Panorama Católico

Alex Vallega: Volver a la Tierra

Alex Vallega presentó en el pasado mes de diciembre su libro "Volver a la tierra- La Patagonia como Horizonte", Federico Mihura Seeber, su prologuista afirma que, "no está escrito para la gratificación de quien quiere ver sus ideas pasadas a letra de molde" sino que constituye "una acción más en la tesonera, infatigable y 'apostólica' para difundir la única propuesta de una economía agraria acorde con los principios de la doctrina cristian

Alex Vallega presentó en el pasado mes de diciembre su libro "Volver a la tierra- La Patagonia como Horizonte", Federico Mihura Seeber, su prologuista afirma que, "no está escrito para la gratificación de quien quiere ver sus ideas pasadas a letra de molde" sino que constituye "una acción más en la tesonera, infatigable y 'apostólica' para difundir la única propuesta de una economía agraria acorde con los principios de la doctrina cristiana y de la moral natural".

Escribe Juan Lagalaye

Alex Vallega presentó en el pasado mes de diciembre su libro "Volver a la tierra- La Patagonia como Horizonte" (Editorial Piedra Buena), que como bien señala el prologuista -Federico Mihura Seeber-, "no está escrito para la gratificación de quien quiere ver sus ideas pasadas a letra de molde" sino que constituye "una acción más en la tesonera, infatigable y 'apostólica' tarea del autor para aplicar, y para difundir la aplicación, de un proyecto al que ha dedicado su vida y que constituye, a (su) entender, la única propuesta de una economía agraria acorde con los principios de la doctrina cristiana y de la moral natural".

Juicio tan contundente, proferido por tan calificado presentador, es motivo más que suficiente para encarar su lectura, pudiendo añadirse que nos encontramos ante una obra peculiar escrita por un personaje peculiar, quien en una época en que los maestros son hallados con creciente dificultad, multitud de jóvenes -entre los que cuento a mis hijos, siendo ella la razón por la que ante Alex nunca superaré la condición de deudor- han encontrado en él una orientación certera a la verdad, manifestada tanto en la majestad de los principios como en la sencillez de las cosas cotidianas. Y, vale destacarlo, la calidad de tal docencia, encuentra el fundamento de su ejercicio en una personalidad marcada por esa superioridad del alma que es la inocencia, inconfundible con la ingenuidad, mera debilidad de la inteligencia.

Delineada la circunstancia personal, resulta conveniente efectuar algunas consideraciones acerca de las que entiendo, son las líneas principales de la obra citada.

La primera de ellas, es la de circunscribir al hombre en su relación con los bienes materiales a lo necesario, descartando de ese plano cualquier intención de desmesura, reservada estrictamente a lo que es el objeto de su dimensión espiritual. Así, la economía queda despojada de componentes que, lejos de tener una carácter cuasi esencial como les atribuye la concepción moderna, impiden el cumplimiento de su fin propio: por caso, la acumulación de riquezas y el imperio del dinero.

A qué distancia nos encontramos de la visión aristotélica, en la que la moneda tiene una función instrumental, de facilitación de los intercambios, y éstos, imprescindibles por la imposibilidad de los hombres de procurarse por sí mismos los bienes necesarios para la vida, no persiguen alterar la posición que corresponde a los agentes respectivos en el concierto social.

Por resultar esta manera sencilla -humana- de relacionarse el hombre con las cosas y con sus semejantes, imposible de practicar en nuestra agobiante urbanidad, es que el autor propone la vuelta a la tierra, para reencontrarnos, para recuperar en nosotros el sentido de la realidad, obscurecido en la virtualidad de las ciudades contemporáneas.

El campo no es para Vallega una mercancía. No puede serlo por constituir la materia sacralizada de una intención fundante. Es el asiento de un proyecto colectivo, familiar en su modelo ejemplar, que busca la restauración del señorío rural a través del trabajo y del ocio, de la oración en común y de la amistosa y enriquecedora hospitalidad.

No se trata de edificar "ghettos" sino avanzadas de la Civilización -o "retiradas"-, para que lo que de ella conservamos podamos hacerlo reverdecer, estableciendo ciudades a la sombra de abadías erigidas en la memoria nostálgica pero animada de una Edad de Oro cuya espiritualidad urge des-cubrir.

Tomando como base esas trazas, el autor presenta diversos proyectos de población -en algunos casos de repoblación- de territorios abandonados, cuya recuperación significaría no sólo una mejoría substancial en las condiciones de vida de sus nuevos ocupantes, sino también un acto de soberanía nacional frente a eventuales intentos de despojo.

Sin embargo, la obra recomendada no lo es tan sólo para quienes tengan la disposición de acometer la empresa propuesta. Será también provechosa para los que teniendo "medio pie en el campo" o quizás, ni siquiera eso, entiendan que si quieren conservar características humanas, de vivir en la ciudad lo hagan sin ser de la ciudad.

Ciertamente, el proyecto de Vallega podrá parecer excesivamente entusiasta, pero nunca utópico. En todo caso, las precisiones que cabría efectuársele, están suficientemente expuestas en el prólogo del libro, ya aludido y ponderado.

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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