Es Necesario Resistir las Tendencias Heréticas

Texto esclarecedor del Prof. de Mattei

El sentido de pecado cancelado: la idea de bien y mal abolida: la Ley Natural suprimida: cualquier referencia positiva al valor de la virginidad y de la castidad, abandonada. Con la relación presentada el 13 de octubre de 2014 al Sínodo de la Familia por el Card. Peter Erdö, la revolución sexual ha invadido ahora oficialmente la Iglesia, acarreando consecuencias devastadoras para las almas y para la sociedad misma.

La Relatio post disceptationem presentada por el Cardenal Erdö es la sinopsis de la primera semana de trabajo del Sínodo y es la que va a orientar sus conclusiones. La primera parte del documento intenta imponen (en un lenguaje que refleja lo peor del año 1968) el “cambio antropológico-cultural” en la sociedad como un “desafío” para la Iglesia. Confrontada con la imagen de la poligamia, para el “casamiento por etapas” africano tenemos ahora la “praxis de la cohabitación” de la sociedad occidental: el informe destaca un “extendido deseo de la familia”. No se presenta un solo elemento de evaluación moral.

Ante la amenaza del individualislmo y del egoísmo individualista, el texto confronta el aspecto positivo de la “relacionalidad” considerada un bien en sí mismo, especialmente cuando tiende a transformarse en una relación estable (nn. 9-10). La Iglesia renuncia a pronunciar juicios de valor, pero “[ofrece] una significativa palabra de esperanza” (n. 11). De modo que un asombroso nuevo principio moral se formula: la “ley de la gradualidad”, que permite la apreciación de elementos positivos en todas las situaciones que hasta ahora la Iglesia había definido como pecaminosas.  El mal y el pecado realmente no existen. Solo existen “formas imperfectas del bien” (n.18) de acuerdo a la doctrina de los “niveles de comunión”, atribuida al Concilio Vaticano II. “Al advertir la necesidad, por lo tanto, de un discernimiento espiritual respecto a la cohabitación, a los matrimonios civiles y a las personas divorciadas y recasadas, es tarea de la Iglesia reconocer esas semillas de la Palabra que han caído más allá de los límites sacramentales visibles”.
La cuestión de los divorciados y recasados es el pretexto que introduce un principio que desmantela dos mil años de fe católica. Siguiendo la Gaudium et Spes “la Iglesia se vuelve con respeto hacia aquellos que están alejados de Su vida de un modo incompleto e imperfecto, y aprecia más los valores positivos que preservan que los límites y las faltas” (ibid). Lo que significa que cualquier tipo de condena moral colapsa, porque cualquier pecado, sea el que fuere, constituye una forma imperfecta de bien y un modo incompleto de ser parte de la Iglesia. “Al respecto, una nueva dimensión de la pastoral familiar consiste en aceptar la realidad de los casamientos civiles y también la cohabitación, teniendo en cuenta las debidas diferencias”. (n. 22). Y especialmente “cuando una unión alcanza un notable nivel de estabilidad por medio de un vínculo caracterizado por un afecto profundo, responsabilidad respecto de la descendencia y capacidad para sobrellevar las pruebas” (ibid).

Con esto, la doctrina de la Iglesia ha sido puesta patas para arriba. Conforme a dicha doctrina, estabilizarse en el pecado por medio del casamiento civil constituye un pecado mayor que una unión sexual ocasional y fugaz, puesto que esta dificulta menos un retorno al buen camino.

“Una nueva sensibilidad en la pastoral de hoy consiste en tomar las realidades positivas de los casamientos civiles y, señaladas las diferencias, de la cohabitación” (n. 36). Por lo tanto, la nueva práctica pastoral implica permanecer en silencio ante el mal, renunciar a la conversión del pecador y aceptar el statu quo como irreversible. Estas son las conductas que el informe denomina “elecciones pastorales valientes” (40).  La valentía, parece, consiste en no oponerse al mal sino adaptarse a él. Los pasajes dedicados a la aceptación de los homosexuales son los que parecen más escandalosos, pero están en coherencia lógica con los principios expuestos aquí. El hombre de la calle, inclusive, entiende que si es posible que los divorciados recasados puedan recibir los sacramentos, entonces todo lo demás está permitido, comenzando por el pseudo matrimonio homosexual.
            
Marco Politi en “Il Fato” (14 de octubre), enfatiza que nunca jamás una formulación de este tipo ha sido escrita en un documento de jerarquía eclesiástica: “Los homosexuales tienen dones y cualidades que ofrecer a la comunidad cristiana”.  Seguida de una pregunta a todos los obispos del mundo: “¿somos capaces de dar la bienvenida a esta gente, grarantizándoles un espacio fraternal en nuestras comunidades?” (n. 50).  Aunque sin comparar la uniones del mismo sexo con el matrimonio entre hombre y mujer, la Iglesia propone “elaborar caminos realistas de crecimiento afectivo y madurez humana y evangélica que integre la dimensión sexual” (n. 51). “Sin negar los problemas morales conectados con las uniones homosexuales se ha notado que hay casos en los que la ayuda mutua hasta el grado del sacrificio constituye un apoyo precioso en la vida de los miembros de la pareja” (n. 52). No se han hecho objeciones morales a la adopción de niños por parejas homosexuales: todo lo que se dijo fue “la Iglesia presta especial atención a los niños que vivien con parejas del mismo sexo, enfatizando que las necesidades y derechos de los pequeños deben tener siempre prioridad”. (ibid) En la conferencia de prensa, Mons. Bruno Forte inclusive manifestó su deseo de que “se codifiquen los derechos que deben ser garantizados a las personas que viven en uniones homosexuales”.

La palabras fulminantes de San Pablo: “ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros: ni los afeminados, ni los sodomitas, ni los ladrones o avaros ni los borrachos ni los maledicentes, ni los que viven de la rapiña heredarán el Reino de los Cielos”. (I Cor, VI, 9) carecen de sentido alguno para los “malabaristas” de la nueva moralidad pansexual. Porque hay que aceptar las realidades positivas de lo que fueron alguna vez “pecados que claman al cielo”. (Catecismo de San Pío X). La moral de la prohibición debe ser sustituida por el diálogo y la misericordia, y el slogan del ’68 “prohibido prohibir” ha sido actualizado con la fórmula pastoral “nada puede ser condenado”. No caen solo dos mandamientos, el sexto y el noveno, que prohiben pensamientos y actos impuros fuera del matrimonio, pero también la idea de una moral, de un orden objetivo, natural y divino resumido en el decalogo también desaparece. Los actos intrísecamente ilícitos, la verdad y los valores morales, por los cuales uno ha de estar dispuesto inclusive a dar la vida (n. 51 y n. 94) (como se define en la encíclica Veritatis Splendor) no existen más. No es solo Veritatis Splendor y otros documentos recientes de la Congregación de la Fe en materia de moral sexual los que están cuestionados, sino el Concilio de Trento mismo, que dogmáticamente formuló la naturaleza de los siete sacramentos, comenzando por la Eucaristía y el Matrimonio.

Todo comenzó en octubre de 2013, cuando el Papa Francisco, después de haber anunciado la convocatoria de dos sínodos de la familia, uno extraordinario y uno ordinario, promovió un “cuestionario” dirigido a los obispos del mundo. El uso distorsionado de esta encuesta y cuestionarios es bien conocido. La opinión pública piensa que simplemente porque la mayoría de la gente elige algo, eso tiene que ser bueno. Y las encuestas atribuyen a la mayoría de la gente las opiniones ya predeterminadas por los manipuladores del consenso. El cuestionario que el Papa Francisco quería se refería a los temas candentes de la contracepción, la comunión a los divorciados, la cohabitación y el “matrimonio” entre homosexuales, más con un propósito indicativo que informativo. La primera respuesta publicada por la Conferencia Episcopal Alemana el 3 de febrero (Il Regno Documenti 5 (2014), pp 16-172) claramente se hacía pública para condicionar la preparación del Sínodo y por sobre todo para ofrecer al Card. Kasper las bases sociológicas que necesitaba para su informe al Consistorio que el Papa Francisco le confió.

Lo que emergió fue de hecho el rechazo explícito de los católicos alemanes de “las afirmaciones de la Iglesia sobre relaciones sexuales prematrimoniales, homosexualidad, sobre los divorciados recasados y el control de la natalidad (p. 163). “Las respuestas que vinieron de esas diócesis –se repitió- nos dan un vistazo de la gran distancia entre el bautizado y la doctrina oficial, especialmente en lo que concierne a la cohabitación prematrimonial, el control de la natalidad y la homosexualidad”. (p. 172). Esta distancia no fue presentada como un alejamiento de los católicos del Magisterio de la Iglesia, sino como la incapacidad de la Iglesia de entender e ir aparejada con los tiempos. El Card. Kasper en su relación al Consistorio del 20 de febrero definiría esa distancia como un “abismo” que la Iglesia debería llenar por medio de adaptaciones a esta praxis de la inmoralidad.

De acuerdo a uno de los seguidores de Kasper, un sacerdote de Génova, Giovanni Cereti, famoso por su tendencia a estudiar el divorcio en la Iglesia primitiva, el cuestionario fue promovido por el Papa Francisco para evitar que el debate tuviera lugar en “ámbitos secretos” (II Regno-Attualità, 6 (2014) p. 158). Aun si fuese verdadero que el Papa deseaba que la discusión tuviese lugar de un modo transparente, es difícil entender la decisión de realizar el Consistorio Extraordinario en febrero y luego el Sínodo en octubre a puertas cerradas. El único texto que conocimos sobre este Consistorio, gracias a “Il Foglio”, fue el informe del Card. Kasper. Luego, en lo que respecta al trabajo consistorial, completo silencio.

En el Diario del Concilio, del 10 de noviembre de 1962, el padre Chenu anota esta frase del padre Giuseppe Dossetti, uno de los principales estrategas del frente progresista. “La batalla de la victoria se da con respecto a los procedimientos. Yo siempre gano de esta manera”. En las asambleas, el proceso de  las decisiones no pertenece a la mayoría, sino a la minoría que controla ese proceso. La democracia no existe en la sociedad política e incluos menos aun en la religión. La democracia en la Iglesia, observó el filósofo Marcel De Corte, es el cesarismo eclesiástico, el peor de los regímenes. En los procedimientos del Sínodo la existencia del cesarismo eclesiástico queda demostrada por la atmósfera de censura que la ha acompañado hasta hoy. (*)


Los periodistas especializados más alertas, como Sandro Magister y Marco Tosatti han demostrado que en este Sínodo (a diferencia que los anteriores) se puso un veto sobre los padres sinodales y sus intervenciones. Magister, recordando la distinción que hizo Benedicto XVI entre el Concilio Vaticano II “real” y el “virtual” que se montó sobre él, habló de “una brecha entre el sínodo real y el sínodo virtual, el último montado por los medios a través de un marcado énfasis sistemático sobre las cosas que el “espíritu” de los tiempos propician”. Hoy, sin embargo, son realmente los textos del Sínodo los que permanecen, con su poder destructivo, sin posible distorsión de los medios masivos que realmente mostraron su perpejidad ante el efecto explosivo de la Relatio del Card. Erdö.

Naturalmente, este documento no tiene ningún valor magisterial en absoluto. Es inclusive legítimo dudar que refleje el pensamiento de los padres sinodales. La Relatio, sin embargo, prefigura la Relatio Synodi, el documento conclusivo de la asamblea de obispos. (**)

El problema real está planteado: es la resistencia, mencionada en el libro Permanecer en la Verdad de Cristo, de los Cardenales Brandmuller, Burke, Caffarra, De Paolis y Mueller (Cantagalli 2014). El Card. Burke en su entrevista a Alessandro Gnocchi en Il Foglio, el 14 de octubre, afirmó que eventuales cambios de doctrina o de praxis de la Iglesia propuestos por el Papa serían inaceptables, “porque el Pontífice es el Vicario de Cristo en la tierra y por lo tanto el primer servidor de la verdad de la fe. Conociendo las enseñanzas de Cristo, no puedo ver como sea posible desviarse de la enseñanza con una declaración doctrinal o una praxis pastoral que ignore esa verdad”.

Los obispos y cardenales, inclusive más que los fieles de a pie, se encuentran frente a un terrible drama de conciencia, mucho más grave que el de los mártires ingleses en el siglo XVI. Entonces, era cuestión de desobedecer a la más alta autoridad civil, al rey Enrique VIII, que, a causa de su divorcio, comenzó un cisma en la Iglesia Romana.  Hoy, en cambio, la resistencia va contra las más altas autoridades eclesiáticas si estas se desvían de las enseñanzas perennes de la Iglesia. Y los llamados a resistir no son católicos desobedientes o disidentes, sino aquellos que más profundamente veneran la institución papal.  En tiempos de Enrique VIII, los que resistieron fueron consignados al brazo secular, que los destinó a la decapitación o al desmembramiento. El brazo secular moderno aplica el linchamiento moral, por medio de la presión psicológica de los medios masivos sobre la opinión pública. El resultado es a menudo el colapso psicológico y moral de las víctimas, la crisis de identidad, la pérdida de la vocación y de la fe –a menos que uno sea capaz de ejercitar en grado heroico la virtud de la fortaleza con ayuda de la gracia.

Resistir significa, en último análisis, reafirmar la coherencia integral de la propia vida con la Verdad inmutable de Cristo, derribando las tesis de los que quisieran disolver la Verdad eterna en la precariedad de las experiencias de vida.

Fuente: ]]>Rorate Caeli]]> tomado de Il Foglio, 15 de octubre de 2014
Traducción Panorama Católico
Notas:

(*) Recordemos que el artículo es previo al cierre del Sínodo. La “apertura” final de los documentos a la prensa, inclusive de las actas de las votaciones fue calificada por Elisabeta Piqué, biógrafa y amiga personal de Francisco, como una “maniobra magistral”. Bergolio siempre ha sido un habilísimo político, y ante la indignación que se levantó entre los padres sinodales, entre muchos obispos y fieles, y que no pudo ser censurada gracias a los medios católicos tradicionales independientes, el papa decidió mostrar que aunque no llegaban a los dos tercios en los votos, las posturas de máxima progresistas tenían más del 50 % a favor. Y en línea con esta maniobra, incluyó en las actas los textos no aprobados. (Nota de Panorama)

(**) Vale el comentario anterior. De Mattei anticipaba, aunque no podía medir en qué grado, las posibles conclusiones. Y solo las más escandalosas no pasaron al documento final. Otras igualmente graves fueron suavizadas en su formulación, pero quedaron en los conceptos. (Nota de Panorama)

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