Abogados Católicos denuncian texto escolar inmoral

La lectura de la denuncia que sigue  puede resultar en algunos pasajes chocante. Sus autores han debido citar ciertos pasajes del texto “La prevención del VIH-SIDA e ITS en el ámbito escolar (Propuestas de trabajo en la escuela)” para poner en evidencia el carácter corrosivo y profundamente inmoral de este supuesto “libro de texto” dedicado a niños y adolescentes a partir de los 11 años. Por ingrato que sea el tema, es obligación de los padres y maestros estar advertidos sobre la existencia de este material.

            Con el consiguiente estupor hemos tomado conocimiento de la existencia de un volumen titulado: “La prevención del VIH-SIDA e ITS en el ámbito escolar (Propuestas de trabajo en la escuela)”, impreso en agosto de 2005. Según se explica en la presentación, el Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología, juntamente con los responsables del “Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo”, convinieron en “la necesidad y oportunidad de ofrecer a las instituciones educativas, un material referencial acerca de la prevención del VIH-SIDA, las infecciones de transmisión sexual (ITS) y la educación sexual responsable”.

            Se aclara desde el inicio que el documento está orientado al trabajo “con los alumnos de E.G.B. 3 y Polimodal, o séptimo grado del primario y el secundario, según los sistemas educativos de las distintas jurisdicciones”. En otras palabras, para niños de once o doce años en adelante.

            Las propuestas de la obra tienen por objeto “profundizar las posibilidades y modos de desempeñar su rol” en el tema de la formación sexual (pág. 11). Lo importante para los funcionarios que integraron el Equipo Técnico del Ministerio de Educación que participaron en la redacción de esta obra, es que la educación sexual que se imparta sea “abierta, para reconocer y tolerar las diferentes elecciones en el ejercicio de la sexualidad y la genitalidad” (pág. 13) Porque, en definitiva, la sexualidad sería sólo un juego que responde a una “elección personal” (pág. 17).

            Específicamente, con relación a la opción por la homosexualidad, se afirma que la “dotación genética no es determinante para la construcción de la identidad sexual. Alguien desarrollado biológicamente como mujer puede sentirse y conducirse como hombre y viceversa.” Esta discordancia indicaría “que al sexo biológico se le sobreagrega una construcción social e histórica que se define como género” (pag. 16).

            No hay espacio en la perspectiva de esta obra para confrontar las conductas sexuales con ningún orden moral objetivo. Lo único válido sería el “género” que configuraría “una realidad objetiva y subjetiva, reelaborada por los sujetos y los grupos sobre la base de sus experiencias y significados provenientes de los contextos socioculturales” (pág. 16).

            En tal visión inmanentista, que prescinde de toda dimensión trascendente, “lo que se debe y se puede hacer” no depende de la observancia de ningún código moral sino de las “concepciones sociales que modelan la personalidad” (pag. 16).

            A lo largo de la obra campea un permanente elogio al preservativo, como instrumento para un supuesto “sexo seguro”.  La promoción de tal objeto, cuya seguridad está controvertida por serios criterios médicos, alcanza niveles de propaganda comercial cuando se expresa que “existen preservativos para todas las preferencias y necesidades, los hay extrafinos, texturados, saborizados, coloreados y vienen acompañados por sobres de lubricantes.”

            En este insólito libro destinado a la instrucción de adolescentes de once a dieciocho años,  se les advierte que “el preservativo no tiene que interrumpir el clima erótico porque puede ser colocado por la pareja sexual que esté familiarizada con la técnica del uso correcto. Así, el momento de colocar el preservativo puede ser divertido, un componente más del juego amoroso que otorga placer y seguridad” (pág. 18)

            En el capítulo que estamos glosando se afirma enfáticamente, siempre prescindiendo de todo orden moral,   que “la masturbación es un comportamiento sexual sano y normal en hombres y mujeres que se inicia en la infancia, se intensifica en la adolescencia y puede continuar en la adultez...”  Más adelante se agrega que “muchos adultos y adolescentes que han iniciado su vida sexual genital conservan la masturbación como un espacio de intimidad que les permite aprender sobre su respuesta sexual y conocer lo que más les gusta para su práctica sexual”  La anomia moral que surge de estas reflexiones se robustece  cuando   se sostiene con desenfado que “lo patológico de esta actividad es quizás el sentimiento de culpa, angustia y vergüenza que hombres y mujeres tienen frente a esta práctica y que por obra de la represión social se vuelve inconfesable” (pág.19).

            Seguidamente se afirma que “en la adolescencia se viven las primeras experiencias de encuentro sexual” (pág. 25) Se agrega que las “alternativas” son varias y que hay que brindar información a los “jóvenes” (11 o 12 años?) para que puedan “tomar decisiones realmente libres a la hora de decidir”.

“Algunas personas”, por diversas razones que se indican, eligen postergar la iniciación de las relaciones genitales.

            Empero, si el adolescente elige el ejercicio temprano de la sexualidad, debería  saber algo –según esta obra- que, como hemos dicho, está contradicho por la opinión médica más responsable: que “el preservativo es la mejor protección conocida hasta el momento contra las infecciones de transmisión sexual y el VIH. siendo también efectivo para evitar embarazos no deseados” (pág. 25).

            Al referirse a los métodos anticonceptivos,  se considera eficaz sólo a los preservativos para prevenir el SIDA y demás enfermedades transmisibles, mostrándose gráficamente  la forma “correcta” de utilizar tanto los  masculinos como los femeninos (págs. 27 y 28).

            Reseña luego otros métodos eficaces como anticonceptivos pero que no protegen del SIDA, sin reparar que algunos, además, son abortivos al impedir el implante del óvulo ya fecundado. En tal sentido, al referirse a las píldoras postcoitales, se sostiene que no interrumpen un embarazo en curso, lo cual ha sido negado por la Corte Suprema de Justicia de la Nación en el emparo promovido por “Portal de Belén”, resuelto el 5 de marzo de 2002. Lo mismo podríamos decir respecto de los DIU y de otros medicamentos que se comercian como anticonceptivos pero que en rigor matan al embrión cuando el óvulo resulta  fecundado.

            En el segundo capítulo, dedicado al VIH-SIDA, se imparten instrucciones, obviamente desde una perspectiva amoral,  para usar “correctamente” el preservativo “siempre que se mantengan relaciones sexuales con penetración (oral, anal, vaginal)”. También se describe la forma de evitar el contagio del SIDA  cuando se reciben drogas inyectables, recomendándose no compartir los canutos que se usen cuando se las consuma por aspiración (pág. 42). Algunas páginas después las instrucciones sobre una práctica depravada como el “sexo oral” muestran hasta que extremos de impudicia llega este insólito manual de “educación sexual” (pág. 47).

            El capítulo 3 está dedicado a las “Infecciones de transmisión sexual (ITS)”. Acorde con la idea que constituye el eje de la obra, se afirma con temeridad que “todas las infecciones de transmisión sexual pueden prevenirse eficazmente con el uso del preservativo”. Es una forma eufemística  de expresar una consigna que, por lo demás, es falsa: niños y jóvenes, elijan el libertinaje  porque con el preservativo no corren riesgos.

            Las “propuestas de trabajo en la escuela”, incluidas en el volumen que estamos comentando, tienen una culminación verdaderamente repugnante en las actividades sugeridas para los educandos. El objetivo sería que los alumnos se formen entre ellos mismos (“educación entre pares”) porque durante la adolescencia “los jóvenes critican duramente a sus padres, reniegan de todo aquello que ellos dicen, desestiman sus opiniones y sugerencias” .

            Tal rebeldía, a juicio de los autores de esta obra, es necesaria “para el desarrollo del adolescente porque pelearse con los padres les permite empezar a despegar de lo aprendido en la casa, para poder cuestionar los principios que hasta ahora regían su vida y comenzar, entonces, a construir su propia identidad, armar su propia escala de valores”.

            Como se advierte, el criterio auspiciado no podría ser más subversivo del orden moral y familiar. Ante tal embestida ¿cuál es la alternativa que se propone? Pues la mencionada “educación entre pares”  para adquirir ciertas  “habilidades para la vida” orientadas, fundamentalmente, a “prevenir conductas sexuales de riesgo”. (pág. 66).

            Para el mejor logro de esos objetivos se propone la “construcción de redes”, “desde la escuela”, redes institucionales, socioeducativas y escolares. Entre otras “metas” esas redes deberán previsionar el “número de preservativos” que fueren necesarios para sus fines. Todo, por supuesto, como parte de un “proyecto socioeducativo” (pág. 70).

            Entre tales “metas” figura también la disminución de los embarazos de adolescentes, lo que hipotéticamente se logrará “con conocimiento sobre métodos anticonceptivos...” (pág. 72).  Sin embargo, con un programa como el que se propone, que garantiza a los adolescentes un imaginario “sexo seguro” con sólo usar preservativos, lo previsible será un aumento explosivo de tales embarazos, generados por adolescentes educados al margen de toda contención moral y empujados así al más desenfrenado libertinaje.

            Para alcanzar tales metas se recomienda incorporar a la planificación de cada escuela, “talleres de reflexión con adolescentes para el abordaje de problemas inherentes a esa etapa vital”. (pág. 74).

            Entre las actividades que deberán desarrollar los alumnos figura el examen de una serie de “mitos” referidos a comportamientos sexuales sobre los que deberán expedirse los participantes (pág. 77).

            Se proponen también varios “juegos”, con cartones, para descubrir las situaciones de riesgo de SIDA. Tal vez el mayor desenfado se exterioriza en la actividad n°… 3, identificada como “Carrera de enforrados”. Transcribiremos textualmente este “trabajo práctico” para que se compruebe hasta que grado de perversión puede llegarse manipulando a los niños (varones y mujeres)  que concurren a los establecimientos públicos y privados de nuestro país:

·…        “Dividir el grupo en dos subgrupos iguales y los subgrupos en parejas.

·…        Los coordinadores deberán armar un circuito con líneas de salida y llegada, y tres postas.

·…        Los dos subgrupos divididos en parejas se colocan en la línea de salida. Se ata la pierna derecha de uno de los participantes a la pierna izquierda del compañero.

·…        Cada pareja deberá llegar a la primera posta donde se le entregará el preservativo masculino al responder correctamente una pregunta sobre ITS y VHI-SIDA que le formulará el coordinador, luego continúa a la segunda posta donde recibirá el pepino o banana de cotillón una vez aprobada su respuesta. En la última posta deberá colocar el preservativo masculino en el pepino / banana de cotillón en el menor tiempo posible.

Cuando todas las parejas hayan terminado de colocar el preservativo, se evaluará de manera grupal cual fue la pareja que colocó correctamente el preservativo en menos tiempo. Además, se discutirán las estrategias y dificultades en el momento de colocarlo. El equipo ganador mostrará al grupo como debe colocarse correctamente el preservativo” (pág. 81).

            Aún a riesgo de ser chocantes,  hemos considerado necesario transcribir textualmente el impúdico “juego” propuesto desde el Ministerio de Educación, a todos los establecimientos públicos y privados,  para que participen de él sus alumnos.

Lo hacemos, mediante esta denuncia pública, para que todo el país conozca la visión que del hombre, el mundo y  la vida, tienen los que pretenden coordinar y llevar adelante la “educación sexual” en las escuelas argentinas.

Están en juego en el tema que denunciamos  principios elementales de la ley natural grabados por Dios en el corazón de todos los hombres. Están en juego, también,  los derechos de los padres, vulnerados por quienes desconociendo la patria potestad pretenden interferir en la educación de los hijos. Está en juego, asimismo,  la familia, célula fundamental de la sociedad, cuya destrucción se prepara  a través de propuestas como las que hemos examinado. Estamos, en fin, con esta iniciativa,  en pleno alzamiento contra la Convención sobre los Derechos del Niño, incorporada a su texto por el  art. 75 inc. 22 de la Constitución Nacional, en cuyo articulo 5 el Estado Argentino se comprometió a respetar las responsabilidades, los derechos y los deberes de los padres.

La Corporación de Abogados Católicos denuncia públicamente la grave situación planteada por el Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología al proponer a todos los establecimientos educativos tamaños dislates.

Reclamamos, por ello, una urgente rectificación no sólo en nombre de principios cristianos sino de sensatos y razonables criterios pedagógicos compartidos por los miembros de otros credos e incluso por personas de buena voluntad que no profesan ninguna fe religiosa.

El diccionario de la Real Academia Española define al “escándalo” como la acción que es causa de que otro obre mal.

Promover la fornicación de adolescentes con prácticas como las propuestas por la obra que enjuiciamos configura un verdadero escándalo.

El Evangelio es especialmente severo con quienes escandalicen a los niños, agregando la siguiente admonición: “¡Ay del mundo por los escándalos! Es forzoso, ciertamente, que vengan escándalos, pero ¡ay de aquel hombre por quien el escándalo viene!” (Mt.18-7).

¡Quiera Dios iluminar a los responsables de la educación de nuestros adolescentes!  Es la plegaria que elevamos al Señor para que se disipen las tinieblas y la confusión.

Juan Manuel Medrano                                 Alberto E. Solanet

        Secretario                                               Presidente   

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Tales afirmaciones se oponen al dogma que afirma que la religión católica es la única religión verdadera (cf. Syllabus, proposición 21). Se trata de un dogma, y lo que se le opone se llama herejía. Dios no puede contradecirse a sí mismo.

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la Peregrinación pone en lugar principal el conocimiento y amor a la misa tradicional. La misa se convierte en el centro de los tres días de peregrinación. Misa de campaña, rezada bajo la lluvia y el frío, sobre el suelo de barro. Acompañada de cánticos en latín y castellano que ayudan a la devoción. La devoción era otro elemento patente entre los caminantes.