El Ecumenismo de Benedicto XVI

La Comunidad de san Egidio organizó el XXIº Encuentro Internacional de religiones que se realizó en Nápoles del 21 al 23 de Octubre del año pasado. A él asistió el Sumo Pontífice, quien recordó a su antecesor y la primera reunión ecuménica de los jefes de religiones de todo el mundo realizada en Asís en 1986.

Escribe Juan Carlos Ossandon Valdéz


Fue precisamente esa reunión de Asís la que convenció a Mons. Lefebvre de la necesidad de ordenar obispos en vista del estado de necesidad en que se hallaba la Iglesia. No olvidemos que Dios mismo se declara Dios celoso y condena con la pena de muerte al israelita que se postre ante otro dios en Israel (Deut. XVII, 2-7).

En su alocución, Su Santidad rindió homenaje a Juan Pablo II por la iniciativa que condujo a la reunión de Asís, y declaró que la Iglesia Católica “considera con respeto sincero y atención cordial” a todas las religiones del mundo. Aseveró, además, sentir “respeto por las diferencias (que se dan) entre las diversas religiones”; es decir, por sus errores, a menudo monstruosos, agrego yo. Finalmente, proclama solemnemente que “la Iglesia Católica está resuelta a continuar recorriendo la vía del diálogo para favorecer el entendimiento entre las diferentes culturas, tradiciones y sabidurías religiosas”.

Benedicto XVI ha deplorado públicamente el relativismo y escepticismo que hoy reina en el mundo, como si diera lo mismo actuar bien o mal, como si todas las morales fueran equivalentes. ¿Cuándo comprenderá que el ecumenismo es la causa de esta actitud? Porque si se respetan todas las religiones, también hay que respetar todas las morales, digo yo; con lo que caemos en pleno relativismo religioso y moral. ¿Por qué rechazar uno y aceptar el otro? Nadie negará que, aunque no sean lo mismo, religión y moral están indisolublemente unidas.

Se me dirá que un simple seglar no puede tener el atrevimiento de criticar a un Papa. Pero, ¿qué ocurre si es un Papa el que condena a otro? Veamos algunas citas.

S.S. Pío IX, beatificado por Juan Pablo II, cuyo cadáver se halla incorrupto aún hoy, condena a los que piensen que:

15.- “ todo hombre es libre de abrazar y profesar la religión que, guiado por la luz de la razón, tuviere por verdadera”.


16.- “Los hombres pueden encontrar en el culto de cualquier religión el camino de la salvación eterna y alcanzar la eterna salvación”.

17.- “Por lo menos deben tenerse fundadas esperanzas acerca de la eterna salvación de todos aquellos que no se hallan de modo alguno en la verdadera Iglesia de Cristo”.

18.- “El protestantismo no es otra cosa que una forma diversa de la misma verdadera religión cristiana y en él, lo mismo que en la Iglesia Católica, se puede agradar a Dios” .



Estimado lector, ¿Está de acuerdo con alguna de las ideas expuestas en estos números? Si lo está, sepa que, según Pío IX, Ud. no es católico; al menos no piensa como tal. Por desgracia, debido al ecumenismo, casi todos los católicos piensa así y caen bajo la condenación de Pío IX. Por algo hubo tanta oposición a su beatificación.

Terminemos estas consideraciones citando a un gran apóstol, el P. Emmanuel, venerado en Francia como el más exitoso en los últimos años del siglo XIX y comienzos del XX:

“Es muy probable que el Anticristo usará, para triunfar, a todos los partidarios de las falsas religiones. Se presentará como lleno de respeto por la libertad de cultos, una de las mentiras de la bestia revolucionaria…”

“¡Desgraciados todos los cristianos que soportan sin indignación que su adorable Salvador sea puesto, en desordenada mezcolanza, con Buda y Mahoma, en no sé qué panteón de falsos dioses!”

Todos estos artificios, semejantes a las caricias del caballero que quiere montar en su montura, conducirán insensiblemente el mundo al enemigo de Jesucristo; pero una vez firme sobre los estribos, usará los frenos y las espuelas y la más espantosa tiranía caerá sobre la humanidad…”

Así, cuando el Anticristo haya esclavizado al mundo, cuando haya puesto por todas partes a sus esbirros y a sus favoritos, cuando pueda poner a su servicio todos los recursos de una centralización llevado al extremo, se quitará la máscara, proclamará que todos los cultos quedan abolidos, se presentará como el único Dios y, por medio de los más espantosos e infamantes castigos procurará forzar a todos los habitantes de la tierra a adorar su propia divinidad con exclusión de cualquier otra” .

Recemos porque Su Santidad, que ya ha condenado el relativismo moral, condene también al relativismo religioso y no vuelva a poner a Jesucristo al mismo nivel de Mahoma, Buda, Confucio, etc.

Notas:

1) Syllabus o catálogo de los errores modernos. Todas estas proposiciones están condenadas en diversas encíclicas o alocuciones del Su Santidad y reunidas en ese Syllabus. Cfr. Denz. 1715-1718. Los documentos aludidos son: Encíclicas “Qui pluribus”, “Nostis et Nobiscum”, “Singulari quaedam”, “Quanto conficiamur moerere”; en las alocuciones “Maxima quidem”, “Singulari quadam”, y en la condenación “Multiplices inter”.

2) Tomado de “Le Sel de la Terre” Nº 63.

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