La Iglesia y el Cine

Como cada año en estos días vuelve a la actualidad la SEMINCI, de Valladolid, clausurada el pasado sábado 28 de octubre. En 1955, tuve la fortuna de aprender algo de cine al lado del P. Félix de Landáburu, S.J., en aquel año uno de los gestores de este certamen cinematográfico que ahora se sonroja de su título original: “Semana Internacional de Cine Católico”.

 

Escribe Pedro Rizo
prizomd@hotmail.com

De aquellos días al lado del Padre Landáburu no tengo como lo más importante haber aprendido sobre la historia del cine y de los “milagros” expresivos inventados por cineastas como, por ejemplo, Dreyer. Lo que más agradezco a aquel jesuita fue entender que lo que hacía importante a una película no estaba en su éxito de taquilla, que lo sería para productores y distribuidores; ni tampoco los hallazgos técnicos o novedades en la dirección. Lo importante era y es la filosofía o mensaje de fondo que se transmite al pasivo espectador.

El Cine, como la Literatura, como la Pintura, como el Teatro, o la Danza y la Música, que todas ellas son artes implicadas en él, es un vehículo de comunicación donde el buen oficio o la calidad del autor se vuelven para nosotros despreciables si lo que se dice, aun muy bien dicho, es para corromper la sociedad. En nuestro caso, si para desarraigarnos de la fe católica. Y no es verdad que haya cine inocuo pues cualquier película es susceptible de presentar un mensaje, hasta las de karatekas y ninjas; inclusive los documentales más inocentes...

Justifica este artículo el recordar que aquel proyecto para Valladolid se puso en marcha dentro de los planes del Papa Pío XII que, cuando Nuncio en Berlín, ya había comprobado la enorme aportación del cine en el surgimiento del nazismo y del Tercer Reich. Sin duda, grandes artífices fueron Leni Riefenstahl y los nuevos estudios de la UFA. El nuncio de Roma pensó que esa misma virtud debería ser aprovechada en la educación cristiana de los espectadores. Así que, mientras Pío XI se enfrentaba al cine penalizando al clérigo que asistiese a una sesión de cine, el Pastor Angélico prefirió utilizarlo para difundir la moral cristiana. De aquella decisión del Papa brotaron festivales de cine católico en todo el mundo; entre ellos el nuestro de Valladolid, hoy llamado SEMINCI.

Por influencia de estos certámenes, repito que a impulsos del Papa Pacelli, pronto se compitió en ofrecer argumentos edificantes que llevaran al espectador una siembra religiosa y moral. Los públicos acogieron con gusto las películas de mensaje cristiano que no se producían ya por efecto de los concursos sino, quién lo diría, por las ganancias en taquilla que atraían a inversores para producir películas “seguras”. Como “ANA”, de Alberto Lattuada (Italia), o “El Renegado”, de Leo Joanon (Francia) junto a los títulos gloriosos españoles “La Guerra de Dios”, de Rafael Gil y, antes, “Balarrasa”, de Nieves Conde, con un insuperado Fernán Gómez.

Otro día les contaré los expolios cometidos por la “intelectualidad” sectaria en el maravilloso tesoro del Séptimo Arte. En relación con ese lobby me viene a mano el “alienado” olvido con que castigaron al cineasta italiano Augusto Genina. Es incomprensible que quienes se tienen por amantes del cine dejen de lado a este gran nombre, maestro de maestros como el francés René Clair que aprendió a su lado. Suponemos que sea porque tiene dos ‘horribles manchas’ en su carrera. Una, ser el profesional seleccionado por Mussolini para inaugurar los Estudios Cinecitta, el “Hollywood de Europa”; la otra, dirigir la recreación de la epopeya de Moscardó: “Sin Novedad en el Alcazar”.

Augusto Genina hoy apenas figura en los anales de cine que se encuentran a la venta, no obstante ser nombre básico del neorrealismo como Rosellini, Zampa o Blassetti. En 1948, cuando Genina todavía estrenaba películas, Pío XII le encargó nos contara la vida de Santa María Goretti, lo cual cumplió Genina con la impresionante descripción de su martirio en su bella y sobrecogedora obra “Cielo sobre el Pantano”, interpretada por una muchacha y soberbia actriz llamada Orsini. Este grande entre los grandes dirigió otros éxitos que jamás conocerán las nuevas generaciones si, como es de temer, los acetatos se degradaron para siempre. De entre ellas debería salvarse su última creación, “Maddalena”, drama religioso y social con una Marta Toren de increíble belleza.

Entre 1945 y 1960 muchos productores compitieron en llevar al cine argumentos que exaltaban las bondades de la Iglesia católica y su Credo. Nadie desconocerá las realizadas en España: “Nuestra Señora de Fátima”, de R. Gil, o la ya citada “Marcelino Pan y Vino”, de Vajda, éxito universal del cine español, así como la casi desaparecida “El Judas”, de Ignacio F. Iquino. Todo empezó, no lo duden, por aquel Papa que consiguió que en los EE.UU., allí apoyándose en las grandes órdenes religiosas —jesuitas, dominicos, Sociedad San Pablo, etc., sin olvidar otras figuras entre las que descollaban el Cardenal Spellman y el Arzobispo Fulton Sheen—, se iniciara una competición de taquilla con obras que por milagro —por algunas nadie apostaba un dólar— fueron bombazos económicos.

Así, entre muchas, recuerdo: “Siguiendo mi camino”, “Las Campanas de Santa María”, y otras casi de serie, con un Spencer Tracy haciendo de Padre Flanagan. Y no olvidaremos “Las Llaves del Reino”, con el católico Peck, ni al duro Bogart interpretando una conversión, en la película “La Mano Izquierda de Dios”. La inercia del éxito católico siguió con superproducciones como “La Túnica Sagrada”, “Rey de Reyes” o “Barrabás”, por sólo citar tres. Oportuno será decir que fue una casi olvidada sugerencia de Pío XII —también— lo que llevó a Alfred Hitchcock a dirigir “Yo Confieso”, film que es una catequesis sobre el secreto de confesión. ¡Ah, hombre! Y los “Los Lirios del Valle”, con un Sydney Poitier en la cresta de su fama demostrándonos que el orden, la determinación y la fe pueden hacer prosperar un desierto. En fin, muchas. Afortunadamente hoy se pueden adquirir en cualquier comercio casi todas las que cito, copiadas en DVD.

La historia de la SEMINCI nos fuerza a preguntarnos: ¿Cómo es que un medio de tan impresionante fuerza llegó a abandonarse tras el Concilio de los papas Juan y Pablo? Es algo que no se explica sino por la naturaleza de los cambios de rumbo que aquel sínodo estimuló y que se pudo apreciar en otros filmes sin gloria, como por ejemplo los titulados “Sor YE-YE” o “Sor Citroen”, tan útiles en el deterioro final de la vida religiosa que hoy aún nadie sabe cómo reconducir. En estos años la Iglesia podría ser líder, por poner un ejemplo, en la producción de telenovelas en cuanto cauce eficacísimo de sugestiones cristianas para la moral de tantos países de América.

Con su enorme atracción, si nuestros conferenciados obispos no se hubieran atado con hilitos como gulliveres funcionariales, probablemente a partir de la Semana de Valladolid, si no la hubieran entregado, podrían haber emprendido otras iniciativas —industriales, artísticas y de distribución— para formar en valores católicos a audiencias inmensas... y abrir fuentes de fondos para sus diócesis. (Mt 19, 29). No es tan ajena a esto la Iglesia. Desde siempre la pintura, la escultura, la arquitectura y los relieves de ermitas, iglesias y catedrales fueron catequesis y lectura de los Evangelios, de la Historia Sagrada y de la Iglesia. Gran ironía resulta que la casi desolación actual —digo casi porque poco a poco se esta consiguiendo algo en Televisión— se corresponda con un concilio convocado con intenciones pastorales... ¡y de puesta al día! No me tiro al suelo de risa por no ensuciarme.

Aun sin querer insistir en el personaje del Papa Pablo VI, no ocultaré que la película “El Evangelio Según San Mateo”, de Pier Paolo Pasolini, fue financiada en parte por el Vaticano, según afirman los biógrafos de aquel degenerado pederasta y acérrimo comunista —«Soy marxista y católico, pero si resultara incompatible antes dejaría de ser católico que marxista.»— al que el Papa Montini escogió en desprecio a otros excelentes cineastas católicos. (La referencia sobre la financiación vaticana se encuentra en la semblanza del Ente municipal de Bolonia al nombrarle Hijo Predilecto.) En verdad que lo que más duele a un aficionado es que esta película, como su última filmografía entre pedante y porno, es un bodrio insufrible. Lo que no importa al lobby gramsciano que pone a Pasolini en la estratosfera del arte cinematográfico cuando ni su “Teorema”, ni “Mamma Roma” son para dar saltos.

Debo reconocer que, aparte su vergonzoso abandono del cine religioso, la SEMINCI ha mejorado mucho, en las últimas ediciones, tratando de diferenciarse del de San Sebastián. Al menos hay mayor calidad y rigor en el filtro artístico y temático de las obras seleccionadas...

Para terminar subrayaré como al principio que no es tan importante, en especial si se selecciona para una Semana de Cine Católico, lo que se dice en una película sino cómo se presenta, cómo se interpreta, cómo el crítico dirigió nuestra atención, cómo se lanzó a las salas. La forma, el fondo y la promoción. Por eso para todas las fases de su producción, realización, lanzamiento, distribución y exhibición debería estar atenta la Iglesia. Especialmente en la última. Voy a darles un ejemplo de “orientación crítica” con respecto a “Marcelino Pan y Vino” que supongo título conocido por todos mis lectores. De ella se nos propone este análisis:

«Yo no me creo la buena intención de esos grotescos y frustrados frailes -cuya relación con Marcelino tiene no pocas connotaciones pederásticas (sic)-. Su intención, desde el principio, es destrozar la vida del niño, impedirle vivir como el resto del mundo, enclaustrarle, castrarle (física y socialmente) a la vida exterior. Y el mismo Jesucristo, en agradecimiento, matará al niño, directamente. La película podría, por tanto, verse como un magnífico ejemplo del habitual talante intransigente y represor de la iglesia católica.»

Así escribe el señor Carlos Díaz Maroto, editor de libros sobre cine y parece que también crítico, el cual nos propone otra versión más impactante:

«Marcelino vivirá un viaje iniciático guiado por los monjes (Fray Papilla prohibirá al niño subir la escalera, y todos sabemos que sólo es preciso prohibir a un niño algo para que lo haga), ascendiendo —la escalera, el mayor y más claro símbolo del ascenso— a un conocimiento mayor. Pero para poder alcanzar ese conocimiento debe desarraigarse de las ataduras corporales. En suma, Marcelino Pan y Vino sería la plasmación de la transmutación de un ser humano a un estadio superior gracias a la inocencia e imaginación infantiles, algo que debería a todos hacernos pensar.»

El cine... ¡Dios, qué buen vasallo si hubiera buen señor!

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Tales afirmaciones se oponen al dogma que afirma que la religión católica es la única religión verdadera (cf. Syllabus, proposición 21). Se trata de un dogma, y lo que se le opone se llama herejía. Dios no puede contradecirse a sí mismo.

Marcelo González

En estos meses, desde su visita a Chile, Irlanda y con la publicación de los desastres morales que afloran en todas partes, curiosamente siempre relacionados con conocidos, protegidos o favorecedores de Francisco, su posición se ha vuelto sumamente delicada. Tal el caso de la impresionante protección que brindó a Mons. Zanchetta, ex obispo de Orán, Salta,cuyos detalles se pueden conocer en este artículo

Marcelo González

Henchidos de toda injusticia, malicia, codicia, maldad, llenos de envidia, homicidio, riña, dolos, malignidad; murmuradores, calumniadores, aborrecedores de Dios, indolentes, soberbios, fanfarrones, inventores de maldades, desobedientes a sus padres; insensatos, desleales, hombres sin amor y sin misericordia. Y si bien conocen que según lo establecido por Dios los que practican tales cosas son dignos de muerte, no sólo las hacen, sino que también se complacen en los que las practican.

Marcelo González

"Hoy, 25 de Noviembre, queremos salir a proclamar a Cristo como Rey de nuestras vidas y de nuestra sociedad. Frente a las numerosas negaciones e intentos de hacer desaparecer la Fe en Jesucristo, salimos hoy a las calles para cantar la Gloria de Nuestro Señor, para reconocerlo frente al mundo: Él es nuestro Salvador, Él es nuestro Señor, Él es nuestro Rey."

Marcelo González

La restauración católica será por la vía del culto y del reinado social de Nuestro Señor Jesucristo. Dios ha resguardado el sacerdocio y el culto por medio de una obra minúscula en sus orígenes que hoy es de importancia crucial para el destino del catolicismo. La restauración que debemos realizar día a día se nutre del fruto de ese resguardo.

Editor y Responsable

Y 335º aniversario de la liberación de Viena del asedio turco: recordando la liberación de Viena.

Sofía González Calvo

la Peregrinación pone en lugar principal el conocimiento y amor a la misa tradicional. La misa se convierte en el centro de los tres días de peregrinación. Misa de campaña, rezada bajo la lluvia y el frío, sobre el suelo de barro. Acompañada de cánticos en latín y castellano que ayudan a la devoción. La devoción era otro elemento patente entre los caminantes.