Panorama Católico

15 de septiembre – Nuestra Señora de los Dolores

¡Alabemos y demos gracias a Dios
en la Festividad de los Siete Dolores Gloriosos
de la Santísima Virgen María!

 

Felices los sentidos de la Bienaventurada Virgen María,
que sin la muerte, merecieron la palma del martirio
bajo la cruz del Señor.

¡Alabemos y demos gracias a Dios
en la Festividad de los Siete Dolores Gloriosos
de la Santísima Virgen María!

 

Felices los sentidos de la Bienaventurada Virgen María,
que sin la muerte, merecieron la palma del martirio
bajo la cruz del Señor.

 

El Santo Padre Pío VII (1800-1823)

extendió esta fiesta a toda la Iglesia en acción de gracias
por su liberación de la cautividad napoleónica en 1814.

Se trata de la segunda conmemoración de la Madre Dolorosa,
pero mientras en el Viernes de Pasión consideramos los Dolores
desde el espíritu penitencial propio de la Cuaresma,
en este día lo hacemos con el corazón henchido de júbilo
por la salvación que ellos nos han granjeado en unión con los
méritos de la Pasión redentora de Nuestro Señor.

Hoy es día propicio para rezar la Corona Dolorosa,
devoción propia de la Orden de los Servitas

Acto de contrición:


Señor mío, Jesucristo, me arrepiento profundamente de todos mis pecados. Humildemente suplico Tu perdón y por medio de Tu gracia, concédeme ser verdaderamente merecedor de Tu amor, por los méritos de Tu Pasión y Tu muerte y por los dolores de Tu Madre Santísima. Amén.

(después de enunciar cada dolor se reza un Padrenuestro, Siete Avemarías y un Gloriapatri)

Primer Dolor: La profecía de Simeón.
Segundo Dolor: La huida a Egipto.
Tercer Dolor: El Niño perdido en el Templo.
Cuarto Dolor: María se encuentra con Jesús camino al Calvario.
Quinto Dolor: Jesús muere en la Cruz.
Sexto Dolor: María recibe el Cuerpo de Jesús al ser bajado de la Cruz.
Séptimo Dolor: Jesús es colocado en el Sepulcro.

Salve Regina…

V. Ruega por nosotros, Madre Dolorosa.
R. Para que seamos dignos de las promesas de Cristo.

Oremos. Oh Dios, en cuya Pasión, según la profecía de Simeón, una espada de dolor atravesó la dulcísima alma de la gloriosa Virgen y Madre María: haz propicio que, los que celebramos con veneración sus dolores, consigamos el feliz efecto de tu Pasión. Que vives y reinas por los siglos de los siglos.


R. Amén.

Cor Mariae Immaculatum, ora pro nobis.

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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