Panorama Católico

A propósito de las vacunas contra la rubeola

No es nuestra intención polemizar sobre este tema en cuanto tiene de opinable. Ni es posible analizarlo en abstracto porque no es un tema especulativo. Es un tema científico-médico.

 

Escribe Marcelo González

No es nuestra intención polemizar sobre este tema en cuanto tiene de opinable. Ni es posible analizarlo en abstracto porque no es un tema especulativo. Es un tema científico-médico.

 

Escribe Marcelo González

Como tal, una vez hecha la advertencia de que -según denuncias periodísticas- las vacunas utilizadas en la campaña ministerial contra la rubeola podrían contener sustancias extrañas a la fórmula, nos parece que todo lo prudente que podemos hacer los que no somos científicos, es gestionar por medio de personas e instituciones técnicamente capacitadas y moralmente insospechables el análisis de muestras. Si dieran resultados positivos, proveer los elementos necesarios para exigir una investigación administrativa y/o iniciar las demandas judiciales correspondientes. Si es posible, pedir medidas cautelares a fin de prevenir daño a la población.

La advertencia se ha hecho por los medios que habitualmente disponemos quienes tenemos un pensamiento independiente y por consecuencia escasos recursos financieros.

En materia de salud, la gente tiene una fuerte propensión a la alarma, de modo que el efecto preventivo se ha logrado en cierta medida. Conocemos muchos casos de personas que han desistido de la vacunación.

También es verdad que se ha causado un cierto nivel de angustia a otros tantos que ya se habían vacunado. Aquí debemos asumir con toda seriedad las responsabilidades que nos incumben como medios de prensa. No hay derecho a alarmar a la población sin indicios razonables, y, por otra parte, atentaríamos contra la confianza de nuestros lectores tomando un tema tan grave a la ligera. Por eso nuestra postura ha sido consultar, indagar y esperar. Lo que averiguamos con certeza lo hemos publicado en la nota "Diez preguntas sobre la Vacunación contra la Rubeola".

El pueblo sencillo y las instituciones científicas

El pueblo sencillo, el más expuesto a la propaganda y a la desinformación, pudo haber sido prevenido rápidamente si los grandes medios periodísticos hubieran tomado interés en el tema. Y el único modo de que esto -tal vez- hubiese podido ocurrir hubiese sido la producción de un informe avalado por alguna institución científica de peso, que demostrase al menos la existencia de irregularidades en esta cuestión. Pero estas, por el contrario, han apoyado la campaña. Por ejemplo la Sociedad Argentina de Pediatría, que afirma "La Sociedad Argentina de Pediatría brinda su apoyo a la Campaña Nacional de Vacunación y su compromiso para alcanzar el objetivo de eliminar el Síndrome de Rubéola Congénita de la República Argentina".

No conocemos tampoco informes de asociaciones de médicos católicos. Lo mismo que instituciones provida, muchas de las cuales han guardado prudente silencio, una actitud a tener en cuenta puesto que suelen participar muy activamente en denuncias sobre temas concernientes a la salud y la bioética. La cosa no es muy clara.

Barajar y dar de nuevo

A esta altura de la campaña oficial y en medio de rumores e informaciones giradas principalmente por internet, nos parece prudente replantear el caso para no perder el hilo de la cuestión. Todo comenzó con una denuncia realizada por cadena de correos electrónicos en los que se afirmaba la presencia de la hormona Gonadotrofina Coriónica Humana (GCH) en la vacuna de la campaña oficial contra la rubeola.

La lógica pregunta que se hace un lego en materia sanitaria es la siguiente ¿Por qué aparecería esta hormona y qué efecto causaría? Desgranemos el asunto.

¿Hay GCH en las vacunas?

El único análisis de muestreo que conocemos (el Ministerio de Salud refiere otros pero no los ha dado a conocer) es sobre 10 dosis, 6 de doble viral que forman parte de la campaña, 3 de triple viral y una de sabín oral.

De diez muestras, las 6 de doble viral no registran presencia de gonadotrofina coriónica. Una triple viral y una sabín aparentemente registran niveles de esta hormona. El análisis, con tres firmas y sellos de la Facultad de Bioquímica y Farmacia de la Universidad de Buenos Aires, no es acompañado de ningún informe.

Hemos hablado con dos de los responsables de este análisis. Extremadamente reticentes a decir nada, solo han admitido que fue solicitado por el Ministerio de Salud y que salió a la luz pública por una filtración informativa. Llama la atención el temor de los científicos a las indagaciones periodísticas. En todo momento nos refirieron a la web del Ministerio de Salud.

Allí se afirma que se "envió muestras de vacuna SR y controles al laboratorio del Departamento de Bioquímica Clínica de la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la Universidad de Buenos Aires. Estas muestras se analizaron por el método de quimioluminiscencia, empleando el equipo IMMULITE 2000, que tiene una elevada sensibilidad (1,1 mUI/ml) en relación con otras metodologías diagnósticas. Además su especificidad es muy elevada, a diferencia de otros equipos y metodologías que reportan falsos positivos. En ninguna de las muestras de vacuna SR (muestras No 1 a 6) analizadas se detectó niveles de HCG. Se analizaron también 4 controles (muestras No 7 a 10) entre ellos vacuna triple viral y Polio Oral Sabin.

Es importante aclarar que los resultados de laboratorio de determinaciones de HCG deben analizarse en base al equipo empleado, la sensibilidad y especificidad del método utilizado, los puntos de corte y curvas de resultados de cada método y siempre, requiere del procesamiento de muestras control (conocida negativas) para comparar los resultados e interpretarlos adecuadamente".

La explicación resulta muy técnica pero poco amplia, pues no muestra los análisis, no refiere los valores positivos y naturalmente no los explica.

En efecto, nada dice de los dos aparentes positivos en las muestras de control, es decir, las que se incluyen en el análisis tomadas de otro lote que no es el cuestionado, lo cual es un procedimiento de rutina. Fuentes científicas de nuestra confianza nos aseguran que las muestras 9 y 10, que no son de la campaña, registran lo que habitualmente se denomina "falso positivo", inmunofluorecencias atribuibles a otras sustancias. Sin embargo, en Ministerio afirma de este análisis, sin sostenerlo con más explicaciones. que "su especificidad es muy elevada, a diferencia de otros equipos y metodologías que reportan falsos positivos…" (?)

Lo relevante es que, los positivos, falsos o no, se detectaron en vacunas que no son de la campaña.

El Ministerio afirma haber enviado muestras a la Universidad Católica Sede Buenos Aires, al Hospital Naval y a autoridades sanitarias de la Prov. de Santa Fe. Descartando las dos últimas por ser sospechables de coerción por parte del gobierno central, nos preguntamos qué habrá sido de las muestras enviadas a la Universidad Católica, si es que lo fueron. Esta institución aparentemente no acusa recibo ni presenta resultados en ningún sentido.

En definitiva, no hay prueba alguna de presencia de GCH en la vacunal doble viral.

¿Qué sabemos hasta ahora?

Ante todo hay que circunscribir el tema: buscamos sustancias extrañas en la vacuna contra la rubeola. En la Argentina esta vacuna se aplica habitualmente bajo la forma de doble viral (rubeola / sarampión) o triple viral (rubeola / sarampión / paperas). También hay vacunas antirubeólicas simples, pero son más caras y por lo tanto se utilizan normalmente en casos de vacunación individual.

Por lo tanto toda otra consideración, por ejemplo quién financia al Serum Institute, quien inventó la vacuna antifertilidad, o cuanta maldad existe en la OMS se sale de la cuestión. Son consideraciones politicas, morales, o información científica no relevante al caso.

La confusión india

Así pues, cuando se afirma que la vacuna del Serum Institute de la India (la que se usa en esta campaña y en la del Perú) fue desarrollada experimentando sobre fetos humanos, estamos salíendonos de la cuestión. Es posible que sea así, tampoco lo sabemos con certeza. Asumamos que sí. En tal caso se trataría de una cuestión bioética que no tiene nada que ver con los efectos presuntamente esterilizantes de la vacuna.

Sería un caso más de procedimientos científicos contrarios a la moral. Si la cepa de la vacuna se desarrolló sobre fetos abortados, es algo horroroso y repudiable, pero inconsecuente al efecto de establecer si se está aplicando algo distinto que la vacuna contra la rubeola. Por otra parte una cosa es la fase experimental y otra la producción industrial.

Otra novedad india suma datos sin aclarar el tema rubeola. Se hace pública de pronto una información que ya era bien conocida. En la India, con apoyo europeo y canadiense (y de la Fundación Rockefeller probablemente), desde hace más de 25 años se está desarrollando una vacuna anticonceptiva.

Se trata, en realidad, de una vacuna abortiva, puesto que inhibe el desarrollo del embrión. Según las descripciones de las publicaciones médicas, actúa sobre la gonadotrofina coriónica humana, que es la hormona que comienza a producir la embarazada para favorecer la implantación del embrión en el momento de quedar encinta.

La así llamada "vacuna antifertilidad" está en la fase 2 de experimentación, por lo que sabemos. Consiste en la inoculación de GCH (no sabemos si en forma natural o modificada) y dos toxoides que se le combinan. Esta combinación produce, afirman los desarrolladores, la estimulación de anticuerpos contra la GCH. Es una especie de "engaño" al sistema inmunológico. El cuerpo de la mujer reacciona hostilmente a la presencia de la GCH, que se secreta apenas se produce el embarazo, y la ataca, como si fuese un elemento nocivo. Como resultado, el embrión no puede anidarse en el útero y muere. Aborto.

Nótese que la vacuna que se está experimentando no opera por medio de la GCH sola sino, combinada con al menos dos toxoides, combinación que altera el sistema inmunológico.

Antecedentes no muy comprobados

Se refieren al menos un caso de adulteración de la vacuna contra el tétanos en Filipinas y otro en México en una campaña contra la difteria, ambos con vacunas que tienen como componente normal un toxoide, el tetánico y el diftérico. Parece razonable pensar que pudiese ocultarse allí una vacuna "antifertilidad". Las condiciones estarían dadas. No es el caso de la vacuna contra la rubeola. De modo que si se estuviera escondiendo esta vacuna "antifertilidad" en la de la rubeola, habría que encontrar no solo GCH sino también algún toxoide que desate, combinado con esta, la reacción inmunológica.

Lo único que sabemos con certeza es que hay una experimentación para el desarrollo de una vacuna que impide la anidación, dirigido por el Dr. Gursarán Talwar, del Instituto Nacional de Inmunología de Nueva Delhi, en la India, de la que se afirman los resultados antes descriptos. (Ver British Medical Journal del 14 de noviembre de 1998).

Nótese que el Instituto Nacional de Inmunología no es el Serum Institute, aunque ambos estén en la India. Uno trabaja sobre inmunología y otro fabrica masivamente vacunas.

El caso Perú

Otra información que suma datos pero no aporta claridad es la denuncia periodística realizada en el Perú, posible secuela del caso argentino.

Analizando la denuncia descubrimos que lo que allí se afirma, en medio de algunas imprecisiones científicas, es fundamentalmente la existencia de un presunto negociado del gobierno en la compra de las vacunas, y mala praxis en su aplicación. Concretamente, la falta de información a los pacientes respecto a quienes no la pueden recibir, (por embarazo, inmunodepresión, alergias, etc.) y la falta de elementos para contrarrestar las reacciones que normalmente se producen en cierto porcentaje durante las vacunaciones.

Afirma el periodista peruano que el fabricante (Serum Institute de la India) advierte sobre la posologia y las contraindicaciones, como es normal en los fármacos, pero no así los vacunadores peruanos. Luego, la mala praxis sería por parte de los vacunadores y no por defecto o engaño de los fabricantes de la vacuna. Es decir, es otro caso, bien distinto del argentino.

Pero, para mensurar el nivel científico de la denuncia peruana, puesto que las implicancias políticas no vienen al caso, de las tres enfermedades que el columnista da como ejemplo de prioridades epidemiólógicas desatendidas en el Perú por falta de vacunación en favor de esta campaña "innecesaria" de la rubeola, dos precisamente no tienen vacunas preventivas: la bartonellosis y el dengue. Y la tercera, la tuberculosis, tiene una protección de baja incidencia por medio de la BCG, debiendo prevenirse y curarse principalmente por medio de factores sociales y culturales: alimentación adecuada, higiene, prevención del hacinamiento, la promiscuidad, etc. Mal puede proponerse una campaña de vacunación contra enfermedades que no tienen vacuna preventiva…

Para concluir

Hasta aquí una síntesis lo más breve que nos ha sido posible de lo que hemos podido comprobar sin ser médicos, aunque asesorados por especialistas sobre las cuestiones técnicas.

Así pues, muy lejos de lo que algunos lectores nos achacan, poco menos que connivencia con organismos multinacionales abortistas, hemos prevenido desde un primer momento sobre el tema. Pero no podemos "inventar" informes ni lanzar presuntas "pruebas" sin ton ni son. Tampoco es nuestra misión obtenerlas, porque no somos una ONG, ni está a nuestro alcance.

Ocurre que nos negamos a aceptar el tratamiento del tema bajo una óptica ideológica ciega. Es verdad que la OPS y la OMS son agentes de difusión del aborto, la contracepción, etc. Basta ver los listados de sus campañas oficiales. Pero eso no significa que cada campaña sanitaria que emprenden tenga este propósito. Si ésta la tiene, aún nadie lo ha podido probar. Y en temas científicos la evidencia es lo que cuenta. Lo demás es sospecha, prejuicio o repetición de informaciones mal comprendidas. La sospecha o el indicio es un buen comienzo para detectar un caso como este, pero es un pésimo final. Solo se puede probar con la evidencia científica, muy fácil de obtener, por otra parte.

Asimismo, el ministerio de Salud de la Argentina, y su titular Ginés González García, incontablemente denunciado desde estas páginas por promover bajo excusa de "salud" las más espantosas inmoralidades, desde abortos de niños de término hasta esterilizaciones quirúrgicas, y toda suerte de aberraciones sexuales, ha realizado varias campañas de salud perfectamente acordes a la práctica médica aceptada por la comunidad científica. Por ejemplo, la de la diarrea infantil. Por repudiar unas no podemos condenar todas. Sería irracional.

¿O acaso deberemos sospechar que cuando recomienda hervir el agua, dar pecho al bebé, mantenerlo hidratado, etc. está ocultando una extraña forma de contracepción? ¿Debemos deducir, puesto que es opinión general entre médicos que las madres que dan pecho no quedan embarazadas durante este período, que G.G.G difunde el amamantamiento como forma sutil de contracepción? Hay que estar seriamente afectado de conspiracionismo para sostener algo así. Pues bien, la misma distinción cabe hacer con la OMS o la OPS. No basta la "prueba política".

Finalmente, los criterios epidemiológicos son -relativamente- discutibles. Forman parte de decisiones prudenciales. La partida de la OPS para la vacunación contra la rubeola estaba disponible desde hacía mucho tiempo, varios años, pero la Argentina no la había usado. Si la hubiese rechazado (siempre en el supuesto que las vacunas sean eso, vacunas y no otra cosa) ¿habríamos obtenido los argentinos algún beneficio para la salud de la población? ¿Alguien ha tenido en cuenta las consecuencias que padece el bebé contagiado del Sindrome de Rubeola congénita?

Además de que establecer si es o no prioridad epidemiológica resulta también irrelevante al propósito de determinar la eventual adulteración de la vacuna. Lo verdaderamente relevante es saber si las vacunas son tales o esconden otra cosa.

Esto es lo que esperamos que se devele cuanto antes, aunque ya la campaña está por terminar. Y si ha sido lo que algunos sospechan, seremos los primeros en pedir la cabeza del Ministro y de todos los responsables. Pero si no, habremos devaluado la confianza y el prestigio del movimiento provida asociándolo a una campaña de rumores. Algo que es de lamentar.

Hasta este momento no podemos afirmar más que lo dicho, a saber, que se han sacado conclusiones en base a una yuxtaposición de informaciones inconexas, estableciendo entre ellas una relación causa-efecto impactante, pero completamente reñidas con las normas del buen razonamiento.

El Ministerio no se ha mostrado muy claro en sus explicaciones, es verdad, pero tampoco los que le imputan el fraude.

La OMS difunde toda suerte de prácticas anticonceptivas, esterilizantes y abortivas, pero también hace campañas de salud eficaces. A punto tal que de ella llegó a decir el Papa Pío XII:

No se alabarían bastante las iniciativas privadas y particulares que han facilitado los recursos financieros y han prestado una inagotable abnegación por el mejoramiento sanitario de los países menos favorecidos, sobre todo gracias a las obras misionales; pero estas iniciativas no bastarían por sí solas, y la Organización Mundial de la Salud aporta a esta empresa, eminentemente humanitaria y social, un concurso más universal, más concertado y, por consiguiente, de eficacia más segura y más rápida" (*).

Claro que eran otros tiempos. Hoy no cabría un elogio tal, no al menos sin condenar la otra parte, aquella en que el organismo mundial suma su aporte al genocidio demográfico que contemplamos con horror e indignación. Pero la cita demuestra que es necesario establecer distinciones a los efectos de no distorsionar la realidad en el afán de probar la hipótesis.

(*) Pío XII, Discurso a los congresales de la Asamblea Mundial de Sanidad, 27 de junio de 1940. Ver: Pío XII y las Ciencias Médicas, Editorial Guadalupe, Buenos Aires 1958.

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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