Panorama Católico

300. (Favor de no ver…)

300 (2006)
Director: Zack Snyder

300 (2006)
Director: Zack Snyder

Entre la tonalidad surrealista de algunos momentos de Gladiador y cierta espectacularidad en las batallas que ha tomado prestado excesivamente de El Señor de los Anillos se ha pergeñado este filme, basado en un comic clásico. Un cóctel peligroso de cierta información histórica, con monstruos tolkenianos y varias escenas de franca obscenidad.

La palabra “obsceno” viene del lenguaje propio del teatro griego. Decían los griegos ser “obsceno” aquello que no puede ponerse en escena (por ejemplo el crimen) y por tanto debe ser referido por algún personaje, nunca mostrado directamente. El teatro purgaba las pasiones de los espectadores (catharsis) pero no exhibiéndolas sino refiriendo sus consecuencias.

El tema de 300 (alude a los 300 espartanos que defendieron el Paso de las Termópilas durante (¿2 o 10 días?) contra las fuerzas de Jerjes I, calculadas en más de dos millones y medio de soldados, según Herodoto. Se dice que dicho paso tendría un ancho de 15 metros, en medio de escarpadísimos acantilados. Era la entrada a toda la Grecia central.

Leónidas, con su sacrificio, sus espartanos y el de otros 700 soldados de la ciudad de Tespias, que se negaron a ser licenciados cuando una traición los condenó al encierro por la retaguardia, dio tiempo a los griegos a reagruparse en Salamina, donde su flota venció a la persa a pesar de una desventaja de 4 a 1 en número. Antes de estos hechos heroicos, la batalla de Maratón hirió fuertemente la fama de invencibilidad de los persas. Luego de Salamina, que determinó el abandono de Jerjes del territorio griego, la batalla de Platea completo la derrota final de los invasores.

Sin duda, esta serie notable de hechos heroicos, en particular el singularísimo de la defensa de las Termópilas tiene la virtud de excitar el espíritu de heroísmo tan apagado en nuestra sociedad y en particular en nuestra juventud.

300, en clave de comic y con letras de sangre.

Al ver el anuncio del filme y sin información previa no nos fue posible reconocer la referencia del título. El afiche sugería una película de monstruos mitológicos ambientada en una cierta escenografía entre antigua y medieval, que explotaba la popularidad de la figura caballeresca conserva hasta la actualidad. En una saga futurista como en Star Wars, por ejemplo, el elemento caballeresco (guerrero noble, batalla singular, espadas, honor, lealtad, ancianos sabios, etc.) es el soporte principal de la narración y de la estética. Toda la serie de historias ingeniosamente presentadas en una secuencia narrativa no cronológica es una gran alegoría de un gobierno mundial (universal) al que se oponen los malos de turno.

En 300, es evidente que el esquema ideológico se repite. Aquí los espartanos son un imperio del que se predica (con aparente precisión histórica) ciertos rasgos -eugenesia, culto al Estado, respeto religioso por la ley- mientras que, el discurso puesto en boca de los principales personajes podría asimilarse a los términos con que se ha predicado la guerra de Bush contra el “el eje del mal”. Recordemos que los “persas” son los antepasados de los actuales iraníes, solo que en aquellos tiempos no eran islámicos por obvias razones ni eran negros, como son presentados aquí realizando una notable mutación genética de este pueblo ario.

Como todo comic, introduce elementos fantásticos (monstruos de aspecto de orcos, gigantes, animales de proporciones desmesuradas. “Los inmortales”, guardia personal de Jerjes, podría ser el ejército de Sáruman salvo por un cierto refinamiento artístico en sus armaduras.

Inclusive –notable detalle- el traidor que revela el paso alternativo para rodear a Leónidas y los suyos, es un hombre monstruoso no sometido a las leyes de la eugenesia de la época (arrojarlos desde el monte Taijeto al precipicio) a causa de la debilidad de su madre, que lo salvó porque sintió por él el despreciable sentimiento de la conmiseración y pudo más su amor maternal que la fuerza de la ley de un Estado totalitario y contrario a la moral natural. Salvamos al monstruo y obtenemos un traidor al Estado. Notable reminiscencia del maltusianismo en vigor en el mundo globlalizado actual.

Obscenidad

Conforme a un prudente criterio moral, estos significados implícitos podrían ser explicitados con cierto provecho para espectadores adolescentes. Pero hay al menos dos cuestiones que a nuestro entender son objetables y al menos una insalvable. La brutal violencia que constituye una buena porción del filme, violencia exacerbada en detalle porque se sabe que la sangre excita ciertas pasiones y da taquilla. Naturalmente, es una guerra justa y la guerra es violenta. Podría haberse ahorrado al espectador excesivas cámaras lentas y regueros de sangre y miembros sin por eso dejar de mostrar el rigor de la lucha. El acostrumbramiento a la violencia, en especial entre los niños jóvenes, sobre todo a una violencia “virtual” –se sabe- es dañino para la formación espiritual.

Lo que nos parece insalvable es la cantidad de escenas obscenas (dicho ahora en el sentido actual del término) que se prodigan con detalle tanto para mostrar la concordia marital de Leónidas como las perversiones que plagaban la corte de Jerjes. Ni un acto de “adulterio patriótico” de la esposa de Leónidas nos ha querido ahorrar guionista, ni las contorsivas desnudeces de una pitonisa de excelente figura (¿acaso una licencia historica?) ni los detalles de todas y cada una de las consecuencias del sexo sujeto a la perversión satánica de los “bárbaros”. Ni tan siguiera la impudicia de la reina de Esparta, aficionada a los paseos públicos con atavíos de pasarela de moda.

También podríamos discutir la coherencia del discurso liberal de los espartanos, esclavizadores, detalle delicadamente omitido. O la actitud de Leónidas frente al mandato de los dioses de no presentar batalla (según el filme) lo que hubiera sido considerado un acto de impiedad gravísimo. O su actitud frente a un Jerjes payasesco que le reclama adoración. Los motivos del rechazo, meritorio en sí, dejan lugar a la duda sobre la religiosidad del héroe espartano. Este Leónidas está fuertemente picado de ateísmo. Lo mismo que la ternura de uno de sus capitanes ante la muerte de su hijo: “nunca le dije cuanto lo amaba”… no suena muy espartano o los espartanos habían sido mucho más sentimentales de lo que se describe al comienzo del filme.

Calificación:

Para concluir esta ya demasiado larga revisión: no la recomiende, seducido por el heroísmo patriótico de los espartanos de la historia. Esto que se ve tiene un componente de elementos muy distintos. Algunos de los cuales, son seriamente objetables desde el punto de vista moral.

Y para una sana vida moral no solo es necesario el discernimiento intelectual, sino el apartamiento de toda imagen obscena, indecorosa o impura. Un tema de moral natural y cristiana olvidado por muchos.

Director: Zack Snyder

Guión: Zack Snyder & Kurt Johnstad (Basada en el comic de Frank Miller sobre la batalla de las termópilas en 480 A.C.)

Elenco:

Gerard Butler … Rey Leónidas
Lena Headey … Reina Gorgo
Dominic West … Theron
David Wenham … Dilios
Vincent Regan … Captain
Michael Fassbender … Stelios
Tom Wisdom …
Astinos
Andrew Pleavin … Daxos
Andrew Tiernan … Ephialtes
Rodrigo Santoro … Xerxes
Duración: 117 min
País: USA
Idioma: Inglés
Color: Color

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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