Dos biografías de María Antonieta

Hemos leído dos biografías de María Antonieta, reina de Francia. La moderna –best seller- de Antonia Fraser y el clásico de Hillaire Belloc. Lo que va de un trabajo erudito preparado para satisfacer las curiosidades del gran público culturoso a un genial ensayo histórico sobre la personalidad y la época de la reina “austríaca” de los franceses, es la diferencia entre la obra de la contemporánea historiadora inglesa Antonia Fraser y el libro de ilustre pensador franco-inglés, Hillaire Belloc. No obstante ambos libros tienen su interés.

Escrita la de Belloc en 1911, la de Fraser en 2001, en 90 años parece haber retrocedido la ciencia histórica o –tal vez más probablemente- haberse degradado intelectualmente el público lector porque el foco de interés de un trabajo “serio” pasa de la comprensión de los grandes hechos a menudencias sentimentales.

Todos los que han recorrido con cierto detenimiento las vidas de estos personajes centrales de la historia moderna, la Archiduquesa Maria Antonieta, hija de la gran emperatriz María Teresa y hermana de emperador José, de infeliz memoria, a cuyo nombre se debe la doctrina llamada “josefinismo”, condenada por la Iglesia, recordarán su matrimonio con el bisnieto de Luis XV y último rey del antiguo régimen de la milenaria dinastía de los capetos.

Desde los libros más enjundiosos de Pierre Gaxotte hasta la chismografía histórica, todos trajinan las dificultades matrimoniales que tuvieron en vilo a las dos cortes –Paris y Viena- tradicionales enemigas -ahora aliadas por matrimonio- contra el empuje de las triunfantes potencias de cuño protestante: Inglaterra, Prusia, Holanda, además de la siempre amenazadora Rusia.

Una fimosis retrasó las buenas nuevas del heredero por más tiempo de lo prudente y sentó las bases de la leyenda: María Antonieta reina disoluta, Luis XVI, engañado, manejable e inepto.

Luis XV entregó a su joven bisnieto una Francia descreída, fervorosa lectora de autores impíos, como Diderot, Beaumarchais y Rousseau, a quienes sus propias víctimas exaltaron hasta la idolatría. La propia reina, mujer de escasa formación intelectual y descuidada por su madre en su preparación política y en el dominio de su temperamento, lloraba emocionada con los relatos del autor de “Eloísa” e hizo lo indecible para permitir la representación de la subversiva “Bodas de Fígaro”.

Luis XV reino largamente y en su tiempo se pueden señalar como hitos la influencia de la Pompadour y la nefasta du Berry, favoritas de distinto temple pero que dejaron desdibujado el respeto reverencial de que gozaba la monarquía.

Luis XVI careció de determinación. No se atrevió a gobernar, a pesar de su notable capacidad intelectual. Prefirió encerrarse en su pasiones, la caza, la mecánica y las ciencias. La reina austríaca, trasplantada del familiar ambiente de Viena a las formalidades de Versalles, desatendida por el rey, que la amaba y le era fiel, como ella a él, pero no resolvía su problema por temor a la dolorosa operación, empujaron a la entonces delfina, luego reina, a una vida rumbosa, rodeada de preferidos que no la favorecieron, dedicada a la pasión del juego y las mascaradas, el teatro y la música, única arte en la que tenía alguna formación (fue la protectora de Glück).

El nacimiento de Madame Royale, primera hija del matrimonio real volvió a la reina hacia su familia y sus responsabilidades y la impulso a actuar en un campo en el que no tenía ni formación ni talento: la política.

 

Asombra ver como la revolución pudo ser frenada cien veces, y otras tanta oportunidades fueron increíblemente desperdiciadas, empujando la monarquía a la ruina y a Francia a un baño de sangre de dos millones de muertos. Más las consecuencias de la difusión de sus errores por medio de la figura de Napoleón, una necesidad histórica para la supervivencia de Francia, pero agente de las doctrinas revolucionarias entra las que pudo prosperar su genio militar y político, aún siendo él mismo un hombre de orden y poco amigo de la democracia y la charlatanería parlamentaria.

Valgan estos pincelazos para situarnos en los temas que tratan ambas biografías. La de Fraser, más minimalista y centrada en la interioridad de la reina, morosa en detalles de poca monta y demasiadas conjeturas. Nos impresiona que le debe varios capítulos a Belloc, a quien no menciona. Su actitud es favorable hacia María Antonieta, y no tanto hacia el rey, a quien menosprecia como a un hombre de poco cerebro.


Inspirada en esta biografía, Sofía Coppola hizo una bizarra versión cinematográfica que si miramos con cierta indulgencia no maltrata a la reina, aunque se regocija, como Fraser, en sus trivialidades.

La biografía de Belloc, como es habitual en él, resulta un cuadro de la época. Con maestría sintetiza los hechos conducentes al colapso de la monarquía capeta. Arranca desde mucho antes del nacimiento de la archiduquesita, con la política nueva de los Habsburgos que deciden inclinarse hacia Francia.

Trabaja sobre los hilos conductores de lo que parece ser una tragedia griega, producida por diversas hybris: la incapacidad de María Antonieta de aceptar la idiosincrasia francesa, su amor por un pueblo que nunca terminó de comprender. Ciertos hechos que podríamos llamar “fatales”: muertes, principalmente, de sus aliados. María Teresa, Mirabeau, el rey de Suecia…

En cuanto al rey, el modo desatinado de elegir ministros, dentro de un limitadísimo número de candidatos, en especial Necker, que llevó las finanzas a la ruina mientras que, curiosamente el pueblo de París, protagonista principalísimo de este drama, lo reclamaba. La decisión de apoyar la revolución americana, sentando el precedente de una influencia que terminaría con su propio trono, su vida, la de su mujer y su hijo, el delfín.

En ambos casos se resaltan la bondad natural de ambos monarcas, entereza moral en los sufrimientos y su nunca vacilante fe: murieron ejemplarmente. “Mártir de la Fe” llamó en Papa a Luis, quien a pesar de haber firmado casi todos los decretos revolucionarios se negó a recibir los sacramentos de un juramentado, lo mismo que la reina, aún en víspera de su muerte.

Es difícil para el hombre actual entender el Antiguo Régimen. Como es difícil entender que se pueda vivir en pecado y aún así conservar la Fe y la ortodoxia doctrinal. Eran temples más medievales. Podían vivir contra las normas de la Iglesia, pero nunca morir fuera de ella. Y pese a sus debilidades, en los momentos cruciales, morir por ella.

Algo que el sentimentalismo moderno, nacido de la pluma de Rousseau, no puede ni siquiera sospechar.

Antonia Fraser:
Maria Antonieta, la última reina.

Ediciones Edhasa
Buenos Aires, 2007, 702 págs.

Hillaire Belloc
María Antonieta
Ediciones Ciudadela
Madrid, 2007, 510 págs.

Sofía Coppola
Marie Antoinette
2006
Basada en la biografía de Antonia Fraser
Guión y dirección Sofía Coppola
Asesoramiento histórico Antonia Fraser.
Duración 123 min.
Idiomas: Inglés - Francés
Color. Editada en DVD

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