Panorama Católico

24 de marzo: día de la memoria, designado por los desmemoriados

Hartos de oí­r hablar de la “memoria” queremos contribuir al desenmascaramiento de los desmemoriados. El 24 de marzo de 1976 la gran mayorí­a de los que hoy nos anegan con sus plantos, celebraba el golpe militar. Y la sociedad civil, también lo aplaudió, sin saber lo que aplaudí­a.

Hartos de oí­r hablar de la “memoria” queremos contribuir al desenmascaramiento de los desmemoriados. El 24 de marzo de 1976 la gran mayorí­a de los que hoy nos anegan con sus plantos, celebraba el golpe militar. Y la sociedad civil, también lo aplaudió, sin saber lo que aplaudí­a.

Breve prefacio. Una cosa son las FF.AA. y otra los gobiernos que tomaron el poder sustentándose en ellas. En especial en momentos de grave peligro para la subsistencia de la Nación. El gobierno del Proceso militar, además de entregar la soberaní­a nacional, y comprometer su independencia económica potenciando al infinito la pequeña deuda externa hasta el momento existente, no dudó en usar métodos inmorales para dar batalla a los enemigos de la patria. Bien distintos son los casos de los que pelearon en los frentes, los cuadros de oficiales y suboficiales y las cadenas de mando. Allí­ hay héroes y mártires que recordar, tanto en Tucumán, como en la guerra antisubversiva, como en Malvinas. Y hay también muchos miserables que hoy descuelgan cuadros o hacen autocrí­ticas polí­ticamente correctas.

No aprobamos el “Proceso”. Por el contrario, decimos que el “Proceso Militar” fue otro fruto de la concepción liberal del Estado y el bien común, del laicismo clerical de sus miembros. Y la lucha con la contraparte marxista fue apenas una coyuntura histórica donde la sangre que se vertió fue de argentinos.

Hoy liberales y progresistas se abrazan en la promoción de las perversiones y en la alabanza de la globalizaciñón económica. Y en el común odio al reinado social de Cristo. Esto que vivimos hoy es el lodo de aquellos polvos. Lamentablemente falta en la recopilación del autor la mención de algunos obispos hoy paladines del progresismo. La damos por excusada. La Iglesia ya ha recibido suficiente escarnio.



Qué dijeron el Partido Comunista y los principales medios gráficos sobre el golpe del 24 de marzo de 1976…en 1976


"LOS COMUNISTAS Y LA NUEVA SITUACIÓN ARGENTINA" DECLARACIÓN DEL P. C.

Ayer, 24 de Marzo, las F.F.A.A. depusieron a la presidenta Marí­a E. Martí­nez, reemplazándola por una Junta Militar integrada por los comandantes de las tres armas. No fue un suceso inesperado. La situación habí­a llegado a un lí­mite extremo "que agravia a la Nación y compromete su futuro", como dice en uno de los comunicados de las F.F.A.A.

Cargan por esta situación, inmensa responsabilidad el lopezrreguismo reaccionario y su protectora Marí­a E. Martí­nez, que habí­an pisoteado el programa por el cual habí­a votado el pueblo en 1973, y que en la etapa anterior habí­a empezado, aunque con timidez e inconsecuencias, a realizarce. Comparten la responsabilidad jerarcas sindicales que sofocaron al movimiento obrero.

La movilización de tropas del 24 de Marzo habí­a sido precedida de una intensa campaña que reclamaba "rectificar el rumbo". Efectivamente, era necesario y urgente cambiar el rumbo pero no en la dirección indicada por La Prensa y Clarí­n, por APECE (ex ACIEL de infausta memoria), el MID frigerista, Alsogaray y Manrique; la alianza del poder del dinero con polí­ticos inescrupulosos sin respaldo popular.

En ví­spera de los dramáticos sucesos del 24, bandas fascistas impunes asolaron con sus crí­menes el paí­s. La muerte rondaba las calles y caminos, fabricas, universidades, hospitales; penetraba en la intimidad de los hogares. Nunca se había visto en nuestro paí­s nada tan cruel.

El P.C. siempre se pronunció contra los golpes de estado. La experiencia indica que desde 1930 los golpes de estado tuvieron por objeto defender el latifundio improductivo y aumentar el grado de dependencia del paí­s. Esta vez, ¿se romperá esa nefasta tradición?

El P.C. esta convencido de que no ha sido el golpe de estado del 24 el método mas idóneo para resolver la profunda crisis polí­tica y económica, cultural y moral. Pero estamos ante una nueva realidad. Estamos ante el caso de juzgar los hechos como ellos son. Nos atendremos a los hechos y a nuestra forma de juzgarlos; su confrontación con las palabras y promesas.

Los actores de los sucesos del 24 expusieron en sus primeros documentos sus objetivos, que podrí­amos resumir de la siguiente manera:

"…Fidelidad a la democracia representativa con justicia social; revitalización de las instituciones constitucionales; reafirmación del papel del control del Estado sobre aquellas ramas de la economí­a que hacen al desarrollo y a la defensa nacional, defensa de la capacidad de decisión nacional…".

El P.C., aunque no comparte todos los puntos de vista expresados en los documentos oficiales, no podrí­a estar en desacuerdo con tales enunciados, pues coinciden con puntos de su programa, que se propone el desarrollo con independencia económica; la seguridad con capacidad nacional de decisión, soberaní­a y justicia social. No se concibe la seguridad a la brasileña, la que MAC NAMARA propuso a los paí­ses latinoamericanos. El triste ejemplo de Brasil; es elocuente: allí­ se logro la "seguridad" con injusticia social, con asesinatos y presos, con dependencia y agresividad exterior. Este camino no puede dar apariencia de fuerza a una nación intrí­nsecamente débil, podrida por dentro.

Subrayamos este concepto porque no se puede ignorar la aspiración estadounidense y su socio, la cúpula brasileña, a dominar la Cuenca del Plata, controlar la pampa húmeda, la costa sudatlántica y la Antártida; no se puede ignorar su apetito de petróleo de la plataforma submarina, de uranio y de otras riquezas nacionales. ¡ Es inconcebible la sola idea de la Argentina factorí­a !. Entre los objetivos expuestos por la Junta Militar está el de combatir la corrupción que pudre donde penetra; y en nuestro paí­s ha penetrado hondo en ciertos medios. Nada tan necesario. El P.C. advierte empero el peligro de que se poden las ramas y se deje el tronco, se ataquen las consecuencias y no las causas, se quede en la superficie sin llegar a la fuente. Así­ se podrá castigar a un corrompido o a muchos corrompidos; pero no a erradicar la corrupción; la fuente es el cáncer del latifundio y de los monopolios internacionales.

También expuso su propósito de poner fin a la subversión. Es conocido el punto de vista del P.C. sobre las actividades de la supuesta ultraizquierda, que siempre repudió. La guerrilla se combate, sobre todo, suprimiendo las causas sociales que la generan, como se reconoce en documentos militares. Pero, ¿ se sobreentiende también investigar y castigar con el máximo rigor a las bandas hasta ahora impunes de criminales fascistas ?. De no ser así­, además de defraudar la expectativa popular, quedarí­a flotando el peligro de la guerra civil. El P.C. considera que es un serio error suspender la actividad de los Partidos Polí­ticos. Los Partidos Polí­ticos democráticos pueden y deben, en esta nueva situación, contribuir sanamente a encontrar las mejores soluciones, a encauzar el proceso por ví­a constitucional respetando los derechos del hombre y del ciudadano, sobre todo la libertad de expresión.

La opinión publica espera sean puestos en libertad todos los presos sin causas ni proceso y sea abolida la pena de muerte. La lucha por la multipartidaria ha sido un gran aporte a las soluciones nacionales. Y el hecho que se hayan podido plasmar, aunque aun de manera inconclusa, es alta expresión de la madurez polí­tica. Si la multipartidaria no pudo todaví­a jugar su papel es porque surgió al borde del abismo. Lo que no invalida su enorme significación polí­tica.

El P.C. considera auspicioso que la Junta Militar haya desechado una solución "Pinochetista". Sin embargo, nadie tiene derecho a desarmarse. En el seno de las F.F.A.A. y fuera de ellas se esconden también pinochetistas. El enemigo interno y externo está en acecho. Los imperialistas y fascistas sueñan con el pinochetazo, con un baño de sangre.

Buenos Aires, 25 de marzo de 1976

Comentario Druí­dico: Recordemos el acuerdo entre la Junta Militar y Moscú Soviético de aquel entonces. Nadie perseguirí­a a los “comunistas” de observancia soviética. El PC tomarí­a una posición de prudente aceptación de los hechos. Radio Moscú hablarí­a de “gobierno militar”, nunca de “dictadura”, como en el caso de Chile o Uruguay. Y el Gobierno del Proceso venderí­a millones de toneladas de grano a la U.R.S.S. Un arreglo de caballeros. El PC ni siquiera fue proscripto.

ESTO DECÍA SABATO, EL GRAN SIMULADOR

Partes de: "Ernesto Sábato, el gran gran simulador"

El hombre solo es dueño de las palabras que no pronuncia

· Mayo De 1976. "Le agradecí­ personalmente el golpe del 24 de marzo, que salvó al paí­s de la ignominia, y le manifesté mi simpatí­a por haber enfrentado las responsabilidades del gobierno. Yo nunca he sabido gobernar mi vida, menos podrí­a gobernar un paí­s", dijo Jorge Luis Borges, y los periodistas de Casa de Gobierno se sonrieron: ya tení­an un titulo para sus notas.

· El miércoles 19, Borges, Ernesto Sábato, Horacio Esteban Ratti, presidente de la Sociedad Argentina de Escritores y Leonardo Castellani, un sacerdote que escribí­a, almorzaron durante mas de dos horas con el general Jorge Videla y con el general José Villarreal, secretario general de la Presidencia.

· Todos pasaron al comedor privado. "El desarrollo de la cultura es fundamental para el desarrollo de una Nación", dijo Videla varias veces, y los demás asentí­an. A la derecha del presidente estaba el padre Castellani. A la izquierda, Ernesto Sábato. Enfrente Borges. Y a sus lados Ratti y el general Villarreal .

· Videla, dijeron después los escritores, se dedicó a escuchar y les repitió varias veces que para él era un honor compartir esa mesa con tan importantes personajes.

· Dijo a la salida a la prensa Ernesto Sábato: "- Es imposible sintetizar una conversación de dos horas en pocas palabras, pero puedo decir que con el presidente de la Nación hablamos de la cultura en general, de temas espirituales, culturales, históricos y vinculados con los medios masivos de comunicación.

Hubo un altí­simo grado de comprensión y de respeto mutuo, y en ningún momento la conversación descendió a la polémica literaria e ideológica y tampoco caí­mos en el pecado de caer en banalidades; cada uno de nosotros vertió sin vacilaciones su concepción personal de los temas abordados:

· Siguió diciendo Ernesto Sábato: "-Fue una larga travesí­a por la problemática cultural del paí­s. Se habló de la transformación de la Argentina, partiendo de una necesaria renovación de su cultura".

· Después le preguntaron su opinión sobre Videla: "-El general Videla me dio una excelente impresión. Se trata de un hombre culto, modesto e inteligente. Me impresionó la amplitud de criterio y la cultura del presidente".

· En 1978, Sábato explicarí­a su posición en un articulo de la revista alemana Geo: "La inmensa mayorí­a de los argentinos rogaba casi por favor que las Fuerzas Armadas tomaran el poder. Todos nosotros deseábamos que se terminara ese vergonzoso gobierno de mafiosos", dijo, para explicar el golpe de marzo.

· Y, más adelante dijo: "Desgraciadamente ocurrió que el desorden general, el crimen y el desastre económico eran tan grandes que los nuevos mandatarios no alcanzaban ya a superarlos con los medios de un estado de derecho. Porque entre tanto, los crí­menes de la extrema izquierda eran respondidos con salvajes atentados de represalia de la extrema derecha. Los extremistas de izquierda habí­an llevado acabo los más infames secuestros y los crí­menes monstruosos más repugnantes".

· Y, para concluir dijo Ernesto Sábato: "Sin duda alguna, en los últimos meses muchas cosas han mejorado en nuestro paí­s: las bandas terroristas han sido puestas en gran parte bajo control".

Del libro "LA VOLUNTAD" escrito por dos ex terroristas marxistas
– Tomo 3 Página 72.

Comentario Druí­dico: Recordemos que Sábato fue luego presidente de la CONADEP, funada por Alfonsí­n para realizar un listado de “desaparecidos”. Pese a sus esfuerzos por borrar el pasado procesista, el autor de El Tunel nunca logró pasar de 8000 nombres, muchos de los cuales hoy ocupan puestos de gobierno en los tres poderes, por lo cual ya podemos ver la seriedad del informe.


ESTO DEC͍A el diario CLARIN EN SU EDITORIAL

Año XXXI – Edición N° 10.803 / Jueves 1° de Abril de 1976
Directora:Ernestina Herrera de Noble

El Mensaje Presidencial

Aunque resultara innecesario justificar las motivaciones de la acción militar del 24 de Marzo -porque nada fue más evidente que la incapacidad del anterior gobierno para modificar el rumbo que nos conducí­a a todos al desastre- ha sido oportuno que el paí­s escuchara las explicaciones de su nuevo presidente. Ellas ratificaron el hecho conocido de que las Fuerzas Armadas no han interrumpido el proceso que se vení­a desarrollando, sino cuando tuvieron el convencimiento de que se hallaban agotados todos los recursos susceptibles de operar la indispensable rectificación.

No es éste, sin embargo, el aspecto de la alocución del teniente general Videla que interesa aquí­ analizar. Desde estas mismas columnas y en repetidas oportunidades nos hemos referido a las modalidades de la crisis que afecta a todos los sectores del país. Mucho más que la descripción del estado de cosas heredado importa pues destacar las orientaciones contenidas en el mensaje presidencial, destinadas a superar todas las circunstancias negativas de aquel gravoso legado.

El esfuerzo del nuevo gobierno estará centrado en operar la reorganización nacional. Uno de sus principales campos de acción será la reconstrucción del Estado, cuyo ordenamiento permitirá dotar al paí­s "del instrumento capaz de impulsar una profunda tarea de transformación". En primer lugar, le tocará a él ejercer el monopolio de la fuerza y cumplir las funciones vinculadas con la seguridad interior. Demás está decir que esa fuerza será empleada sin vacilaciones en el combate frontal contra la delincuencia subversiva en cualquiera de sus manifestaciones.

Corresponde también al Estado, de acuerdo con la sobria y precisa exposición presidencial, fijar las normas que impulsarán y enriquecerán la cultura, que estará abierta al aporte de las grandes corrientes del pensamiento, pero mantendrá siempre fidelidad a nuestras tradiciones y a la concepción cristiana del mundo y del hombre.

La palabra oficial adquirió un notable valor definitorio al referirse al papel del Estado en el campo de la economí­a. "Durante muchos años -dijo el teniente general Videla- la pretendida defensa de la gestión estatal retuvo para el monopolio público grandes proyectos indispensables para el desarrollo nacional y el bienestar de la población que nunca se vieron realizados".

Y al señalar los factores que frenaron el crecimiento -falencias en los sectores crí­ticos de la economí­a y dependencia externa para el abastecimiento de materias primas indispensables- afirmó³ que en lo sucesivo la acción de gobierno perseguirá la solución pragmática de los grandes problemas económicos. Anunció de ese modo que, manteniendo el control del Estado sobre áreas vitales de la seguridad y el desarrollo, se brindará a la iniciativa privada y a los capitales nacionales y extranjeros "para que participen con su máximo potencial y fuerza creativa en la explotación racional de los recursos".

Acertado diagnóstico y clara definición destinada a terminar con las mistificaciones de un nacionalismo declamativo y empeñado en utilizar los aspectos emotivos o formales de lo nacional para trabar las acciones que efectivamente fortalecen la soberaní­a. Un ejemplo claro de ello fueron las sucesivas "argentinizaciones" que dejaron al paí­s -entre otras cosas- sin combustibles y sin teléfonos.

La palabra presidencial, sin buscar aplausos anticipados, ha fijado un rumbo apto para la solución de los problemas nacionales. Y como el mismo Presidente lo expresa, el acierto de las decisiones del gobierno será en definitiva el que suscitará la adhesión de la gran mayorí­a de los argentinos.

Comentario Druí­dico: Hoy Clarí­n motoriza, -bajo la dirección de la misma dama eterna, la Sra. de Noble- desde hace ya muchos años el retorno de los ideales setentistas. Todo el monopolio Clarí­n es una caja de resonancia del progresismo más rancio.

ESTO DECÍA el diario LA PRENSA

sábado 27 de marzo de 1976
Director; Alberto Gainza Paz

Orden, seguridad, confianza

En dos horas, sin el asomo de una sola falla, al cabo de una operación impecable, precisa, sin estridencias vanas y sin disparar un solo tiro, las Fuerzas Armadas de la Constitución pusieron término al desempeño ilegí­timo del gobierno instaurado el 25 de mayo de 1973. Lo hicieron para salvar – como dice la proclama dada a conocer en la madrugada del dí­a 24 – "un tremendo vací­o de poder" y tras de "serenas meditaciones sobre las consecuencias irreparables que podrí­a tener sobre el destino de la Nación una actitud distinta a la adoptada".

El documento inicial de la revolución reviste el significado de una cabeza de proceso, no menos que el carácter de una exposición de los móviles fundamentales que lo inspiran, cuando puntualiza las "reiteradas y sucesivas contradicciones" del gobierno depuesto, la "falta de una estrategia global", la "carencia de soluciones", el "incremento permanente de todos los extremismos", la "ausencia total de ejemplos éticos y morales", la "manifiesta irresponsabilidad en el manejo de la economí­a", al "agotamiento del aparato productivo", la "especulación y la corrupción generalizadas".

Estas líneas de fuerza de la proclama revolucionaria constituyen la base de un "trascendental compromiso" para "terminar con el desgobierno, la corrupción y el flagelo subversivo", rechazar "la acción discordara de todos los extremismos", y "el efecto corruptor de cualquier demagogia", ciñendo su acción a "pautas determinadas" entre otras, "el orden, el trabajo" y la "observancia plena de los principios éticos y morales", al servicio de una finalidad manifiesta, esto es, "erradicar definitivamente los vicios que afectan al paí­s", y "combatir la delincuencia subversiva, abierta o encubierta".

Por su carácter afirmativo, algunos enunciados principistas de la proclama parecen inspirarse en las promesas limonares de la Constitución, cuando en su preámbulo formula el propósito de "Constituir la unión Nacional"; "Afianzar la Justicia", "consolidar la paz interior", "proveer a la defensa común", "promover el bienestar general" y "asegurar los beneficios de la libertad". Esa identificación de lenguaje aparece corroborada por la unidad de pensamiento que se advierte en otros documentos de la Junta Militar, caracterizados por la mesura de sus términos, la claridad de sus conceptos, la brevedad de sus juicios, la ausencia. de toda altisonancia. Apreciándolos en su conjunto, se advierte que nada ha quedado librado a la inspiración del momento, por más alta o feliz que fuese. La improvisación, la mera frase, el párrafo sonoro, la vanilocuencia no han tenido cabida en estos documentos.

Hay además aceptación plena, dictada seguramente por una convicción profunda, de las mejores tradiciones cí­vicas e institucionales. del paí­s, sin que una sola expresión o termino proyecte la menor duda en contrario. No se han invocado dogmas, ni ideologí­as ni recurrido a difusos trascendentalismos. Solo la idea de patria aparece como el común denominador de una ciudadaní­a ávida de reparaciones salvadoras, como la suprema invocación, destinada a que todos concurran a la realización de una "tarea ardua y urgente", emprendida con el "absoluto convencimiento de que el ejemplo se predicará de arriba hacia abajo".

Ese documento, pues, por los males que condena, las ideas que consagra, los fines que proclama y los métodos que preconiza, está destinado a presidir y guiar una acción histórica de incalculables proyecciones. Es un documento programa, necesariamente global, insertado en la tradición viva de nuestras instituciones republicanas y democráticas. Necesitará ser desarrollado y ejecutado con vigor de pensamiento y energí­a de conducta, sin desmayos ni vacilaciones, ceñido en todos sus aspectos y detalles a los rumbos fundamentales que surgen del texto. La jerarquí­a y la competencia de sus futuros colaboradores podrán coronar equilibradamente esa calidad del poder que acaba de instaurarse.

La revolución del 24 de marzo no sólo ha puesto fin a una época de ignominia y a un régimen corrupto y corruptor, sino que ha abierto el cauce por el cual podrá ir derramándose en nuevo modo del comportamiento colectivo. Basta recorrer la ciudad, terciar en la conversación del grupo callejero, prestar oí­dos a la tertulia del café, de la sobremesa, anotar los comentarios en el ámbito del trabajo o de la familia, para percibir en todos una sensación de alivio, tan aflojamiento de la tensión psí­quica un despertar de la pesadilla en que fue envolviendo todo, aun a los propios usufructuarios del régimen abatido; la prolongación de una situación de insostenible defensa. Simple, repetida, estremecida a veces, la queja era común: "¡Esto no puede seguir!".

Ahora se necesita orden, ese orden que sólo es fecundo cuando nace como una manifestación de la propia conducta y precede a los hechos. Ese orden, así concebido y puesto en práctica, hará bien al paí­s después del desvarí­o desatado por el gobierno iniciado en mayo de 1973 y tras el frenesí­ verbal que asomó a los actos de la gestión oficial. Hay que restar espacio al fanatismo, a la adhesión servil, al rito adulatorio. Hay que elevar la condición del ciudadano y mejorar no sólo el nivel de vida sino también la dignidad de vida.

La revolución del 24 de marzo ha comenzado por prometer seguridad al que trabaja, estí­mulo al que produce, garantí­as a la existencia individual y colectiva. Se ha propuesto desterrar los miedos. La delincuencia y la subversión ya no habrán de deslizarse a través delas fisuras cómplices del mundo oficial.

Los primeros pasos, actos y palabras de la Junta Militar han generado confianza. No es poco. El comienzo es alentador. Su andar cauteloso y sin embargo firme, la mesura de su lenguaje, no exento de energí­a, la claridad de sus objetivos y el sereno vigor – la democracia no es un profeta desarmado- con que ha iniciado su marcha, abren un ancho pórtico de expectativas y anhelos que expresan el deseo profundo de un pueblo ansioso de vivir en paz, al amparo de la idoneidad y del derecho.

Comentario Druí­dico: La Prensa fue siempre fiel a sus ideas y esto le costó la caí­da. Si hoy la tuvieran los Gaiza, probablemente dirí­a lo mismo que ayer. Su antiperonismo visceral nunca fue desmentido ni ocultado. Ni tampoco sus ideales liberales en materia económica. Démosle el crédito de la coherencia

ESTO DEC͍A el diario "LA NACION"

"EL GOLPE DEL 24 DE MARZO DE 1976"

En la madrugada de ayer concluyó el desmoronamiento de un gobierno cuya única fortaleza consistí­a, en los últimos seis meses, en el empeño que para sostenerlo pusieron quienes no compartí­an sus propósitos. Nunca hubo en la Argentina un gobierno más sostenido por sus opositores. Tal paradoja se produjo porque donde las autoridades ahora sustituidas sólo vieron el botó­n de un vencedor electoral, la totalidad del paí­s vio la posibilidad de una consolidación institucional. Ayer, también, se clausuró un proceso polí­tico que, como tal, se abrió en 1971, y no es menos evidente que se ha cerrado una época signada a lo largo de casi tres décadas por la presencia activa de Perón, primero, y después por los hechos y situaciones que tuvieron una relación de causalidad inmediata con la presidencia por él dejada vacante.

Este final inexorable habí­a sido presentido por vastos sectores de la opinión pública. En las últimas semanas tal presentimiento era una convicción reafirmada a diario por sí­ntomas de la más diversa naturaleza.

Hubo, ciertamente, insensibilidad y obcecación en quien asumió en 1974 la presidencia de la República, así­ como la hubo en el grupo que guió su pasos con desprecio del renunciamiento que en su momento pudo haber salvado el proceso hacia la unánimemente deseada consolidación institucional. Eran tan hondos los deseos de alcanzar ese objetivo, que la Nación entera pudo haber absorbido aquella carga negativa de la insensibilidad y la obcecación, si no fuera porque ella se acrecentó con un intolerable lastre de corrupción, despilfarro, incompetencia e inseguridad colectiva a través de un "contraproceso institucional" que incluye a todo el gobierno peronista a partir de mayo de 1973.

Cada vez más, el gobierno justicialista se abandonó a sus propias obsesiones. La más absurda de éstas fue la conversión de la República en una suerte de monarquí­a en la cual la viuda de un caudillo pretendió que el poder fuese un bien casi computable en el juicio sucesorio. Esta ambición femenina, propia de la reyecí­a del siglo XVIII, fue alentada por un "pequeño grupo de amigos" puestos actuar como un núcleo empresario de las emociones populares atribuidas al eco del apellido convocante. Así­ sobrevinieron las reyertas intestinas entre la depositaria del nombre y los que pretendí­an ser beneficiarios de una nebulosa herencia polí­tica.

Primero se fragmentó el Frente oficialista en el cual el peronismo apadrinó a aliados de poco vigor numérico. Luego se escindió el peronismo. Más tarde se produjo un cisma parlamentario que privó al gobierno de su mayorí­a en la Cámara joven, no obstante 1º cual el Parlamento diluyó sus propias posibilidades creativas. En último término el sector gremial – única, franja donde subsistí­a un vestigio de organización – cayó en la ficción que desconectó a los dirigentes de la realidad popular. De tal modo, sólo quedó la fachada del edificio gubernamental. Es lo que acaba de caer. Nada de lo que rodeaba al gobierno conservó poder de convocatoria como para que un cierto calor de pueblo

Pero al sector gremial le cabe una gran responsabilidad. El fue el creador del principio de la "verticalidad" a ultranza. Suponí­a que a través de la verticalidad iba a deslizarse suavemente hasta las manos de los discutidos jefes sindicales la llave de las decisiones principales. Mientras especulaban con el "paso atrás" que aguardaban de la entonces titular del Poder Ejecutivo, se sucedí­an los cambios de ministerios, se destruí­a el aparato productivo de la República, la indisciplina social crecí­a como una maleza parásita y la crisis económica asumí­a caracteres catastróficos.

La crisis ha culminado. No hay sorpresa en la Nación ante la caí­da de un gobierno que estaba muerto mucho antes de su eliminación por ví­a de un cambio como el que se ha operado. En lugar de aquella sorpresa hay una enorme expectación. Todos sabemos que se necesitan planes sólidos para facilitar la rehabilitación material y moral de una comunidad herida por demasiados fracasos y dominada por un escepticismo contaminante. Precisamente por la magnitud de la tarea por emprender, la primera condición es que se afiance en las Fuerzas Armadas la cohesión con la cual han actuado hasta aquí­. Hay un paí­s que tiene valiosas reservas de confianza, pero también hay un terrorismo que acecha.

Comentario Druí­dico: Alabaron a Perón cuando su estrella brillaba, hicieron leña del árbol cuando cayó. No sorprende. Los Mitre y Saguier siempre se han conducido de un modo miserable.

ESTO DECÍA el diario "LA OPINION"

(La Opinión, 27/3, tapa de la edicion*)

Reflexión

Si los argentinos, como se advierte en todos los sectores – aun dentro del ex oficialismo-, agradecen al Gobierno Militar el haber puesto fin a un vasto caos que anunciaba la disolución del paí­s, no menos cierto es que también le agradecen la sobriedad con que actúan.

De una etapa de delirio, donde torpes y vanas figuras gritaban sus amenazas a voz en cuello, viví­an en el desplante y la impunidad, o daban lecciones de moralidad exhibiendo sus encendedores o sus corbatas, la Argentina se abrió en pocos minutos a una etapa de serenidad de la cosa pública.

Porque las nuevas autoridades demuestran un pudor, un recato tan beneficioso para ellos como para su relación con los gobernados. No han añadido tí­tulos pomposos y huecos al nombre de su Gobierno, ni lemas rimbombantes a sus objetivos; no hacen rendir culto a su personalidad ni se halagan con la propaganda. Y no se prestarán a ser incluidos en esa especie de álbum familiar del Poder que el semanario Gente ha dedicado a los altos funcionarios de todos los regí­menes.

Comentario Druí­dico: ¿La Opinión, del marxista Jacobo Timmerman, secuestrado por el Proceso y liberado por presiones yankis? ¿Cuyo hijo es hoy Cónsul de la Argentina en los EE.UU. y suena para nuevo embajador de Kirchner ante el “gran paí­s del norte”? ¡Qué notable!

Tomado de NOTIAR www.notiar.com.ar, autor de la recopilación Emilio Ugolini

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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