Panorama Católico

30º Aniversario de la Consagración a la Virgen de la FSSPX

Se cumplieron 30 años de la Consagración de la FSSPX a la Santísima Virgen y a su Corazón Doloroso e Inmaculado. Coincidiendo con la fiesta de la Inmaculada, en 1984 se produjo esta consagración después de una noche de adoración.

Consagración de la FSSPX a la Santísima Virgen y a su Corazón Doloroso e Inmaculado

El 8 de diciembre, fiesta de la Inmaculada Concepción, se cumplen los 30 años en que la Fraternidad Sacerdotal San Pío X se consagró de manera irrevocable a la Santísima Virgen María bajo el título especial de su Corazón Doloroso e Inmaculado. Tanto sacerdotes como fieles se prepararon esmeradamente a esta Consagración.
De ella esperaba la Fraternidad, y sigue esperando, la protección de la Virgen Santísima contra los errores y peligros en que hoy se ve sumida la Iglesia, y los abundantes frutos de santificación y salvación que anhela llevar para Dios, para la Iglesia y para las almas.
Por ello, nos ha parecido sumamente conveniente recordar a los fieles, y poner a su alcance, el texto de esta Consagración, invitándolos también a renovarla en sus hogares el día de la Inmaculada.
            A Ti recurrimos, Inmaculada Madre de Dios, en esta hora trágica de la humanidad, en medio de esta tempestad sin precedentes que conmueve desde sus cimientos a la Iglesia. ¡De qué compasión no estarás embargada ante la pasión de la Iglesia, cuerpo místico de Nuestro Señor, Tú, que de pie junto al Calvario, has participado tan íntimamente de los sufrimientos de tu divino Hijo!
            Mientras en el exterior el comunismo extiende sus errores hasta infeccionar la misma Iglesia, en el seno de ésta el virus del falso ecumenismo envenena innumerables almas, descarriándolas o manteniéndolas fuera de la unidad de la verdadera fe y de la única Arca de Salvación.
            Quiera Dios, en medio de tantas ruinas y traiciones, disponer nuestra Fraternidad Sacerdotal, según anteriores ejemplos, como un peque­ño ejército de reconstructores. Mas, consciente de su debilidad, ésta se vuelve hoy hacia Ti, Virgen Poderosa, Auxilio de los Cristianos. Ante la magnitud de nuestra misión y desconfiando de nuestras fuerzas, ¡oh Virgen Terrible como ejército en orden de batalla, que has recibido desde el comienzo la promesa de aplastar la cabeza de la serpiente!, queremos ampararnos bajo tu maternal y poderosa protección. ¡Oh Arca de la Alianza!, en medio de los peligros que nos amenazan, suplicamos a Dios se digne confirmar por Ti nuestra vocación de servir a su Iglesia.
            Por ello, ¡oh Virgen Inmaculada!, prosternados hoy al pie de tu trono de gracia y deseosos de acrecentar tu alabanza y tu gloria, y a fin de sumar nuestra pequeña parte al amor filial de Cristo, tu Hijo, bajo la advocación de tu Corazón Doloroso e Inmaculado, te consagramos irrevocablemente, ¡oh dulcísima Madre!, la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, sus sacerdotes, sus seminaristas, sus hermanos, sus hermanas, sus oblatas, su orden tercera y toda su familia espiritual.
            Para que seas de ahora en adelante la Soberana de la Fraternidad, por un acto de perpetua donación entre tus manos, te ofrecemos y entregamos nuestros bienes y nuestras casas, a fin de que Tú seas la verdadera Propietaria. Te entregamos y consagramos nuestros cuerpos y nuestras almas; nos consagramos nosotros mismos, para que dispongas de nosotros según tu beneplácito. Te entregamos también las almas que nos han sido confiadas, para que las protejas con tu amparo maternal. Finalmente, ¡oh Reina de los Apóstoles!, te confiamos nuestro apostolado, para que de ahora en más sea tu apostolado.
            Nuestra Fraternidad es desde ahora tu dominio. ¡Oh Torre de Marfil!, sosténla tan firmemente que jamás se aparte del buen camino. ¡Oh Virgen Fiel!, guarda a cada uno de sus miembros aferrados inquebrantablemente a ella. ¡Oh Virgen Purísima!, mantén inmaculada nuestra fe, Tú, que has recibido el poder de exterminar las herejías en el mundo entero. ¡Oh Llena de Gracia!, conserva en la Iglesia el Sacrificio de la Misa en su antiguo y venerable rito romano, portador de gracias, y haznos permanecer fieles a él. ¡Oh Reina de todos los Santos!, haz florecer entre nosotros la santidad sacerdotal, religiosa y familiar. ¡Oh Madre de la Divina Gracia!, guarda nuestra Fraternidad como una rama fructífera y siempre viviente de la Santa Iglesia Católica Romana. ¡Oh Madre de la Iglesia!, obtén para nosotros la gracia de ser un instrumento cada vez más dócil y apto en las manos de Dios, para la salvación del mayor número posible de almas. Y para poder reconocer que Tú has escuchado nuestras oraciones, ¡oh Virgen Clemente!, envíanos muchos de esos obreros a los que llama el divino Señor de la Mies. Concédenos, finalmente, ¡oh Madre del Sumo Sacerdote!, la gracia de contribuir a la restauración del sacerdocio católico, y así, al esplendor del alma sacerdotal de Cristo, que finalmente llevará al establecimiento de su Reino sobre los individuos, las familias y los estados.
            Confiados en nuestro título de Apóstoles de Jesús y de María, te prometemos, ¡oh Reina de los Mártires y de los Confesores!, trabajar hasta nuestro último suspiro por la restauración de todas las cosas en Cristo, para el crecimiento de su Reino y para el glorioso triunfo, ¡oh María!, de tu Corazón Doloroso e Inmaculado. Amén.

† Ecône,
8 de diciembre de 1984

Acto de Consagración de Rusia al Corazón Inmaculado de María

Ofrecemos aquí, junto con el texto anterior, el acto de Consagración de Rusia que Monseñor Marcel Lefebvre realizó el 22 de agosto de 1987 en Fátima.
Casi 2000 peregrinos se reunieron en Fátima para esta ocasión, llegados de todas las partes del mundo. Muchos de ellos rezaron toda la noche en una vigila de oración.
Al día siguiente asistieron con profunda emoción a la misa pontifical que Monseñor Lefebvre celebró en honor del Corazón Inmaculado de María. En la homilía de esta misa el Prelado subrayó especialmente el lazo existente entre el secreto de Fátima y la crisis de fe que sacude a la Iglesia desde el Concilio Vaticano II.
Para concluir la ceremonia, Monseñor Lefebvre renovó la Consagración de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X a la Santísima Virgen, y realizó, en la medida en que estaba en su poder, la Consagración de Rusia al Corazón Inmaculado de María. Que nosotros sepamos, es la primera y única vez que un obispo dio cumplimiento, en cuanto de él dependía, al pedido de Nuestra Señora de Fátima.
            Prosternado al pie de tu trono de gracia, oh Reina del Santísimo Rosario, me propongo cumplir, en la medida en que está en mi poder, los pedidos que Tú misma nos dirigiste hace sesenta años, cuando te apareciste en esta tierra.
            Los abominables pecados del mundo, las persecuciones dirigidas contra la Iglesia de Jesucristo y sobre todo la apostasía de las naciones y de las almas cristianas, y por fin el olvido que la gran mayoría de los hombres tiene de tu Maternidad de gracia, abruman tu Corazón Doloroso e Inmaculado, tan unido en su Compasión a los sufrimientos del Sagrado Corazón de tu divino Hijo.
            A fin de reparar tantos crímenes, Tú reclamaste el establecimiento de la devoción reparadora a tu Corazón Inmaculado; y con el fin de detener los azotes de Dios por Ti misma predichos, te hiciste la Mensajera del Altísimo para reclamar del Vicario de Jesucristo, unido a todos los obispos del mundo, la consagración de Rusia a tu Corazón Inmaculado. Por desgracia, tu mensaje aún no ha sido tenido en cuenta.
            Por eso, a fin de anticipar el bendito día en que el Sumo Pontífice se decida por fin a cumplir los pedidos de tu divino Hijo, sin atribuirme ninguna autoridad que no me pertenezca, sino limitándome a dirigir una humilde súplica a tu Corazón Inmaculado, a título de obispo católico, lleno de solicitud por la suerte de la Iglesia universal y unido a todos los sacer-dotes y creyentes fieles, me resuelvo a responder por cuanto de mí depende a los pedidos del cielo.
            Dígnate, pues, oh Madre de Dios, aceptar en primer lugar el acto solemne de reparación que ofrecemos a tu Corazón Inmaculado por todas las ofensas con que, al igual que al Sagrado Corazón de Jesús, lo agobian los pecadores y los impíos.
            En segundo lugar, en la medida en que está en mi poder, damos, entregamos y consagramos Rusia a tu Corazón Inmaculado. Te rogamos que, con tu maternal misericordia, tomes a esta nación bajo tu poderosa protección, hagas de ella tu dominio rigiéndola como Reina, y transformes esta tierra de persecuciones en tierra de elección y de bendición. Te suplicamos que subyugues tan perfectamente a esta nación, que, convertida ya de su impiedad legal, llegue a ser un nuevo reino para Nuestro Señor Jesucristo, y una nueva heredad para su dulce cetro; que, convertida también de su antiguo cisma, vuelva a la unidad del único rebaño del Pastor eterno; y que, sometida así al Vicario de tu divino Hijo, se convierta en un ardiente apóstol del Reinado social de Nuestro Señor Jesucristo sobre todas las naciones de la tierra.
            Te suplicamos también, oh Madre de misericordia, que mediante este milagro tan resplandeciente de tu omnipotencia suplicante, manifiestes al mundo la verdad de tu Mediación universal de gracia.
            Dígnate finalmente, oh Reina de la paz, traer al mundo la paz que el mundo no puede dar, la paz de las armas y de las almas, la paz de Cristo en el Reino de Cristo, y el Reino de Cristo en el reino de tu Corazón Inmaculado, oh María. Amén.

† Marcel Lefebvre
Fátima, 22 de agosto de 1987

Bendita sea tu pureza,
y eternamente lo sea,
pues todo un Dios se recrea
en tan graciosa belleza.

A Ti, celestial Princesa,
Virgen sagrada, María,
te ofrezco en este día
alma, vida y corazón.
Mírame con compasión,
no me dejes, Madre mía.

Hojitas de Fe. hojitasdefe@gmail.com

P. José María Mestre Roc. jmmr.sem@gmail.com

 

 

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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