Panorama Católico

2 de Noviembre: Conmemoración de los Fieles Difuntos

Conmemoración de Todos los Fieles Difuntos.

02 de Noviembre

Unde pro defunctis expiationem fecit,
ut a peccato solverentur (2 Mac 12, 46)

Mando ofrecer sacrificios por los muertos
para que quedaran libres de sus pecados.…

Conmemoración de Todos los Fieles Difuntos.

02 de Noviembre

Unde pro defunctis expiationem fecit,
ut a peccato solverentur (2 Mac 12, 46)

Mando ofrecer sacrificios por los muertos
para que quedaran libres de sus pecados.…

Todavía están nuestros ojos enceguecidos por la luz y la majestuosidad que nos dejó la celebración de Todos los Santos, cuando la Iglesia hoy nos invita nuevamente, a no ya levantar nuestros ojos a los Cielos para contemplar a aquellos hermanos nuestros que gozan de la presencia de Dios, sino para bajarlos, y con suma humildad y caridad, orar por aquellos que habiendo dejado ya este valle de lagrimas, no han podido todavía alcanzar las glorias eternas en compañía de Aquel que los mando llamar… los Fieles Difuntos.

Como miembros de esta Iglesia Militante, y así como ayer orábamos por esa Iglesia Triunfante, la liturgia de hoy nos llama a conmemorar y elevar nuestras plegarias por todas esas almas sedientas de gozar de la presencia de Dios y que necesitan de nuestra oración… esas almas de la Iglesia Purgante, que mediante nuestros ruegos al Padre Eterno, limpian sus culpas para merecer gozar de su compañía.

Desde los primeros tiempos, como podemos ver en el Antiguo Testamento, en el libro de los Macabeos, la primitiva Iglesia tenia la santa costumbre de dedicar un día a la conmemoración de los fieles difuntos, a fin de conseguirles el perdón de los pecados.

Es por eso que ya el primer ruego de este día es el deseo de que Dios les brinde a nuestros fieles difuntos el poder contemplar esa luz perpetua, que no tiene fin y al mismo tiene reconoce como base el que del hombre debe surgir esta oración, ya que El es el dueño de la Vida, y así como un día nos pone en este mundo, otro nos llama de el, camino a su Presencia.

Ya en el Nuevo Testamento, el apóstol Pablo en su Epístola a los Corintios fortalece nuestra esperanza con la seguridad de que todos hemos de resucitar un día, en virtud de Cristo, que “muriendo destruyó nuestra muerte y resucitando restauró nuestra vida”…

El aguijón de la muerte en nuestra vida de cristianos es el pecado, y es justamente ese pecado, ese aguijón, lo que las almas de los fieles difuntos que hoy conmemoramos necesitan purificar para participar del festín eterno.

Es por tanto necesario, como lo enseña el catecismo, que después de haber honrado con una fiesta general y majestuosa el patrocinio de la Iglesia Triunfante, acuda al alivio de la Iglesia Purgante con un universal y solemne sufragio.

Muy ilustrativa es la secuencia que antes del evangelio se leerá el la Santa Misa de hoy y debe movernos a contemplar dos misterios importantes, a saber el primero, la majestuosidad del día en que el Señor vendrá a juzgar nuestras obras, y en segundo, a mover nuestro espíritu y alzar nuestras voces a favor de aquellos que, aun en el purgatorio, purifican sus pecados y esperan de nuestras suplicas para tal fin. Nada más justo y certero que esta secuencia como fiel preludio de lo que en el Evangelio Jesús nos dice:

“… et procedent, qui bona fecerunt, in resurrectionem vitae, qui vero mala egerunt, in resurrectionem iudicii…”

“… resucitarán los que obraron bien para la resurrección de vida; pero los que obraron mal para la resurrección de juicio…”

Con tal sentencia tres cosas debemos imprimir en nuestra conciencia y en nuestra vida… pensar, primero, que todos debemos morir y presentar en ese instante ante Dios nuestra vida, concebir, en segundo lugar, un rechazo completo al pecado, considerando cuan Justo es Dios al momento del Juicio, y tercero, saber satisfacer a la Justicia divina, ya en esta vida, los pecados cometidos a fin de que cuando llegue el día y la hora, podamos presentarnos ante Dios libres de toda culpa….

Grato y muy satisfactorio puede ser para nuestros fieles difuntos el que un día como el de hoy, podamos ofrecerles mucho más que unos simples ramos de flores o una visita al cementerio… Una ferviente oración y nuestra participación en sacrificio eucarístico que en todo el orbe cristiano ofrecerá la Iglesia por todas aquellas almas deseosas de participar de los banquetes eternos en compañía de Aquel que es el único dueño de las mansiones celestiales. Mansiones en las cuales nos esta reservada una habitación, pero para la cual debemos entrar con limpios vestidos purificados de toda mancha.

Curador de esta Sección: Nicolás Adrian Peirone

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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