Panorama Católico

Angustia Varonil

Permítanme no disculparme por volver a hablar de un desorden profundo de nuestros desdichados tiempos: la dominación pública de la mujer por encima del hombre. Esa mujer -la madre- debería de ser reina del hogar y reinar sobre todas las cosas de su hogar – nada más normal que esto. Pero cuando reina en público, entonces existe algo realmente mal con los varones: no le están dando a la mujer la guía o dirección hacia Dios, y las mujeres están reaccionando, como es normal a su naturaleza, instintivamente.

Permítanme no disculparme por volver a hablar de un desorden profundo de nuestros desdichados tiempos: la dominación pública de la mujer por encima del hombre. Esa mujer -la madre- debería de ser reina del hogar y reinar sobre todas las cosas de su hogar – nada más normal que esto. Pero cuando reina en público, entonces existe algo realmente mal con los varones: no le están dando a la mujer la guía o dirección hacia Dios, y las mujeres están reaccionando, como es normal a su naturaleza, instintivamente.

Es un joven inteligente de una tierra lejana el que me hace acordarme del problema. El observa a su alrededor que existen muchas más publicaciones para las mujeres que para los hombres; que en las escuelas que son mixtas desde los estudios básicos a los universitarios, las muchachas, quienes son más dóciles y diligentes, regularmente obtienen mejores calificaciones que los muchachos, que en general son desordenados y no se aplican a lo suyo. Mi joven amigo pregunta, ¿acaso la educación mixta es tan buena idea?

El observa que este esquema educativo da como resultado mujeres que logran ser más exitosas en la escuela y que se posicionan en la cima como el nuevo «sexo más fuerte», manipulando al nuevo «sexo débil» ahora a merced de su belleza. En todos los dominios de la emergente «civilización de la mujer», las mujeres están tomando las posiciones de liderazgo. Aún para tener hijos, un laboratorio les da la capacidad de hacerlo sin los hombres, que ya no significan nada. Los hombres son un fracaso. Mi joven amigo concluye con estas preguntas agonizantes: «¿Cuáles son las reglas para ser un hombre de verdad? ¿Cuál es el significado de masculinidad? ¿Cómo deben de diferenciarse la fuerza de los hombres de la fuerza de las mujeres? ¿Cuál es la verdadera «mujer fuerte»? ¿Y el «hombre fuerte»?

Mi querido joven amigo, nació Ud. en un mundo Revolucionario que está desafiando a Dios, y por lo tanto buscando echar por la borda la naturaleza y orden natural de las cosas tal como fueron creadas por Dios. El diseño básico de Dios es como a continuación explico: Él creó al hombre y a la mujer con naturalezas profundamente complementarias para contraer matrimonio y poblar la tierra, para un día poblar el Cielo. A la mujer le dio sentimientos superiores para ser el corazón del hogar, para tener y cuidar a los niños. Al hombre le dio un razonamiento superior para ser la cabeza del hogar, y para guiar a toda la familia al Cielo. Ella está diseñada para la vida doméstica, en familia. El está diseñado para la vida pública, en sociedad.

Por lo tanto, así como la mujer y madre debe de ser escuchada y considerada en los asuntos familiares para los cuales recibió los dones adecuados (ver Proverbios XXXI para la Palabra del retrato propio de Dios de la «mujer virtuosa»), no debe normalmente de verse u oírse en los asuntos públicos, para los cuales no fue hecha. El problema hoy en día es que los hombres sin Dios y sin agallas dejan un vacío de liderazgo hacia donde las mujeres casi son forzadas a fluir, aunque las buenas mujeres lo hagan en contra de su voluntad. Mi querido y joven amigo, rece diariamente quince Misterios del Santo Rosario de la Madre de Dios, hacedor de los verdaderos varones. Llénese de Dios, de Dios, de Dios, y entonces será capaz de dar a las mujeres las tres cosas que absolutamente necesitan: ser escuchadas, ser amadas y ser dirigidas. Si usted está sin Dios, pronto las tendrá caminando encima de usted.

Hablo absolutamente en serio acerca de los quince Misterios diarios. No se necesita menos.

Kyrie eleison.

Fuente: Comentarios Eleyson 140

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

Comentarios

Anónimo
25/03/2010 a las 04:09

Un aplauso para el Monseñor
Simplemente, MA-GIS-TRAL.
Para el «top ten» de los artículos de Panorama, sin dudas.

Monseñor, ante este breve pero contundente texto, sólo me cabe agregar lo de aquel personaje mediático (claro que dicho en sentido figurado): «Le pertenezco». Y ponerme a rezar.

Juan Leandro Reprezzen



Anónimo
25/03/2010 a las 13:57

Superb.
Dear Bp Richard Williamson,
Right words for our wretched world. Keep, as usual, being a strong man and priest.
In Christ and Mary,
Alfonso vL (from an effeminate distant land)



Anónimo
25/03/2010 a las 17:18

«Cristo fue ante sus
«Cristo fue ante sus contemporáneos el promotor de la verdadera dignidad de la mujer y de la vocación correspondiente a esta dignidad. A veces esto provocaba estupor, sorpresa, incluso llegaba hasta el límite del escándalo. «Se sorprendían de que hablara con una mujer» (Jn 4, 27) porque este comportamiento era diverso del de los israelitas de su tiempo. Es más, «se sorprendían» los mismos discípulos de Cristo. Por su parte, el fariseo, a cuya casa fue la mujer pecadora para ungir con aceite perfumado los pies de Jesús, «se decía para sí: Si éste fuera profeta sabría quién y qué clase de mujer es la que le está tocando, pues es una pecadora» (Lc 7, 39). Gran turbación e incluso «santa indignación» debían causar en quienes escuchaban, satisfechos de sí mismos, aquellas palabras de Cristo: «los publicanos y las prostitutas os precederán en el reino de Dios» (Mt 21, 31).
Quien así hablaba y actuaba daba a entender que conocía a fondo «los misterios del Reino». También conocía «lo que en el hombre había» (Jn 2, 25), es decir, en su intimidad, en su «corazón». Era además testigo del eterno designio de Dios sobre el hombre creado por Él a su imagen y semejanza, como hombre y mujer. Era también plenamente consciente de las consecuencias del pecado, de aquel «misterio de iniquidad» que actúa en los corazones humanos como fruto amargo del ofuscamiento de la imagen divina.
El modo de actuar de Cristo, el Evangelio de sus obras y de sus palabras, es un coherente reproche a cuanto ofende la dignidad de la mujer. Por esto, las mujeres que se encuentran junto a Cristo se descubren a sí mismas en la verdad que él «enseña» y que él «realiza», incluso cuando ésta es la verdad sobre su propia «pecaminosidad». Por medio de esta verdad ellas se sienten «liberadas», reintegradas en su propio ser; se sienten amadas por un «amor eterno», por un amor que encuentra la expresión más directa en el mismo Cristo. Estando bajo el radio de acción de Cristo su posición social se transforma; sienten que Jesús les habla de cuestiones de las que en aquellos tiempos no se acostumbraba a discutir con una mujer. Un ejemplo, en cierto modo muy significativo al respecto, es el de la Samaritana en el pozo de Siquem. Jesús —que sabe en efecto que es pecadora y de ello le habla— dialoga con ella sobre los más profundos misterios de Dios. Le habla del don infinito del amor de Dios, que es como «una fuente que brota para la vida eterna» (Jn 4, 14); le habla de Dios que es Espíritu y de la verdadera adoración, que el Padre tiene derecho a recibir en espíritu y en verdad (cf. Jn 4, 24); le revela, finalmente, que Él es el Mesías prometido a Israel (cf. Jn 4, 26).
Cristo habla con las mujeres acerca de las cosas de Dios y ellas le comprenden; se trata de una auténtica sintonía de mente y de corazón, una respuesta de fe. Jesús manifiesta aprecio por dicha respuesta, tan «femenina», y —como en el caso de la mujer cananea (cf. Mt 15, 28)— también admiración. A veces propone como ejemplo esta fe viva impregnada de amor; él enseña, por tanto, tomando pie de esta respuesta femenina de la mente y del corazón. Así sucede en el caso de aquella mujer «pecadora» en casa del fariseo, cuyo modo de actuar es el punto de partida por parte de Jesús para explicar la verdad sobre la remisión de los pecados: «Quedan perdonados sus muchos pecados, porque ha mostrado mucho amor. A quien poco se le perdona, poco amor muestra» (Lc 7, 47). Con ocasión de otra unción Jesús defiende, delante de sus discípulos y, en particular, de Judas, a la mujer y su acción: «¿Por qué molestáis a esta mujer? Pues una «obra buena» ha hecho conmigo (…) al derramar ella este ungüento sobre mi cuerpo, en vista de mi sepultura lo ha hecho.
la actitud de Cristo en relación con la mujer, confirma y aclara en el Espíritu Santo la verdad sobre la igualdad de ambos —hombre y mujer—. Se debe hablar de una esencial «igualdad», pues al haber sido los dos —tanto la mujer como el hombre— creados a imagen y semejanza de Dios, ambos son, en la misma medida, susceptibles de la dádiva de la verdad divina y del amor en el Espíritu Santo. Los dos experimentan igualmente sus «visitas» salvíficas y santificantes.
El hecho de ser hombre o mujer no comporta aquí ninguna limitación, así como no limita absolutamente la acción salvífica y santificante del Espíritu en el hombre el hecho de ser judío o griego, esclavo o libre, según las conocidas palabras del Apóstol: «Porque todos sois uno en Cristo Jesús» (Gál 3, 28). Esta unidad no anula la diversidad. El Espíritu Santo, que realiza esta unidad en el orden sobrenatural de la gracia santificante, contribuye en igual medida al hecho de que «profeticen vuestros hijos» al igual que «vuestras hijas». «Profetizar» significa expresar con la palabra y con la vida «las maravillas de Dios» (cf. Act 2, 11), conservando la verdad y la originalidad de cada persona, sea mujer u hombre. La «igualdad» evangélica, la «igualdad» de la mujer y del hombre en relación con «las maravillas de Dios», tal como se manifiesta de modo tan límpido en las obras y en las palabras de Jesús de Nazaret, constituye la base más evidente de la dignidad y vocación de la mujer en la Iglesia y en el mundo. Toda vocación tiene un sentido profundamente personal y profético. Entendida así la vocación, lo que es personalmente femenino adquiere una medida nueva: la medida de las «maravillas de Dios», de las que la mujer es sujeto vivo y testigo insustituible.»

Pienso que realmente quien relega y teme la opinión de las mujeres, es porque no se siente seguro en su hombría. Quien es verdaderamente hombre sabe dar a la mujer un lugar junto a él. Quien conoce sus debilidades y limitaciones prefiere relegarla para que no le haga sombra o no se sienta tentado. Muchos se olvidan que obran como judíos no como cristianos.
Pobres hombres los que niegan la dignidad de la mujer, quienes la acallan y olvidan que la mano que mece la cuna es la que mueve el mundo.
Mariana



    Anónimo
    26/03/2010 a las 00:00

    Pobres mujeres las que afirman la dignidad clitoral de la mujer
    Tiene razón, Mariana, hay que pelear en ambos frentes; no afloje:

    http://www.periodistadigital.com/politica/gobierno/2010/03/24/la-numero-dos-de-aido-compara-el-mapa-del-clitoris-bibiana-aido.shtml



      Anónimo
      26/03/2010 a las 14:16

      Sabía que siempre saldría
      Sabía que siempre saldría algún descolgado a catalogarme de feminista utilizando palabras y ofensas que nuestro moderador dejaría pasar. Yo sólo digo lo que Cristo ha demostrado aunque a veces me enoje y conteste bastante airada.
      Traté sobre la dignidad de la persona de sexo femenino. Si usted quiere darle otro cariz, no hace más que reafirmar lo que yo afirmo. Tampoco me entregaré a su juego de palabras soces ya que el nombrar en algunas oportunidades partes del cuerpo humano tanto del hombre como de la mujer, puede tomar tono bastante grosero y desagradable, impropio para esta página y para mi.
      La dignidad de la mujer no significa ser feminista, al contrario. La mujer en la casa, viviendo para su familia y cocinando o dirigiendo a quien lo hace sin ocuparse más que de hijos y maridos, no sólo quita la posibilidad de brindarse a otros sino también de compartir con su esposo un panorama más amplio que las cuatro paredes del hogar. Se que no le interesa pero yo viví como mamá y esposa, mis hijos todos ya encaminados en la vida y en la Fe. Salí a trabajar cuando ellos se recibieron. Uno de ellos es doctor en Ciencias de la computación, investigador en el CONICETy cuando empezó a estudiar, yo empecé a tomar clases de computación para poder hablar un mismo idioma, para estar más cerca. Lo mismo con el médico en donde empecé con mi voluntariado hospitalario para conocer el ámbito en que se movería y entender lo que pudiera contarme y con mi hija profesora a quien ayudaba a armar carpetas para sus presentaciones y a investigar
      La casa no es el límite, se extiende a los hijos y marido a quien tuve que acompañar fuera del país. Le aseguro que en nada lo hubiese ayudado hablando de cacerolas y sartenes, hay que formarse para ello, poseer una cultura general rica y no ser una mediocre encerrada que cuando sus hijos se casan queda sola con el marido sin saber qué hacer ni con quien hablar cuando él sale a trabajar. Este es el momento en que muchas se dan cuenta de que ya no son consideradas como antes y que salvo el gimnasio, la Iglesia(algunas) y los tes o salidas con amigas, nada importante hacen.
      Bueno, eso es lo que un hombre de verdad, que no teme por su hombría y que ama a su mujer debe tratar de evitar, ayudarla a que esté a su lado y que puedan compartir experiencias de trabajo (lo que no quiere decir trabajar juntos)que ya sólo incumben a los dos.
      Bendiciones en Cristo



        Moderador
        26/03/2010 a las 17:14

        Estimada Mariana,
        ¿La han ofendido? No me parece. Ud. publicó su post, ahora su aclaración, esto es un debate.
        Yo le advertí que no continúe personalizando ataques o defensas porque eso no es debate, sino que se mantenga en la línea de las ideas. Su post fue una planteo de ideas, fue publicado. Alguien le respondería, bueno, tiene la posibilidad de continuar su argumentación o refutar la ajena.

        No me acuse de favorecer a sus adversarios, porque volvemos a las andadas. Aprenda, se lo digo con todo respeto, a despersonalizar el debate. No todo es ad hominem (o ad feminam, en su caso). A veces una ironía sobre lo expuesto por Ud. no la ofende a Ud. sino que apunta a la idea que Ud. defiende.

        En fin, paz y Dios con todos.

        P.S.
        Vea en Don Quijote la interesante distinción entre «agravio» y «ofensa». Segunda Parte, primeros capítulos, no me acuerdo ahora exactamente, pero es el de las aldeas que pelean por el la ofensa que supuestamente sufrieron a causa del rebuzno de sus alcaldes.

        No de balde, rebuznaron nuestros alcaldes…



          Anónimo
          26/03/2010 a las 19:44

          Paz y Dios con
          Paz y Dios con todos.
          Disculpe, tiene razón pero no es una ironía ya que ésta tiende a ser de mayor finura. Es simplemente una burla.
          «El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca lo bueno, y el malo, del malo saca lo malo. Porque de lo que rebosa el corazón habla su boca»
          Bendiciones en Cristo.



        Anónimo
        26/03/2010 a las 22:17

        ES UNA INTERPRETACION ERRONEA Y APRESURADA, MARIANA
        Yo le contesté dándole la razón, no negándosela. Jamás imaginé que usted pudiese interpretarme de otro modo. Tampoco veo en mi respuesta motivo para que usted se ponga nerviosa, aunque lamento sinceramente haberla perturbado.

        Usted comentó «Pobres hombres los que niegan la dignidad de la mujer»; yo le dí toda la razón, agregando «Pobres mujeres las que afirman la dignidad clitoral de la mujer», porque a menudo son las mujeres quienes sostienen y alimentan los excesos machistas, como seguramente usted sabe muy bien por su trabajo social.

        Por eso le dije «hay que pelear en ambos frentes», es decir contra el machismo anticristiano en las mentes masculinas y en las mentes femeninas. Y cordialmente la alenté, Mariana, diciéndole «no afloje».

        Ni por asomo me supuse que una trabajadora social como usted discreparía, y menos que lo tomaría como un ataque personal. No hay ningún motivo objetivo para eso en mi comentario. La referencia al órgano clitoral no pretende rozar atávicos tabúes ni evocar con nerviosismo pecaminosos recuerdos de la pubertad, sino referirse a un absurdo tema político que ocupa titulares en la prensa española.

        Es tan así, Mariana, que le agregué ese ejemplo lamentabilísimo de mujeres que pretenden exaltar la dignidad femenina gastando fondos públicos en obtener, publicar y publicitar mediáticamente un mapa de su sensibilidad clitoridiana, torpe e insensato ejemplo de coherente progresismo que es todo un mentís para su pretendido propósito.

        En efecto, como en el día del comentario lo traían casi todos los canales televisivos zapateriles y sus cajas de resonancia, políticos de alto nivel pretenden exaltar la dignidad de las mujeres por su capacidad para masturbarse:

        http://www.periodistadigital.com/politica/gobierno/2010/03/24/la-numero-dos-de-aido-compara-el-mapa-del-clitoris-bibiana-aido.shtml

        Además, Mariana, ¿por qué me trata a mí de «descolgado» y no de «descolgada»? ¿Acaso ofenderse ante ese torpísimo empleo político de la anatomía pudenda femenina no es quizás más esperable de mujeres? Mi breve comentario no manifiesta en ninguna parte el sexo de este autor: aun ahora, no puede usted palpitarse si soy mujer o si soy varón.

        Pero, con la misma rapidez con que tomó a mal mi cordial asentimiento, me endilga usted con toda seguridad un sexo, sin tampoco parar mientes en que también esa interpretación podría ser apresurada, y tan errónea como su reacción de ponerse nerviosa y enojarse ante mis pocas palabras de asentimiento y aliento.

        Pero no hay mal que por bien no venga, Mariana: una persona inteligente como usted seguramente extraerá alguna enseñanza útil de su equívoco. Que así sea.



Anónimo
29/03/2010 a las 01:11

Macanudo Mons. Williamson,
Macanudo Mons. Williamson, pero me parece le falta hacer algunos distingos. Si su tesis es cierta, entonces Isabel la Catolica, o Santa Juana de Arco en lugar de grandes santas fueron unas descocadas que se adelantaron al feminismo del mundo revolucionario? Por favor denle la posibilidad a Mons. Williamson de aclarar esto, pero que no lo haga antes las cámaras, así no tiene que volver a recluirse.



Anónimo
22/04/2010 a las 00:30

ROMANCE DE LAS IGUALAS
Reproducido de
La generigonza (o jerigonza de género y génera)m
http://www.absurdistan.eu/cm_generigonza.htm
———

Romance de las igualas
por el profesor Alvarez Daá


Juntáronse las expertas
de la tribu absurdistana,
doncellas de credo y dogma,
amazonas de butaca,
científicas de la cuota,
doctoras generis causa,
hiedra de los ministerios,
muérdago de antesalas,
de los presupuestos, liendres,
del erario, garrapatas,
y, gobierne quien gobierne,
perejil de toda salsa.

Una a una, dos a dos
juntado se ha gran compaña.
Allí habló una viejimoza
zurcida y recauchutada,
veinte años le han quitado
con remiendos y puntadas,
le quitaron otros veinte
con siliconas y plasmas,
con los veinte que le quedan
se ha ligado a una cubana:
-¿Por qué nos llamaste, prima;
prima, qué fue esta llamada?

-Os he convocado, reynas,
azote de los patriarcas,
porque llegada es la hora
de desconstruir la fabla
y poner un cascabel
a la lengua castellana,
que andando el gato con él
a salvo estarán las gatas.

Aquí, las mis cuatrocientas,
las que cobrades mi paga
las trescientas de la nómina
y las cien subvencionadas,
que hoy vamos a hacer oficio
de quevedas y cervantas.
Empecemos por los nombres,
construcciones milenarias:
mujer es poco visible,
mujeras somos y machas;
maridas, e non esposas,
caballeras, e non damas.
Si el hombre es un ser humano,
nosotras, seras hembranas;
si él mamífero, nosotras
mamíferas y primatas.
Y si percas, somos pezas,
y reptilas, si lagartas.
Otrosí, dos adjetivos
pongamos donde hagan falta:
oh, lectores y lectoras
aplicados y aplicadas,
y señores y señoras
elegantes y elegantas.
Seamos miembras y jóvenas,
vulgaras y extravagantas.
Y no nada cojonudas:
¡coñudas y con dos mamas!

Válame santa Simona,
patrona de proletarias,
su compañero Juan Pablo,
y el resto de la naranja.[1]
Reconstruyamos la historia:
¡de segundo sexo, nada!
Quédese el Cid en Cardeña,
Jimena gane batallas;
llámense, en los nuevos libros
de educación ciudadana,
Don Quijote, del Toboso,
Dulcinea, de la Mancha.
Hagamos en el pasado
poda a fondo y tala rasa.

-Para tan ruda tarea
dineros nos harán falta.

Ya suben las cuatrocientas,
ya enfilan la Castellana,
ya a los Nuevos Ministerios
en tropa llegan cerrada.

-Ministro Jesús Caldera,
asómate a la ventana,
desata la faltriquera,
que estamos todas sin blanca.

-Mirad, fijas, cuáles tengo
de ruina llenas mis arcas,
sólo queda calderilla,
aunque Caldera me llaman;
ganadas las elecciones,
daros he buena soldada.

-Villanas, Jesús, te voten,
villanas, que non fidalgas,
labriegas del Campo Charro
non burguesas de Aravaca,[2]
si no cumples tu promesa
ni mantienes tu palabra.
Pasados los carnavales,
las elecciones ganadas,
volveremos por dineros
para hacer buena campaña:
tanto para macroencuestas,[3]
tanto para propagandas,
y el resto, en galas y cenas
exclusivas para damas.

Queremos de aquesta guisa
tomar cumplida venganza
de cuatro o cinco mil años
sin remar en las bancadas,
ni enterrarnos en las minas,
ni morir en las batallas;
y de otros mil ochocientos
de estar tranquilas en casa.
Queremos, en adelante,
ser en todo muy igualas,
trabajar de sol a sol
en andamios y fachadas,
y tener el monopolio
de víctimas laboralas.[4]
Y en el próximo Titanic
queremos ser las ahogadas.[5]


Aclara incontinenti Javier Álvarez-Deca que «así termina, algo abruptamente, porque la inspiración es caprichosa, su romance el profesor Daá. Hay constancia de que pensaba abordar también otras facetas del victimismo feminista, pero debió de sentirse súbitamente hastiado, o quizás involuntariamente alejado del tema central, y cortó en seco el poema. O tal vez haya reservado nuevas reflexiones para una segunda parte con la que nos sorprenderá otro día. En tal caso, ¡temblad, musas oficiales!» Y pone las siguientes notas:

NOTAS

[1] Este verso, algo oscuro, parece encerrar una alusión, más trasnochada que maliciosa, a los numerosos amantes interpuestos entre las dos medias naranjas teóricas que eran Simone de Beauvoir, autora de «El segundo sexo» y fundadora del feminismo moderno, y Jean-Paul Sartre, su compañero.

[2] Invocación de fácil cumplimiento, ya que el Sr. Caldera es diputado por Salamanca desde la II Legislatura (1982).

[3] Esto parece otra malicia del autor, muy crítico con la célebre macroencuesta de los dos millones de maltratadas, que se aplicó sólo a mujeres para evitar la abochornadora constatación de que en España hay también dos millones de maltratados.

[4] Se refiere el autor a los desiguales efectos de la siniestralidad laboral en ambos sexos. Según el Anuario de Estadísticas Sociales y Laborales del Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales, las víctimas mortales de accidentes laborales fueron 913 hombres y 34 mujeres en 2006, último año para el que existen datos.

[5] Recuérdese que, en el hundimiento del Titanic, los hombres cedieron a las mujeres los botes salvavidas, que podrían haber retenido para ellos valiéndose de su mayor fortaleza física. Como resultado de ese caballeroso gesto, se salvaron el 74% de las mujeres y el 20% de los hombres embarcados (véanse los datos del informe oficial hecho público el 30 de julio de 1912 por la comisión británica de investigación del naufragio).



Anónimo
24/05/2010 a las 19:42

angustia varonil
La verdad es que estas mal



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