Panorama Católico

Bach y Pink Floyd, de Bertrand Labouche

Es casi un tópico que lo libros católicos de crítica a la música rock y demás ritmos precursores o derivados de ella se enfoque en los desórdenes morales, la inducción a estados hipnóticos de pérdida de la conciencia, las drogas, el satanismo. El autor, sacerdote y músico, ha querido centrarse en los valores estrictamente musicales para explicarlo.

Es casi un tópico que lo libros católicos de crítica a la música rock y demás ritmos precursores o derivados de ella se enfoque en los desórdenes morales, la inducción a estados hipnóticos de pérdida de la conciencia, las drogas, el satanismo. El autor, sacerdote y músico, ha querido centrarse en los valores estrictamente musicales para explicarlo.

Padre Bertrand Labouche
Bach y Pink Floyd,
Breve estudio comparativo de la música clásica y la música rock

Ediciones Rio Reconquista
Buenos Aires, 2006
46 páginas

El rock no es malo porque sus ejecutores tengan pelo largo, vistan ropa excéntrica, consuman drogas, practiquen aberraciones sexuales o inclusive realicen culto satánico explícito. Sus ejecutores y seguidores, en diverso grado caen en estos desórdenes gravísimos, porque el rock es malo.

Extremando el argumento, esta es la formulación del P. Labouche, un especialista en el tema que ha conocido el mundo del rock de cerca.

La primera aseveración desconcertante es la siguiente: el rock es música, no es meramente "…ruido"… y algunos de su compositores han logrados bellas melodías o son ejecutantes virtuosos de ciertos instrumentos.

, afirma, citando a Ulrich Michels, una autoridad en la materia.

Para ser música, debe tener los tres elementos esenciales, a saber melodía, armonía, ritmo. Combinados de un modo grato al oído y placentero para el alma, oiremos la música clásica, el barroco, el folklore… Combinados de un modo inarmónico, desordenado, oiremos rock, heavy metal, pop, la música tecno, el blues…

La música que no es rock se funda en la melodía, luego la enriquece con arreglos armónicos y naturalmente se funda en un tiempo rítmico, muy importante porque si este se cambia la melodía se desvirtúa hasta ser irreconocible. Una de las bromas musicales más comunes es tocar una pieza conocida alterándole el ritmo, volviéndola ridícula.

La melodía llama al espíritu, es el núcleo de la belleza musical.

La armonía busca el alma, produce el placer del sentido.

El ritmo, un componente noble y natural, presente en la vida animal y en la naturaleza toda, apela a lo menos jerarquizado del componente humano: el instinto.

Por lo tanto, según qué elemento predomine, tendremos una música más espiritual, más sensual o más brutalmente animal. Vemos en los diversos pueblos primitivos un predominio de la percusión (ritmo), en tanto que las culturas más refinadas elaboran una música más melódica, asignándole mucha importancia a la armonía (barroco, clásico).

Como norma, la música rock se sustenta en una base rítmica sobredimensionada, al punto de ser imposible de tocar sin la participación de la percusión, la batería. Al menos el "…show en vivo"… no es viable sin este elemento, sumado a la estridencia de los acordes disonantes y distorsionados por efectos electrónicos de las guitarras eléctricas (capaces de agudos inconcebibles) y el altísimo volumen. Sin esto, no hay "…concierto"….

Pero ya en el romanticismo los acordes disonantes, que son el alma del rock, aparecen con mucha frecuencia, lo mismo que una fuerte presencia rítmica. En este sentido Beethoven es el abuelo de John Lennon -sostiene el P. Labouche-cuando nos conmueve con su sinfonía patética o su sonata "…apasionata"…. Sin embargo estas tensiones son resueltas armónicamente, mientras que el rock, culminación de esta tendencia hacia la animalidad, es, como norma, ritmo brutal, disonancia y ausencia de melodía o melodía pobrísima.

En estos términos, pero con precisión técnica, variedad de ejemplos y amplio registro de detalles (pese a ser una obra muy breve) el P. Labouche establece lo que es propio del rock, lo evalúa musicalmente e invita a compararlo con la música clásica. En este sentido aconseja, como método propedeútico, iniciarse o iniciar a nuestros hijos en la buena música, oyendo precisamente las piezas de transición, aquellas donde el componente rítmico es muy fuerte. Será el puente entre el oído actual y el clásico. Luego se podrán apreciar piezas de valor melódico y armónico que resultan casi incomprensibles para la sensibilidad musical de la generación del rock.

Un buen consejo.

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Autor

cabezadetortugamacho@gmail.com

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