Panorama Católico

Apocalypto (2006)

Algo decepcionados, salimos de cine pensando que una excelente idea se había reducido a una historia de aventuras. No es que se haya desperdiciado por completo la oportunidad de mostrar el estado de la América precolombina: pero se la muestra en registro hollywoodense (buenos y malos), donde la brillante idea de salvar al héroe por la aparición de la civilización europea católica se contamina con cierta reminiscencia del mito del buen salvaje.

Algo decepcionados, salimos de cine pensando que una excelente idea se había reducido a una historia de aventuras. No es que se haya desperdiciado por completo la oportunidad de mostrar el estado de la América precolombina: pero se la muestra en registro hollywoodense (buenos y malos), donde la brillante idea de salvar al héroe por la aparición de la civilización europea católica se contamina con cierta reminiscencia del mito del buen salvaje.

Apocalypto
Dirigida por Mel Gibson

Guión Cinematográfico: Mel Gibson y Farhad Safinia

Ya hemos bajado las expectativas. Trataremos de ser metódicos, porque Gibson no es cualquiera, es un gran director, y es un católico tradicional, de modo que su trabajo merece una reseña prolija, que es lo que modestamente podemos hacer.

1) El nombre: Apocalypto, evoca Apocalipsis y por los tanto “fin del mundo” en la acepción popular. Sin embargo Apocalipsis (una preposición más el verbo griebo “revelar”) significa “revelación”. Dicho verbo, conjugado en presente del indicativo en griego suena “apocalipto”. Tal vez en clave, Gibson nos esté diciendo, “yo revelo”. Es coherente con la intención presunta del filme. Tampoco hay que descartar el valor “comercial” de un término tan conocido –y tan desconocido- como Apocalipsis para título de una película.

2) Historia: En el contexto de la civilización maya, pero queriendo decir en todo momento, azteca. No tiene otro sentido el anacronismo español cinco siglos antes del descubrimiento de América. Gibson ha querido mostrar por elevación lo que era la América precolombina más “civilizada” sin empantanarse en el relato de crónicas, es decir, sacándolo completamente del “relato histórico” para convertirlo en “ficción histórica”. Allí empieza a tomarse sus libertades. Se entretiene presentándonos a las víctimas, por la cuales habríamos sentido igual piedad sin necesidad de gastar tantos minutos iniciales en bromas groseras, alusiones de cierta procacidad y sentimentalismo.

Es cierto que los primeros nativos que conoció Colón eran gente pacífica y muy amigable. Pero en seguida los españoles conocieron a los otros. Los había muy sanguinarios, arteros, de costumbres pública y aceptadamente contrarias a la ley natural (antropófagos, sodomitas, polígamos). Los que Mel nos muestra son monógamos, comen animales, son fieles y cariñosos con sus esposas, bien viriles, socarrones, sabios. Hasta tienen suegras gruñonas. No buscan guerra pero no la rehuyen… Hablan exponiendo ciertos conceptos que resultan difíciles de imaginar en pueblos tan primarios. ¿Podríamos asimilarlos a nuestros guaraníes…? En fin, pase.

Más adelante Gibson nos decepciona la “cultura maya” que recrea, sin duda mucho más esplendorosa (la azteca lo era) que esa ciudad ruinosa y mugrienta donde nos muestra los sacrificios humanos y una suerte de posesión diabólica de carácter social, como rasgos más impresionantes. Adquiere cierta grandeza cuando se la toma en plano aéreo, en razón de sus pirámides. El único refinamiento que el espectador ve es el de ciertos vestidos y máscaras de algunos jerarcas y brujos y naturalmente el horrendo sacrificio humano para saciar la sed del dios-sol, un refinamiento perverso.

Dos toques clásicos dignos de apuntar como aciertos: la aparición de la niña profetiza (una sibila india) que atribuye la ruina futura de los mayas a Garra de Jaguar, el protagonista (no a los españoles, aunque se presume que él es una especie de “precursor” de ellos). Garra de Jaguar es un hábil cazador y atleta consumado, que escapa de la muerte sacrificial por voluntad divina y luego hace otro tanto de una persecución implacable, -un poco inverosímil- porque es el “elegido”, el precursor de la redención de su pueblo.

Argumento: un pueblo de cazadores cae en manos de los tratantes de esclavos de los mayas. Los atacantes cometen toda suerte de tropelías, destruyen la aldea, violan a las mujeres, matan o esclavizan a los hombres, abandonando a los niños a su suerte. La esposa y pequeño hijo de Garra de Jaguar, con su ayuda logran esconderse en un pozo profundo, del que deberá volver a rescatarlos en poco tiempo o morirán sin remedio. Ella está en un estado de preñez avanzada.

Un eclipse salva a Garra de Jaguar y parte de los prisioneros de morir bajo el cuchillo de oxidiana del brujo sacrificador, pero no del exterminio al que se someterá como materia prima de descarte (¿por qué no reservarlos para otro sacrificio, se pregunta el espectador con cierto sentido práctico?). Este exterminio, a la vez deporte y gimnasia, consiste en dejarlos escapar por un descampado, donde se los flecha o apedrea a voluntad, para solaz de los cautivadores.

Garra de Jaguar, termina severamente herido, aunque logra escapar hasta la selva. Se inicia su cacería. Dicen que dura 25 minutos reales de proyección, no la cronometramos pero es larga y pasa volando. Gibson demuestra ser un consumado artífice de este género. Finalmente, cuando solo dos perseguidores supérstites ya tienen a Garra de Jaguar entregado, aparecen los españoles (solo un panorama de botes de desembarco, un fraile con crucifijo, carabelas con velas latina y su correspondiente cruz…). Los perseguidores se sienten tan sorprendidos como atraídos y olvidan su presa. El perseguido, tras un instante de estupor, vuelve a salvar a su esposa e hijos, dos, pues en medio de un pozo inundado, finalmente la mujer da a luz al niño al mejor estilo Jerome Lejeune.

Escena siguiente, final: la familia (padre amoroso cargando en brazos a su hijo: estampa poco indígena, sin duda) ve a lo lejos la esperanza de una nueva civilización de otro signo. Ella pregunta si deberían acercarse a ellos. El responde que es mejor volver a empezar ¡en el bosque!

Desconexiones semánticas: Gibson moraliza con sus filmes. ¿Cuál es el mensaje moralizador? Desde un principio, la cita del historiador Will Durant: “Una gran civilización no es conquistada desde afuera hasta que se ha destruido a sí misma desde adentro.” lo confirma. Las civilizaciones decadentes llevan la semilla de su propia derrota. Pensamos en los EE.UU. y en Europa. ¿Serán ellos el objeto del verbo “revelar” que Gibson conjuga en primera persona”?

Es clara la alusión al imperio cuya religión consiste en ofrecer en sacrificio humano a miles de seres, a lo largo de cada día del año, al punto de organizar cacerías de víctimas para proveerse. Un pueblo cuyos jefes y pueblo delira de éxtasis con estas muertes, el rodar de las cabezas pirámide abajo, (Gibson se abstuvo de mostrar como los aztecas auténticos se comían el corazón y se bañaban en la sangre de sus sacrificados, embadurnando sus copetes con ella, allí arriba de la pirámide donde daban culto a Huichilobos, mientras el pueblo desgarraba y fagocitaba los cuerpos rodados abajo). Leer la Crónicas de Bernal Díaz de Castillo para más datos, o el libro del P. Iraburu: Hechos de los Apóstoles de América.

Gibson ofrece la vida palurda de una tribu primitivísima ¿cómo modelo de civilización? ¿Mientras el héroe menospresprecia la proximidad de quienes traen el mensaje evangélico para redimir ese horror pagano? No cierra.

Naturalmente Gibson no condena la llegada de España, pero tampoco la realza. Si uno no supiera lo que ha querido decir, podría creer que ha querido decir: ahí viene más de lo mismo.

¿En qué medida Garra de Jaguar es “redentor” y “destructor” de ese reinado del mal sino en cuanto aliado de los españoles? De no ser así resulta solo un indio con suerte y buenas piernas para correr. Buscamos eso, que evidentemente Gibson quiere decir, pero no está. Lo que queda es el “volvamos al bosque”. Y uno españoles que pasan como espejismo.

El arte de Gibson: su capacidad para hacer cosas difíciles es incuestionable. Actores no profesionales o muy bisoños que lucen estupendamente, fotografía inmejorable, recreaciones espectaculares, mucha, pero mucha acción, eso que tanto gusta al hombre actual. De eso hay a pasto.

Escenas familiares, (cierta ternura poco creíble de padres a hijos, de esposos a esposas en un medio tan… “indígena”). Recordemos el tradicional “machismo” hispanoamericano: no todo viene de España. Pues estos indios buenos de Gibson, que son bien hombres, no son nada machistas, le cedería el lugar a una dama en el ascensor. ¿Una pequeña licencia para que los querramos mucho más cuando sean esclavizados? Tal vez. Gibson le habla al espectador en su lenguaje, el del espectador, no en el de los indios. Si los hubieran mostrado como eran, tal vez hasta nos habría causado cierto regocijo de justicia poética que los esclavizaran. Gibson sabe que para el espectador los buenos son buenos y ya. De ahí su éxito para transmitir. De ahí, también, la pobreza del mensaje.

Salvo el fallido mayor, es decir, el del mensaje sobre la redención por el cristianismo, un poco liado, queda en pie una visión al sesgo de la historia de la población mesoamericana apta para todo público. La optica comunicativa es genial, derrapa inexplicablemente en el final, como dijimos. Si Garra de Jaguar hubiese contestado a su esposa, que le propone ir hacia los españoles: “Vamos y escuchemos que nos tienen que decir”, entonces listo. Misión cumplida. El mensaje se redondeaba y sellaba el brillante enfoque que ha elegido. Todo lo demás quedaría bajo la indulgencia de la libertad poética.

Pero el final elegido, si bien deja en pie la idea original, la devalúa. Nos preguntamos si ha sido una concesión, como en el caso de cierto texto no traducido en “La Pasión”. El lobby maya no es demasiado poderoso… O tal vez una concesión a las ideas correctas, como el grito final de Corazón Valiente (donde embrolló la historia sin piedad): “libertad!”. Diríamos, su visión “yanqui” término medio del mundo. O tal vez simplemente una fórmula eficaz para ampliar el rango de interpretaciones: véalo como quiera. Sin duda le será rentable.

Sangre, sadismo, crueldad: Los críticos no dejan de solazarse en “el sadismo” de Mel Gibson. Parece una visión estrecha y hasta estúpida aplicada a un hombre de talento aquilatado y filmes estupendos. La realidad es que hay hombres violentos y Gibson es un hombre violento, no cabe duda. Su propia historia personal lo confirma. Pero es un hombre violento bajo control que hace arte movido por su pasión, alguien que reflexiona sobre la violencia y sus consecuencias en el orden natural y en el sobrenatural.

La efusión de sangre en sus filmes siempre está relacionada con la defensa de valores morales: la justicia, el patriotismo, la familia, la propia vida, la del inocente, inclusive la libertad en su debido lugar, que no es un bien menor. Él es así: pide las tripas de un periodista que insultó a su padre en la realidad, o busca vengar la muerte sus hijos en la ficción. Movido por una causa noble.

Garra de Jaguar mata por necesidad: como cazador, animales. Como hombre libre, por defender a su familia y a su pueblo, hombres. Sus cautivadores matan porque es un medio de vida, y por venganza. Salvo uno de ellos, un sádico que se solaza en el sufrimiento, son el producto de la humanidad irredenta. En cuanto a los sacrificios humanos (vistos por una sociedad que proclama el aborto y la eutanasia) resultan el término final de una cultura degradada al nivel de lo satánico.

¿Podría haber mucho menos sangre? Tal vez sí. Se solaza en escenas innecesarias, que bastaba con sugerir, dicen algunos críticos que merecen respeto. Puede ser. Parece una buena objeción. Hasta el parto en Apocalipto tiene algo de mórbido, aún con todo lo que significa como renacimiento o continuación de un pueblo que ha quedado al filo de la destrucción material y moral. Sin embargo, y sin meternos a psiquiatras, es posible que en esa extrema mostración de la crueldad Gibson esté exorcizando un costado del alma humana, dañada por pecado original. “El hombre es capaz de llegar a esto”, a la vez que es capaz de llegar a la mayor mansedumbre franciscana con la ayuda de la gracia. Yo soy capaz de llegar a esto. En cualquier caso, es una violencia con sentido, mucho más racional que la violencia gratuita de cualquier película del género “thriller”, donde el mejor motivo es una psicopatología… o un dudoso ser extraterrestre.

Nos cuesta cerrar este comentario. Queremos a Gibson y nos hubiera gustado poner aquí otros conceptos. Pero la verdad es que esto es lo que vimos. Aún así, es probablemente su mejor película después de “La Pasión”. Veremos qué se trae ahora.

Calificación: por procacidad, y por violencia, no apta para menores de 13 años, según madurez. Es posible explicar la violencia, aunque no borrar de la memoria la imagen violenta. Ni que digamos de la procacidad, que aunque “mild” como califican los norteamericanos, es una mácula a la pureza. En este orden ningún cuidado es poco. Ni por respeto al creador de “La Pasión”.

Elenco
Rudy Youngblood …. Garra de Jaguar
Dalia Hernandez …. Siete
Jonathan Brewer …. Torpe
Morris Birdyellowhead …. Cielo de Silex
Carlos Emilio Baez …. Tortugas que corren
Ramirez Amilcar …. Nariz Torcida
Israel Contreras …. Rana de humo
Israel Rios …. Hoja de Cacao
María Isabel Díaz …. Suegra
Espiridion Acosta Cache …. Viejo relator de cuentos
Mayra Serbulo …. Mujer joven
Iazua Larios …. Flor del Cielo
Lorena Hernández …. Niña de la aldea
Itandehui Gutierrez …. Esposa

Sayuri Gutierrez …. Hija mayor

Duración: 139 min
País: USA
Idioma: Maya
Color: Color (DeLuxe)

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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