Otra vez, el viejo truco

El Instrumentum Laboris para el nuevo sínodo retoma un punto rechazado por los padres sinodales

Informa Sandro Magister que el teólogo Tomás Michelet, OP, en la revista Nova et Vetera denuncia la aparición bajo otra forma pero con el mismo propósito, o al menos con un propósito que puede sospecharse sea el mismo, del rechazado punto Nº 52 de la Relatio Synodi de octubre pasado

Recordemos: se trata de la comunión a los divorciados recasados. Fue uno de los puntos más fuertemente rechazados, pero aún así el papa pidió que se incluya en las conclusiones finales, junto con el tema de los homosexuales. El P. Michelet dice en su párrafo final, después de considerar el contenido del Nº 122 del nuevo Instrumentum Laboris para este sínodo que viene, donde la cuestión reaparece: 

Significa entonces que el "Instrumentum laboris" n. 122 no ha hecho otra cosa que retomar literalmente el n. 52 de la "Relatio synodi", el cual no había sido aceptado por los padres sinodales con la mayoría requerida, razón por la cual teóricamente no debería formar parte de este texto. Simplemente, se lo ha hecho seguir por un nuevo número (n. 123), que además de afirmar el acuerdo establecido desde entonces sobre esta hipótesis, agrega varias referencias a textos del magisterio que faltaban realmente en la "Relatio synodi", al igual que una propuesta pastoral que sigue siendo muy general.

Sorprende la referencia a un "acuerdo establecido" que se habría alcanzado luego del Sínodo cuando no hubo más reuniones en las que tal acuerdo pudiese haberse realizado con la participación de todos los miembros votantes del Sínodo.

Pero no sorprende, por ser una práctica usual, la referencia a ciertos textos más tradicionales para endulzar el sabor amargo de esta novedad inaceptable. Se menciona esta legislación anterior donde la posibilidad -o sea, que ciertas personas puedan ser admitidas a la comunión sin haber dejado el pecado mortal que las excluye de tal sacramento- queda completamente negada. Y a la vez, se da por existente el acuerdo sobre una excepción, ciertamente imposible de hacer,  en dirección contraria a la legislación que se acaba de aludir.

Que un divorciado vuelto a casas comulgue significa la aceptación de un pecado, con más el agregado de otro pecado mayor, que es el sacrilegio de comulgar en pecado mortal. Todo bajo la excusa de una "misericordia" que pone a las almas en el camino de la condenación eterna, eso sí,  con tranquilidad de conciencia. 

¿Nos sorprende, por otra parte, el hecho de que en estas asambleas, sobre todo en sus reuniones preparatorias, haya quienes se manejen como lo hacen los estudiantes en los centros universitarios, o los políticos en las cámaras y parlamentos: usando trucos, engaños, desplazamiento de miembros que se oponen y hasta amenazas para imponer sus opiniones? Ciertamente no. La modernidad también ha entrado en la Iglesia en esto, desde el Vaticano II, célebre por la cantidad de irregularidades que se cometieron para "imponer" documentos que eran rechazados por la mayoría.

Comprobamos, además, nuevamente, que estas formas de "colegialidad" no solo devastan la autoridad del magisterio pontificio al que pretenden servir, sino que se arrogan el derecho inaudito de modificar la doctrina por vía de una "praxis" pastoral. Algo que niegan pero hacen a todas luces ya en muchas diócesis, incluyendo en la de Buenos Aires, desde hace muchos años.

Más que aliviarnos por algunos signos de retroceso en las pretensiones que casi lograron imponer los obispos del Rhin durante el sínodo pasado, estemos alerta. Cuando un depredador da dos pasos atrás frente a la víctima no tiene intención de ceder, sino de tomar carrera para saltar más lejos. 

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