Panorama Católico

Acotaciones filológicas y hermenéuticas al Oremus et pro Iudaeis

Rectificamos un error. El presente artículo fue escrito por el Sr. Guillermo-C-H Pérez Galicia. Se ha eliminado una interpolación que aludía a Mario Caponetto ya que el estudio no es una contestación a un trabajo suyo. A pedido del autor se realizan estas correcciones

Por
Guillermo-C-H Pérez Galicia

Rectificamos un error. El presente artículo fue escrito por el Sr. Guillermo-C-H Pérez Galicia. Se ha eliminado una interpolación que aludía a Mario Caponetto ya que el estudio no es una contestación a un trabajo suyo. A pedido del autor se realizan estas correcciones

Por
Guillermo-C-H Pérez Galicia

Perfidus se aplica a aquel que
traiciona la confianza (fides) o que rompe sus promesas. Perfidus está
formado por la preposición per, que se añade para reforzar
el significado de la palabra, bien en sentido positivo (como permagnus
o permolestus), o bien en sentido negativo (como periurus o
perfidus). La terminación -idus designa una propiedad o estado en relación
con la raíz de la que deriva el adjetivo que la contiene: en este caso hay
que ponerlo en relación con el verbo semi-deponente fido (fiarse de alguien,
tener confianza).

La palabra FIDES está unida a los "lazos de clientela", los
lazos de hospitalidad y amicitia, y los juramentos
solemnes ante la divinidad; tiene que ver con la relación que entablan un gran
señor, justo y poderoso, con sus siervos o con colaboradores de menor rango que
se ayudan mutuamente, cada uno según su función. Es decir, se relaciona con los
compromisos de amistad, fidelidad, compromiso y confianza por lazos de un
individuo o más hacia otro que tiene una influencia o un peso preponderante en
la sociedad. O, dicho de otro modo, su sentido fundamental se refiere
a pactos de colaboración existentes entre alguien sencillo de un bajo
estamento y una figura poderosa que le brinda su apoyo y sellan
una lealtad mutua, con frecuencia por razones políticas; el otro
sentido hace alusión al compromiso de fidelidad y confianza peculiar existente
entre el amante y la amada, como lo expresan poetas como Catulo.

Así pues, perfidus es aquel con
quien no se deben sellar pactos porque es indigno de confianza, pues incumplen
su parte en un trato, o bien aquel individuo que no es apto para una relación
de pareja porque está inclinado a tener deslices y no es sincero en su entrega.
El Cristianismo vino a unificar ambos sentidos romanos de FIDES en sentido figurado
para expresar el compromiso existente entre el alma del fiel y el amante del
alma (Cristo), y la relación entre Dios y su Iglesia, identificando FIDES con
el concepto griego PISTIS. De Fides deriva la
palabra fe.

Si consultamos "Pro Quinctio" de
Cicerón (6, 26), veremos que la palabra perfidus se refiere a quien es falso,
tramposo, traicionero y falto de honradez. La oda 27 del tercer libro de las
Odas de Horacio es también suficiente demostración para darse cuenta de que perfidus alude
a aquel que es traicionero, indigno de confianza y proclive a romper los
pactos importantes.

El término adecuado que sirve para referirse a quien no es
fiel a la religión verdadera es infidelis, mientras que
infidus es un término más equívoco, porque puede aludir doblemente
tanto a aquel que no es digno de confianza como a aquel que es inconstante o
infiel a algo.

Los judíos se entiende perfectamente que se les llame perfidi, porque los
judíos actuales son talmúdicos, es decir, son los herederos de los fariseos, a
quienes Cristo llama hipócritas más de una vez, les dedica una serie de
recriminaciones que bien merece la pena leer, analizar y seguir teniéndolas en
cuenta para estar siempre alerta (Mt. 23, 13-36).

Y no sólo a los fariseos en particular, sino también se
refiere alguna vez Nuestro Señor a los judíos en general, como cuando les acusa
de ser hijos del Diablo, que su padre es padre de la mentira y homicida desde
el principio, dando a entender que ellos son así (Jn 8, 31-48). Además acusa a
los judíos en más de una ocasión de intentar matarlo, cosa que jamás hizo, por
ejemplo con los romanos. Se ve entonces, que los judíos habían tramado la
muerte de Jesús mucho antes de que fuera llevado a Pilatos, sin que exista, en
cambio, ningún pasaje de los Evangelios que indique alguna intención o plan de
los romanos tendiente a realizarla.

Las siguientes palabras de Santo Tomás de Aquino demuestran
una vez más a qué se refiere el Catolicismo hablando de los pérfidos:

"Pues los judíos
veían en Él todas las señales que los profetas dijeron
que iba a haber […] pues veían con evidencia las señales de
la Divinidad de Él, mas por odio y envidia hacia Cristo, las tergiversaban;
y no quisieron confiar en las palabras de Éste, con las cuales se confesaba
Hijo de Dios
" (cfr. Summa Theologica, 3 p., qu. 47, art. 5).

Pero, más claro de lo que resulta en la siguiente parábola,
como Cristo lo expresa, no puede estar:

"Y
comenzó a contar al pueblo esta parábola: Un hombre plantó una viña y se
la arrendó a unos labradores y salió de viaje por bastante tiempo. Y en el
momento adecuado envió a los labradores un siervo para que le diesen del fruto
de la viña. Pero los labradores, tras apalearlo, lo despidieron vacío. Y volvió
a enviar a otro siervo; pero ellos, apaleándolo y ultrajándolo, lo despidieron
vacío. Y volvió a enviarles un tercero, pero ellos también a ese, tras herirlo,
lo echaron.


Pero dijo el Señor de la viña: '¿qué voy a hacer?
Enviaré a mí hijo el amado; quizás a él lo respetarán'.
Sin embargo, al verle los labradores, razonaban entre sí diciendo:
'Éste es el heredero; vamos a matarlo para que la herencia sea nuestra.'
Y arrojándolo fuera de la viña, lo mataron.

¿Qué
hará, pues, con ellos, el Señor de la viña? Vendrá
y hará perecer a esos labradores y entregará la viña
a otros. "
(Lc. 20, 9-16)

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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