Panorama Católico

A 47 años del Rubricarum Instructum: dos cuestiones disputadas

Hace hoy 47 años se publicó el Motu Proprio Rubricarum Instructum de Juan XXIII sobre las nuevas rúbricas de la liturgia. A Propósito de algunas polémicas mantenidas en esta web sobre las rúbricas del Missale Romanum de 1962, particularmente sobre el rezo del Confiteor antes de la comunión de los fieles y el uso del birrete (birretum) hemos recopilado información para aquellos que deseen estudiar el tema.

Escribe Agustín Moreno Wester

Hace hoy 47 años se publicó el Motu Proprio Rubricarum Instructum de Juan XXIII sobre las nuevas rúbricas de la liturgia. A Propósito de algunas polémicas mantenidas en esta web sobre las rúbricas del Missale Romanum de 1962, particularmente sobre el rezo del Confiteor antes de la comunión de los fieles y el uso del birrete (birretum) hemos recopilado información para aquellos que deseen estudiar el tema.

Escribe Agustín Moreno Wester

A medida que nos vamos adentrando tímidamente en el mundo de la liturgia, vemos que, como principio, existe una diferenciación bien clara entre lo que es revelado y de tradición apostolica, por tanto intangible, y lo que es patrimonio de la costumbre humana, sea esta venerable, descaminada o redundante

Esta distinción se vuelve compleja, sin embargo, en la aplicación práctica de las normas litúrgicas. Aquí juegan elementos de discernimiento más difícil, como la claridad en la redacción de las rúbricas, la antigüedad de las costumbres, los privilegios particulares, la caída en desuso de rúbricas que continúan en vigencia en los libros… En fin, un mundo complejo, solo apto para especialistas.

Dos cuestiones queremos mentar aquí, puesto que ellas han sido señaladas por lectores de estas página como “abusos” o trasgresiones a la normativa del misal romano conforme a su edición típica de 1962. La prescripción de uso del birretum y la “supresión” del Confiteor antes de la comunión.

Acotemos al paso que los cambios introducidos en el llamado Misal del Juan XXIII ya habían sido estudiados durante el reinado de Pío XII, y sus inspiradores fueron esencialmente los mismos liturgistas quienes luego realizaron el Novus Ordo de 1970. Y que en esta materia el Papa Angélico, quizás menos atento a la praxis que a la doctrina, no haya percibido en los cambios precedentes al Concilio un cierto tímido ensayo de principios litúrgicos condenados por él mismo en su monumental encíclica Mediator Dei.

El 26 de julio de 1960 se promulga el Motu Proprio Rubicarum Instructum, de S.S. Juan XXIII, en el cual se da vigencia a las nuevas rúbricas de Misal, Breviario, Ritual y Pontifical romanos, las cuales se perfeccionan tomando forma definitiva en 1962.

En este breve decreto destaca un modo de plantear la cuestión que será a porsteriori a la hora de introducir cambios, el ordinario. Por ejemplo, señala que se han abreviado algunas horas canónicas reduciendo lecciones de los Santos Padres, en atención a las cargas pastorales que abruman a muchos sacerdotes obligados al breviario. El Papa, sin embargo, encarece a los mismos que han sido aliviados de esta obligación y en atención a la carencia que implica la supresión de estos textos, que tengan a mano y mediten las obras de los Santos Padres donde está lo que ha sido omitido en las horas canónicas…

Un adelanto del estilo legislativo que imperará hasta hoy en día en estas y otras materias. Suprimir por razones pastorales y recomendar al mismo tiempo se vuelva a lo que se ha suprimido, dejando a la buena voluntad de cada sacerdote seguir la recomendación. La Sacrosactum Concilium, por ejemplo, encarece el uso del latín y a la vez anima el uso de las lenguas vernáculas en ciertos casos. El Novus Ordo Missae, esta plagado de este tipo de sugerencias: son ejemplos acabados de un modo de legislar que parece dirigido a ángeles. La naturaleza humana, más inclinada a lo fácil que a lo arduo, y a la ligereza que a la prudencia hace el resto.

Birrete y autoridad

Queremos dejar en claro que las cuestiones aquí planteadas no nos parecen de fondo ni que ameriten mayor discusión. Dados los abusos en vigencia en los días presentes, estos puntos parecen trivialidades. Solo nos los consideramos útiles para mostrar la complejidad de la legislación en materia litúrgica, y el peligro de meter mano en ella con apresuramiento y sin razones verdaderamente graves, añgo que es uso común en estos días.

Pero para no alargarnos en consideraciones, veamos las dos objeciones presentadas en la polémica: el uso del birrete, capucha, etc. con que se toca o cubre el sacerdote en su camino de la sacristía al altar, conforme al misal romano antiguo.

Esta obligación, que había caído en desuetudo en muchos lugares, viene de muy antiguo y tiene un valor simbólico importante. El sacerdote se cubre como signo de autoridad. Por eso llegaba al altar con su birretum o tricornio en el caso del clero secular o su capucha cubriendo la cabeza en el del regular. Desde antiguo los sacerdotes se cubrían la cabeza, como podemos comprobar en documentos pictóricos de diversas épocas

Esta costumbre ha sobrevivido en el uso del solideo y de la mitra como signos de la autoridad episcopal. Por eso el obispo predica, confiere ordenes, recibe votos, etc, -por mencionar algunos casos-con la mitra puesta. Pero realiza otras acciones litúrgicas, (oraciones al pie del altar, administrar la comunión) solo con el solideo. Y se lo quita para consagrar, puesto que allí está frente a una autoridad suprema, Dios mismo.

Sobre el birrete dice la rubrica del ritus servandus tradicional antes de 1962

I – De Præparatione Sacerdotis celebraturi

Sacerdos, omnibus paramentis indutus, accipit manu sinistra Calicem, ut supra præparatum, quem portat elevatum ante pectus, Bursam manu dextera super Calicem tenens, et facta reverentia Cruci, vel imagini illi, quæ in Sacristia erit, capite cooperto accedit ad Altare, ministro cum Missali et aliis ad celebrandum necessariis (nisi ante fuerint præparata) præcedente, superpelliceum induto. Procedit autem oculis demissis, incessu gravi, erecto corpore. Si vero contigerit eum transire ante Altare majus, capite cooperto faciat ad illud reverentiam. Si ante locum Sacramenti, genuflectat. Si ante Altare ubi celebretur Missa, in qua elevatur, vel tunc ministratur Sacramentum, similiter genuflectat, et detecto capite illud adoret, nec ante surgat quam Celebrans deposuerit Calicem super Corporale.

Capite cooperto accedit ad Altare.

A partir de las rúbricas de Juan XXIII se sustituye este texto por el siguiente:

Sacerdos, omnibus paramentis indutus, accipit manu sinistra calicem, ut supra præparatum, quem portat elevatum ante pectus, bursam manu dextera super calicem tenens, et facta reverentia Cruci, vel imagini illi, quæ in sacristia erit, accedit ad altare, ministro cum missali et aliis ad celebrandum necessariis (nisi ante fuerint præparata) præcedente, superpelliceum induto. Procedit autem oculis demissis, incessu gravi, erecto corpore. Si vero contigerit eum transire ante altare maius, faciat ad illud reverentiam. Si ante locum Sacramenti, genuflectat. Si ante altare ubi celebretur Missa, in qua elevatur, vel tunc ministratur Sacramentum, similiter genuflectat, et detecto capite illud adoret, nec ante surgat quam celebrans deposuerit calicem super corporale.

No se menciona aquí el uso de birrete o la obligación de cubrirse la cabeza.

El sitio web www.ceremoniaire.net que contiene amplia documentación sobre el tema comenta en nota (en francés), sobre desaparición del texto en cuestión.

Desde 1570 a 1960 el texto dice “capite cooperto accedit ad altare” [llega al altar con la cabeza cubierta}. En 1961 desaparece “capite cooperto” y se agrega in fine, en los números I-3 “que : et, convenientur, caput tegit”. Aunque mantiene en 1961 la expresión “ante altare maius, capite cooperto faciat ad illud reverentiam” un poco más adelante, “capite cooperto” desaparece en 1962.

Aquí cesa toda la legislación sobre el tema. Debemos concluir que la obligación del uso del birrete es dudosa. No está prohibido ni mandado.

La cuestión del “tercer Confiteor”.

Es sabido que el Missale Romanum tradicional prescribía el rezo de la oración penitencial Confiteor y el subsiguiente Misereatur y absolución en tres lugares: primero en las oraciones al pie del altar. Por parte del sacerdote, que confesaba ante Dios Todopoderoso, la Santísima Virgen María, los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, etc. … et vos fratres… es decir “y ante vosotros, hermanos” haber pecado de pensamiento, palabras y obras. Luego los asistentes (acólitos y fieles) volvían a rezarlo cambiando la expresión por “et te pater” al referirse al celebrante como testigo de su confesión. Luego el sacerdote daba la absolución no sacramental a los asistentes precedida por la fórmula Miseratur vestri, omnipotes Deus…

Finalmente el confíteor era rezado por el acólito (o cantado por el diácono en el caso de misa solemne) antes del Ecce Agnus Dei, y el sacerdote volvía a dar la absolución. Desde antiguo, en grandes celebraciones estaba establecida en algunos lugares de Europa la costumbre de detener cada tanto el flujo de comulgantes, cuando estos no cabían en el templo y volver a rezar el Confiteor si el diácono consideraba que el grupo ingresante al templo no había podido rezarlo. Se consideraba un acto de piedad apropiado antes de recibir la comunión

En las rúbricas aprobadas por la Rubicarum Instructum se menciona cinco veces la palabra Confiteor.

1) Al referirse al Oficio Divino (Capítulo 2 in fine)
2) Idem (Nº 263 c)
3) Indicando que se dice ante las gradas en las oraciones al pie del altar. (Nº 424)
4) Refiriéndose al tono de voz del sacerdote en determinados momentos de la ceremonia (Nº 513 a).
5) Indicando quiénes en el coro deben arrodillarse durante su rezo (Nº 520)

Nada se dice del rezo del Confiteor y el Misereatur vestri seguido de la absolución después de la comunión del sacerdote y antes del Ecce Agnus Dei en las rúbricas del Misal Romano de 1962. En la edición príncipe se hace, sin embargo, alusión a una ablución que acompañaba la comunión de los fieles desde antiguo y cuya práctica había caído en desuso mucho tiempo atrás aunque seguía figurando en los misales. En las siguientes se omite toda mención de esta práctica de ablución.

Otro detalle curioso es que en el ritual de los sacramentos, en la parte referida a la comunión, se manda el rezo del Confiteor por parte del acólito o diácono y del Misereatur vestri con absolución por parte del celebrante. No sabemos si solo para la comunión fuera de la misa o también se aplica a la comunión durante la misa. Cuestión que dejamos a los entendidos.

La pregunta es ¿fue suprimido el Confiteor antes de la comunión junto con la ablución? Tengamos en cuenta que esta práctica penitencial no había caído en desuso, se realizaba normalmente y estaba prescripta por las rúbricas, en tanto la ablución, aunque figuraba en ellas, no se practicaba. Finalmente vemos que en el ritual de los sacramentos de 1962, la ablución ya no figura, pero sí el confíteor. En el misal no se menciona ninguna de las dos.

Hay al menos una duda razonable sobre la supresión del “tercer Confiteor”, costumbre antigua y vigente hasta 1962. No se la suprime expresamente y se la incluye en las rúbricas del ritual, lo cual, normalmente habilita al sacerdote considerar la legislación dudosa y por lo tanto a proseguir con la práctica anterior, puesto que ley dudosa no obliga.

Entendemos que lo mismo podría decirse del birretum.

Invitamos a los entendidos a hacer aportes y precisiones.

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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