Cuando la paciencia se acaba

¡No había otro candidato?

Hay un momento en que la paciencia se acaba, inclusive para personas como el que suscribe, habituadas a los malos olores del basural eclesiástico.

Conscientes de las debilidades humanas –todos somos pecadores- no nos mueve ningún rasgo de angelismo. Cuando el hombre quiere ser como el ángel, dice Pascal, termina siendo como la bestia.

Sabedores de la dificultades que implica el gobierno del clero en tiempos de crisis, de confusión, etc. tampoco pretendemos negar que muchas veces la prudencia y la caridad obligan a los superiores a silenciar ciertos pecados a fin de dar al pecador una posibilidad de arrepentimiento que todos deseamos se nos conceda, en particular en nuestro último minuto de vida.

Pero hay límites para la paciencia y un apremiante llamado del deber cristiano a contribuir en el bien común del Cuerpo Místico de Nuestro Señor.

Por eso vamos a dar referencias de un gravísimo caso que afecta a un obispo argentino, y a quienes lo promovieron al rango episcopal, de momento sin más detalles.

Increíble ascenso

Hemos recibido datos alarmantes acerca de un fallo judicial en el fuero de Familia, con el que concluye un juicio de divorcio. En dicho juicio la parte agraviada por infidelidad (el marido) acusa a XX de ser el amante de su mujer.

El marido gana la acción legal. La mujer es condenada por injurias y con ella el amante estable. Desgraciadamente, se trataba de un sacerdote católico, con destino, en ese momento, en una importantísima parroquia.

La sentencia identifica con nombre, apellido y función al dicho sacerdote.

Hasta aquí, la cuestión no merecería tratamiento periodístico, y quedaría bajo la responsabilidad de los superiores del dicho sacerdote... salvo porque poco tiempo después de la sentencia el dicho sacerdote fue promovido al episcopado en una importantísima diócesis argentina.

Es necesario exhortar seriamente a las autoridades eclesiásticas

Como fieles católicos nos vemos en la necesidad de hacer referencia a este caso y pedir a las autoridades competentes que se garantice que dicho individuo, que se aprovechó de la debilidad del esposo de su amante quien sufría una enfermedad terminal, no continúe haciendo daño a las almas, ni generando escándalo.

Solicitamos también de la autoridad eclesiástica competente pruebas de buena voluntad, de disposición a tomar seriamente el caso, y dar a los tantos curas amacebados o abusadores de que tenemos noticia, señalesde que se pondrá énfasis en restituir la disciplina eclesiástica por el bien de sus almas y de las almas de los feligreses.

Quede claro: queremos pruebas concretas de buena voluntad de los superiores. Pruebas tangibles de que no solo se pondrá coto a la impunidad de los malos sacerdotes, sino también a la persecución de los buenos y piadosos.

Quien deba entender, que entienda.

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