La Moral de Situación: una glosa necesaria

Hace poco publicamos una alocución del papa Pío XII en la que describe y condena los errores de la moral de situación. La sospecha de que este es el error central que inspira el documento Amoris Laetitia del papa Francisco se fue confirmando cuando comentaristas autorizados en materia teológica fueron conincidiendo en señalar este punto y además en referirse al documento glosado de aquí en más como un aporte central del Magisterio en la materia.

A pesar de que el discurso de Pío XII fue dirigido a jóvenes seglares de Francia, hoy el público católico en general no tiene los elementos para comprender sin mucho esfuerzo aquello que el papa afirma “hasta un niño de catecismo lo puede entender”. Tal ha sido la devastación doctrinal y tal es la confusión de los fieles. Deseamos con esta glosa ayudar a la superación de algunos obstáculos de los lectores que parten de un catecismo deficiente o inexistente, caso tan común hoy en día.

(Se omiten textos propios de la ocasión para comentar los puntos doctrinales).

Textos originales en negro. Glosa en azul.

Hoy querríamos aprovechar la oportunidad que nos ofrece esta reunión con vosotras para decir lo que pensarnos acerca de cierto fenómeno que se manifiesta algo por todas partes en la vida de la fe de los católicos y que afecta un poco a todos, pero particularmente a la juventud y a sus educadores, del que se encuentran huellas en diversos lugares de vuestraMemoria, como cuando decís: «Confundiendo el cristianismo con un código de preceptos y prohibiciones, los jóvenes tienen la impresión de ahogarse en ese clima de moral imperativa, y no es una ínfima minoría la que echa por la borda el embarazoso fardo» (p. 10).

Comentario Druídico: Advirtamos que el Papa Pío XII hace referencia a críticas que en los años ‘50 se hacían desde fuera de la Iglesia o desde los sectores neomodernistas que iban aflorando después de la condena de San Pío X, en su Encíclica Pascendi principalmente.Se comienza a decir que los preceptos morales de la Iglesia son una carga demasiado pesada e imposible de cumplir, un fardo embarazoso. Crítica que hoy se repite generalizadamente en el alto clero y hasta en la palabra del Papa Francisco, quien además acusa a los que sostenemos con la Iglesia la vigencia permanente de los Mandamientos y la necesidad de cumplirlos para salvar el alma, de fariseos hipócritas inmisericordes.

3. Fenómeno este al que podríamos llamar una nueva concepción de la vida moralpues se trata de una tendencia que se manifiesta en el campo de la moralidad. Ahora bien: en las verdades de la fe se fundan los principios de la moralidad, y vosotras sabéis bien cuán capital importancia tiene para la conservación y el desarrollo de la fe el que la conciencia de la joven se forme cuanto antes y se desarrolle según las justas y sanas normas morales. Por ello, lanueva concepción de la moralidad cristiana toca muy directamente al problema de la fe de los jóvenes.

Comentario Druídico: Adaptando una forma sintáctica más común hoy, diríamos: “Los principios de la moralidad se fundan en las verdades de la Fe”. Sin fe no hay un perfecto fundamento de la moral sobrenatural o revelada por Dios, aunque todo ser humano tiene en su conciencia un código de moral natural que le permite reconocer y distinguir el bien del mal en sus juicios más generales. Una “nueva moral” significa una adaptación o cambio de los fundamentos de la Fe.

Nos hemos hablado ya de la nueva moral en nuestro ]]>radiomensaje del 23 de marzo]]> último a los educadores cristianos. Y lo que hoy vamos a tratar no es sólo una continuación de lo que entonces dijimos: Nos queremos descubrir los profundos orígenes de esta concepción. Se la podría calificar de existencialismo ético, de actualismo ético, de individualismo ético,entendidos en el sentido restrictivo que vamos a explicar y tal como se les encuentra en lo que con otro nombre se ha llamado Situationsethik (moral de situación).

Comentario Druídico: “Nos” es el plural mayestático que los papas usaron hasta que el magisterio conciliar consideró más “democrático” el “yo”. Significaba que el Papa hablaba junto con Cristo, como su vicario.

Sobre la parte doctrinal, es muy importante comprender que las corrientes desviadas a las que el papa alude tienen grados y matices diversos. El, con su autoridad moral e intelectual, prefiere centralizar su crítica en la llamada “moral de situación”.

El signo distintivo de esta moral es que no se basa en manera alguna sobre las leyes morales universales, como —por ejemplo— los diez mandamientos, sino sobre las condiciones o circunstancias reales y concretas en las que ha de obrar y según las cuales la conciencia individual tiene que juzgar y elegir. Tal estado de cosas es único y vale una vez para cada acción humana. Luego la decisión de la conciencia —afirman los defensores de esta ética— no puede ser imperada por las ideas, principios y leyes universales.

Comentario Druídico: Este fenómeno de reducir la moral a la conciencia exclusivamente (lo cual no significa que la conciencia no sea un elemento importante en el acto moral) se analoga con el de reducir la Fe al sentimiento, base del modernismo teológico. La Fe –según estas doctrinas- no es un acto de aceptación de la verdad Revelada por Dios, sino un sentimiento hacia Dios o más bien un sentimiento de Dios. Un sentimiento personal, que supone además una concepción personal de Dios. Dios es “como yo lo siento”. Y no como Él mismo se ha revelado y se ha mostrado, como la Iglesia nos lo enseña en sus Fórmulas de Fe o Credos en breves pero completas síntesis.

La fe cristiana basa sus exigencias morales en el conocimiento de las verdades esenciales y de sus relaciones; así lo hace San Pablo en la carta a los Romanos (Rom 1, 19-21) para la religión en cuanto tal, ya sea ésta la cristiana, ya la anterior al cristianismo: a partir de la creación, dice el Apóstol, el hombre entrevé y palpa de algún modo al Creador, su poder eterno y su divinidad, y esto con una evidencia tal que él se sabe y se siente obligado a reconocer a Dios y a darle algún culto, de manera que desdeñar este cultivo o pervertirlo en la idolatría es gravemente culpable, para todos y en todos los tiempos.

Comentario Druídico: Nótese la implicancia de este párrafo. El hombre pagano de antes de la Redención ya tenía los elementos para conocer a Dios y darle algún culto y aún en su ignorancia no le era lícito desdeñar ni pervertir ese culto en idolatría. Obligación que aumenta cuando el culto revelado en el A.T. se perfecciona con el Sacrificio de la Cruz y la institución de la Iglesia. Nadie puede eximirse del culto al Dios verdadero, aún si no conoce la Revelación. Nadie puede equiparar los cultos falsos con la Religión verdadera que Dios nos reveló y a cuya tutela puso a la Jerarquía de la Iglesia y en particular al papado.

Esto no es, de ningún modo, lo que afirma la ética de que Nos hablamos. Ella no niega, sin más, los conceptos y los principios morales generales (aunque a veces se acerque mucho a semejante negación), sino que los desplaza del centro al último confín. Puede suceder que la decisión de la conciencia muchas veces esté de acuerdo con ellos. Pero no son, por decirlo así, una colección de premisas, de las que la conciencia saca las consecuencias lógicas en el caso particular, el caso de una vez.

Comentario Druídico: La moral de circunstancia no necesariamente niega la existencia de normas generales: tal es el caso de la exhortación Amoris Laetitia. No niega los Mandamientos. Pero no basa las decisiones morales en lo que estos mandan, sino en la decisión de la conciencia de cada uno. Y aun cuando esa decisión pudiera ser acorde a los Mandamientos ocasionalmente, el fundamento del acto moral contiene un error fatal. Algo así como “yo decido hacer lo que los mandamientos ordenan en esta ocasión. En otras, veremos”.

¡De ningún modo! En el centro se encuentra el bien, que es preciso cumplir o conservar en su valor real y concreto; por ejemplo, en el campo de la fe, la relación personal que nos liga a Dios. Si la conciencia seriamente formada estableciera que el abandono de la fe católica y la adhesión a otra «confesión» lleva más cerca de Dios, este paso se encontraríajustificado, aun cuando generalmente se le califica dedefección en la fe.

Comentario Druídico: El ejemplo que da el papa, que puede haber sonado extremo en su momento, es sin más lo que hoy se predica entre el clero, con fundamento en párrafos del Concilio Vaticano II: se predica que si alguien en conciencia decidiera abandonar la Fe católica, esto se encontraría justificado. Lo que vuelve, además, innecesario predicar la Fe a quienes en conciencia practican otras religiones. Nótese que en ese tiempo, y siempre, la Iglesia llama a eso “defección de la Fe”.

O también, en el campo de la moralidad, la donación de sí —corporal o espiritual— entre jóvenes. Aquí la conciencia seriamente formada establecería que por razón de la sincera inclinación mutua están permitidas las intimidades de cuerpo y de sentidos, y éstas, aunque admisibles solamente entre esposos, resultarían permitidas. La conciencia abierta de hoy decidiría así, porque ella deduce de la jerarquía de los valores el principio de que los valores de la personalidad, por ser los más altos, podrían servirse de los valores inferiores del cuerpo y de los sentidos o bien descartarlos, según lo sugiera cada situación. Se ha pretendido con insistencia que, precisamente según ese principio, en materia de derechos de los esposos sería necesario, en caso de conflicto, dejar a la conciencia seria y recta de los cónyuges, según las exigencias de las situaciones concretas, la facultad de impedir directamente la realización de los valores biológicos, en favor de los valores de la personalidad.

Comentario Druídico: Aquí el papa ejemplifica aludiendo a la vida moral matrimonial. Los esposos pueden decidir “en conciencia”, por ejemplo, evitar los hijos. Algo muy generalizado entre los católicos hoy. Y promovido por los sacerdotes infieles a la doctrina que dejan estos asuntos, como si fueran moralmente neutros, en la decisión de los interesados. “¿Quién soy yo para juzgar?”, suelen decir muchos confesores, defeccionando de su papel de jueces y médicos de las almas. Pueden y deben juzgar, que para eso Cristo instituyó el sacramento y los convirtió en “otros cristos” cuando confiesan a los penitentes y los aconsejan.

Los juicios de una conciencia de esta naturaleza, por muy contrarios que a primera vista parezcan a los preceptos divinos, valdrían, sin embargo, delante de Dios; porque, se dice, la conciencia sincera, seriamente formada, es más importante delante de Dios mismo que el precepto y que la ley.

Comentario Druídico: El error del individualismo es tal que lleva a suprimir en la práctica la ley, universal en tiempo y espacio, y reemplazarla por una “buena intención” ante Dios. Esto implica diversas cuestiones: donde la conciencia moral obnubilada por ignorancia invencible pueda comenter actos malos sin saber que son malos, tenemos un caso, digamos así, de ininputabilidad. Pero esos actos no son buenos ni lo serán nunca, y los sacerdotes están obligados a conducir según su prudencia a quienes los realizan al esclarecimiento de la verdadera naturaleza de tales actos. Nunca podrían justificarlos.

Y por ello, tal decisión es activa y productiva, no pasiva y receptiva de la decisión de la ley, escrita por Dios en el corazón de cada uno, y menos todavía de la del Decálogo, que el dedo de Dios ha escrito en tablas de piedra, dejando a la autoridad humana el promulgarlo y el conservarlo.

Comentario Druídico: En otras palabras, la Ley moral se estableció para ser cumplida, y la autoridad humana debe promulgarla y, según su propia jurisdicción, hacerla cumplir. Con más razón los sacerdotes, jueces naturales de las conciencia.

La ética nueva (adaptada a las circunstancias), dicen sus autores, es eminentemente individual. En la determinación de la conciencia, cada hombre en particular se encuentra directamente con Dios y ante El se decide, sin intervención de ninguna ley, de ninguna autoridad, de ninguna comunidad, de ningún culto o confesión, en nada y de ninguna manera. Aquí sólo existe el yo del hombre y el Yo del Dios personal; no del Dios de la ley, sino del Dios Padre, con quien el hombre debe unirse con amor filial. Vista así, la decisión de la conciencia es, por lo tanto, unriesgo personal, según el conocimiento y la valoración propios, con plena sinceridad ante Dios. Estas dos cosas, la intención recta y la respuesta sincera, son lo que Dios considera; la acción no le importa. Por ello, la respuesta puede ser la de cambiar la fe católica por otros principios, la de divorciarse, la de interrumpir la gestación, la de rehusar la obediencia a la autoridad competente en la familia, en la Iglesia, en el Estado; y así, en otras cosas.

Comentario Druídico: Es una suerte de “libre examen” moral. Dios acepta por bueno lo que es malo, según esta falsa doctrina, cuando lo practica alguien con intención recta y sincera. Nótese, no se trata aquí del error invencible antes mencionado, que se da en ciertos casos. Se trata de un sistema, una forma someter el juicio sobre la moralidad de los actos al propio actor, juez supremo de sus acciones. Y de darle validez a cada caso, sin que haya una norma universal por encima de la “recta intención” del individuo.

Este error es tan común que no sorprendería que muchos católicos consideren esta la correcta forma de juzgar la moralidad de sus actos, incluso si son católicos “conservadores”.

Todo esto correspondería perfectamente a la condición de mayoría de edad del hombre y, en el orden cristiano, a la relación defiliación, que, según la enseñanza de Cristo, nos hace rezar Padre nuestro...

Comentario Druídico: “Mayoría de edad”, otra expresión muy insistente de los modernistas para justificar sacudirse la tutela de la doctrina. No la mayoría de edad individual, producto de la formación y libre responsabilidad de los propios actos. Una “mayoría de edad” generacional y propia de una etapa evolutiva… fantasiosa por cierto.

Esta visión personal ahorra al hombre tener que medir en cada momento si la decisión que se ha de tomar corresponde a los artículos de la ley o a los cánones de normas y reglas abstractas; ella le preserva de la hipocresía de una fidelidad farisaica a las leyes; ella le preserva tanto del escrúpulo patológico como de la ligereza o de la falta de conciencia, porque hace recaer personalmente sobre el cristiano la responsabilidad total ante Dios. Así hablan los que predican la moral nueva.

Comentario Druídico: Otro párrafo que parece escrito para describir la exhortación de Francisco. No más actos morales “forzados” por la ley o la autoridad de los maestros morales; no más escrúpulos: si me parece bueno, es bueno. En todo caso, una podría mediar una incierta tutoría de “discernimiento”.

Expuesta así la ética nueva, se halla tan fuera de la ley y de los principios católicos, que hasta un niño que sepa su catecismo lo verá y se dará cuenta y lo percibirá. Por lo tanto, no es difícil advertir cómo el nuevo sistema moral se deriva del existencialismo,que, o hace abstracción de Dios, o simplemente lo niega, y en todo caso abandona al hombre a sí mismo. Tal vez sean las condiciones presentes las que hayan inducido a intentar el trasplantar estamoral nueva al terreno católico, para hacer más llevaderas a los fieles las dificultades de la vida cristiana. De hecho, a millones de ellos se les exigen hoy —en un grado extraordinario— firmeza, paciencia, constancia y espíritu de sacrificio si quieren permanecer íntegros en su fe, bien sea bajo los reveses de la fortuna o bien bajo las seducciones de un ambiente que pone a su alcance todo aquello que forma la aspiración y el deseo de su corazón apasionado. Pero semejante tentativa nunca jamás podrá tener éxito.

Comentario Druídico: “Hasta un niño que sepa su catecismo lo verá y se dará cuenta y lo percibirá”, dice Pío XII pensando en los niños adoctrinados según el catecismo tradicional y con el espíritu tradicional. Por eso los niños de hoy que se educan en comunidades tradicionalistas reaccionan como el niño del ejemplo. Pero la mayoría de los bautizados no tienen ni esa educación ni ese catecismo.

Tampoco tienen el espíritu de sacrificio. Y esto se ve también mermado en algunos miembros de las comunidades tradicionalistas, donde la buena doctrina, bien enseñada, nos siempre es tan eficaz para perseverar en la buena conducta si no se ha educado también en el sacrificio y la oración. Porque ser bueno cuesta mucho esfuerzo, en particular en un mundo particularmente malo como el de hoy.

Se preguntará de qué modo puede la ley moral, que es universal, bastar e incluso ser obligatoria en un caso particular, el cual, en su situación concreta, es siempre único y de una vez. Ella lo puede y ella lo hace, porque, precisamente a causa de su universalidad, la ley moral comprende necesaria e intencionalmente todos los casos particulares, en los que se verifican sus conceptos. Y en estos casos, muy numerosos, ella lo hace con una lógica tan concluyente, que aun la conciencia del simple fiel percibe inmediatamente y con plena certeza la decisión que se debe tornar.

Comentario Druídico: El papa adelanta la objeción: ¿cómo es posible que una ley prevea todos las circunstancias de todos los tiempos y todos los casos? La respuesta es simple para el hombre de Fe. Eso solo puede ser obra de Dios, ante quien todo es presente. Si creemos en la providencia de Dios, en la eficacia de sus sacramentos, en sus promesas, nada nos perturba ni nos vuelve escépticos cuando la prueba llega.

Si a la esposa abandonada siendo inocente, Dios le pide permanecer fiel a sus votos matrimoniales a pesar de la injusticia humana, ella tiene la fuerza de cumplir con la ley moral pese a todo. Dios le pide pero también le da la fuerza para perseverar. Como demuestra la vida de tantas personas, muchas de ellas santas canonizadas o en vías de serlo, como Santa Rita de Casia o la beata Isabel Canori Mora. O como doña María, la vecina de mi casa paterna, que fue abandonada por su marido y crió a sus hijos con sacrificio y devoción. Y fue, además, ejemplo de caridad cristiana para con sus vecinos. Para ella tampoco las cosas fueron fáciles. Ejemplos luminosos de virtud que lograron, no pocas veces, la conversión de sus esposos descarriados.

Esto vale especialmente para las obligaciones negativas de la ley moral, para las que exigen un no hacer un dejar de lado.Pero no para éstas solas. Las obligaciones fundamentales de la ley moral están basadas en la esencia, en la naturaleza del hombre y en sus relaciones esenciales, y valen, por consiguiente, en todas partes donde se encuentre el hombre; las obligaciones fundamentales de la ley cristiana, por lo mismo que sobrepasan a las de la ley natural, están basadas sobre la esencia del orden sobrenatural constituido por el divino Redentor.

Comentario Druídico: Por cierto que la moral no se reduce a las acciones vinculadas al sexto y al noveno mandamientos solamente. La vida moral es mucho más amplia y el propio papa Pío enumera otros campos en el párrafo que sigue.

De las relaciones esenciales entre el hombre y Dios, entre hombre y hombre, entre los cónyuges, entre padres e hijos; de las relaciones esenciales en la comunidad, en la familia, en la Iglesia, en el Estado, resulta, entre otras cosas, que el odio a Dios, la blasfemia, la idolatría, la defección de la verdadera fe, la negación de la fe, el perjurio, el homicidio, el falso testimonio, la calumnia, el adulterio y la fornicación, el abuso del matrimonio, el pecado solitario, el robo y la rapiña, la sustracción de lo que es necesario a la vida, la defraudación del salario justo (cf. Sant 5,4), el acaparamiento de los víveres de primera necesidad y el aumento injustificado de los precios, la bancarrota fraudulenta, las injustas maniobras de especulación, todo ello está gravemente prohibido por el Legislador divino. No hay motivo para dudar. Cualquiera que sea la situación del individuo, no hay más remedio que obedecer.

Comentario Druídico: De donde nadie puede decir que la Iglesia no recordara a los hombres sus obligaciones morales en todos los campos de la vida. Pero insistiera en particular en aquellos donde la pasión puja con más fuerza si no se ha sujetado debidamente a la virtud moral, donde arrastra con más ímpetu y peores consecuencias a las personas.

Por lo demás, a la ética de situación oponemos Nos tres consideraciones o máximas.

La primera: Concedemos que Dios quiere ante todo y siempre la intención recta; pero ésta no basta. El quiere, además, la obra buena.

La segunda: No está permitido hacer el mal para que resulte un bien (cf. Rom 3,8). Pero esta ética obra —tal vez sin darse cuenta de ello— según el principio de que «el bien santifica los medios».

La tercera: Puede haber situaciones en las cuales el hombre —y en especial el cristiano— no pueda ignorar que debe sacrificarlo todo, aun la misma vida, por salvar su alma. Todos los mártires nos lo recuerdan. Y son muy numerosos, también en nuestro tiempo. Pero la madre de los Macabeos y sus hijos, las santas Perpetua y Felicitas —no obstante sus recién nacidos—, María Goretti y otros miles, hombres y mujeres, que venera la Iglesia, ¿habrían, por consiguiente, contra lasituación, incurrido inútilmente —y hasta equivocándose— en la muerte sangrienta? Ciertamente que no; y ellos, con su sangre, son los testigos más elocuentes de la verdad contra la nueva moral.

Comentario Druídico: Recordemos que hay actos que pueden ser moralmente malos o buenos según las circunstancias: se puede matar cometiendo homicidio doloso o en defensa propia. En el primer caso es un acto gravemente malo, en el segundo es virtuoso. Pero no hay una fornicación, adulterio o acto impuro virtuoso posible. Son intrínsecamente malos, y muy graves.

Donde no hay normas absolutamente obligatorias, independientes de toda circunstancia o eventualidad, la situación de una vezen su unicidad requiere, es verdad, un atento examen para decidir cuáles son las normas que se han de aplicar y en qué manera. La moral católica ha tratado siempre y ampliamente este problema de la formación de la propia conciencia con el examen previo de las circunstancias del caso que se ha de resolver. Todo lo que ella enseña ofrece una ayuda preciosa para las determinaciones de la conciencia tanto teóricas como prácticas. Baste citar la exposición, no superada, de Santo Tomás sobre la virtud cardinal de la prudencia y las virtudes con ella relacionadas (Sum. Theol. II-II q. 47-57). Su tratado revela un sentido en la actividad personal y de la realización, que contiene todo cuanto hay de justo y de positivo en la ética según la situación, pero evitando todas sus confusiones y desviaciones. Bastará, por lo tanto, al moralista moderno continuar en la misma, línea si quiere profundizar nuevos problemas.

Comentario Druídico: Nuevamente, estos errores son producto de la mala formación de muchos educadores. El abandono de Santo Tomás es la raíz de los errores y discusiones modernas sobre temas que la Iglesia ya ha definido, en muchos casos que las SS.EE. mismas han expresamente enseñado, sin necesidad de mayor desarrollo teológico. Cuando clérigos y fieles se formaban siguiendo al Doctor Común de la Iglesia, las desviaciones eran menos frecuentes. Y pensar que un papa conciliar ha hecho gala alguna vez de no haber estudiado nunca la doctrina de Santo Tomás...

La educación cristiana de la conciencia está muy lejos de despreciar la personalidad, ni la de la joven ni la del niño, ni de matar su iniciativa. Porque toda sana educación tiende a hacer al educador más innecesario poco a poco y al educando más independiente dentro de los justos límites. Y esto vale también en la educación de la conciencia por Dios y la Iglesia: su objetivo es, como dice el Apóstol (cf. 2Cor 13,13), el hombre perfecto, según la medida de la plenitud de Cristo; por consiguiente, el hombre «mayor», que tiene también el valor de su responsabilidad.

Comentario Druídico: La verdadera “mayoría de edad” del individuo es la perfección en la santidad.

¡Solamente es necesario que esta madurez se coloque en el plano justo! Jesucristo permanece como Señor, Jefe y Maestro de cada hombre, de toda edad y de todo estado, por medio de su Iglesia, en la cual continúa El obrando. El cristiano, por su parte, debe asumir el grave y grande cometido de hacer valer en su vida personal, en su vida profesional y en la vida social y pública, en cuanto de él dependa, la verdad, el espíritu y la ley de Cristo. Esto es la moral católica; y ella deja un vasto campo libre a la iniciativa y a la responsabilidad personal del cristiano.

Comentario Druídico: Se debe reconocer que muchos de los descarriados de hoy no hicieron el menor esfuerzo por huir de las ocasiones de pecado: muchos matrimonios se han quebrado porque tanto esposos como esposas han tenido poco apego a la pureza antes y durante su vida matrimonial. Desprecio por el pudor y la modestia. Trato indebido con personas que eran ocasión de pecado. Las consecuencias son producto de sus propias acciones temerarias. No vale ahora culpar a Dios o a la ley moral de Dios de caer en los pecados de los que esa misma ley nos ha advertido y nos habría preservado si la hubiésemos cumplido.

Nos pensamos que pocos de esos peligros son tan grandes y tan graves en consecuencias como los que la moral nuevahace correr a la fe. Los extravíos a que conducen así tales deformaciones como la debilitación de los deberes morales, que se derivan directamente de la fe, terminarían, con el tiempo, por corromper aun la fuente misma. Así muere la fe.

Comentario Druídico: Una profecía. Así muere la fe. Lo peor que puede ocurrir es que pastores infieles legitimen esta defunción de la Fe firmando certificados de “muerte natural”, cuando ha sido asesinada por ellos mismos.

De todo lo que hemos dicho sobre la fe vamos a sacar dos conclusiones, dos normas que Nos queremos dejaros al terminar, para que orienten y animen toda vuestra acción y toda vuestra vida de cristianas valientes:

Primera: La fe de la juventud debe ser una fe orante. La juventud debe aprender a orar. Que ello sea siempre en la medida y en la forma que corresponden a su edad. Pero siempre teniendo conciencia de que sin la oración no es posible permanecer fiel a la fe.

Segunda: La juventud debe estar orgullosa de su fe y aceptar que le cueste algo. Ha de acostumbrarse desde la primera edad a hacer sacrificios por su fe, a caminar delante de Dios en rectitud de conciencia, a reverenciar lo que El ordena. Entonces crecerá, como de por sí misma, en el amor de Dios.

Comentario Druídico: Palabras que hablan por sí mismas.

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Marcelo González

Ningún lector regular de Panorama Católico puede dudar de mi posición ante Francisco, el papa Bergoglio. Y esto no lo digo porque mi opinión tenga alguna importancia, sino solo para orientar a quien tenga ganas de leer lo que sigue.

P. José María Mestre Roc FSSPX

La divina Providencia no había acabado la obra encargada a los pastorcitos. La Virgen dijo a Lucía que, «con el fin de prevenir la guerra, vendré a pedir la consagración de Rusia a mi Inmaculado Corazón y la comunión reparadora en los primeros sábados de mes». Recordemos, pues, las principales comunicaciones con que el Cielo pidió a Sor Lucía ambas cosas.

 

Marcelo González

Como en todo el orbe católico los grandes santuarios marianos convocan multitudes, se necesita al menos estar prevenido. Si el 13 de mayo próximo se reuniesen en Fátima dos millones de personas (en realidad no cabrían) eso no haría más verdaderas las apariciones, ni más urgentes los mensajes.

Editor y Responsable

La pequeña pieza retórica que sigue fue dedicada a su primera renuncia y guardada por prudencia, con la esperanza de que en su intención estuviese la de restituir el derecho y apoyar la buena causa. Pero como demostró más de lo mismo, creemos se puede, sin cargo de conciencia, condenar en vez de condonar su falta.

Marcelo González

Lo bueno de estar allí cuando hay poca gente y menos distracciones es percibir con impactante evidencia que no hay nada extraordinario que ver en orden a la naturaleza. Es un destino que defrauda a quien no va con espíritu sobrenatural. 

Marcelo González

Con un pie ya en el estribo para ira a visitar los lugares sagrados de Fátima, quisiera compartir con los amigos de Panorama Católico unos apuntes escritos a vuelo de pluma. Son reflexiones sobre la figura de Francisco Marto, el vidente varón de Fátima.

Editor y Responsable

Los que piensan que «han vencido» son los neomodernistas fieles a la línea (si así puede llamarse) de los padres fundadores de la «nouvelle théologie» o «nueva teología» y, especialmente, a la línea (tortuosa y oscura) trazada por el jesuita Henri de Lubac y por el ex-jesuita Hans Urs von Balthasar. «Se exaltan los exponentes de la nueva teología como si fueran ellos la piedra angular de la Iglesia» escribió con razón el pensador don Julio Meinvielle.