Panorama Católico

15 de agosto – fiesta de la Asunción de María Santísima

Nos, que hemos puesto nuestro pontificado bajo el
especial patrocinio de la Santísima Virgen, a la que nos hemos dirigido
en tantas tristísimas contingencias; Nos, que con rito público hemos
consagrado a todo el género humano a su Inmaculado Corazón y hemos
experimentado repetidamente su validísima protección, tenemos firme
confianza de que esta proclamación y definición solemne de la Asunción
será de gran provecho para la Humanidad entera, porque dará gloria a la
Santísima Trinidad, a la que la Virgen Madre de Dios está ligada por

Nos, que hemos puesto nuestro pontificado bajo el
especial patrocinio de la Santísima Virgen, a la que nos hemos dirigido
en tantas tristísimas contingencias; Nos, que con rito público hemos
consagrado a todo el género humano a su Inmaculado Corazón y hemos
experimentado repetidamente su validísima protección, tenemos firme
confianza de que esta proclamación y definición solemne de la Asunción
será de gran provecho para la Humanidad entera, porque dará gloria a la
Santísima Trinidad, a la que la Virgen Madre de Dios está ligada por
vínculos singulares. Es de esperar, en efecto, que todos los cristianos
sean estimulados a una mayor devoción hacia la Madre celestial y que el
corazón de todos aquellos que se glorían del nombre cristiano se mueva
a desear la unión con el Cuerpo Místico de Jesucristo y el aumento del
propio amor hacia Aquella que tiene entrañas maternales para todos los
miembros de aquel Cuerpo augusto. Es de esperar, además, que todos
aquellos que mediten los gloriosos ejemplos de María se persuadan cada
vez más del valor de la vida humana, si está entregada totalmente a la
ejecución de la voluntad del Padre Celeste y al bien de los prójimos;
que, mientras el materialismo y la corrupción de las costumbres
derivadas de él amenazan sumergir toda virtud y hacer estragos de vidas
humanas, suscitando guerras, se ponga ante los ojos de todos de modo
luminosísimo a qué excelso fin están destinados los cuerpos y las
almas; que, en fin, la fe en la Asunción corporal de María al cielo
haga más firme y más activa la fe en nuestra resurrección.

La coincidencia
providencial de este acontecimiento solemne con el Año Santo que se
está desarrollando nos es particularmente grata; porque esto nos
permite adornar la frente de la Virgen Madre de Dios con esta fúlgida
perla, a la vez que se celebra el máximo jubileo, y dejar un monumento
perenne de nuestra ardiente piedad hacia la Madre de Dios.

Por tanto,
después de elevar a Dios muchas y reiteradas preces e invocar la luz
del Espíritu de la Verdad, para gloria de Dios omnipotente, que otorgó
a la Virgen María su peculiar benevolencia; para honor de su Hijo, Rey
inmortal de los siglos y vencedor del pecado y de la muerte; para
acrecentar la gloria de esta misma augusta Madre y para gozo y alegría
de toda la Iglesia, por la autoridad de Nuestro Señor Jesucristo, de
los bienaventurados apóstoles Pedro y Pablo y por la Nuestra,
pronunciamos,
declaramos y definimos ser dogma de revelación divina que la Inmaculada
Madre de Dios, siempre Virgen María, cumplido el curso de su vida
terrena, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria Celeste.

Bula Dogmática Munificentissimus Deus, de S.S. Pío XII, 11 de noviembre de 1950

Escuche la voz del Santo Padre Pío XII proclamando el dogma. Cortesía de "Pagina Católica".

Get this widget | Share | Track details

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *