Papa Francisco

Mientras Francisco celebraba Halloween en Suecia con una comparsa de hombres y mujeres disfrazados de clérigos, su diligente mano ejecutora cargaba contra el elenco completo de la Sagrada Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, salvo su titular, el Cardenal Sarah.

En un escrito redactado durante el Concilio Vaticano II, el 11 de octubre de 1964, Monseñor Lefebvre se planteaba la siguiente pregunta: «Para ser buen católico, ¿habrá que hacerse protestante?» Y demostraba cómo, en las intervenciones de los Padres conciliares, el ecumenismo que inicialmente se presentaba como católico se había ido transformando en un ecumenismo racionalista que, sobre todo, iba en el sentido de los protestantes.

Honestamente, no me queda claro si la argumentación de Bergogio en aquella ocasión era la más ortodoxa, pero su posición, sin duda ha dado una vuelta de campana. Creo ver en ella las semillas de los frutos que hoy vemos. 

Tal vez se nos ha pasado por alto. La ceremonia ecuménica luterano-católica de celebración de los 500 años de la Reforma se realiza el día de Halloween. Una desgraciada coincidencia.

Reproducimos algunos textos de la Oración Común que será la guía de la ceremonia a realizarse en Suecia, en la ciudad de Lundt, teniendo como oficiantes a Francisco y una “arzobispa” luterana. Los conceptos aceptados por la parte católica en esta “liturgia” celebratoria de Lutero y la Reforma protestante son increíbles. Cuestionan todo el Magisterio posterior a la Reforma, en particular el Concilio de Trento y ciertamente puntos ya definidos por la Iglesia antes de Lutero, que negó en sus tesis y en su obra posterior

Ya es tiempo de encontrar de nuevo el sen­tido común de la fe, de reencontrar la verda­dera obediencia a la verdadera Iglesia, ocul­ta bajo esa falsa máscara del equívoco y la mentira. La verdadera Iglesia, la Santa Sede verdadera, el Sucesor de Pedro, los Obis­pos en cuanto sometidos a la Tradición de la Iglesia, no nos piden y no pueden pedirnos que nos volvamos protestantes, marxistas o comunistas.

El 31 de octubre y el 1 de noviembre el papa Francisco participará a los actos de la Federación Luterana Mundial en Suecia, para conmemorar los 500 años de la reforma protestante de Martín Lutero. Sobre este heresiarca había dicho ya el actual Pontífice, en la rueda de prensa del 26 de junio hecho grandes elogios.

La semana pasada va a ser memorable. En ella sucedieron varios hechos que dan indicios de un hartazgo de lo que se viene llamando “globalización”, aunque tal vez sea más propio referirse a él como el “Nuevo Orden Mundial”.

Usted ya ha provocado una fractura en la disciplina universal de la Iglesia, donde algunos obispos la mantienen a pesar de Amoris Laetitia mientras que otros, incluyendo aquellos en Buenos Aires, están anunciando un cambio basados únicamente en la autoridad de su escandalosa “exhortación apostólica.” 

Se dice que el gran anuncio en Suecia será este: autorizará la intercomunión con los luteranos. Es decir, pondrá en pie de igualdad el Santísimo Sacramento con el pan que consumen simbólicamente los seguidores de Lutero, dando razón a su propósito (el de Lutero) de destruir la misa.

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Parece necesario recordar este excelente artículo sobre las promesas del Sagrado Corazón (devoción de los nueve primeros viernes de mes) que ya hemos publicado. Y recordar también que junto con las promesas del Inmaculado Corazón de María (devoción de los cinco primeros sábados de mes) constituyen un mismo mensaje de Misericordia Divina a la humanidad descarriada.

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Editor y Responsable

Como es público, en los últimos meses ha habido una serie de debates dentro de la FSSPX. El tema es, más allá de ciertas cuestiones ocasionales, la diferencia de criterios sobre la legitimidad de aceptar una regularización canónica y sobre la oportunidad de hacerlo en este momento.

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Si se lee atentamente la Secuencia de la misa de Corpus Christi uno se sorprende de oír a Santo Tomás de Aquino refutando Amoris Laetitia.

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La crítica es un necesario ejercicio de la razón, en cuanto se haga según la prudencia. No sobre materias o personas que nos exceden en rango o calidad intelectual. No sobre intenciones ocultas. No basados en nuestra propia autoridad. Sino más bien, sobre temas en los que tenemos la obligación de discernir, allí donde tenemos competencia y nuestro juicio puede ayudar.

P. Jean-Michel Gleize

Dos puntos hay que distinguir en esta discusión: la licitud de cooperar con un papa modernista y la oportunidad de recibir un reconocimiento canónico de él. Aquí un artículo del P. Jean-Michel Gleize en que toma posición fuertemente en el debate.

Marcelo González

Cualquier aparato doméstico contemporáneo hubiera causado una sorpresa enorme a un hombre medieval. Debemos perdonarles su ingenuidad. A la inversa, cualquier catedral medieval debería causar una enorme conmoción al hombre moderno. No es tan fácil perdonarle su indiferencia.

Es que la catedral es un lugar edificado con un propósito que el hombre moderno, en su presunta sabiduría, ignora. Es un lugar de culto. El ignora qué es un lugar de culto porque ignora qué es el culto. Algo debido a Dios, pero ¿qué es Dios, si acaso existe?