Aguer, padre sinodal

Distintos medios conservadores realzan la elección de Mons. Aguer, como padre sinodal en el próximo encuentro a realizarse en Roma, sobre el tema de la llamada “Nueva Evangelización”. 

Es indudable que el arzobispo de La Plata (no platense, porque nació en Mataderos, barrio de la entonces Capital Federal) es uno de los poquísimos obispos argentinos que tiene condiciones episcopales, por su formación, su cultura y su inteligencia. 

No niego que prefiero un “don Camilo”. Porque de un “don Camilo”, que se sabe bien su doctrina, aunque sus modos sean poco clericales, puede salir algo más parecido a San Pío X que a Rodrigo de Borgia.

Pero llegado el caso, a falta de San Pío X uno se inclina por un Alejandro VI, que era efectivo en sus propósitos y defendió la sana doctrina.

Quiero decir, para ser obispo, o inclusive para llegar a un rango más alto, como el de cardenal (salvo que luego sea destinado a administrar algún museo), siempre se necesita un cierto nivel intelectual, al menos una inteligencia natural, informada por la doctrina -no es necesario que sea un teólogo, pero sí un hombre sólidamente formado-. Pero también se necesita saber gobernar. O Querer.

El honor que le dispensa el Santo Padre al elegirlo directamente y no la comunidad de sus pares episcopales argentinos es una confesión de que no hay casi otros obispos argentinos con sus condiciones. Y de paso, digámoslo un poco en el estilo que le es grato al cardenal de Buenos Aires, resulta una “patada en el báculo” a los epíscopos de la CEA, quienes, cuando Aguer habla en la reuniones plenarias, juegan a la batalla naval entre sí.

Con todo, y para justificar por fin mis preferencias, confieso que después de largos años en una Arquidiócesis como la de La Plata, muy importante, es bien poco lo que deja el gobierno de Mons. Aguer. que no nos dejara su predecesor, Mons. Galán. Y aún un tanto menos. Solo que Galán era más querido y Aguer es menos querido, por decir lo menos. Y no precisamente por haber tomado medidas de gobierno radicales.

Si alguien se ilusiona sobre futuras promociones para el Arzobispo de la capital provincial, le diría que no deje volar mucho su imaginación. Si le dan otras funciones que no sean las de una diócesis (tengamos en cuenta la edad de Aguer, que ya no es el pibe de barrio que solía ser), habrán de ser honoríficas. Y si lo ascienden a una nueva diócesis -todos piensan en Buenos Aires- veremos lo mismo que vemos ahora, aunque menos canyengue.

La mafia clerical porteña se lo comerá con salsa golf, salvo que adopte el evangélico lema: “vivir y dejar vivir”. Con lo cual, Zucunza (tal vez el menos malo de los malos), García (el fiolo) y otros seguirán viviendo dedicados al culto de Mammón y otros cultos de los que mejor ni hablar. 

Propuesta reiterada al Santo Padre: abolir todas las diócesis argentinas y crear una sola que incluya todo el país. Buscar 10 o 12 curas dignos, ortodoxos, sabios y designar entre ellos un obispo titular y sus auxiliares. Ahorraríamos muchísimo dinero, y las reuniones de la CEA se podrían realizar con menos gastos de movilidad. 

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