Panorama Católico

1 de noviembre: Fiesta de Todos los Santos

El mundo de hoy confunde el término bienaventurados con aquellos quienes abundan en riquezas y honores, con aquellos que viven regocijadamente y no tienen ocasión alguna de padecer. A esto se contrapone las máximas del Salvador exhortándonos a ser mansos y pobres sin quejas. Por eso mismo los que siguen estas bienaventuranzas reciben ya alguna recompensa aun en esta vida, porque gozan de una paz y tranquilidad interior que es principio, aunque imperfecto, de la felicidad eterna.

El mundo de hoy confunde el término bienaventurados con aquellos quienes abundan en riquezas y honores, con aquellos que viven regocijadamente y no tienen ocasión alguna de padecer. A esto se contrapone las máximas del Salvador exhortándonos a ser mansos y pobres sin quejas. Por eso mismo los que siguen estas bienaventuranzas reciben ya alguna recompensa aun en esta vida, porque gozan de una paz y tranquilidad interior que es principio, aunque imperfecto, de la felicidad eterna.

 1ro de Noviembre – FIESTA DE TODOS LOS SANTOS


Ad quid ergo sanctus laus nostra?
Plane quod forum memoriam veneramur
Nostra interest, non ipsorum…

De que le sirven a los santos nuestras alabanzas?
Es que la veneración
de su memoria redunda en provecho nuestro…

Los testigos que nos han precedido en el Reino, especialmente los que la Iglesia reconoce como “SANTOS”, participan en la tradición viva de la oración, por el testimonio de sus vidas. Ellos contemplan a Dios, lo alaban y no dejan de cuidar de aquellos que han quedado en la tierra. Su intersección a nuestro favor es su mas alto servicio al plan de Dios. Es por eso que, siempre fiel y solicita a los designios divinos y a la salvación de las almas, la Iglesia honra de manera festiva el 1° de Noviembre a Todos Los Santos.

Estos Santos son los Cristianos que de manera ejemplar y heroica siguieron a Cristo y colaboran con El la implantación del Reino entre los hombres. Por eso su vida es un claro ejemplo a seguir para los que todavía caminamos hacia la Patria celestial.

“Regocijémonos todos en el Señor, al celebrar esta fiesta en honor de Todos Los Santos con cuya solemnidad se alegran los ángeles y ensalzan al Hijo de Dios”. De esta forma se nos invita a unir nuestros corazones al canto sublime de las voces que juntas se elevan para glorificar a Dios, que nos concedió venerar los meritos ejemplares de aquellos que ya gozan de su presencia. Estos hermanos nuestros no son solo los reconocidos y canonizados en la Iglesia, sino todos aquellos salvados que forman la Jerusalén celeste.

San Bernardo en sus sermones nos estimula a dejar de lado la pereza a fin de imitar a aquellos a quienes estamos felices de celebrar.

La Epístola de San Juan nos recoge la visión que contempló en los cielos al acercamos la imagen de la magnifica multitud de miembros de la Iglesia Triunfante, que cantaban sus alabanzas a Dios. Desde aquí, nosotros como miembros de esta Iglesia Militante, e iluminados por esta visión, podemos participar, tal nos enseña el noveno articulo del catecismo a formar parte de la Comunión de los Santos, así, de esta forma creer y aceptar que Jesucristo fundó en la tierra un sociedad visible, que es la Iglesia Católica, y que todos los que forman parte de ella están en comunión entre si.

Enriquecidos con estas visiones, el Divino Maestro nos señala en el Evangelio los caminos que debemos seguir para alcanzar la vida eterna. De sus labios deja caer el Salvador, sobre las miserias humanas, unas promesas amorosas, que brotan de su corazón divino: bienaventurados los que son pobres sin protestas; los que lloran y padecen sin rebeldías; los que tiene el corazón puro. Jesús nos propone estas bienaventuranzas para estimulamos a amar y practicar las máximas de su evangelio.

La santidad crece con la disposición a la conversión, al arrepentimiento, de disponibilidad para volver a levantarse tras la caída, y sobre todo con la disposición a la reconciliación y al perdón. Este es un camino que todos debemos iniciar y recorrer.

El mundo de hoy confunde el término bienaventurados con aquellos quienes abundan en riquezas y honores, con aquellos que viven regocijadamente y no tienen ocasión alguna de padecer. A esto se contrapone las máximas del Salvador exhortándonos a ser mansos y pobres sin quejas. Por eso mismo los que siguen estas bienaventuranzas reciben ya alguna recompensa aun en esta vida, porque gozan de una paz y tranquilidad interior que es principio, aunque imperfecto, de la felicidad eterna.

Es esta fiesta de Todos los Santos un momento propicio para rogar a Dios que sea la misma una fuente de continua esperanza y alegría y que por ella nos veamos fortalecidos con la continua intercesión de aquellos que nos precedieron en el camino de la fe y a los que hoy nos unimos para cantar las glorias eternas.

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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