Confidencias de un amigo agobiado por la Crisis

Discurso cuasi ficticio de un amigo que es muchos amigos

El siguiente texto es tan verdadero como verosímil el lector lo quiera considerar.

El autor

-Mirá, te lo digo en confianza. Hasta hace poco creía literalmente todo lo que enseña la Iglesia, de hecho lo creo. Me leí el Catecismo de San Pío X, y está todo muy bien, pero es para un tiempo ideal, algo que ya pasó. Fijáte aquí:

Quien lee con ánimo desapasionado la Historia Eclesiástica, queda atónito al contemplar la acción visible de la divina Providencia, que ha comunicado a la Iglesia la santidad y la vida, y vela por su conservación.

-¿Ves? Dios “vela por su conservación”. Velaba, tendría que decir. Actualmente no queda claro que esté velando por su conservación ni nada. Esto habrá sido antes, hasta el Concilio Vaticano II.

En la Historia Eclesiástica aprenderá el fiel a conocer y evitar a los enemigos de la Iglesia y de su fe. En el transcurso de los siglos se hallará con asociaciones o sociedades tenebrosas y secretas, que con varios nombres se fueron organizando, no ya para glorificar a Dios eterno, omnipotente y bueno, sino para derribar su culto y sustituirlo (cosa increíble, pero verdadera) por el culto del demonio.

-Está claro, parece cumplirse, porque lo vemos a diario. ¡Como no creer en lo que vemos! Lo difícil es creer en lo que no vemos. Y también sigo creyendo que:

No se maravillará [el fiel] de que los legítimos sucesores de San Pedro, sobre quien fundó Jesucristo su Iglesia, hayan sido y aun sean al presente, objeto de aborrecimiento, de escarnio y aversión por parte de los herejes e incrédulos, debiendo asemejarse más al divino Maestro que dijo: Si a Mí me han perseguido también a vosotros os perseguirán. Pero la verdad que verá deducirse de la historia, es ésta; que los primeros Papas por varios siglos fueron justamente ensalzados al honor de los altares, habiendo muchos entre ellos que derramaron su sangre por la fe, que casi todos los demás brillaron por sus egregias dotes de sabiduría y virtud, siempre atentos a enseñar, defender y santificar al pueblo cristiano, siempre pronto, como sus predecesores, a perder la vida por dar testimonio de la palabra de Dios.

-Todo bien, pero allí dice “legítimos sucesores de San Pedro”, ¿okay? O sea que puede haber algunos que no sean legítimos. San Pío X, por las dudas se ataja diciendo a continuación que:

¿Qué importa (desgraciadamente también entre los doce hubo un Apóstol malvado), qué importa que entre tantos haya habido muy pocos menos dignos de ascender a la Suprema Sede, donde toda mancilla parece gravísima? Dios lo permitió para dar a conocer su poderío en sostener a la Iglesia, conservando a un hombre infalible en la enseñanza, aunque falible en su conducta personal.

-¿A quién le importa un papa medio atorrante? Lo importante es que sea ortodoxo. Cierto que la infalibilidad está prometida a quien formule una doctrina bajo ciertas condiciones, cosa que ocurre raramente. Y también al Magisterio Ordinario, según el grado de solemnidad, etc. lo que ya sabemos. Conforme a la Tradición y en coherencia con el propio Magisterio anterior. O sea que los que se apartan de la doctrina tradicional ya no enseñan con la autoridad del Magisterio. Algo que viene ocurriendo desde Juan XXIII como mínimo. ¿Qué hacemos si el propio Papa es el que predica la falsa doctrina? ¿Qué nos queda? Mirá esto:

Cuando salía victoriosa de la guerra exterior del paganismo y vencía la prueba de feroces persecuciones, la Iglesia de Jesucristo, salteada por enemigos interiores, entraba en la guerra intestina, mucho más terrible. Guerra prolija y dolorosa, que empeñada y atizada por malos cristianos, hijos suyos degenerados, no ha llegado aún a su término, pero de la cual saldrá la Iglesia triunfadora, conforme a la palabra infalible de su divino Fundador a su primer Vicario en la tierra, el apóstol San Pedro: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. (Mateo XVI, 18.)

-Sí claro, pero ¿qué hacemos con Francisco? Se fue completamente de las previsiones. La Iglesia tenía prevista la posibilidad de un papa inmoral, jugaba con la hipótesis de un papa hereje, pero esto ya es demasiado… Este hombre ya… no se si me entendés… es algo que no se como definir. Aquí hay algo que la Providencia no ha previsto. Tiene que ser un antipapa o falso profeta del Anticristo. Yo estoy seguro… Parece evidente, a mí me parece evidente, que Francisco es algo que no estaba previsto. ¿Qué va a pasar con la Iglesia? ¿Qué hacemos? Así no se puede seguir. Yo entiendo que las puertas del Infierno… ya lo sabemos, pero… Y lo que dice acá. Si no fuera San Pío X, francamente, te diría que lo escribió uno de esos milenaristas...

Es de esperar que, sosegada la tempestad que agita momentáneamente a la Iglesia, podrá el Romano Pontífice anudar y llevar a cabo la obra providencial del Santo Concilio [Vaticano I], y que, deshechos los errores que ahora combaten a la Iglesia y a la sociedad civil, podremos ver pronto la verdad católica brillar con nueva luz y alumbrar el mundo con sus eternos resplandores.

-Ya sé que la Virgen ha prometido que su “Inmaculado Corazón triunfará”. "Yo estaré con vosotros hasta el fin de los tiempos"... Pero mientras tanto la Iglesia desaparece. Todos los días Francisco inventa algo nuevo para destruirla. Yo estoy como loco leyendo las noticias y llego a la noche extenuado. A veces ni siquiera rezo el Rosario. En realidad, casi nunca lo rezo. Y cada vez que voy a misa me pone los pelos de punta el cura. Y para ir a la Tridentina tengo que tomar dos bondis y viajar como cuatro horas… Es mucho para este cuerpo.

Bueno, algún día me confesaré. Los Cinco Primeros Sábados los hice cuando era chico. No tengo ni tiempo ni paciencia para hacer un retiro espiritual. Bastante sufro con lo que pasa en la Iglesia y en el mundo.

Hay un momento en que uno duda. Esto es demasiado. Yo no aguanto más…

¡No se qué hacer!

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Editor y Responsable

 

Primera entrevista al nuevo Superior General de la FSSPX, don Davide Pagliarani.

Marcelo González

Don Davide (con acento en la a), o sea el P. Pagliarani, es el nuevo Superior General de la FSSPX. Mucha gente se pregunta de dónde salió. ¿Qué significa esta promoción inesperada de un cura raso a la máxima jerarquía? Otros, menos informados todavía, señalan un desorden inaceptable: ¿desde cuándo un simple presbítero va a ser superior de obispos? Estos lefebristas están todos locos.

Marcelo González

Se percibe un cierto temblor de mitras. El optimismo y la componenda comienzan a desdibujarse. Parece que no alcanza con dejarles el campo libre y ponerse a un costado. Cuando ocupen el campo vendrán a degollar a los que estén mirando resignados al discurrir inevitable de los tiempos. Es de manual: los tibios le venden la soga a los revolucionarios, que los van a linchar con esa misma soga (Lenin dixit).

Editor y Responsable

En pocas palabras: Pilatos era un pagano, o sea que había en él semillas de verdad, y de hecho se interesó en el tema, porque le preguntó a Jesús “¿qué es la verdad?” Y Jesús no le contestó. No le contestó… no quiero criticar, pero… Encima después lo amenazó con mandarle no se cuántas legiones de ángeles. Tampoco Pilatos podía dejar que atropellen así como así su autoridad. El tema es complejo. Jesús no se dejó ayudar, puso peros todo el tiempo.

Editor y Responsable

Pagaba poco porque era una fija. El caballo del comisario. Sorprende por sabido. Muchos no terminaban de creer que este personaje, abismalmente por debajo de los requisitos básicos para ocupar el cargo, podría finalmente ser elevado a esta dignidad. Una verdadera indignidad. Aguer, a su lado, es San Pío X. No es una comparación exagerada. Lo sería si le quitáramos “a su lado”.

El líder cocalero Evo Morales, presidente -con aspiraciones a la eternidad- de la República de Bolivia acaba de felicitar el neocardenal designado por Francisco, nacido, criado y ejercido en esa tierra altiplana. Se trata de Mons. Toribo Ticona, retirado ya y gozando de la paz familiar con su esposa, hijos y nietos.

Prof. Roberto de Mattei

Querer convertir a aquella Iglesia valerosa, dispuesta siempre a vivir al pie del cañón, en una sociedad de cobardes que viven escondidos por vergüenza o por pusilanimidad, sería un ultraje a su virtud. Eran plenamente conscientes de su deber de conquistar el mundo para Cristo, de transformar según la doctrina y la ley del Divino Salvador la vida privada y la pública, donde debía nacer una nueva civilización, surgir otra Roma sobre los sepulcros de los dos Príncipes de los Apóstoles. Y lograron su objetivo.