Roma, Ciudad Eterna II

Segundo día de peregrinación en Roma

Nuestro segundo día en Roma fue dedicado a la Roma cristiana. A la mañana fuimos a la Plaza de San Pedro (vamos a visitarlo otro día). La grandeza de la Ciudad del Vaticano, tantas veces vista en imágenes, deslumbra tan pronto se pone el pie la Via della Conciliazione. Como sucede en todos los grandes santuarios, se apretujan turistas y vedendores lo que incomoda al peregrino que busca contemplar estos sagrados tesoros en paz.

Me llamó la atención una placa en uno de los laterales de la plaza, dedicada a Pío XII. Esta lo designa defensor de la ciudad, por su destacada actuación en defensa de la Urbe durante la Segunda Guerra Mundial. Consuela saber que al menos los romanos no han olvidado a un Papa que tanto hizo por ellos.

Caminamos luego dos kilómetros hasta la Iglesia San Pedro in Montorio. Este pequeño templo (pequeño para los estándares de Roma) esta dedicado al martirio de San Pedro Apóstol, que ciertas tradiciones ubican en este lugar. Actualmente está al cuidado de la congregación franciscana y tiene una tradicional relación con la embajada española que se encuentra a su lado. Se puede apreciar en el lugar las tumbas de varios embajadores españoles.

Por la tarde decidimos recorrer partes de la zona del Trastevere (detrás del Tiber) hasta encontrar los colectivos de nuestro grupo. Uno de los "inconvenientes" de Roma es que uno no avanza más de una cuadra sin encontrar un monumento histórico o religioso. Sorprende como en un barrio originalmente de extración humilde aparecen por todos lados iglesias magníficas.

Pasamos frente a Santa María Trastevere y decidimos entrar. La iglesia nos impactó por su magnificencia. El techo dorado tiene hermosas imágenes de la Virgen María. Al salir, uno de esos curiosos datos tan propios de la ciudades antiguas: la fuente que se halla frente a esta iglesia, según la tradición del lugar, brotó el día del nacimiento de Nuestro Señor.

La siguiente parada fue la Santa Scala, lugar donde se conserva la escalera por la cual Jesús subió y bajo repetidas veces mientras estuvo bajo el poder de Poncio Pilatos. La escalera original de mármol conservó las manchas de sangre de nuestro señor y fue trasladada a Roma para su veneración. Actualmente se halla recubierta de madera pero se la puede tocar por el canto de los escalones. Sólo se puede ascender de rodillas.

 

Los italianos, muy celosos de esta costumbre, retan severamente a quien se pone de pie sobre esta reliquia. Es muy llamativa la cantidad de personas que la suben continuamente. Todo el entorno recuerda al pecador los motivos de la Pasión de Cristo. Al terminar el ascenso se puede venerar un relicario con la sangre de Cristo y una hermosa imagen de la Virgen Dolorosa. Al pie de la escalera, una estatua de mármol representa el beso del traidor Judas a su Maestro en el momento de entregarlo.

La última parada fue la Santa Crocce, a pocos minutos de la Santa Scala. Iglesia construida para resguardar las reliquias traídas por Santa Elena desde Jerusalén. Allí veneramos el trozo más grande que la Iglesia conserva de la Santa Cruz. Además hay un clavo de la Crucifixión, el cartel colocado por orden de Pilatos, el dedo de Santo Tomás -el escéptico de los apóstoles- y parte de la cruz de San Dimas, el Buen Ladrón. En un lateral se puede ver una réplica del Santo Sudario, cuyo original está en Turín.

 

Un dato curioso: aquí se halla enterrada la sierva de Dios Antonietta Meo (Nenolinna) quien murió en olor de santidad a los siete años en 1937. Otro de los “niños santos” que profetizó San Pío X para el siglo XX.

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