Panorama Católico

Aparicionismo: o el Magisterio de Sustitución

El caso de la condena del P. Vlasic pone en el tapete la tendencia tan difundida entre medios conservadores y tradicionales en las últimas décadas: el llamado “aparicionismo”. Sobre este fenómeno, algunas reflexiones.

Escribe Marcelo González

El caso de la condena del P. Vlasic pone en el tapete la tendencia tan difundida entre medios conservadores y tradicionales en las últimas décadas: el llamado “aparicionismo”. Sobre este fenómeno, algunas reflexiones.

Escribe Marcelo González

 El punto central de la cuestión es el siguiente: la Santísima Virgen no solo puede aparecerse sino que se ha aparecido muchísimas veces, siendo este el origen de los principales santuarios marianos del mundo, desde el Pilar de Zaragoza hasta la Basílica de Guadalupe, Lourdes, Fátima, etc. De devociones venerandas, como el Santo Rosario, el Escapulario del Carmen, la Medalla Milagrosa. También ha pedido la conversión de los pecadores y ha profetizado castigos para el mundo incrédulo, a la vez que nos ha provisto de medios extraordinarios de devoción: los cinco primeros sábados de mes, la oración por los pecadores y las almas necesitadas de la misericordia divina… No referimos para no abundar y porque son conocidas en demasía, las apariciones del Sagrado Corazón, etc.

La Iglesia ha sido siempre cautelosa, porque hay muchísimas más falsas apariciones que verdaderas. También son comunes los casos de videntes auténticos que caen en la confusión o no son fieles a la gracia recibida, produciendo en el primer caso una deformación del mensaje celestial, y en el segundo un desprestigio. Recordemos al Santo Cura de Ars condenando La Sallete por la pobre impresión que le causó Massimino, el vidente luego descarriado, aunque la vidente principal, Melania, sería santa. También conviene recordar en este año del sesquicentenario de Lourdes, la dura oposición que encontró la vidente Bernardette en el párroco Peyramale y en el obispo de Tarbes, ordinario del lugar. Pero ambos terminaron rendidos ante la evidente presencia de la Señora del Cielo y la inigual santidad de la niña Soubirous.

Confusión y apariciones

Las apariciones proliferan en tiempos de confusión, tanto en el mundo como en la Iglesia. Cuando el clero y la autoridad entran en crisis, los fieles buscan la guía directa del cielo, que les confirme que están en lo correcto. Si el cura párroco niega el infierno, los fieles de tendencia aparicionista buscan que la Virgen venga  confirmárselo. Lo mismo vale para la doctrina moral y dogmática en general. Y  si bien es verdad que las apariciones auténticas no hacen sino reiterar (amén de profecías o devociones) lo que dice la sana moral y la tradicional ascética, el fiel ansioso de lo sobrenatural busca una confirmación innecesaria, al menos intelectualmente hablando. Es decir, busca un “magisterio sustituto” que le diga con gran carga emocional lo que dice con perfecta claridad encuentra el Magisterio de la Iglesia.

No es ajeno a esto la fuerte ingerencia de lo sentimental en la Fe moderna. Pocos comprenden que no es necesario sentir la Fe, sino comprender sus formulaciones y acatar aquellas que forman parte del misterio.

No otra cosa, aunque no pretendemos equiparar la calidad espiritual de los fieles, es lo que buscan quienes abandonan la Iglesia Católica en pos de las emociones evangelistas y del milagrerío a la carta. Mucho de esto ya está dentro de la Iglesia misma con las comunidades carismaticas, que parecen no concebir su relación con lo sobrenatural si no es por medio de milagros, y fuerte carga emotiva.

Así pues, no es de extrañar que haya muchísimos engañados. Pero tampoco es de extrañar que muchos de estos engañados sean en alguna medida culpables. Porque después de sus “experiencias” espirituales son pocos los que buscan una enmienda de vida, la mayor perfección en las virtudes. Inclusive muchos, no todos por cierto, tienen muy poco o nulo sentido de la reverencia litúrgica.

Así pues, los escándalos que envuelven al P. Vlasic, especialmente “contra sextum”, es decir, de tipo sexual mezclado con falso misticismo, (no es novedosa en absoluto este receta aparentemente contradictoria) demuestran que estas cosas, si no son tomadas en tiempo prudencial por la autoridad de la Iglesia van al desmadre y terminan siendo instrumentos del demonio, aun cuando pudiera haber habido inicialmente alguna manifestación sobrenatural auténtica.

No olvidemos, pues, que estas apariciones, la reales y bien encaminadas, son auxiliares y no sustitutos de la doctrina católica.
 

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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