Panorama Católico

Bicentenario de la Reconquista

Escribe Ricardo Fraga

Escribe Ricardo Fraga

El 25 de junio de 1806 las fuerzas británicas desembarcaban en las costas de Quilmes y el día 27 avanzaban sobre la desguarnecida Buenos Aires. Habían partido el 14 de abril desde Ciudad del Cabo (Sudáfrica), capturada previamente por Sir Home Riggs Popham. Los contingentes militares eran comandados por Williams Carr Beresford.

¿En qué contexto se había decidido la invasión? ¿Quiénes estaban entre bambalinas? ¿Cuáles eran sus objetivos finales?

Es ésta, naturalmente, una larga historia no siempre fácil de desentrañar.

Desde noviembre de 1804 España (y la Francia revolucionaria de Napoleón) estaba en guerra con Inglaterra. De esta contienda, y principalmente por la aplastante victoria de Trafalgar, el Reino Unido saldría fortalecido en sus aspiraciones imperialistas y dueño indiscutido de los mares del mundo. Era ésta su revancha a la colaboración franco-española a la independencia de las colonias norteamericanas (1776), extremo al cual, sin embargo, Londres prontamente se adaptó generando el todavía hoy imbatible bloque anglosajón, conforme lo destaca en el T.IV de su voluminosa Historia Argentina Vicente Sierra: "…los dos grandes bloques anglosajones, antes bien separados, no tardaron en empezar a juntarse. Entonces advirtió (Francia) que, lejos de disminuir el comercio inglés con los Estados Unidos habían aumentado desde el día siguiente del Tratado de Versalles (reconocimiento de la independecia de E.E.U.U.), al punto que muchos círculos comerciales de Londres se preguntaban si la posesión de un imperio colonial era lo más conveniente…"…

La respuesta es, empero, afirmativa, si se tienen en cuenta los planes que ya entonces (finales del s.XVIII y principios del XIX) se pergeñaban en la Gran Bretaña. Por un lado la acción disolvente de Francisco Miranda (el presunto precursor de la historiografía liberal) y, por el otro, la confección del ahora explícitamente conocido (publicado por Rodolfo Terragno) plan Maitland.

Las actividades de Miranda por ante el gabinete de William Pitt concluyeron en una entrevista conjunta con Popham y lord Mellville en la cual se abordó la expedición al río de la Plata y, puntualmente, la ocupación con guarniciones británicas de los estratégicos puertos de Montevideo y Buenos Aires.

En relación al denominado plan Maitland es dable recordar que su preparación se remonta a 1791 y tiene como base de elaboración los datos geopolíticos aportados por los exjesuitas americanos exiliados Juan Pablo Viscardo (peruano) y Juan José Godoy (mendocino) a la sazón residentes en la capital inglesa.

El núcleo del documento en cuestión sostiene que: "…el objetivo de esta fuerza…debe ser indudablemente Chile (previo ataque y dominio de los puertos del río de la Plata)…si el plan fuera exitoso en toda su extensión el Perú quedaría inmediatamente expuesto a ser ciertamente capturado…"… La finalidad queda también indicada: "…abrir el comercio de toda Sudamérica"…, es decir, asegurar "…nuevos y extensos mercados para nuestras manufacturas"…

¿Por qué operaron tan solapadamente Viscardo y Godoy? "…por resentimientos con España"… afirma en su denso estudio Miguel Batllori y "…en favor de la independencia del Perú"…. Viscardo había simpatizado con la rebelión de Túpac Amaru y ambos exclaustrados no perdonaban a la Casa de Borbón la expulsión de la Compañía de Jesús. ¡Rencores e ideologías!, malos consejeros ayer, hoy y siempre.

El plan redactado por el escocés Maitland será después, de hecho, ejecutado por José de San Martín, cuanto menos con el auxilio marítimo de un británico (Cohrane) en el traslado del ejército secesionista por el océano Pacífico. ¡Paradojas o destinos de los sucesos históricos!

Ocupada Buenos Aires, dispar fue la reacción inmediata de sus habitantes. Desde la decidida resistencia hasta la capitulación moral de un importante sector de la clase dirigente. El 7 de julio el Cabildo prestaba "…juramento de obediencia y lealtad a S. M. británica"… (Jorge III) y los ocupantes incitaban a los vecinos a manifestar su compromiso de fidelidad inscribiéndose en un libro habilitado a tal efecto, observando Lozier Almazán en su medulosa investigación sobre Beresford "…que los nombres de los cincuenta y ocho genuflexos vecinos de Buenos Aires (firmantes de tal cuaderno) permanecen, hasta nuestros días, en el más absoluto anonimato por haberse extraviado el libro que los registró…"…

Por resaltar tan sólo un testimonio recordaré que, según don Cornelio Saavedra (en carta a Juan José Viamonte) Juan José Castelli, Nicolás y Saturnino Rodríguez Peña, Luis Beruti y Juan Larrea, entre otros, "…fueron afectísimos a la dominación inglesa"…

Asimismo los oficiales ingleses instalaron la logia francmasónica "…Southern Cross"… en la cual también tomaron parte Saturnino Rodríguez Peña (organizador poco después de la escandalosa fuga de Beresford), Manuel Aniceto Padilla y Juan José Castelli.

Garantizada por los dominadores la neutralidad religiosa (al estilo de Albión) no deja de resultar todavía hoy curiosa la exhortación del prior de los dominicos destacando "…la suavidad del gobierno inglés y las sublimes cualidades"… (de Beresford) y señalando que "…la religión nos manda respetar las autoridades seculares y nos prohíbe maquinar contra ellas sea la que fuere su Fe y si algún fanático, o ignorante, atentase temerariamente contra verdades tan provechosas merecería la pena de los traidores a la patria y al evangelio"…

Gracias al cielo que el hidalgo caballero don Santiago de Liniers y Brémont fue uno de esos fanáticos ignorantes que "…conmovido de su celo (ante la cesación del culto eucarístico público) pasó de la iglesia a la celda prioral y encontrándose en ella con el Rvdo. Padre Maestro y prior fray Gregorio Torres ( ¡el mismo de la epístola anterior!) y el mayordomo primero les aseguró que había hecho voto solemne a Ntra. Sra. del Rosario (ofreciéndole las banderas que tomase a los enemigos) de ir a Montevideo a tratar con aquel Sr. Gobernador sobre reconquistar esta ciudad, firmemente persuadido de que lo lograría bajo tan alta protección"… (cit., ib. V.Sierra).

En tanto Liniers organizaba nuestras milicias, Mariquita Sánchez (después "…de Thompson"…, después "…de Mendeville"…) según asevera en sus memorias de aquel tiempo advertía que "…nuestra gente de campo no es linda, es fuerte y robusta, pero negra. Las cabezas como un redondel, sucias… unos con chaqueta, otros sin ella, unos sombreritos chiquititos encima de un pañuelo atado a la cabeza. Cada uno de un color, unos amarillos, otros punzó… todos rotos, en caballos sucios, mal cuidados… todo lo más miserable y feo…de verlos aquel tremendo día dije… si no se asustan los ingleses de ver esto, no hay esperanza"…

En cambio, agrega: "…el regimiento 71 de Escoceses…las más lindas tropas que se podrán ver, el uniforme más poético, botines de cinta punzó cruzados, una parte de la pierna desnuda, una pollerita corta, una gorra de una tersia de alto… un chal escocés como banda…Este lindo uniforme sobre la más bella juventud, sobre caras de nieve la limpieza de estas tropas admirables ¡qué contraste tan grande!"… (cit.por Lozier Almazán, ib.).

¡He aquí revelada la carta fundacional de la tilinguería argentina!

"… ¡Ay de ti, Buenos Aires, que viene a conquistarte/ con sus ojos azules y su piratería/ el navegante rubio que ni siquiera sabe saludarte/ diciendo: ave María!"… (Ignacio B. Anzoátegui).

El 12 de agosto de 1806 (festividad litúrgica de la franciscana santa Clara de Asís) Beresford capitulaba y Buenos Aires era reconquistada. Por amor a la tradición católica y a la legitimidad dinástica y con repercusión en toda la América española. Adquiría la anhelada mención de ciudad "…muy noble y muy leal"….

Su esforzado caudillo caería años después (1810) fusilado por el odio dialéctico de un empedernido jacobino. Igual suerte (1812) correría el ilustre Defensor de la (también) gloriosa Jornada del 5 de julio de 1807, es decir, don Martín de Álzaga. Así pagaba la elite revolucionaria a los dos preclaros reconquistadores de la ciudad de la Santísima Trinidad.

En las manos de sus herederos ideológicos está hoy el destino mismo de la Nación.

"… ¡Santa Clara, santa Clara,
no te olvides de tu pueblo
que otra vez estamos faltos

de valor y de consejo!"…

(copla anónima de 1806)


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cabezadetortugamacho@gmail.com

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