Ipsa conteret?

Francisco suele repentizar muchas de sus declaraciones y no se las puede tomar en serio. Pero esta que comento aquí no la inventó en el momento, la traía en la mochila.

Después de hablar elogiosamente de la familia y su papel fundante de la sociedad, de la importancia de la mujer en la sociedad familiar (hasta aquí todo bien), Francisco se descolgó por una rama insospechada: citando el pasaje del Génesis: “pondré enemistad entre Ti y la Mujer, entre tu linaje y el suyo…” etc., en lugar de seguir la interpretación clásica de la Tradición, el Magisterio y la liturgia, a saber, que “la Mujer” es la Santísima Virgen, Francisco estableció que “la mujer” de la Biblia son “las mujeres”.

O sea, la enemistad particular que Dios establece entre el Demonio y “la mujer” es en realidad entre el Demonio y el “género femenino”. Porque las mujeres, dice Francisco, a pesar de los estereotipos (sic) según los cuales Eva, en su representación, ha sido la tentada-tentadora que indujo a Adán a que cayese también en el pecado -lo que es pura fábula- son el verdadero escudo contra el Demonio.

Ipsa conteret, se aplica, pues a todas las mujeres, paladines de la lucha contra el demonio, y de paso también a la Santísima Virgen, que después de todo también es una mujer. Pero no a ella en particular.

Y toda esa cháchara litúrgica según la cual por una mujer entró el pecado en el mundo y por otra, la Santísima Virgen, entró la salvación, se tendrá que rever y corregir… suponemos.

Todo esto, por cierto no acaba aquí, sino que es la base de una nueva “teología de la mujer” (sic) que debe conducir sus especulaciones a conceptos nunca antes siquiera sospechados, a la mujer al verdadero papel que le corresponde en la Iglesia y en el mundo.

Huelga decir que todas las fuentes tradicionales ven en la figura de “la Mujer” a la nueva Eva, aquella que como contracara de la antigua, la que cedió ante el Demonio e hizo ceder al hombre, fue la puerta de acceso al mundo de Aquel que vencería al Demonio y traería la gracia para superar las consecuencias del pecado original.

Para decir lo contrario nos veremos obligados a borrar a los santos padres, al Magisterio, a la liturgia y a la piedad multisecular. Una empresa titánica en la que ya trabajan muchos con cierto éxito y ahora lo harán con renovadas fuerzas, ya que Francisco les viene a dar la razón, nada menos que en medio de unas palabras en defensa de la familia…

Francisco sabe que los tragos amargos deben ser endulzados, por eso, para que pase el ajenjo del disparate teológico lo acaramela con sus dichos fervorosos en defensa de la familia. Destruyendo, además, el rol de conductor espiritual que tiene el hombre sobre la mujer, por naturaleza más voluble y fácil de tentar.

María es la mujer perfecta, la plena de gracia. No hay ser humano (solamente humano) más acabadamente regalado de virtudes divinas en grado excelso. Para eso Dios la preservó del pecado original (la Inmaculada Concepción). Y sin embargo puso a San José, varón virtuosísimo en extremo pero un escalón debajo de María, a cargo de la jefatura de la familia sagrada.

Este es el orden que Dios quiso dar a la familia. Francisco elogia la familia, pero distorsiona el papel de la mujer en ella. Afirmando con asombrosa ligereza que hasta ahora –por suerte los teólogos nos van a dar la versión correcta– nadie ha entendido el papel de la mujer ni en la familia ni en la Iglesia. Ni el papel de la Virgen.

Pensándolo bien, tal vez este disparate también lo haya inventado en el momento.

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