"Una cum" o el arte de perder amigos

Amable advertencia a quienes no asisten a la Misa Tradicional "una cum" o a ninguna

Un buen amigo mío, que es bastante socarrón, me suele embromar diciendo que mi libro de cabecera es el famoso “best-seller” de Dale Carnegie “Cómo ganar amigos”. Lo dice con ironía, por cierto. El sostiene –tal vez con alguna razón- que mi especialidad es ganar enemigos. A mi modo de ver, me especializo más en perder amigos.

Recuerdo de mi infancia y juventud un ferviente deseo de hacer justicia. Y cierto temperamento acorde a los atributos para ejercer esta vocación que, a mi criterio entonces, era la de intervenir para favorecer a las personas o la causas avasalladas por la injusticia y erigirme en paladín de la verdad. Dios a todos nos infunde una capacidad de ver lo que es justo por el simple ejercicio de la razón. Desde Adán y Eva comiendo el fruto prohibido, interfieren contra esta capacidad innata “las dos tinieblas de la mente con las cuales hemos nacido, la del pecado y la de la ignorancia”, como recuerda Santo Tomás en su bellísima oración para antes del estudio.

Así pues, uno desea servir a la verdad y apoyar a quien sufre la injusticia, pero alguna de las dos tinieblas, o ambas, se interponen de diversa manera y en grado diverso. Por lo cual, no pocas veces, buscando servir a la verdad decimos una mentira, o tratando de socorrer a un desvalido, lo ponemos en situación más precaria aún. Las intenciones son buenas, pero…

Cervantes propone muchas veces estas paradojas en sus historias, en particular en el Quijote. El justiciero hidalgo falla, en ambos sentidos de la palabra, favoreciendo a un pastor que está siendo azotado por su amo, quien lo acusa de robarle ganado. Cree la versión del más débil (al menos según la apariencia) y hace prometer al ganadero que pagará los jornales caídos y otras deudas que reclama el muchacho. Sin más se retira, tras aceptar la palabra de quien tenía al pastor atado a un árbol mientras lo amenazaba con unas riendas de tientos. El compromiso adquirido ¿fue claro?: le daría al pastor lo que merecía y aún con creces… Y así fue, en cuanto el caballero se retiró sin asegurarse siquiera de que su defendido fuese liberado. La historia es conocida, el amo dio lo que para él (y tal vez en realidad, nunca lo sabremos) el pastor merecía, y más aún. Lo molió a latigazos.

El simple ejercicio de la virtud moral de la prudencia aconsejaría a un hombre sensato, cuanto menos, oír seriamente el caso. Yo no se quien tenía razón. El pastor tal vez fuese un pícaro ladrón. O el ganadero un hombre mezquino y brutal. ¿Quién merecía qué? ¿En qué grado? ¿Quién dio a Don Quijote la autoridad para intervenir? ¿Por qué le creyó al niño y no al ganadero? Presumiblemente porque era la parte débil (en ese momento) y por compasión. Pero ¿se hizo justicia?

Siempre creí que es necesario intervenir cuando algo viola la justicia o la verdad. Pero fue recién hace relativamente poco tiempo que entendí que no siempre se puede hacer algo efectivo a favor de una y otra. Porque ni siempre conocemos los detalles, ni siempre (casi nunca) tenemos autoridad moral para juzgar sobre ciertas cuestiones, ni tampoco siempre (casi nunca) tenemos un conocimiento profundo de la verdad. Con todo, no está mal servir a la verdad y a la justicia, o estar dispuesto a hacerlo, siempre que lo hagamos con la prudencia del caso. Incluso cuando tengamos la seguridad moral de que una u otra son ultrajadas. Lo que no tenemos habitualmente es la seguridad de poder hacer algo efectivo a favor de ellas.

Recuerdo una discusión con un lector tiempo ha. Él decía que se puede mentir en defensa de la verdad… El caso es, decía mi corresponsal, que ciertas personas favorables al aborto y otras perversiones debían ser enfrentadas con todas las armas. La calaña miserable de estos activistas (de modo general estoy de acuerdo en que muchos y muchas son personas repugnantes y hasta endemoniadas) nos habilita a usar cualquier recurso, incluyendo la mentira. Sin abrir juicio sobre otros recursos, la mentira no sirve nunca a la verdad. La naturaleza abominable de las prédicas y actos de esta gente movilizan en cualquier persona de bien el deseo de neutralizar el mal que hacen. La teología moral nos impone, no obstante, una restricción absoluta: nunca mentir.

- Pero si con una sola mentira podemos destruir la influencia de ese grupo de personas malvadas…

Dios nos manda no mentir, ni tiene necesidad de nuestras mentiras.

Otro tema es la “jurisdicción”, digamos así, de nuestra intervención. Es obvio que no necesitamos ningún permiso para oponernos a lo malo y defender lo bueno. Pero tenemos una restricción absoluta de juzgar la conciencia ajena, sus intenciones. El confesor es juez, y por lo tanto puede indagar al pecador. La autoridad civil debe defender el bien común, por lo tanto puede erigirse en juez de las acciones delictivas o malvadas. En el primer caso el reo se presenta voluntariamente y es de presumir que va a decir la verdad. Si el juez sospecha que oculta algo o que no se propone enmendarse, puede negarle la absolución. La justicia humana requiere de la prueba o el testimonio confiable. Ante la duda razonable debe eximir de castigo “por falta de méritos”.

Don Quijote en otro momento requiere que se le de razón de los motivos por los cuales unos reos, los galeotes, iban encadenados a servir al rey en sus “gurapas”. El oficial de justicia accede, para evitar males mayores, a que ellos refieran sus culpas al curioso personaje que exige lo que no le corresponde. Y los galeotes se burlan de Don Quijote contando sus fechorías con mucha gracia, de un modo tal que pareciesen no más que travesuras. El caballero posibilita entonces su liberación, y ellos le pagan moliéndolo a palos. La intención virtuosa y la acción viciada.

Siguiendo entonces con este hábito que mi amigo me recuerda cada tanto con sorna, quisiera en esta ocasión enemistarme con los amigos que critican y hasta condenan (más bien lo último) a los sacerdotes que dicen la misa “una cum”, vulgo, conmemorando a las autoridades eclesiásticas en la liturgia. “Papa nostro… Antistite nostro…” Por nuestro papa (actualmente Francisco) y nuestro obispo (el que corresponda a cada diócesis).

Esta posición se me pinta como las quijotadas que referí antes, hablando del deseo de defender la verdad y la justicia. Muchos han determinado que no hay papas legítimos desde la muerte de Pío XII, lo que es decir un tiempo… O sea, la Sede Apostólica petrina está vacante, como cuando un papa muere y aún no se ha elegido a otro. Además han decretado que todos los obispos y cardenales hechos por los “falsos papas” elegidos desde entonces son ilegítimos, por lo cual dado el tiempo que pasó ya no queda sucesión apostólica. O la atribuyen a un fulano tal o cual que se ha proclamado papa en la sala de su casa. La situación es imposible, uno piensa, porque se pone en juego una verdad de Fe, que es la visibilidad de la Iglesia. Aunque fuera muy reducida, debería estar a la vista y salir de una elección legítima. Pero por sobre todo, no tienen competencia para hacer este juicio.

Aclaro que no estoy hablando de discusiones de teólogos y sabios que investigan este punto de la doctrina en el ámbito debido. Estas opiniones podrían dar luz sobre lo que está pasando cuando la autoridad debida las autorice. Sino de esta moda de erigirse en autoridad teológica sin más y difundir ideas que son fermento de confusión y defecciones.

Pero no quiero discutir el derecho de cada uno de estudiar temas, sino de difundir sus opiniones como si tuviesen un nihil obstat, porque las consecuencias más terribles de sostener estas teorías, sobre todo cuando se las lleva al extremo de no asistir a misa, a ninguna misa tradicional, sea en algún caso por causa del “una cum”, en otros por causas parecidas, son letales para las almas. Como decía un famoso sedevacantista que murió recibiendo los sacramentos -aunque toda su vida de tal bregó para que otros no lo hicieran- de manos de un “falso” sacerdote: “ha cesado el orden sacro”, sea esto lo que fuere, que yo no se qué es. Pero a la hora de su muerte se restableció, aparentemente. El sacerdote que lo asistió era “falso” según la doctrina que él predicaba.

Me enteré hace poco que uno de sus discípulos a quien también conocí, más coherente que su maestro, por desgracia, murió sin sacramentos, sin pedirlos aún pudiendo. Después de años y años de suspensión de su vida sacramental. ¡Terrible! Y peor si se considera que él creía estar haciendo lo debido… O sea, creyendo que la Iglesia ha dejado de existir, ya ningún sacerdote podía asistirlo ni en articulo mortis. Algo que sería la demostración de que Cristo nos ha engañado y la Iglesia ha perecido.

Erigiéndose en jueces sobre quienes no tiene ningún derecho a juzgar (aunque sí a resistir en aquello que manden contra la Fe o la moral) estas personas comprometen su salvación y la de otros.

- Pero Francisco es un falso papa.

Puede ser. No se ha demostrado, lo que requiere que una parte de la jerarquía con el rango debido pueda juzgarlo. Asumir lo que no sabemos con certeza absoluta, o sea dicho por la Iglesia, es como defender la verdad con una mentira. O juzgar sin tener jurisdicción ni potestad. Es mezclar todo, erigiéndonos en justicieros sobre temas en los cuales no podemos hacer justicia, inclusive si tuviésemos razón, aún movidos por un deseo de lealtad a la Fe, porque no nos es lícito juzgar en ese orden de cosas.

- Entonces va a aceptar cualquier cosa que diga Francisco.

No, solo lo que ya la Iglesia ha juzgado y determinado de Fe. Además es poco saludable para un fiel estar todos los días siguiendo las cosas que dice Francisco. Insano psicológica y espiritualmente para cualquier persona.

- ¿Y va a rezar por un falso papa..?

Si fuera el caso de un antipapa, yo rezo por el papa que hoy la Iglesia acepta aunque tal vez más adelante rechace como papa, no por un falso papa. Durante el Cisma de Occidente hubo santos en todos los bandos. Algunos de ellos habrán rezado por un falso papa y lo habrán conmemorado si eran sacerdotes. Así y todo son santos. Esto no impide la santificación, que es el deber primero y más efectivo para contribuir a la salvación de las almas.

Dios hará el debido uso de esas oraciones. Si fuera un papa desviado, rezar por él es obligación, para que vuelva al redil. Si es falso, alguien saldrá beneficiado, inclusive él, porque es deber de caridad rezar por los pecadores. Por otro lado, uno reza por las intenciones del papado, de la Iglesia.

Se que me estoy ganando “enemigos”, pero no puedo resistir mis inclinaciones quijotescas. O más bien, cervantinas. Puesto que el Quijote nos ilustra claramente por mano de Cervantes cuando el héroe actúa como loco y cuándo como cuerdo.

Y digo al pasar por si fuera necesario, en especial para mi amigo, que mi libro de cabecera es el Quijote.

Twittet

Editor y Responsable

Pagaba poco porque era una fija. El caballo del comisario. Sorprende por sabido. Muchos no terminaban de creer que este personaje, abismalmente por debajo de los requisitos básicos para ocupar el cargo, podría finalmente ser elevado a esta dignidad. Una verdadera indignidad. Aguer, a su lado, es San Pío X. No es una comparación exagerada. Lo sería si le quitáramos “a su lado”.

El líder cocalero Evo Morales, presidente -con aspiraciones a la eternidad- de la República de Bolivia acaba de felicitar el neocardenal designado por Francisco, nacido, criado y ejercido en esa tierra altiplana. Se trata de Mons. Toribo Ticona, retirado ya y gozando de la paz familiar con su esposa, hijos y nietos.

Prof. Roberto de Mattei

Querer convertir a aquella Iglesia valerosa, dispuesta siempre a vivir al pie del cañón, en una sociedad de cobardes que viven escondidos por vergüenza o por pusilanimidad, sería un ultraje a su virtud. Eran plenamente conscientes de su deber de conquistar el mundo para Cristo, de transformar según la doctrina y la ley del Divino Salvador la vida privada y la pública, donde debía nacer una nueva civilización, surgir otra Roma sobre los sepulcros de los dos Príncipes de los Apóstoles. Y lograron su objetivo.

Juan Lagalaye
Hace dos meses, en esta misma página, aludí a la fundación de la Argentina, señalándola en la primera misa celebrada en su actual territorio -Bahía San Julián- el Domingo de Ramos del 1520. Hoy, en la fiesta de la Santísima Trinidad, entiendo que es necesario evocar la fundación de nuestra ciudad ubicándola en la circunstancia litúrgica en que lo fue en el 1580 y que de de ella recibió el nombre, auspicio que a pesar de todas sus miserias mantiene vigencia.
Marcelo González

En un artículo titulado “La Gran Comedia de “la Vida” publicado el 27 de febrero de este año expresé mis reservas a lo que creo es como mínimo un enfoque equivocado al desafío de las ideologías feministas, abortistas, de género, etc. En particular contra el aborto, cuando se anunciaba una marcha que resultó multitudinaria, extraordinaria y sorprendente, una marcha que demostró que el rechazo al aborto es muy fuerte en la sociedad argentina. 

Marcelo González

Leemos en Adelante la Fe un interesante artículo del Dr. César Félix Sánchez que complementa otro, reproducido en Panorama Católico. Recomendamos la lectura de ambos. A su vez nos trajo a la curiosidad recordar qué había publicado sobre estos temas tiempo atrás, en la era de la "gran esperanza benedictina". Y nos parece prudente rememorarlo. El autor peruano recorre hacia atrás el barroso camino de Francisco. Resulta que, como siempre sostuvimos, hace mucho tiempo que la derrota papal está enfangada. 

Marcelo González

Lo más pornográfico que leí en mi vida es el libro “Teología Moral para Seglares” de Royo Marín. La parte contra sexto. Me creó una verdadera incomodidad. Las personas bien criadas tenemos una repugnancia natural por lo indecente, lo obsceno. Pero estamos fuera de época, porque lo obsceno se hace público todo el tiempo