Panorama Católico

Avanza la regularización de la FSSPX

Comentarios periodísticos del día 23 de marzo giran en torno a este tema: el Santo Padre Benedicto XVI busca resolver el problema canónico con la Fraternidad San Pío X. Para ello volvió a tocar el tema en el “sínodo de cardenales” de esa fecha.

Escribe Marcelo González

Comentarios periodísticos del día 23 de marzo giran en torno a este tema: el Santo Padre Benedicto XVI busca resolver el problema canónico con la Fraternidad San Pío X. Para ello volvió a tocar el tema en el “sínodo de cardenales” de esa fecha.

Escribe Marcelo González

La Nación del 24 de marzo (el tenor de otros diarios nacionales y extranjeros es muy parecido) resumía los hechos así: “Tras la introducción de Sodano, hablaron sobre el posible acercamiento con el movimiento lefebvrista los cardenales Giovanni Battista Re, prefecto de la Congregación para los Obispos, y Darío Castrillón Hoyos, titular de la Congregación para el Clero y presidente de la Comisión Pontificia Ecclesia Dei, encargada del diálogo abierto con la Fraternidad San Pío X.
 
"En toda familia hay asuntos que suscitan divergencias", admitió Castrillón Hoyos. "Los recibiremos con los brazos abiertos, aunque hay que estudiar cómo hacerlo. Estamos en camino y necesitamos la ayuda de Dios", agregó.
 
“El arzobispo Piero Marini, en tanto, declaró a la prensa local que "el cisma se podrá reabsorber siempre que acepten totalmente el Concilio Vaticano II y sus enseñanzas. Si no es así, no hay nada que hacer". Añadió que si la mayoría de los fieles se ha adaptado a los cambios establecidos en los años 60, "¿por qué no los seguidores de monseñor Lefebvre?".
 
No sorprende la posición del Cardenal Castrillón, que ha negado la existencia del “cisma”, ni tampoco la de Marini, Ceremoniero Papal y gran enemigo de toda forma litúrgica que no sea la gestada por el posconcilio. En esta misma edición reproducimos una entrevista en la que formula opiniones coherentes con su pensamiento. Es evidente que hay quienes quieren que todo sigua igual, y otros que trabajan para encaminar el problema.
 
“No hay problema”
 
Fuentes vaticanas y observadores expertos en estos temas coinciden en que no habrá problemas para levantar o anular las sanciones canónicas que pesan sobre la FSSPX. Asimismo sostienen que –más allá de la resistencia de muchos obispos- la libertad amplia y de pleno derecho al rito Tridentino o de San Pío V será concedida. De hecho lo que debería hacerse, opinan canonistas, es dejar todo como está. Solo que volviendo de aplicación afectiva la legislación vigente.
 
Esta opinión se basa en que San Pío V, al promulgar la forma depurada del rito latino en su bula Quo Primum Tempore, otorgó un indulto a todo sacerdote para rezarla, indulto que tiene validez “a perpetuidad”: Además, por autoridad Apostólica y a tenor de la presente, damos concesión e indulto, también a perpetuidad, que en el futuro sigan por completo este misal y de que puedan, con validez, usarlo libre y lícitamente en todas las Iglesias sin ningún escrúpulo de conciencia y sin incurrir en castigos, condenas, ni censuras de ninguna especie”. (Ver Quo Primum Tempore, VII) http://www.panodigital.com/node/234
 
De modo que castigar a un sacerdote o a una congregación por mantener la forma litúrgica anterior a la reforma mandada por el Concilio Vaticano II es, a todas luces, fruto de un cierto partisanismo característico del  “espíritu del Concilio” más que de su letra y disposiciones. Por otra parte, los indultos concedidos hasta ahora a los fieles (la Quo Primum autoriza a los sacerdotes pero nada dice de los fieles) son sistemáticamente frenados en su aplicación por amenazas, temores o negativas. ¿Cómo lograr que los obispos acepten las directivas papales y no inicien una caza de brujas contra los sacerdotes y fieles del rito tridentino si además estos indultos se vuelven mucho más amplios y generosos?
 
¿Y el Concilio?
 
Allí está la piedra de tropiezo. Los tradicionalistas afirman que la doctrina conciliar tiene puntos cuestionables graves. Piden no se les cercene la libertad de cuestionar –en aras de un debate teológico esclarecedor- dichos puntos. En esto ya tienen el aval pontificio que ha instado a interpretar todos los puntos ambiguos a la luz de la Tradición.
 
La situación en que quedó la Iglesia después de 40 años de “espíritu del Concilio” es desmesurada. El inusual pedido del pontífice Benedicto de ver las enseñanzas conciliares “a la luz de la Tradición” es impensable si no tuviera clara conciencia de que las formulaciones conciliares hacen que muchos de sus textos tengan interpretación ambigua.
 
Ortodoxo en diez minutos. Heterodoxo ¿en cuanto?
 
El eminente teólogo P. Julio Meinvielle, cuentan sus discípulos, solía responder a los escandalizados por ciertos documentos del Vaticano II: “Dame diez minutos y vas a ver como te lo hago completamente ortodoxo”. Le bastaba al docto sacerdote tomar las fuentes tradicionales y darle al texto una lectura en tal sentido.
 
Pero ese insólito método, tan aplicado a lo largo de las cuatro décadas de posconcilio, es un parche caliente para taponar un agujero, no una solución doctrinal firme, clara y definitiva. Porque así como él lo “volvía ortodoxo” en diez minutos, otros teólogos de menor rectitud doctrinal lo volvían heterodoxo en cinco. Y así hemos vivido hasta hoy.
 
Y esto dejando de lado cuestiones como la noción de “libertad religiosa”, que ni el P. Meinvielle pudo enderezar en todo un libro.
 
Por eso la aceptación acrítica del Concilo Vaticano II no parece una condición aceptable para los tradicionalistas ni conveniente para la Iglesia.  Lo conveniente parece una pacificación que permita la libertad, y un largo y fructífero statu quo de debate doctrinal, siguiendo el espíritu agustiniano: “In necessariis unitas, in dubiiis libertas, in omnibus caritas”, a saber, “En lo necesario, unidad… en lo dudoso, libertad… en todo, caridad”.

Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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