Panorama Católico

28 de agosto – San Agustín de Hipona

San Agustín

Obispo, Confesor
y Doctor de la Iglesia

San Agustín

Obispo, Confesor
y Doctor de la Iglesia

"Doctor
de la Gracia"
"La Gran Lumbrera de Occidente"

 


"Si
queréis recibir la vida del Espíritu Santo,
conservad la caridad, amad la verdad y desead la unidad
para llegar a la eternidad" .

"Tarde
te amé, hermosura tan antigua y tan nueva…¡Tarde te amé!
Tú estabas dentro de mí y yo fuera…, y por fuera te buscaba…".

"Nos
hiciste, Señor, para ti y nuestro corazón
estará insatisfecho hasta que descanse en Tí…".

"La
medida del amor es el amor sin medida…".



San Agustín de Hipona (354-430),
es el más grande de los Padres de la Iglesia y uno de los más eminentes
doctores de la Iglesia occidental, nació en el año 354 en Tagaste (Argelia
actual).

Sus padre, Patricio, un pagano de
cierta estación social acomodada, que luego de una larga y virulenta
resistencia a la fe, hacia el final de su vida se convierte al cristianismo.
Mónica, su madre, natural de África, era una devota cristiana, nacida a
padres cristianos. Al enviudar, se consagró totalmente a la conversión de
su hijo Agustín. Lo primero que enseñó a su hijo Agustín fue a orar,
pero luego de verle gozar de esas santas lecciones sufrió al ver como iba
apartándose de la Verdad hasta que su espíritu se infectó con los errores
maniqueos y, su corazón, con las costumbres de la disoluta Roma."Noche
y día oraba y gemía con más lágrimas que las que otras madres
derramarían junto al féretro de sus hijos", escribiría después
Agustín en sus admirables Confesiones. Pero Dios no podía consentir se
perdiese para siempre un hijo de tantas lágrimas. Mónica murió en Ostia,
puerto de Roma, el año de 387, asistida por su hijo.


Juventud y estudios

Agustín se educó como retórico en las ciudades
norteafricanas de Tagaste, Madaura y Cartago. Entre los 15 y los 30 años
vivió con una mujer cartaginesa cuyo nombre se desconoce, con quien tuvo un
hijo en el año 372, llamado Adeodatus, que en latín significa regalo de
Dios.


Contienda intelectual

Inspirado por el tratado Hortensius de
Cicerón, Agustín se convirtió en un ardiente buscador de la verdad, que
le llevó a estudiar varias corrientes filosóficas. Durante nueve años,
del 373 al 382, se adhirió al maniqueísmo, filosofía dualista persa, muy
extendida en aquella época por el imperio romano. Su principio fundamental
es el conflicto entre el bien y el mal, y a Agustín el maniqueísmo le
pareció una doctrina que parecía explicar la experiencia y daba respuestas
adecuadas sobre las cuales construir un sistema filosófico y ético.
Además, su código moral no era muy estricto; Agustín recordaría
posteriormente en sus Confesiones: "Concédeme castidad y continencia,
pero no ahora mismo". Desilusionado por la imposibilidad de reconciliar
ciertos principios maniqueístas contradictorios, Agustín, abandona la
doctrina y decide por el escepticismo. En el año 383 se traslada de Cartago
a Roma, y un año más tarde se va a Milán como profesor de retórica.
Allí se mueve en círculos neoplatónicos. Allí también conoce al obispo
de la ciudad, al gran Ambrosio, la figura eclesial de mayor renombre por
santidad y conocimiento de aquel momento en Italia. Ambrosio le recibió con
bondad y le ilustró en las ciencias divinas. Y así, poco a poco, renace en
Agustín un nuevo interés por el cristianismo. Su mente, tan prodigiosa,
inquita y curiolsa, va descubriendo la Verdad que hasta ahora le había
eludido, sin embargo, vacilaba en su compromiso por debilidades de la carne,
temía comprometerse porque sabía que tendría que reformar su vida
disoluta, y dejar atrás muchos gustos y placeres que tanto le atraían.
Rezaba a menudo, "Señor, dame castidad, pero no ahora. "Pero un día, según su propio relato,
escuchó una voz, como la de
un niño, que le decía: Tolle et legge (toma y lee). Pero, al
darse cuenta que estaba completamente solo,
le pareció
inspiración del cielo y una exhortación divina a leer las Santas
Escrituras. Abrió y leyó el primer pasaje que apareció al azar: "…no
deis vuestros miembros, como armas de iniquidad al pecado, sino ofreceos
más bien a Dios como quienes, muertos, han vuelto a la vida, y dad vuestros
miembros a Dios como instrumentos de justicia. Porque el pecado no tendrá
ya dominio sobre vosotros, pues que no estaís bajo la Ley, sino bajo la
gracia" (Rom 13, 13-14). Es entonces cuando Agústín se decide,
y sin reserva, se entrega en alma y cuerpo a Dios, siguiendo su ley y
explicandola a otros. A los 33 años de edad recibe el santo bautismo en la Pascua del año 387.
Su madre que se había trasladado a Italia para estar cerca de él, se
llenó de gran gozo.

Agustín, ya convertido, se dispuso
volver con su madre a su tierra en África, y juntos se fueron al puerto de
Ostia a esperar el barco. Pero Mónica ya había obtenido de Dios lo que
más anhelaba en esta vida y podía morir tranquila. Sucedió que estando
ahí en una casa junto al mar, por la noche, mientras ambos platicaban
debajo de un cielo estrellado de las alegrías que esperaban en el cielo,
Mónica exclamó entusiasmada : "¿Y a mí que más me puede amarrar a
la tierra ? Ya he obtenido mi gran deseo, el verte cristiano católico. Todo
lo que deseaba lo he conseguido de Dios". Poco días después le
invadió una fiebre y murió. Murió pidiendo a su hijo "que se
acordara de ella en el altar del Señor". Murió en el año 387, a los
55 años de edad.


Obispo y teólogo

Agustín regresó al norte de África y fue
ordenado sacerdote el año 391, y consagrado obispo de Hipona (ahora Annaba,
Argelia) en el 395, a los 41 años, cargo que ocuparía hasta su muerte. Fue
un periodo de gran agitación política y teológica; los bárbaros
amenazaban el imperio romano llegando incluso a saquear a Roma en el 410, y
el cisma y la herejía amenazaban internamente la unidad de la Iglesia.
Agustín emprendió con entusiasmo la batalla teológica y refutó
brillantemente los argumentos paganos que culpaban al cristianismo por los
males que afectaban a Roma. Combatió la herejía maniqueísta y participó
en dos grandes conflictos religiosos, el uno contra los donatistas, secta
que sostenía que eran inválidos los sacramentos administrados por
eclesiásticos en pecado. El otro, contra las creencias pelagianos,
seguidores de un monje británico de la época que negaba la doctrina del
pecado original. Durante este conflicto, que duró por mucho tiempo,
Agustín desarrolla sus doctrinas sobre el pecado original y la gracia
divina, soberanía divina y predestinación. Sus argumentos sobre la gracia
divina, le ganaron el título por el cual también se le conoce, Doctor de
la Gracia. La doctrina agustiniana se situaba entre los extremos del
pelagianismo y el maniqueísmo. Contra la doctrina de Pelagio mantenía que
la desobediencia espiritual del hombre se
había producido en un estado de pecado que la naturaleza humana era incapaz
de cambiar. En su teología, los hombres y las mujeres son salvos por el Don
de la Gracia Divina. Contra el maniqueísmo defendió con energía el papel
del libre albedrío en unión con la gracia.

Agustín murió en Hipona el 28 de
agosto del año 430.


Obras

La importancia de San Agustín entre los
Padres y Doctores de la Iglesia es comparable a la de San Pablo entre los
Apóstoles. Como prolífico escritor, apologista y brillante estilista. Su
obra más conocida es su autobiografía Confesiones (400), donde narra sus
primeros años y su conversión. En su gran obra apologética La Ciudad de
Dios
(413-426), formula una filosofía teológica de la historia, y compara
en ella la ciudad de Dios con la ciudad del hombre. De los veintidós libros
de esta obra diez están dedicados a polemizar sobre el panteísmo. Los doce
libros restantes se ocupan del origen, destino y progreso de la Iglesia, a
la que considera como oportuna sucesora del paganismo. Sus otros escritos
incluyen las Epístolas, de las que 270 se encuentran en la edición
benedictina, fechadas entre el año 386 y el 429; sus tratados De libero
arbitrio (389-395), De doctrina Christiana (397-428), De Baptismo,
Contra
Donatistas
(400-401), De Trinitate (400-416), De natura et gratia (415),

Retracciones
(428) y homilías sobre diversos libros de la Biblia.

(información recopilada de varias fuentes)

San Agustín y el niño

La historia de San
Agustín con el niño es por muchos conocida. La misma surge del mucho
tiempo que dedicó este gran santo y teólogo a reflexionar sobre el
misterio de la Santísima Trinidad, de cómo tres personas diferentes
podían constituir un único Dios.

Cuenta la historia que mientras Agustín paseaba un
día por la playa, pensando en el misterio de la Trinidad, se encontró a un
niño que había hecho un hoyo en la arena y con una concha llenaba el
agujero con agua de mar. El niño corría hasta la orilla, llenaba la concha
con agua de mar y depositaba el agua en el hoyo que había hecho en la
arena. Viendo esto, San Agustín se detuvo y preguntó al niño por qué lo
hacía, a lo que el pequeño le dijo que intentaba vaciar toda el agua del
mar en el agujero en la arena. Al escucharlo, San Agustín le dijo al niño
que eso era imposible, a lo que el niño respondió que si aquello era
imposible hacer, más imposible aún era el tratar de decifrar el misterio de la Santísima Trinidad.

Oración
Renueva,
Señor, en tu Iglesia el espíritu que infundiste en San Agustín para que,
penetrados de ese mismo espíritu, tengamos sed de Tí, fuente de sabiduría,
te busquemos como el único amor verdadero y sigamos los pasos de tan gran
santo. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.


Oración por las Vocaciones
Glorioso
Padre San Agustín, que abriste un camino de entrega a Dios
al descubrir la hermosura de la vida religiosa; concédeme a mí, que me
creo también llamado por Él, a ver claramente mi camino; ayúdame a
ser fiel a esa vocación divina; que la estime en todo su valor,
que huya de las personas y cosas que me la pueden arrebatar; que sea desde
hoy muy generoso para decir sí el día de mi total entrega.
Amén.

 

Fuente: EWTN

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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