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El Precio de la Obediencia o el Costo del Progresismo

Esta semana, nos llegó al correo de Centinela un muy interesante artículo sobre la virtud de la obediencia y sus excesos. Ha sido escrito por alguien de nuestros pagos y en relación con los últimos acontecimientos de nuestra diócesis. Lo difundiremos en dos partes. Para introducirlo, sin embargo, nos parece importante señalar algunos hechos, de general conocimiento, que han puesto el tema sobre el tapete. Es indudable que en nuestra pequeña iglesia sanrafaelina se vive  ad intra, desde hace dos años y medio ya, una situación que ha llegado a tornarse por poco insostenible, para sacerdotes y laicos, y cuyo carácter principal gira en torno a la obediencia. No daremos una descripción muy detallada de sucesos que los lectores conocen o que pueden conocer por estar en boca de todos, sino que signaremos a modo de recordatorio los más importantes:


·       1er Marcha del Orgullo Gay. Corría el año 2012 y se presentaba la 1er marcha del orgullo gay en nuestra ciudad. Multitud de laicos se aprestaron en el atrio de la Catedral para defenderla de posibles desmanes- teniendo conocimiento de sucesos similares anteriores- y dar testimonio público de la incompatibilidad de tales eventos con la doctrina cristiana y católica. Nuestro obispo, intentando disuadirlos de tal acción por “promover la agresión”, tuvo varias discusiones con algunos de los laicos presentes.
·       Charlas de A. Caponnetto. Con motivo de la invitación del disertante a la ciudad (año 2012) por parte del Círculo Argentino de Estudios Sociales, nuestro obispo envía un comunicado a los directivos de colegios católicos y a los párrocos, prohibiendo el uso de tales lugares para las charlas y señalando cierta doctrina “herética” del autor, aunque jamás se aclaró cuál era esa doctrina, qué tesis la componían, dónde estaban escritas y cuándo se habían sostenido con pertinacia. La disputa, más bien, parecía una afrenta personal. Este año, en una segunda invitación, circuló un aviso de “entredicho” que no tuvo mayores consecuencias para el Dr. Caponnetto que el de una amenaza, con el que se disuadía al disertante de acercarse a la diócesis.
  ·       Autoconvocadas 2013.En la catedral de San Juan, hechos harto conocidos, se produce una cruza de opiniones con el obispo y los organizadores de la “defensa” de la catedral, por el no cumplimiento de las condiciones con que se había decidido la acción. Hay intervención de una gran cantidad de jóvenes sanrafaelinos.
·       Marcha de Cristo Rey 2013. En la marcha de Cristo Rey del año 2013, la cual hace años se realiza en nuestra diócesis, monseñor subió a reprender (con una falta de caridad pública) a varios expositores e hizo hincapié en apoyar el acto ecuménico realizado en la Catedral de Bs. As. en ocasión de la conmemoración del “holocausto” judío, a pesar de que a todas luces el hecho de católico tenía poco. Finalizada la marcha, en discusión con un nutrido grupo de laicos jóvenes y adultos, propuso la tesis de que, en los tiempos actuales, la figura de Cristo Rey es anacrónica y debe ser suplantada por la del Buen Pastor.
  ·       Represalias. Este mismo año, con motivo de las charlas que finalmente dictó el Dr. Caponnetto en el mes de junio, se han producido represalias contra sacerdotes y laicos que son de público conocimiento.
  ·   Suspensión de las ordenaciones. Este año, aå?demás, monseñor decidió suspenderlas ordenaciones diaconales (que ya se realizaron, gracias a Dios), alegando falta de formación y rebeldía en los candidatos por rehusarse a deponer la sotana cualquiera fuesen las circunstancias, por negarse terminantemente a permitir la guitarra en misa o por considerar de menor importancia el documento de Aparecida, cuyo valor magisterial es de simple sugerencia y no de las mas iluminadoras.
Teniendo en cuenta estos sucesos, ofrecemos a continuación las siguientes reflexiones sobre la virtud de la obediencia.

¿El precio de la desobediencia o el costo del progresismo? (artículo recibido)
Algunos acontecimientos recientemente sucedidos en la Diócesis de San Rafael y ciertos "castigos" impuestos a una parte del rebaño, tanto a eclesiásticos como a laicos, puede llevar a algunos a pensar que, aunque sea lamentable, es el precio debido por transgredir los límites de la obediencia debida. Sinceramente creo que hay entre los cristianos un sentido adulterado de la virtud de la obediencia. Por lo que procuraré tipificar esas posiciones:
1-    Están quienes consideran que hay que obedecer en todo y que el único límite de la obediencia es el pecado. O sea, hay un único caso en que es lícito desobedecer: cuando la autoridad manda pecar. Sin embargo, esto no es así y es fácilmente comprobable. Hay otros límites  además  del pecado, frente  a los cuales debe detenerse  la autoridad.  En una familia  el   padre  no puede  “imponer”  a su hijo casarse con determinada persona o  elegir una profesión prescindiendo  de otras. Hay  allí  un límite  donde prevalece  la voluntad  libre frente  a la autoridad. Sin embargo casarse con Teresa o ser ingeniero no es pecado. El padre no está obligando al hijo a pecar, pero no tiene derecho a imponer su voluntad y el hijo tiene derecho a desobedecer.  ¿Cuál es el límite en este caso? El límite es la órbita propia de la autoridad paterna. (Por otra parte, hay casos en que tras esta excusa de “obedecer siempre que el que manda no me mande un pecado” se hace usoentre los medios para “obedecer”, de manera pertinaz, la mentira. En el catecismo que me enseñaron la mentira es pecado, por lo que se estaría pasando ampliamente aún ese único límite fijado).
2-      Están quienes consideran que siempre que uno se sustrae de algún modo de la obediencia está pecando de soberbia, ya que la verdadera humildad implica obedecer aunque pueda uno tener un punto de vista mejor, porque siempre la rebeldía y la desobediencia son producto del mal espíritu. Sin embargo, se les escapa que el problema  no  consiste  en qué  punto  de vista sea  más perfecto, sino  en determinar  si lo que  se manda  cae  o  no  dentro  de la competencia de la autoridad. Y que si fuera cierto lo de la rebeldía y el mal espíritu, no serían santos unos cuantos  que debieron resistir e imponerse valientemente a los poderosos de su tiempo, varios de ellos “escándalo de muchos”, verdaderos reformadores, fundadores e iniciadores de enormes obras. Más aún si fuera cierto que la rebeldía y desobediencia es siempre producto del mal espíritu, estamos en serios problemas: los primeros desobedientes fueron los propios apóstoles tal como lo cuenta la Sagrada Escritura. “Cuando los trajeron, los presentaron en el concilio, y el sumo sacerdote les preguntó, diciendo: ¿No os mandamos estrictamente que no enseñaseis en ese nombre? Y ahora habéis llenado a Jerusalén de vuestra doctrina, y queréis echar sobre nosotros la sangre de ese hombre.Respondiendo Pedro y los apóstoles, dijeron: Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hech 5, 27-29). “Y llamando a los apóstoles, después de azotarlos, les intimaron que no hablasen en el nombre de Jesús, y los pusieron en libertad. Y ellos salieron de la presencia del concilio, gozosos de haber sido tenidos por dignos de padecer afrenta por causa del Nombre. Y todos los días, en el templo y por las casas, no cesaban de enseñar y predicar a Jesucristo” (Hech 5, 40-42).
3-        Están quienes consideran que el hombre se salva seguro por la obediencia, pero si bien la  obediencia es una virtud, como enseña Castellani se puede caer en tres proposiciones teóricas falsas: a) Que la obediencia es la principal de las virtudes;  b) Que la obediencia suple a las otras virtudes; c) Que la obediencia suple, por ende, a la conciencia; se puede abandonar la propia conciencia (y es fácil, cómodo y seguro) en manos ajenas. Como enseña el raciocinio más elemental esto es absolutamente falso. Si fuera verdadero, desde Aristóteles en adelante, en vez de definir al hombre como animal racional deberíamos haberlo definido como animal obediente. Esta idea errónea llevaría a la destrucción de toda moral, de la vida interior y convertiría a la religión en un mero formalismo farisaico, donde sólo hay que obedecer. Esto no es así, Dios me juzgará por mi propia conciencia y no por la conciencia de otro.

 

Publicado en "]]>Centinela]]>", bajo la firma de Juan del Aguila

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