Panorama Católico

Al fin un obispo que habla…

Decisión papal sobre la liturgia. Mucho más que la misa en Latín

Publicamos un artículo escrito por nuestro Obispo diocesano,
Monseñor Juan Ignacio González E., con ocasión de la reciente decisión
del Santo Padre de poner en plena vigencia los libros litúrgicos
anteriores a la reforma del Concilio Vaticano II, que fueron


Decisión papal sobre la liturgia. Mucho más que la misa en Latín

Publicamos un artículo escrito por nuestro Obispo diocesano,
Monseñor Juan Ignacio González E., con ocasión de la reciente decisión
del Santo Padre de poner en plena vigencia los libros litúrgicos
anteriores a la reforma del Concilio Vaticano II, que fueron
promulgados por el Beato Juan XXIII. El artículo circula con la edición
de septiembre de la Revista Iglesia en San Bernardo. Las normas papales
entran en vigencia el 14 de septiembre, fiesta de la Santa Cruz.

Decisión papal sobre la liturgia.

Mucho más que la misa en Latín

Hace pocas semanas el Papa Benedicto XVI ha decidido que en adelante
cualquiera sacerdote pueda celebrar la Santa Misa, los sacramentos y
rezar la Liturgia de las Horas según los libros que existían antes de
la reforma de 1970. También ha señalado que los fieles que lo deseen
pueden solicitar a los sacerdotes dicha celebración y que éste no debe
negarse a ello. El Santo Padre ha adoptado una determinación profunda y
transcendente para la vida de la Iglesia. Lo ha hecho después de muchas
reflexiones múltiples consultas y constante oración, según el mismo nos
lo ha señalado.


En adelante en la Iglesia Católica de Rito Latino, existirán dos formas
de celebrar la liturgia: la que surgió de la reforma impulsada por el
Concilio Vaticano II que es la llamada ordinaria y la anterior,
contenida esencialmente en el Misal Romano publicado con la autoridad
del Beato Juan XXIII en 1962; que viene desde la reforma posterior al
Concilio de Trento, que es la forma extraordinaria. El Papa no ha
pedido que se vuelva al antiguo rito ni tampoco que se celebre la Misa
en Latín, como algunos podrían pensar. Ni menos ha solicitado o
aconsejado dejar el rito actual para usar los libros antiguos.


Llegar a esta determinación ha sido fruto de un largo camino, iniciado
ya en tiempos del Papa Juan Pablo. Ese caminar lo ha relatado en una
carta que dirigió a todos los obispos del mundo, explicando las nuevas
determinaciones adoptadas.

Sentido profundo de la decisión del Papa

Con su penetrante capacidad teológica y pastoral, el Papa ya había
advertido hace muchos años, que el proceso por el cual se implantó el
nuevo misal y los usos litúrgicos de 1970, nunca implicaron derogar o
dejar sin efecto las formas litúrgicas anteriores. La historia de la
Iglesia es en esto es rica y clara. De hecho conviven en la Iglesia
latina muchos ritos de uso poco frecuente o local. En realidad nunca en
la historia bimilenaria de la Iglesia ha ocurrido que una forma más
moderna de celebrar la liturgia deje a la anterior inmediatamente fuera
de uso, por una especie de derogación tácita.


El mismo Papa ya había señalado – siendo Obispo y Cardenal – que tal
quiebre no era lógico ni propio de la tradición de la Iglesia. Por eso
las opiniones escuchadas de parte de algún eclesiástico de que esta
decisión del Papa es como anular la reforma litúrgica que promovió el
Concilio y aprobó el Papa Pablo VI son completamente erradas y ajenas a
lo que dicen los documentos oficiales y a lo expresado por el Papa.
También son erradas las que simplemente expresan que todo debe seguir
igual, como restando significado a la determinación pontificia.


Es necesario, por tanto, que los católicos – fieles y ministros
ordenados – nos preguntemos cual es la razón por la que el Pastor de
toda la Iglesia ha dado un paso como el que comentamos.

Continuidad y cambio

Ni en la historia de la teología, ni en la de la misma Iglesia se dan
saltos al vacío. Un concilio no deroga al anterior sino que confirma
las verdades y las profundiza. Un documento papal o conciliar no
contradice la enseñanza de otro anterior, sino que las perfecciona o
las ilumina con nuevos datos y enfoques. Como escribió el Papa siendo
Cardenal, “la historia tiene una continuidad y nosotros, lógicamente,
no podemos escapar de ella”. También entre nosotros se ha extendido la
idea de que la historia de la Iglesia pareciera haber comenzado sólo
después del Concilio. Casi no recordamos que vivieron muchos pastores
santos y sabios antes de 1960, quienes desarrollaron trabajos
pastorales que son el fundamento de lo que hoy continuamos haciendo.
Este proceso me parece particularmente presente en la vida de nuestra
Iglesia en Chile. ¿Quien se acuerda hoy de monseñor Rafael Valentín
Valdivieso, el gran organizador de la Iglesia en el Chile moderno?,
¿quien de don Justo Donoso, el mas grande canonista que ha producido
América, que alumbró la vida de la Iglesia con su “Manual del párroco
americano”?, ¿quien de don Mariano Casanova o del Arzobispo González?,
del señor Rücker, primer obispo de Temuco, de mismo Cardenal Caro, o de
don Rafael Edwards, primer vicario castrense de la República, y así
podríamos seguir casi indefinidamente. No hemos de olvidar que en
nuestra historia eclesiástica existieron concilios, sínodos,
documentos, normas, etc. de cuya aplicación se siguió la evangelización
de América y de Chile.


La determinación del Papa Benedicto XVI también nos debe llevar a mirar
de manera diversa nuestra propia historia de la Iglesia en Chile,
descubriendo la maravillosa continuidad de su trabajo en bien de todos
los nosotros. Esta realidad queda también muy bien expresada en el
reciente documento de Aparecida, en que los Obispos de América Latina y
del Caribe, expresan que entre las diversas Conferencias de los
episcopados del continente hay una continuidad en su enseñanza.
(Medellín-Puebla-Santo Domingo- Aparecida)

La misma Iglesia de ayer y de hoy

En un documento reciente de la Congregación para la Doctrina de la fe
se respondía de la siguiente manera a la pregunta: “¿El Concilio
Ecuménico Vaticano II ha cambiado la precedente doctrina sobre la
Iglesia? Respuesta: El Concilio Ecuménico Vaticano II ni ha querido
cambiar la doctrina sobre la Iglesia ni de hecho la ha cambiado, sino
que la ha desarrollado, profundizado y expuesto más ampliamente. Esto
fue precisamente lo que afirmó con extrema claridad Juan XXIII al
comienzo del Concilio. Pablo VI lo reafirmó, expresándose con estas
palabras en el acto de promulgación de la Constitución Lumen gentium:
«Creemos que el mejor comentario que puede hacerse es decir que esta
promulgación verdaderamente no cambia en nada la doctrina tradicional.
Lo que Cristo quiere, lo queremos nosotros también. Lo que había,
permanece. Lo que la Iglesia ha enseñado a lo largo de los siglos,
nosotros lo seguiremos enseñando. Solamente ahora se ha expresado lo
que simplemente se vivía; se ha esclarecido lo que estaba incierto;
ahora consigue una serena formulación lo que se meditaba, discutía y en
parte era controvertido». Los Obispos repetidamente manifestaron y
quisieron actuar esta intención”. (Congregación para la Doctrina de la
fe. Respuestas a algunas preguntas acerca de ciertos aspectos de la
doctrina sobre la Iglesia, 29 de junio de 2007)

Los abusos litúrgicos, un mal que ha ensombrecido el rostro de la Iglesia

El Papa advierte en la carta que ha enviado a todos los obispos del
mundo sobre esta decisión, que mientras muchas personas siempre
aceptaron las enseñanzas del Concilio Vaticano II, sin embargo,
reaccionan muy negativamente frente a la idea que se extendió de que el
nuevo misal y el uso de la lengua vernácula era “como una autorización
e incluso como una obligación a la creatividad”, lo cual, señala,
“llevó las deformaciones litúrgicas al límite de lo soportable”
quedando muchos fieles “profundamente heridos por las deformaciones
arbitrarias de la liturgia”.

Con palabras simples y sencillas el Supremo Pastor describe en pocos
trazos uno de los mas trágicos procesos vividos en muchas comunidades
católicas, en las que la liturgia ha sufrido muy graves alteraciones y
se ha convertido en un espacio para la figuración personal del
sacerdote, con abusos de todo tipo y faltas – algunas veces muy graves
– a la santidad de los sacramentos, a Jesucristo verdaderamente
presente en la Eucaristía, etc. En Chile no estamos exentos de estas
dificultades, que aún hoy siguen ocurriendo y alejan a unos y
escandalizan a otros Que interesante recordar ahora una palabras,
quizás olvidadas, del gran Papa Pablo VI sobre el cuidado de los
detalles en la liturgia “Os podrá parecer quizá que la Liturgia está
hecha de cosas pequeñas: actitud del cuerpo, genuflexiones,
inclinaciones de cabeza, movimiento del incensario, del misal, de las
vinajeras. Es entonces cuando hay que recordar las palabras de Cristo
en el Evangelio: El que es fiel en lo poco, lo será en lo mucho (Lc 16,
16). Por otra parte, nada es pequeño en la Santa Liturgia, cuando se
piensa en la grandeza de Aquel a quien se dirige” (Pablo VI, Alocución
30 de mayo 1967).

Los lefebvristas y los católicos chinos

Algunos, por su parte, piensan que la gran finalidad de esta
determinación del Papa es poner fin al cisma del Arzobispo Lefebvre y
sus seguidores. Sin embargo, es sabido que éste tiene unas raíces más
profundas que las sólo litúrgicas. Por esa razón no es claro que con lo
decidido respecto del uso de los antiguos libros vaya a ponerse fin a
esa dolorosa división, que tiene elementos teológicos mucho más
complejos. El mismo Papa no lo dice en la Carta a los Obispos que se ha
citado.


La reciente carta el Papa a los católicos chinos, sin distinguir entre
los que han permanecido abiertamente fieles al Papa – con gravísimas
persecuciones y miles de mártires – y lo que han subsistido en la
llamada iglesia patriótica, bajo la férula del gobierno comunista
chino, es una pista mas interesante que la anterior para descubrir uno
de los objetos de la determinación pontificia. Todos esos católicos
chinos no conocen otra forma litúrgica que la antigua y seguramente la
plena adhesión a Roma, en el caso de muchos fieles católicos de las
comunidades no plenamente unidas a Roma, no podría implicar un cambio
de forma litúrgica. Ahora muchos podrán volver a la unidad de la fe y
podrán hacerlo sin cambio alguno en la liturgia.

Una reconciliación interna de la Iglesia

Por otra parte, el Papa argumenta que en muchas personas que durante
años vivieron bajo el rito litúrgico del misal antiguo, el cambio les
resulta aún difícil y como forzado y que aún en las nuevas generaciones
también se ha constatado una adhesión profunda al Misal de Juan XXIII.
Es interesante su afirmación, pues aparentemente la forma antigua de la
liturgia interesaría sólo a personas de cierta edad y las
comprobaciones fácticas, sobretodo en los países de centro Europa,
dicen lo contrario.


Benedicto XVI no duda en expresar una de las razones profundas de estas
iniciativas “Se trata de llegar a una reconciliación interna en el seno
de la Iglesia”. Al mismo tiempo señala con asombroso realismo “que en
los momentos críticos en que la división estaba naciendo, no se ha
hecho lo suficiente por parte de los responsables de la Iglesia para
conservar o conquistar la reconciliación y la unidad; se tiene la
impresión de que las omisiones de la Iglesia han tenido su parte de
culpa en el hecho de estas divisiones hayan podido consolidarse”. Es
evidente que estas palabras nos interpelan a todos, fieles y jerarquía,
porque todos de alguna manera hemos sido culpables de no hacer lo
necesario para que esas divisiones no se provocaran. El Papa, en
definitiva, nos invita a todos los hijos de la Iglesia a trabajar por
“permanecer en esta unidad o reencontrarla”

Una decisión que llama a un examen personal

Ante palabras tan claras y precisas caben pocas explicaciones. Su
sentido natural y obvio nos lleva a todos a un profundo examen, pero
evidentemente dicho examen se hace una exigencia más acuciosa respecto
de quienes han promovido o practicado un “creacionismo litúrgico” que
ha deteriorado gravemente los contenidos de los misterios que
celebramos en la liturgia. Aún siguen existiendo entre nosotros esos
procesos y sólo desde una profunda humildad y rendida obediencia a la
Iglesia y a su “lex orandi” es posible lograr una rectificación a la
cual el pueblo cristiano tiene derecho.


El Papa quiere que la liturgia de la Iglesia manifieste a los hombres y
mujeres de nuestro tiempo el amor, adoración y reconocimiento que todos
debemos al Creador y a su Hijo Jesucristo. Para ello, evidentemente,
tanto el rito de 1962 como el de 1970, ambos nacidos del corazón de la
Iglesia, son plenamente aptos.


En nuestra realidad quizás el efecto principal que deben despertar
estas disposiciones del Papa es la revisión tanto en lo personal como
en la vida de nuestras comunidades de la manera como vivimos la fe de
la Iglesia que expresa su forma de orar y de creer por medio de la
liturgia. Dejando de lado todo protagonismo personal, es necesario
seguir con delicadeza las indicaciones litúrgicas, precisar acerca del
modo de celebrar los misterios de nuestra fe y recordar las sabias
palabras, “conviene que sólo Jesús se luzca”.


Ya el Papa Juan Pablo nos había advertido de la necesidad de evitar
abusos que escandalizan al pueblo cristiano y rebajan a lo humano algo
que es divino. Pero, hay que reconocerlo, en algunos ambientes
eclesiales sus llamadas fueron desoídas. No se trata sólo de
incumplimientos de normas y rúbricas, sino de verdaderos abusos, como
las absoluciones colectivas, las bendiciones a matrimonios civiles, la
celebración de la Eucaristía con pan común, el no uso de los ornamentos
sacerdotales, los cambios en las palabras de la consagración, y otros,
que es penoso y largo enumerar.


La reciente Exhortación Apóstólica Sacrametum Caritatis contiene muchas
indicaciones precisas sobre las celebraciones litúrgicas que ahora
debemos poner en práctica. Asimismo, la Instrucción “Redemptionis
sacramentum” sobre algunas cosas que se deben observar o evitar acerca
de la Santísima Eucaristía”, de la Congregación para el culto divino y
la disciplina de los sacramentos, de 25 de marzo de 2004, preparada por
mandato del Papa Juan Pablo II y que en algunos ambientes eclesiales
simplemente se tuvo por no escrita, es otro indicador de la ruta que
debemos seguir.

En la libertad de los hijos de Dios. Actitudes a tomar y evitar

En definitiva, podría decirse que al abandonarse la forma litúrgica que
se uso hasta 1962 y adoptar la nueva formas litúrgicas, cuyas rúbricas
o indicaciones para la celebración también son muy precisas, se produjo
como una avalancha de incorrecciones y con ello cierto caos litúrgico
que ha terminado por afectar la esencia de lo que creemos. El Papa
resalta que la vigencia de pleno derecho de ambas formas del mismo rito
– es decir el Misal antiguo y el ritual de sacramentos y la Liturgia de
las Horas – como el de 1970, nacido de las indicaciones del Concilio
“pueden enriquecerse mutuamente”. Es posible, por ejemplo, que
siguiendo el uso del rito ordinario de la Santa Misa, el de 1970,
algunas de las partes se puedan rezar o cantar en latín, expresándose
así de una forma plástica y viva la comunión no sólo de los miembros de
una Iglesia particular, sino también con los miembros vivos del Pueblo
de Dios de latitudes remotas y para nosotros desconocidas. Alabaremos
al mismo Dios, por medio de su Hijo Jesucristo, aquí y en la China o en
Japón. Nada entenderíamos si intentáramos hablar con un católico de
aquellas tierras, pero estaríamos unidos en la oración común con la
cual juntos podríamos elevar el corazón a Dios.


Por eso hay dos actitudes reprochables y una que es la propia de un
católico verdadero. Lo primero sería intentar que volvamos todos al
antiguo uso, pensando que en ese camino se encontraran las soluciones a
los problemas de la Iglesia. Lo segundo, ignorar lo que el Papa nos ha
dicho y continuar por el camino del “creacionismo”, como si los frutos
de ese árbol ya no se hubiesen probado suficientemente amargos.


La actitud verdadera es adherir fuertemente a lo que nos dice el Papa y
vivir en la libertad de los hijos de Dios, respetando plenamente el
derecho de personas, grupos y comunidades a vivir en uno u otra forma
la celebración de los grandes misterios de nuestra fe, que es lo
verdaderamente importante. Esta determinación de Pedro será como una
prueba de la rectitud de intención, de la adhesión y el amor que hay en
nuestra Iglesia al Papa. Será también la ocasión propicia para mejorar
en nuestro servicio sacerdotal al pueblo de Dios y, para algunos, el
momento para rectificar caminos errados que se han intentado proponer
como los verdaderos en la praxis litúrgica.


Juan Ignacio González Errázuriz
Obispo de San Bernardo

Fuente: Obispado de San Bernardo, Chile.

Comentario Druídico: Habituados al silencio, nos ha sorprendido gratamente la carta del obispo de San Bernardo, Mons. Juan Ignacio González Errázuriz sobre el motu proprio Summorum Pontíficum, así como su espíritu de apertura a la liturgia tradicional. Y aunque lamentamos no poder suscribir algunos de sus párrafos, su actitud demuestra un cambio de actitud ejemplar que puede hacer mucho bien a sus hermanos en el episcopado hispanoamericano. Honor, pues, a Chile, uno de cuyos obispos ha roto el vergonzoso silencio sobre este crucial documento pontificio.

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *