Panorama Católico

Asesina de su hijo recién nacido, absuelta por la justicia argentina

El mundo sin matices, sin principios, sin amores, sin deberes, sin …

El mundo sin matices, sin principios, sin amores, sin deberes, sin … ser, del marxismo se muestra aquí en su peor cara, con toda su crudeza, cruel y criminal, oculta bajo la faz del peor homicida de todos: el de quien mata al inocente a quien más debe proteger, la madre que mata a su hija, como un crimen perfectamente justificado por la ideología, por la “síntesis” de esta contradicción que solamente queda bien resuelta, cuando sirve de base para una nueva contradicción, y así eternamente, a lo hindú. Ni los animales, irracionales como son, pueden llegar a tanta maldad, para la cual es preciso el uso, aunque desviado, de la inteligencia.

Escribe Escipión el Porteño

Un jurado compuesto por 2 jueces litisperitos y 8 legos, miembros estos últimos de la comunidad residente en la localidad de los hechos, acaba de “absolver” a una joven mujer, procesada por asesinar a golpes a su hijita recién nacida; la acusada había argumentado en su defensa que había sido “abusada” por un hombre mayor desde hacía unos 10 años, pero no vinculó necesariamente ese hecho con el filicidio, crimen que, de todas formas, no tiene una figura atenuada de tipo “sentimental”, como el aborto. Los votos fueron así: 6 jurados "populares", previamente presionados por escraches públicos, “absolvieron” a la inculpada de su responsabilidad penal, sin negar la existencia del hecho delictivo; los 2 jueces letrados y 2 de los jueces legos, se pronunciaron por condenar a la acusada por el delito de filicidio (aunque aplicando una pena leve, según informaciones trascendidas), que en el régimen penal argentino es una homicidio agravado por el vínculo. Esto a la “zurda” la descompone: No soporta que las agravaciones penales del homicidio todavía respeten el orden de la naturaleza: los padres, hijos, cónyuges, porque preferirían que siguieran el de la ideología: estado, burocracia, el “pueblo”, la “discriminación” y cualquier otro calificativo funambulesco que, primero, les permita a los jueces del régimen condenar a cualquier molesto sin demasiada vuelta ni explicaciones; y segundo, que representen mejor las “contradicciones” de que está compuesta la vida humana, o de lo que ellos creen que es la vida humana.

En su concepción materialista y dialéctica de las cosas, existen solamente relaciones ideales de contradicción, y ninguna relación real, y a eso solo se reduce toda su “metafísica”. Así, es contradictoria la relación entre: padres e hijos, varones y mujeres, ricos y pobres, patrones y asalariados, militares y civiles, y busque ud. los términos que más le gusten. Para ello, convierten las relaciones naturalmente de oposición –que son a la vez y por lo mismo de complementariedad– en una mera y dramática contradicción, una lucha a muerte; para ellos, la unidad de lo distinto es imposible, no es orden, de manera que siempre, para obtener la síntesis, uno de los términos de la distinción debe ser eliminado.

Como la vida natural no lo consideran un camino, incoado con el comienzo de la vida misma hacia algún destino final –el Cielo por ejemplo– sino una disconformidad, una discrepancia hecha ser, una contradicción, les resulta inconcebible, impensable, inaceptable, cualquier relación que suponga verdaderamente complemento, integración o simple donación; el amor no tiene lugar ni significado alguno en el marxismo. Por el contrario para el cristiano, la vida es efectivamente contradicción con el mundo a causa del amor, donde la síntesis verdadera no está en la superación formal de los términos –el cristiano o en el mundo– sino en la final glorificación, en la participación fruitiva de la Vida Trinitaria; el amor resulta ser, así, el único motor verdadero del hombre, como que lo es de toda la Creación primeramente.

Pero el marxista acepta de la vida natural solamente lo más bajo, el hormiguero despiadado, y esto, necesariamente malinterpretado por su miopía, su visión parcial, simplista, horizontal y ramplona; por lo cual, en realidad, reniega de la vida verdadera aceptando de ella solamente lo que tenga de contradicción, de lucha pura y sin final ni causa motiva, y sin preocuparse si es verdadera o falsa; he aquí la razón de por qué, la izquierda es esencialmente homicida: uno u otro término de la contradicción, debe desaparecer, por que ¡así es la síntesis! monigote hegeliano del aristotélico reposo en la contemplación de lo amado, que ofrecen el realismo y el catolicismo.

Con justa razón decía José Antonio que la izquierda solamente es capaz de ofrecer rencor, y la derecha, terror” ¡profético, el marqués de Estella!

Este caso, fallado en Villa Dolores, Córdoba, pone otra vez sobre la liza la dialéctica de siempre: varones malos contra mujeres violadas; madre contra hija, “libertad” de elección contra esclavitud del embarazo, etc. O sea, toda la colección de falsedades que se puedan construir con datos verdaderos (o no tanto), siempre que sean útiles para armar a unos hombres contra otros. De la simple, honrada y, si se quiere, cristiana resignación del delincuente arrepentido ¡nada!

El mundo sin matices, sin principios, sin amores, sin deberes, sin … ser, del marxismo se muestra aquí en su peor cara, con toda su crudeza, cruel y criminal, oculta bajo la faz del peor homicida de todos: el de quien mata al inocente a quien más debe proteger, la madre que mata a su hija, como un crimen perfectamente justificado por la ideología, por la “síntesis” de esta contradicción que solamente queda bien resuelta, cuando sirve de base para una nueva contradicción, y así eternamente, a lo hindú. Ni los animales, irracionales como son, pueden llegar a tanta maldad, para la cual es preciso el uso, aunque desviado, de la inteligencia. ¿Acaso esta mujer mató para ocultar su deshonra, como en el caso (discutible, pero posible) del llamado “aborto sentimental”? No, pues no se trata de un aborto y la beba ya había nacido y a todos, en su contorno social, les constaba su anterior estado de gravidez. ¿Fue acaso por un sobrecogedor estado de desesperación provocado por el supuesto “abuso” (nótese que nunca se habla aquí de “violación”, o sea de forzamiento sexual de la filicida) de que dice haber sido objeto? Esta suposición, de ser cierta, sería admisible como defensa en el homicidio del abusador, pero ¡en el filicidio … ! ¿Fué, pues, una transferencia de culpas del padre a la (supuesta) hija? Eso se llama venganza, o como decíamos arriba: rencor. Y es un delito. Pero además, pudo dar a la beba en adopción, o como criadita de algún alma caritativa que se prestara a salvarla de tan horrible muerte, de modo que no tiene ninguna excusa.

Como última posibilidad queda la hipótesis más sencilla, llana y, acaso, la más verdadera, pues es la más común a todos los caso: Simplemente, otra Medea, una mujer cruel, mala, que quiso librarse de sus responsabilidades, otro caso en que se prefirió el propio bienestar al amor de madre.

Pero la izquierda no perdió la oportunidad de presentarlo como un caso más de su tétrica colección de contradicciones, y planteó su solución: Muerte.

Por eso, la izquierda es responsable de 100 millones de asesinatos durante el siglo XX: Por que lo único a lo que mira, es a la Muerte. Y la mira torcido.

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cabezadetortugamacho@gmail.com

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