El Gran Silencio (Die grosse Stille)

Aunque no sabemos si será estrenada en Hispanoamérica, nos ha parecido importante reproducir el comentario que una web española hace sobre este curioso filme. El Gran Silencio es una documental sobre la vida en la Cartuja, según hemos podido leer, careciente de todo sonido que no sea el ambiental, lo cual significa, en términos de la regla de San Bruno, silencio.

“El gran silencio”: La magia de los cartujos derrota la magia de Harry Potter.

“El gran silencio” es un documental sobre la vida en el monasterio cartujo de Grenoble, en Francia. En la película no hay entrevistas, ni comentarios, ni siquiera música. El autor ha filmado la vida de estos cartujos y el único sonido es el ambiental: una puerta que se abre, los pasos en el claustro, el viento en los árboles del bosque que rodea la cartuja. La única música que se oye es el canto gregoriano de la liturgia y lo demás, el sonido del silencio.

La película dura 160 minutos, casi tres horas. Y así relatado podría pensarse que la película o el documental tiene que ser un tostón aburrido, apropiado para salas de arte y ensayo llenas de esnobs. Y sin embargo es al contrario. La película tiene “magia”. La película seduce a todo tipo de espectadores, e incluso la crítica ha tenido que rendirse a su encanto. Es más, la película ha sido un éxito de taquilla en los dos únicos sitios que ha tenido una distribución más o menos convencional, Alemania e Italia. Y tan éxito de taquilla ha sido que, según nos cuenta Sara Martín en LA RAZÓN, la película ha batido a Harry Poter en la media de público por proyección.

En 2005, su director, Philip Gröning presentó la película en el Festival de Venecia, en la sección dedicada al lenguaje experimental («Horizontes»). También se presento en el festival de cine de Sevilla de finales del año pasado. En todas partes la crítica se rindió ante la película. Y después vino el éxito de público. Primero, en su tierra natal, Alemania. Y después en Italia, donde crítica y público también han acogido «El gran silencio» favorablemente.

PHILIP GRÖNING

La biografia de su autor, Philip Gröning, no es muy complicada: nació en Düsseldorf en 1959, pero se crió en Düsseldorf y en EE.UU.. Viajó mucho por Sudamérica y estudió Medicina y Psicología antes de decantarse por el cine en 1982, momento en el que se matriculó en la Escuela de Cine de Munich (HFF). Gröning desarrolló una pasión por escribir guiones y empezó a trabajar como actor para Peter Keglevic y Nicolas Humbert. También trabajó como ayudante de sonido, responsable de utilería y ayudante de dirección. En la actualidad, Philip Gröning vive y trabaja en Düsseldorf y Berlín. Desde 1986, es dueño de su propia productora. Gröning también ha creado películas anteriores como “Sommer” (1986), “Die Terroristen!” (1992) y “L´amour, l´argent, l´amour” (2000).

En realidad, Gröning no había hecho nada especialmente memorable. Es el típico director de cine europeo demasiado ocupado en ser original y rompedor para perder el tiempo contando historias. Pero, por mucho que les moleste a los teóricos del cine europeo, lo que más nos interesa a los espectadores es la historia que se nos cuenta.

Sin embargo en El Gran silencio, ha resultado una combinación explosiva y única: la búsqueda de la objetividad documental de Gröning, y una serie de personas, una comunidad, los trapenses que con su sola presencia ya están relatando una historia, una historia muy significativa.

HISTORIA DEL GRAN SILENCIO

La historia de esta película comenzó en 1984, cuando a Gröning se le ocurrió filmarla y se dirigió a los cartujos para que le dieran permiso para filmarla en los interiores de la comunidad. Es más, él tenía la intención de hacerlo ese mismo año. Pero los ritmos y los tiempos en la cartuja son otros. El tiempo fue pasando y la autorización no llegaba. Pasaron 15 años, y probablemente cuando a Gröning se la había olvidado el proyecto, en 1999 recibe la autorización para filmar su película. Sería en la cartuja de Grenoble, en los Alpes franceses. Y las condiciones serían estrictas: Sólo podría entrar en la cartuja el propio Gröning con su cámara y nada más. Ni focos ni torres, ni ayudantes, ni nada de nada. Ademas, Gröning tendría que llevar la vida de un novicio respetando la regla, incluida la del silencio.

Gröning pasó en total seis meses en esa cartuja perdida en los Alpes. Fue filmada entre el 2002 y el 2003. Todo su equipo era una videocámara Sony 24P de alta definición y un super 8. En total filmará 120 horas de material, que después del montaje se vuelven 166 minutos. Gröning filmará, montará y producirá la película completa él solo.

LA MAGIA DEL SILENCIO

en este tratado sobre el silencio que es esta película, se ha cuidado mucho el sonido: hasta ocho pistas en Dolby surround, porque también el vacío puede estar lleno de pulsaciones.

En la película apenas hay voces humanas, un leve murmullo necesario en el trabajo, el coro que canta gregoriano durante la liturgia. Y el silencio donde cualquier ruido asume un valor inmenso: una campana, pasos, hojas secas, maquinillas de rapar, monodias gregorianas, una gota de agua cayendo, el viento, los sonidos de la naturaleza... En el silencio cada sonido adquiere un valor desmesurado, y en la renuncia al mundo cada objeto, cada instante, cada suceso mínimo, aparentemente rutinario, adquiere un valor sobrehumano, milagroso. Los cartujos renuncian al mundo, y el señor los premia yá en esta vida con el ciento por uno.

Gröning no intenta dar una visión creyente de la vida monástica, entre otras cosas porque es casi seguro que carece de esa visión creyente. Él se limita a ser un espejo imparcial que fotografía lo que pasa, sólo lo que pasa… Y eso es más que cualquier comentario. Otro director más creyente intentando reforzar esa visión creyente comentaría lo que vemos y lo estropearía todo. Es algo parecido a lo que ocurre con la liturgia: hay quien se empeña en comentarla, como si la liturgia no se bastara por ella misma.

Con Dios hablamos en nuestro propio interior. Y es en la naturaleza donde los signos nos hablan más claramente de Dios. Por eso el hombre moderno, ahíto de ruido, artificio y actividad, no escucha a Dios. Y el silencio de los Cartujos da un fuerte testimonio contra nuestro mundo; es, literalmente, otro mundo.

LOS CARTUJOS

Los Cartujos son una Orden fundada por San Bruno (1032-1101).

San Bruno nació en Colonia, Alemania. Estudió en Reims y en Paris. Fue canciller de la diócesis de Reims. En 1084 se retiró con 6 compañeros para fundar el monasterio La Grande Chartreuse, cerca de Grenoble (Francia). Se trataba de una comunidad de monjes ermitaños que siguen estrictamente la regla benedictina, y que más tarde se llamarían Cartujos.

Hoy en día, los cartujos son cerca de 450 monjes, organizados en 24 casas distribuidas en tres continentes.

Como todos los monjes, los cartujos consagran su vida entera a la oración, para trabajar por su salvación y por la de toda la Iglesia. Pero de forma particular, los cartujos fundamentan además su vida en el silencio, en la soledad, en una pequeña porción de vida comunitaria y en la peculiar liturgia cartujana.

La soledad supone la separación del mundo. Por ejemplo los monjes no reciben visitas, ni realizan apostolado externo, ni ven televisión.

"Nuestra ocupación principal y nuestra vocación es la de dedicarnos al silencio y a la soledad de la celda.[...] En ella con frecuencia el alma se une al Verbo de Dios, la esposa al Esposo, la tierra al cielo, lo humano a lo divino." (Estatutos 4.1)

El significado de esta soledad la explica también su regla:

"Separados de todos, estamos unidos a todos puesto que es en nombre de todos nos mantenemos en la presencia del Dios vivo." (Estatutos 34.2)

Sin embargo, los cartujos no son completamente ermitaños. Tienen unos restos de vida comunitaria, en especial con la misa conventual, el largo oficio nocturno y la recreación.

Al sustento proveen los cartujos con su trabajo personal. Las rentas de la Orden están en buena parte aseguradas por la comercialización del licor, pero también por los productos de artesanía provenientes de algunas de las casas. Los Hermanos se encargan de una gran parte de estas tareas. A los Padres les está reservada una parte de ellas tanto por ayudar a cubrir las necesidades materiales como para fomentar un buen equilibrio corporal.

La vida de los cartujos está centrada en Jesucristo:

"[...] desde siempre, con el auxilio del Espíritu Santo, Cristo, Verbo del Padre, ha escogido hombres para que vivan en soledad y se unan a El por un amor íntimo." (Estatutos 1.1)

Fuente. ]]>E-Diciones Católicas ]]>

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