores. Imaginemos que (aunque también en ese tiempo había lugares no tan secretos para estas prácticas) hoy se exhiben por las calles, en Netflix (gran furor hoy), en medios innumerables y en los programas de “educación sexual”, con o sin perspectiva de género, a los niños de jardín de infantes. “Da vergüenza hasta nombrar las cosas que hacen”. Otra terrible confusión que desorienta a los “provida”. La llamada “educación sexual” es mala, sin atenuantes y sin ese tramposo aditamento: “en los valores” o “en el amor". Y el lenguaje que se usa para contrarrestarla no puede ser tal que cause vergüenza a quienes lo combatimos.

Por eso dice: “Despierta tú que duermes, y levántate de entre los muertos, y Cristo te iluminará”. Mirad, pues, con gran cautela cómo andáis; no como necios, sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos. Por lo tanto, no os hagáis los desentendidos, sino entended cuál sea la voluntad del Señor. Y no os embriaguéis con vino, en el cual hay lujuria, sino llenaos en el Espíritu, entreteniéndoos entre vosotros con salmos, himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando de todo corazón al Señor, dando gracias siempre y por todo al Dios y Padre en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, sujetándoos los unos a los otros en el santo temor de Cristo.

Un detalle: no os embriaguéis con vino… ni con cerveza, fernet con Coca, tragos, etc. Digo esto por los jóvenes (algunos no tanto) que consideran la embriaguez una virtud, y hablo de los ambientes tradicionales. En el vino hay lujuria…

No parece difícil sacar conclusiones. Sugiero algunas:

No hay posible lucha eficaz contra las leyes inmorales si no se vive conforme a la moral y a la buena doctrina.

No hay posible eficacia en nuestros actos públicos en defensa de “la vida y la familia” si no tenemos en claro qué nos pide Dios en nuestra vida y para con nuestras familias.

Los vicios, de cualquier naturaleza, nos hacen infieles. El primer combate es con uno mismo con el auxilio de la Iglesia y sus sacramentos.

En conclusión, no se debe uno engañar pensando estar justificado porque ha ido a una marcha contra el aborto, etc. si no vive según el mandato de Cristo. O sea, si después no se respeta ni la debida continencia, ni el debido culto a Dios, ni se ponen en orden nuestras familias para que no se vean manchadas por la impureza en el lenguaje, los temas, los entretenimientos y las amistades.

La lucha final, dice Sor Lucía, será contra la familia. Eso es hoy. El remedio lo dio la Virgen hace más de 100 años en Fátima. Empecemos por el Rosario. Sigamos por la misa (tradicional), y la enmienda de nosotros y nuestros hijos. Y si ya es tarde, penitencia y oración para que quienes deben convertirse se conviertan.

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