Don Pelayo, un neo-tradicionalista

o las contradicciones de la neo-obediencia

Infocatólica sigue con su cruzada antilefebrista. Fiel al talante español, nada tiene matices. Mientras todo el mundo de la denominada, al menos en la Argentina, “línea media” (católicos conservadores), término que tiene algo despectivo que yo no suscribo, camina cada vez más hacia la comprensión de los problema de fondo que sufre la Iglesia en estos tiempos, -liturgia, ambigüedades y errores del Concilio- ellos pasan por encima de las evidencias en entusiasta tropel. (Salvos sean los que no encuadran en esta descripción, vale).

Esta vez es el bloguero Arraiz, pero la autoría no tiene importancia. En otro momento ha sido el respetable P. Iraburu, de obra tan meritoria en diversos temas. Bien, la cosa es así: Mons. Müller, nuevo imperfecto de la Fe, ha decidido largar una la andanada condenatoria contra los “lefebvrianos”. Dice este tradicional enemigo de la FSSPX que negar la continuidad doctrinal del CVII es “herético”. De modo que los tradicionalistas (neo o ultra, según las categorizaciones del sitio) son heréticos. Punto. Lo ha dicho Müller al Vatican Insider.

Suponemos que es la conclusión del año y medio de discusiones doctrinales. Aunque aún la Santa Sede no se ha expedido sobre esta materia.

No quisiera pasar aquí de señalar lo incomprensible de este entusiasmo por suscribir los dichos de un personaje cuya presencia como Custodio de la Fe resulta tragicómica, puesto que ha postulado en más de una ocasión textos difícilmente avenidos a la ortodoxia de la doctrina. La denostada “teología de la liberación” que Mons. Müller defiende, los deja impávidos, pero hacen un esfuerzo. Los dogmas marianos cuestionado por Mons. Müller indigna la profundidad del alma mariana española, pero a la hora de la “obediencia” parecen carecer de relevancia. Nada de esto afecta la sensibilidad ortodoxa de los briosos españoles en sus entusiasmos apologéticos.

Tampoco les hace mella que el poco ortodoxo Kiko Argüello, con frecuencia citado y promovido desde las páginas de ese sitio y otros. No importa que haya desarrollado una nueva concepción de los sacramentos y reinventado la liturgia. Esto no se aproxima ni a tiro de fusil a la heterodoxia, según parece.

No les molesta la entrega de los altares de Asís a acatólicos y sectas. Esto no es heterodoxo.

No les molesta la condena de las grandes gestas católicas que ellos mismos reivindican por parte del Papa Juan Pablo II, entre ellas la evangelización de América, las cruzadas, etc.  Un papa que condena las más grandes glorias de la Iglesia, tan caras a España y a los columnistas de Infocatólica, los mantiene impasibles.

Uno esperaría al menos que fueran “católicos perplejos”. Pero no, la perplejidad (que me late sienten) se sublima en actos heroicos de “obediencia”. Tenemos que hacer que lo cuadrado entre en lo redondo a como sea. Si hay males en la Iglesia, son los desobedientes oficiales y en particular los lefebvrianos.

Es más, el gran mal de la Iglesia son los “lefebvristas”. 

Para concluir la breve nota, el Ingeniero en Sistemas y catequista Arraiz nos beneficia con un anticipo. “Hoy día la situación de la FSSPX no ha cambiado sustancialmente y parecen haber vuelto al punto de partida. Las dos memorables cartas que en su momento escribió el Papa como prefecto para la Congregación para la doctrina de la Fe a Mons. Marcel Lefebvre cobran ahora aún más vigor. Con la expulsión del obispo lefebvrista Richard Williamson de la FSSPX es más que probable que tarde o temprano se vuelva a consumar un nuevo cisma ahora de manera formal”.

Notable conclusión. Yo más bien, viendo las cosas desde afuera, concluiría en lo contrario. Pero así concluyen los hiper-obedientes, o los neo-obedientes. ¿Qué podemos hacer?

En tanto, la resistencia legítima a la autoridad por causa de una orden que va contra la Fe tiene un notable antecedente en España. Si no recuerdo mal fue Don Pelayo que sacó carpiendo a Don Oppas, el obispo que vino a convencerlos de que depongan su resistencia a los invasores islámicos -verdadero campeón del diálogo interreligioso-. Cuenta la leyenda, pero tal vez un análisis histórico-crítico pruebe la falsedad, que Don Pelayo echó al mal obispo diciendo: "No quiero amistad con los sarracenos, ni sujetarme a su imperio; porque, ¿no sabes tú que la Iglesia de Dios se compara a la luna, que estando eclipsada vuelve a su plenitud? Confiamos, pues, en la misericordia de Dios, que de este monte que ves saldrá la salud a España. Tú y tus hermanos, con Julián, ministro de Satanás, determinasteis entregar a esas gentes el reino de los godos; pero nosotros, teniendo por abogado ante Dios Padre a nuestro Señor Jesucristo, despreciamos a esa multitud de paganos, en cuyo nombre vienes, y por la intercesión de la Madre de Dios, que es Madre de misericordia, creemos que esta reducida gente de 105 godos ha de crecer y aumentar tanto como semillas salen de un pequeñísimo grano de mostaza."

 

¿Qué sería de España si Don Pelayo hubiera “obedecido”?

 

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Tales afirmaciones se oponen al dogma que afirma que la religión católica es la única religión verdadera (cf. Syllabus, proposición 21). Se trata de un dogma, y lo que se le opone se llama herejía. Dios no puede contradecirse a sí mismo.

Marcelo González

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Marcelo González

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Marcelo González

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Marcelo González

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Editor y Responsable

Y 335º aniversario de la liberación de Viena del asedio turco: recordando la liberación de Viena.

Sofía González Calvo

la Peregrinación pone en lugar principal el conocimiento y amor a la misa tradicional. La misa se convierte en el centro de los tres días de peregrinación. Misa de campaña, rezada bajo la lluvia y el frío, sobre el suelo de barro. Acompañada de cánticos en latín y castellano que ayudan a la devoción. La devoción era otro elemento patente entre los caminantes.