Panorama Católico

2 de noviembre: Conmemoración de los Fieles Difuntos

El purgatorio existe. Nos lo dice la fe, el catecismo. Además, no puede ser más razonable. Sin el purgatorio “faltaría algo". La Iglesia celebra muchas Santa Misas por los difuntos. Ahora bien, los santos del Cielo no necesitan que recemos por ellos; tampoco los condenados al infierno pueden aprovechar los frutos del Santo Sacrificio. Luego, hay almas que no están en el infierno, ni en el Cielo, ¿Dónde están? En el purgatorio.

El purgatorio existe. Nos lo dice la fe, el catecismo. Además, no puede ser más razonable. Sin el purgatorio “faltaría algo". La Iglesia celebra muchas Santa Misas por los difuntos. Ahora bien, los santos del Cielo no necesitan que recemos por ellos; tampoco los condenados al infierno pueden aprovechar los frutos del Santo Sacrificio. Luego, hay almas que no están en el infierno, ni en el Cielo, ¿Dónde están? En el purgatorio.

El purgatorio existe. Nos lo dice la fe, el catecismo. Además, no puede ser más razonable. Sin el purgatorio “faltaría algo". La Iglesia celebra muchas Santa Misas por los difuntos. Ahora bien, los santos del Cielo no necesitan que recemos por ellos; tampoco los condenados al infierno pueden aprovechar los frutos del Santo Sacrificio. Luego, hay almas que no están en el infierno, ni en el Cielo, ¿Dónde están? En el purgatorio.

En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Queridos fieles,
Nuestra Madre, la Santa Iglesia, reside en tres regiones: En el Cielo, es la Iglesia triunfante, que hemos festejado ayer; en la tierra, es la Iglesia militante, de la cuál formamos parte y en el purgatorio, es la Iglesia purgante; les hablaré de esta hoy, en la vigilia del día de los difuntos.

Sin duda, habéis presenciado algún entierro. La muerte es una realidad que nos amenaza. Acontecerá, moriremos, es cierto. ¿Cuándo? No lo sabemos. Pero, moriremos un día. Al llegar ese momento, sólo caben dos destinos: Con Dios: el Cielo; sin Dios, el infierno.

¿Y los que mueren con pecados veniales? Son de Dios. Están fijos en El. Pero necesitan quitar las manchas que oscurecen su vestido blanco.

El purgatorio existe. Nos lo dice la fe, el catecismo. Además, no puede ser más razonable. Sin el purgatorio “faltaría algo". La Iglesia celebra muchas Santa Misas por los difuntos. Ahora bien, los santos del Cielo no necesitan que recemos por ellos; tampoco los condenados al infierno pueden aprovechar los frutos del Santo Sacrificio. Luego, hay almas que no están en el infierno, ni en el Cielo, ¿Dónde están? En el purgatorio.

Es un lugar de sufrimiento, y no cualquier sufrimiento, un sufrimiento terrible. ¡“La mínima pena del purgatorio, dice Santo Tomás, excede la máxima de este mundo”! Un día, un alma del purgatorio apareció a una persona para pedirle oraciones que alivien sus penas; y antes de volver al purgatorio, la aparición tocó un candelabro que, inmediatamente, se fundió. Hermanos, el bronce o el latón, los materiales habituales de los candelabros, necesitan, para fundirse, de un calor de más o menos ¡1000 grados!.. Hagamos nuestro purgatorio en este mundo; es mucho menos doloroso que en el otro.

Este fuego del purgatorio purifica las almas como el oro en el crisol. Esas almas, llenas de esperanza, tienden irresistiblemente a Dios, lo aman; saben que lo contemplar án en el Cielo, pero sufren mucho, porque nada impuro puede parecer delante de Dios, la Santidad infinita. Y también porque después de la muerte, se acabó el tiempo de la Misericordia, es el de la justicia divina con todo su rigor. ¡Como son infelices los difuntos enterrados en el ambiente de la liturgia actual donde no se reza para aliviar las penas de las almas del purgatorio! es una liturgia para honrar el bienaventurado que alcanzó, por supuesto, las moradas del Padre, ofrecerle flores y cantar el aleluya. Ay, ay, ay. Este pobre difunto está, quizás, en el fuego del purgatorio, y necesita sobre todo la verdadera Misa, la ceremonia de la absolución, agua bendita y oraciones fervorosas para recibir un alivio y alcanzar el Cielo.

Cuidad, queridos hermanos, las tumbas de vuestros seres queridos: flores, luces, coronas. Demostradles vuestro amor. Pero la mejor muestra de cariño es rogar por ellos. Es lo único que les aprovecha para su salvación. Dice San Agustín: “Una lágrima por un difunto se evapora: Una flor sobre su tumba se marchita. Una oración por su alma, la recoge Dios”. En este mes de noviembre, pidamos por ellos y por todos los fieles difuntos. Son hermanos nuestros en Nuestro Señor Jesucristo. Es la primera lección del mes de los difuntos.

La segunda es que la vida es breve, “ni siquiera dos horas”, dice Santa Teresa de Ávila comparándola con la eternidad. La puerta de nuestra eternidad es la muerte. No termina todo con la muerte. Más bien, es el comienzo de la verdadera vida. El sacerdote cantará mañana en el prefacio: “vita mutatur, non tollitur,para tus fieles, Señor, la vida se muda, no fenece”. Entonces, vivamos de tal modo que la muerte no nos sorprenda en estado de pecado mortal.

¡Pobres hombres que no tienen la fe y la esperanza cristiana! Según ellos, todo se termina con la muerte, entonces procuran gozar lo más posible en esta vida efímera antes de caer en el infierno. Recemos, también, queridos seminaristas, queridos fieles, por los 200 000 seres humanos que, cada día en la tierra, atravesarán la puerta de la Eternidad.

Que la Santísima Virgen convierta a los pobres pecadores y alivie a las santas almas del purgatorio.

Ave María Purísima
En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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